El «plan de paz» del Gobierno vas­co- Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan

Las solu­cio­nes no ven­drán de ocul­tar y ter­gi­ver­sar la his­to­ria ni impo­ner el olvi­do. Ven­drán de asu­mir el pasa­do y habi­li­tar las medi­das nece­sa­rias ten­den­tes a con­se­guir ver­dad, jus­ti­cia y repa­ra­ción.

Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan * E.H
En los pró­xi­mos días, el Gobierno Vas­co va a pre­sen­tar un nue­vo plan que deno­mi­na de «Paz y Con­vi­ven­cia». Ardan­za tuvo su plan en el Pac­to de Aju­ria Enea de 1998, Iba­rretxe estre­nó el suyo en 2006 y aho­ra se anun­cia éste del Gobierno de Patxi López. Todos tie­nen un deno­mi­na­dor común: son con­ti­nua­do­res de las líneas estra­té­gi­cas del plan ZEN de 1983, en la medi­da en que pre­ten­den mos­trar una visión ses­ga­da y par­cial de las múl­ti­ples expre­sio­nes de vio­len­cia sufri­das en Eus­kal Herria en las últi­mas déca­das.
Todos estos pla­nes com­bi­nan:
1. Eli­mi­nar y cri­mi­na­li­zar todas las for­mas de disi­den­cia, equi­pa­rán­do­las a sus expre­sio­nes arma­das, y jus­ti­fi­car que se las repri­ma con los mis­mos cri­te­rios.
2. Obje­ti­vos de mar­ke­ting polí­ti­co, cuyo fin es con­so­li­dar espa­cios socio-polí­ti­cos de base con­ser­va­do­ra y
3. Ser­vir de fuen­te de finan­cia­ción para fun­da­cio­nes, aso­cia­cio­nes y medios de comu­ni­ca­ción afi­nes.
Las orga­ni­za­cio­nes que defen­de­mos los dere­chos de las víc­ti­mas de la rebe­lión mili­tar de 1936 y el terro­ris­mo de Esta­do hemos podi­do cons­ta­tar que el resul­ta­do de todos estos pla­nes ha sido apun­ta­lar la impu­ni­dad sobre los crí­me­nes come­ti­dos por el Esta­do duran­te los últi­mos 75 años.
Sabe­mos que el obje­ti­vo de quie­nes pro­mue­ven estos pla­nes no es la con­se­cu­ción de una jus­ti­cia que tra­te por igual a todas las víc­ti­mas. Lo sabe­mos por­que, des­pués de la pues­ta en mar­cha de cada plan, cons­ta­ta­mos que se sigue obvian­do la lega­li­dad inter­na­cio­nal. Esta obli­ga a los esta­dos a inves­ti­gar la ver­dad, a rea­li­zar la jus­ti­cia efec­ti­va y a imple­men­tar las corres­pon­dien­te medi­das de repa­ra­ción, inclui­das las garan­tías de no repe­ti­ción. A las víc­ti­mas del geno­ci­dio fran­quis­ta y del terro­ris­mo de esta­do se les sigue negan­do la con­di­ción de inter­lo­cu­to­res a la hora de arti­cu­lar las medi­das polí­ti­cas, jurí­di­cas y socia­les nece­sa­rias para la supera­ción de la situa­ción de vul­ne­ra­ción de los dere­chos huma­nos. Un plan de paz y con­vi­ven­cia debe comen­zar por defi­nir, con rigor his­tó­ri­co, las cau­sas y las con­se­cuen­cias de las vul­ne­ra­cio­nes de dere­chos. Para ello es nece­sa­rio esta­ble­cer el prin­ci­pal ori­gen de dichas vul­ne­ra­cio­nes en la rebe­lión mili­tar de 1936 y defi­nir cla­ra­men­te su natu­ra­le­za. Por­que es terro­ris­mo de esta­do, y no «abu­so de poder» o «exce­so poli­cial», ase­si­nar a ciu­da­da­nos en pro­tes­tas con­tra la con­ta­mi­na­ción (Eran­dio, 1969) o a obre­ros inde­fen­sos que se mani­fies­tan exi­gien­do mejo­res con­di­cio­nes labo­ra­les, y por exten­sión unas mayo­res cotas de liber­tad y dig­ni­dad (Gas­teiz, 1976). Por­que es terro­ris­mo de esta­do orga­ni­zar gru­pos arma­dos como GAL, BVE, etc. Por­que es un cri­men de lesa huma­ni­dad tor­tu­rar, ase­si­nar y hacer des­apa­re­cer a los dete­ni­dos; repri­mir las señas de iden­ti­dad pro­pias de un pue­blo; o negar a la ciu­da­da­nía los dere­chos huma­nos, civi­les y polí­ti­cos más ele­men­ta­les. Pre­ten­der seguir ocul­tan­do esta reali­dad incues­tio­na­ble impli­ca apun­ta­lar, de mane­ra cons­cien­te, la socie­dad dual cons­trui­da tras la vic­to­ria de los suble­va­dos de 1936, asen­ta­da en el geno­ci­dio polí­ti­co y el terro­ris­mo de esta­do.
Quien quie­ra hacer un «rela­to correc­to» sobre la vio­len­cia en Eus­kal Herria, tal como lo pre­ten­de el Gobierno de Gas­teiz, no pue­de ocul­tar una reali­dad de vul­ne­ra­ción de dere­chos que no tie­ne paran­gón con nin­gún otro acon­te­ci­mien­to de nues­tra his­to­ria recien­te, por la dimen­sión numé­ri­ca de los crí­me­nes. Ni los pla­nes de paz ni las ponen­cias par­la­men­ta­rias sub­si­guien­tes pue­den vol­ver a dar la espal­da a la his­to­ria de los miles de repre­sa­lia­dos que aún no han reci­bi­do nin­gu­na res­pues­ta polí­ti­ca ni jurí­di­ca efec­ti­va. Quie­nes actual­men­te ocu­pan el Gobierno vas­co deben des­vin­cu­lar­se de las hipo­te­cas adqui­ri­das con los here­de­ros ideo­ló­gi­cos del fran­quis- mo, aque­llos que siguen afir­ma­do que la dic­ta­du­ra fue un tiem­po de pla­ci­dez, sosie­go y paz social. Las solu­cio­nes no ven­drán de ocul­tar o ter­gi­ver­sar la his­to­ria ni de impo­ner el olvi­do. Las solu­cio­nes ven­drán de asu­mir el pasa­do y habi­li­tar las medi­das nece­sa­rias ten­den­tes a con­se­guir ver­dad, jus­ti­cia y repa­ra­ción, inclui­das las garan­tías de no repe­ti­ción, para todas las víc­ti­mas de la dic­ta­du­ra fran­quis­ta y el terro­ris­mo de esta­do.

Jesus Valen­cia Edu­ca­dor social Antxon Gomez, Gotzon Gar­men­dia, Manu Sainz (*) Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan
(*) Tam­bién fir­man este artícu­lo Ando­ni Txas­ko e Iña­ki Asto­re­ka.

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