Mar­ta Har­nec­ker des­de Ecua­dor refle­xio­na sobre el pro­ce­so polí­ti­co lati­no­ame­ri­cano

Mar­ta Har­nec­ker, psi­có­lo­ga, pen­sa­do­ra de izquier­da con más de 80 títu­los publi­ca­dos
Cre­di­to: El Telé­gra­fo

16 de agos­to de 2011.- Cada ora­ción que sen­ten­cia es una mues­tra de una vida dedi­ca­da a la inves­ti­ga­ción polí­ti­ca y social. De mira­da pro­fun­da y de hablar pau­sa­do ‑con un encan­ta­dor acen­to arau­cano- Mar­ta Har­nec­ker se toma su tiem­po para expli­car las ideas que sur­can su mente.Las expe­rien­cias vivi­das por más de 40 años en acti­vi­da­des polí­ti­cas, de edu­ca­ción popu­lar y perio­dís­ti­cas, la han lle­va­do a com­pren­der que en una entre­vis­ta “no se debe hacer caer o pillar” a la per­so­na inqui­ri­da, sino que hay que dar­le la con­fian­za sufi­cien­te para que sus res­pues­tas sean más cer­ca­nas a la ver­dad posi­ble.

Su paso por Ecua­dor ‑es la cuar­ta vez en su carre­ra- se debe a la invi­ta­ción de orga­ni­za­cio­nes socia­les, entre ellas Alian­za PAIS, para que la escri­to­ra polí­ti­ca dé con­fe­ren­cias en la Uni­ver­si­dad de Gua­ya­quil sobre “El ins­tru­men­to polí­ti­co para la socie­dad que que­re­mos cons­truir”.

Radi­ca­da sie­te años en Vene­zue­la, la inves­ti­ga­do­ra chi­le­na ha empren­di­do un aná­li­sis sobre la ten­den­cia pro­gre­sis­ta en Amé­ri­ca Lati­na y, espe­cial­men­te, sobre sus prin­ci­pa­les acto­res: los movi­mien­tos socia­les.

La lite­ra­ta recuer­da que en su segun­do via­je a Ecua­dor ‑en 1991– pudo cono­cer de cer­ca el sur­gi­mien­to de la diri­gen­cia indí­ge­na y de un des­co­no­ci­do Pacha­ku­tik, que en esa épo­ca se pre­sen­ta­ba como la gran posi­bi­li­dad para rei­vin­di­car los dere­chos de ese colec­ti­vo social.

En la actua­li­dad ve con pesar que cier­ta par­te de la diri­gen­cia indí­ge­na haya adop­ta­do posi­cio­nes seme­jan­tes a las de los par­ti­dos de dere­cha y, ade­más, con­si­de­ra esté­ril que tan­to indí­ge­nas como repre­sen­tan­tes del actual Eje­cu­ti­vo se enfras­quen en dis­cu­sio­nes y peleas sin sen­ti­do, tenien­do en cuen­ta que ambas par­tes tie­nen obje­ti­vos comu­nes. Sobre este y otros temas tra­ta su últi­mo libro: Ecua­dor: Una nue­va izquier­da en bus­ca de la vida en ple­ni­tud que se pre­sen­ta­rá maña­na, en la Caso­na en Gua­ya­quil, y en Qui­to el 23.

En su nue­vo libro ana­li­za el auge de varios movi­mien­tos socia­les que a la lar­ga incur­sio­na­ron en la polí­ti­ca. ¿Qué pudo encon­trar en Ecua­dor?

Yo he esta­do muy intere­sa­da en los pro­ce­sos polí­ti­cos que se han dado des­de 1991, cuan­do hubo el pri­mer levan­ta­mien­to indí­ge­na en el país. Estu­ve invi­ta­da ese año, cuan­do esta­ba el auge del movi­mien­to indí­ge­na, a un encuen­tro con ellos. Y debo con­fe­sar que en aque­lla épo­ca me intere­só la expe­rien­cia de Pacha­ku­tik, que era el par­ti­do polí­ti­co que había sur­gi­do de los núcleos indí­ge­nas. Me entu­sias­ma­ba ente­rar­me que en los ini­cios de esta orga­ni­za­ción se pre­ten­día que cuya diri­gen­cia fue­se con­tro­la­da por las bases y res­pon­die­ra ante ellas y no se des­pe­ga­ra y vivie­ra en un mun­do apar­te como los repre­sen­tan­tes bur­gue­ses.

