La Vuel­ta a Espa­ña sale al extran­je­ro- Edi­to­rial Gara

Arran­ca hoy una nue­va edi­ción de la Vuel­ta a Espa­ña que, trein­ta y tres años des­pués, reco­rre­rá Eus­kal Herria. Lo hará por deci­sión del PSOE y del PP, los cua­les, en su afán de recon­quis­ta para res­ti­tuir la idea de «Espa­ña» y pro­yec­tar­la como la «revo­lu­ción de la nor­ma­li­dad», no han esca­ti­ma­do pre­su­pues­to públi­co ni ocul­ta­do la ten­ta­ción de poli­ti­zar un even­to depor­ti­vo que han las­tra­do con moti­va­cio­nes ideo­ló­gi­cas. El pro­pio reco­rri­do de la carre­ra así lo ates­ti­gua, al con­cen­trar ‑en con­tra del sen­ti­do común y el cri­te­rio depor­ti­vo- las eta­pas más vis­to­sas y deci­si­vas en las dos pri­me­ras sema­nas y dejar para el final la car­ga sim­bó­li­ca de una Vuel­ta que, tras pasar por Eus­kal Herria, vola­rá a toda velo­ci­dad para fina­li­zar al día siguien­te en la capi­tal de su país. Fue­ra de toda racio­na­li­dad y con argu­men­tos que pare­cen extraí­dos con fór­ceps, ese com­por­ta­mien­to retra­ta una anor­ma­li­dad que no se pue­de dis­fra­zar con razo­nes de ciclis­mo.

Y, sin embar­go, la Vuel­ta a Espa­ña sale al extran­je­ro y lle­ga a Eus­kal Herria. Nume­ro­sos colec­ti­vos polí­ti­cos y socia­les han con­vo­ca­do, como no podía ser de otra for­ma, dife­ren­tes ini­cia­ti­vas a nivel ins­ti­tu­cio­nal, depor­ti­vo y popu­lar para reafir­mar que este país no es ni mejor ni peor que nin­gún otro, pero, sin duda, tam­po­co es Espa­ña. Ani­ma­rán a los ciclis­tas y res­pe­ta­rán el ciclis­mo, sin que ello sea impe­di­men­to para mos­trar sus más pro­fun­dos sen­ti­mien­tos, sus legí­ti­mas aspi­ra­cio­nes y su deter­mi­na­ción en torno a una con­vic­ción: que Eus­kal Herria sea tra­ta­da con el res­pe­to y la depor­ti­vi­dad que mere­ce la volun­tad de la mayo­ría de sus ciu­da­da­nos.

Que la Vuel­ta, lo mis­mo que el Tour o el Giro, sal­gan al extran­je­ro es nor­mal en el ciclis­mo actual, cada día más glo­ba­li­za­do. La depor­ti­vi­dad y el áni­mo a los ciclis­tas están ase­gu­ra­dos por una afi­ción tan poten­te y sabia como la vas­ca. Es más, esta­ría encan­ta­da de que vinie­se todos los años. Eso sí, siem­pre y cuan­do reco­noz­can y res­pe­ten con natu­ra­li­dad, como bue­nos veci­nos, que somos lo que somos: un país… Otro país.

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