Estu­ve sie­te años vivien­do en Vene­zue­la en don­de comen­cé, en 2007, a desa­rro­llar el pro­gra­ma deno­mi­na­do “El ins­tru­men­to polí­ti­co para el siglo XXI” y a sus acto­res, como los movi­mien­tos y sec­to­res socia­les. En ese con­tex­to me pare­ció indis­pen­sa­ble comen­zar a inves­ti­gar sobre Pacha­ku­tik aun cuan­do ya sabía que por des­gra­cia no se había logra­do con­so­li­dar el pro­yec­to ori­gi­nal.

¿Qué otras expe­rien­cias regio­na­les pudo inves­ti­gar?

El libro tam­bién reco­ge expe­rien­cias sobre el MAS (Movi­mien­to al Socia­lis­mo) de Boli­via, de un peque­ño par­ti­do en Para­guay el PMAS (Par­ti­do del Movi­mien­to al Socia­lis­mo) que sur­ge del movi­mien­to estu­dian­til. Aún nos res­ta por publi­car la his­to­ria del Par­ti­do de Tra­ba­ja­do­res de Bra­sil.

Regre­se­mos al ámbi­to ecua­to­riano. ¿Cómo se desa­rro­lló el tra­ba­jo con la diri­gen­cia indí­ge­na?

Hubo cier­tas com­pli­ca­cio­nes, por­que hubo sec­ta­ris­mos duran­te el tra­ba­jo, por­que, por ejem­plo, tam­bién asis­ti­ría Vir­gi­lio Her­nán­dez, que había aban­do­na­do Pacha­ku­tik, por lo cual muchos com­pa­ñe­ros no qui­sie­ron sen­tar­se a la mesa. Enton­ces solo logra­mos que par­ti­ci­pa­ran Blan­ca Chan­co­so y el asam­bleís­ta Her­nán­dez.

Con estas difi­cul­ta­des ini­cia­les, ¿cómo se fue redac­tan­do el libro y a qué con­clu­sio­nes se lle­gó?

Como el Gobierno de Correa se con­so­li­da­ba deci­di­mos incluir tam­bién la expe­rien­cia de Alian­za PAIS. Así fue que duran­te dos años con­se­gui­mos otras entre­vis­tas como, por ejem­plo, una muy amplia con Ricar­do Pati­ño sobre el tema.

Des­pués de esas horas de gra­ba­ción ¿qué pudo detec­tar al inte­rior del movi­mien­to indí­ge­na?

Entre otras cosas, como dice Miguel Llu­co, ex coor­di­na­dor de Pacha­ku­tik, el dis­cur­so tan agre­si­vo del pre­si­den­te Rafael Correa, por más que solo apun­te sus crí­ti­cas a algu­nos diri­gen­tes, hace que todos los indí­ge­nas se sien­tan ata­ca­dos y reac­cio­nen en for­ma defen­si­va. Aglu­ti­na al movi­mien­to en con­tra del pre­si­den­te.

Al tener este acer­ca­mien­to con uno de los fren­tes socia­les más impor­tan­tes del país, ¿qué visión tie­ne de la par­ti­ci­pa­ción de estos en la reali­dad nacio­nal y su rela­ción con el Eje­cu­ti­vo?

Yo estoy muy entu­sias­ma­da con lo que he vis­to del actual pro­ce­so polí­ti­co, pero creo que la par­te más débil es jus­ta­men­te esta rela­ción Gobierno-movi­mien­tos socia­les. Coin­ci­do con varios de los entre­vis­ta­do cuan­do dicen que el dis­cur­so que man­tie­ne el Pre­si­den­te no ayu­da, pero tam­bién hay que tener en cuen­ta que en los pro­ce­sos de cam­bio, las diri­gen­cias de los fren­tes socia­les sue­len no estar en sin­to­nía con las ver­da­de­ras aspi­ra­cio­nes de las bases y, en muchas oca­sio­nes, no las repre­sen­tan. Mi pre­gun­ta, por­que aún lo inves­ti­gó por lo que no pue­do dar una afir­ma­ción, es cuán avan­za­das están las bases indí­ge­nas en com­pa­ra­ción a su diri­gen­cia. Eso toda­vía no lo sé. Por­que amplios sec­to­res de la pobla­ción ecua­to­ria­na res­pal­dan a Rafael Correa y me sor­pren­de la beli­ge­ran­cia que tie­nen hacia el man­da­ta­rio los diri­gen­tes indí­ge­nas, enton­ces habría que ver si esa posi­ción tam­bién la tie­nen las bases de ese colec­ti­vo. Otro caso que no entien­do es este recha­zo total de la Conaie a la desig­na­ción de Ricar­do Ulcuan­go como emba­ja­dor a Boli­via, sien­do un repre­sen­tan­te de las ver­da­de­ras aspi­ra­cio­nes indí­ge­nas.

¿Pal­pa, enton­ces, un divor­cio entre el Gobierno y la diri­gen­cia indí­ge­na?

Hay que enten­der que los gobier­nos pro­gre­sis­tas, como los que hay en la región en estos momen­tos, tie­nen su gran for­ta­le­za en los movi­mien­tos orga­ni­za­dos. Es fun­da­men­tal que haya una alian­za, un pro­yec­to común entre el Eje­cu­ti­vo y las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res. Por eso me es tan com­pli­ca­do, tan dolo­ro­so ver que a pesar de que el Gobierno plas­mó las aspi­ra­cio­nes indí­ge­nas en la Cons­ti­tu­ción, y que haya pro­yec­tos comu­nes, toda­vía ten­ga enfren­ta­mien­tos con la diri­gen­cia indí­ge­na.

Noso­tros en Chi­le, duran­te el Gobierno de Sal­va­dor Allen­de, tuvi­mos ese defec­to. Uno de los moti­vos por el cual el gol­pe de Esta­do tuvo éxi­to fue por­que mien­tras los con­ser­va­do­res esta­ban uni­dos, noso­tros, en la izquier­da, no supe­rá­ba­mos nues­tras dife­ren­cias y no com­pren­día­mos que las dis­cre­pan­cias son secun­da­rias en com­pa­ra­ción al pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio. Me preo­cu­pa que en Ecua­dor todos los que com­par­ten un pro­yec­to están sepa­ra­dos. Y es cul­pa de todos, no solo del dis­cur­so del pre­si­den­te, sino tam­bién de las res­pues­tas de las diri­gen­cias de los movi­mien­tos. Habla­ba sobre la par­ti­ci­pa­ción actual de los fren­tes socia­les jun­to con los gobier­nos en la actua­li­dad de la región.

¿Cómo ve los enfren­ta­mien­tos de jus­ta­men­te de un impor­tan­tes sec­tor social ‑los uni­ver­si­ta­rios- con el Eje­cu­ti­vo en su país?

Hay que empe­zar por com­pren­der que Sebas­tián Piñe­ra es un libe­ral com­ple­to. Si pen­sa­mos en Amé­ri­ca Lati­na, des­de que triun­fa Hugo Chá­vez en 1998, hay un cam­bio cada vez mayor con­so­li­dán­do­se hacia lo pro­gre­sis­ta, hacia un aban­dono del neo­li­be­ra­lis­mo. Y Chi­le era uno de los paí­ses que man­te­nía las posi­cio­nes de dere­cha, jun­to con Méxi­co y Colom­bia, por­que Perú, por más cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co que ha teni­do últi­ma­men­te, en sus últi­mas elec­cio­nes dio un paso hacia la izquier­da.

En Chi­le había mucho escep­ti­cis­mo, nadie se movía, pero todo lle­ga has­ta su lími­te y eso creo que ha suce­di­do con el movi­mien­to estu­dian­til. Lo intere­san­te es que el pro­ce­so actual no se que­da en los uni­ver­si­ta­rios, sino que está con­vo­can­do a la socie­dad ente­ra. Es inne­ga­ble que esta­mos vivien­do una épo­ca de cam­bios, sino que lo diga la pri­ma­ve­ra ára­be, que tam­bién era una situa­ción impen­sa­ble.

¿En qué perío­do cree que se encuen­tra Lati­noa­mé­ri­ca?

Sin dudas que esta­mos pasan­do por una épo­ca de revo­lu­ción. Pero quie­nes están en los pro­ce­sos deben enten­der que aho­ra con­ta­mos con el poder del Esta­do, a dife­ren­cia de los pro­ce­sos de izquier­da en el siglo XX. Nues­tras izquier­das no entien­den este len­to cami­nar hacia la meta y quie­ren que haga­mos cosas que no pode­mos hacer, no por­que no que­rra­mos hacer­lo, sino por­que no tene­mos la fuer­za nece­sa­ria para hacer­lo Y por eso es que pien­so que la cla­ve del éxi­to es que sea­mos capa­ces de cons­truir esas fuer­zas que nos per­mi­ti­rán avan­zar más rápi­do y segu­ro, y esas fuer­zas ¿dón­de están?, en nues­tros pue­blos. Si nues­tros pue­blos se unen, se orga­ni­zan, si pre­sio­nan con pro­pues­tas podre­mos lograr ese avan­ce que todos desea­mos.

Per­mí­ta­me sal­tar a otro tema coyun­tu­ral. Usted se auto­ca­li­fi­ca como una sicó­lo­ga de for­ma­ción, pero perio­dis­ta de for­ma­ción. ¿Cuál es su opi­nión del tra­ba­jo que desa­rro­llan los medios de comu­ni­ca­ción en nues­tros tiem­pos? Se lo con­sul­to por­que es un tema que se deba­te ‑con ideas, pero tam­bién con pasio­nis­mos- en nues­tra región.

Lo pri­me­ro es tener en cuen­ta lo que dice Noam Chomsky, cuan­do mani­fies­ta que la pro­pa­gan­da en las demo­cra­cias es como el láti­go en las dic­ta­du­ras. Los medios de comu­ni­ca­ción, que por lo gene­ral están en manos de unos pocos, logran a veces man­te­ner los sis­te­mas opre­so­res, con­ven­cen a la gen­te de que no hay alter­na­ti­vas, por­que los enga­tu­san con el tema del con­su­mo. A mi pare­cer, los sec­to­res con­ser­va­do­res saben que su arma más impor­tan­te son estos medios. Ya no se nece­si­tan bom­bas, ya no se nece­si­tan fusi­les.

Estas son las bom­bas que tie­ne la opo­si­ción. Cuan­do se tra­ta de tocar el domi­nio que ellos tie­nen esta­llan pero de una for­ma increí­ble. En Vene­zue­la hay liber­ti­na­je de pren­sa, en Chi­le ‑el movi­mien­to estu­dian­til- dice “El Mer­cu­rio mien­te”. En nues­tra épo­ca noso­tros hici­mos un movi­mien­to para recha­zar este com­por­ta­mien­to de este dia­rio, pero aun así lo de El Mer­cu­rio era mucho menos ses­ga­do que lo que Glo­bo­vi­sión o El Uni­ver­sal plan­tean. En estos pro­ce­sos hay una fuer­te defen­sa de lo que se tenía. Cada refor­ma, cada trans­for­ma­ción es una gue­rra, pero hay que ganar­la por­que nues­tros pue­blos tie­nen dere­cho a estar infor­ma­dos y lo que suce­de es que la pren­sa en la actua­li­dad des­in­for­ma.

Pero tam­bién nues­tra pren­sa, la pro­gre­sis­ta, tie­ne que ser capaz de infor­mar de lo bueno y de lo malo, tie­ne que hacer con­cien­cia crí­ti­ca de lo que suce­de en el Gobierno. Eso nos pasó en Chi­le por­que no sabía­mos hacer pren­sa des­de el Gobierno, des­de el pro­ce­so. Está­ba­mos acos­tum­bra­dos a ser pren­sa opo­si­to­ra y es toda una cul­tu­ra de la izquier­da, que esta­ba acos­tum­bra­da a ser des­truc­ti­va y lo que nece­si­ta­mos aho­ra es una izquier­da cons­truc­ti­va. Una izquier­da que está bien que cri­ti­que, pero que tam­bién dé pro­pues­tas.

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