Ingla­te­rra: Dis­tur­bios e hipo­cre­sía- David Kar­va­la

El jue­ves, 4 de agos­to, la poli­cía bri­tá­ni­ca mató a tiros a Mark Dug­gan, un hom­bre negro de 29 años, a pun­to de casar­se con la madre de sus tres hijos. La poli­cía dijo que él les había dis­pa­ra­do; des­pués se demos­tró que era men­ti­ra. No die­ron infor­ma­ción algu­na a la fami­lia acer­ca del inci­den­te. Fami­lia­res y ami­gos se mani­fes­ta­ron has­ta la comi­sa­ría de Tot­tenham el sába­do 6 de agos­to, exi­gien­do expli­ca­cio­nes, pero sin obte­ner resul­ta­dos.

Aque­lla noche, Tot­tenham explo­tó. Des­de enton­ces, se ha des­ata­do una ola masi­va de dis­tur­bios. Ha habi­do muchos de ellos en Gran Bre­ta­ña a lo lar­go de las últi­mas déca­das, pero nor­mal­men­te sólo en uno o dos sitios. La últi­ma vez que pasó algo pare­ci­do a lo de aho­ra fue en el verano de 1981, cuan­do se que­ma­ron barrios por todo el país.[1]

Sobran moti­vos

La muer­te de Mark Dug­gan no es un caso ais­la­do; es más bien la gota que col­mó el vaso. Entre 1998 y fina­les del año pasa­do, 333 per­so­nas murie­ron bajo cus­to­dia poli­cial o poco des­pués de ser libe­ra­das, pero nin­gún ofi­cial ha sido con­de­na­do por ello. Las mil muer­tes suce­di­das entre 1967 y 2001 sólo die­ron lugar a la con­de­na de un policía.[2]

Muchos, pero no todos, de estos inci­den­tes tie­nen un com­po­nen­te racial. El racis­mo de la poli­cía está más que demos­tra­do. Un caso cla­ve fue el del joven negro Stephen Law­ren­ce, que murió a manos de un gru­po fas­cis­ta en 1993, pero cuyos ase­si­nos nun­ca fue­ron con­de­na­dos por­que la poli­cía nun­ca tomó el caso en serio. En 1999, una inves­ti­ga­ción sobre el caso con­fir­mó la exis­ten­cia de “racis­mo ins­ti­tu­cio­nal” en la poli­cía, e hizo reco­men­da­cio­nes para cam­biar la situación.[3]

El paro juve­nil no es tan alto en Gran Bre­ta­ña como en el Esta­do espa­ñol, pero aún así es enor­me. El 20% de los jóve­nes de 16 a 24 años está en paro. Entre los jóve­nes negros, esta cifra ascien­de a cer­ca del 50%. En los barrios depri­mi­dos, don­de están ocu­rrien­do muchos de los dis­tur­bios, ambas cifras serán mucho más altas. Los jóve­nes negros en Gran Bre­ta­ña no son inmi­gran­tes, muchos son los nie­tos, o inclu­so bis­nie­tos, de inmi­gran­tes; nacie­ron y fue­ron a la escue­la en Gran Bre­ta­ña. No se pue­de atri­buir la mayor tasa de paro entre los jóve­nes negros a pro­ble­mas de pape­les, a tener titu­la­ción extran­je­ra, a pro­ble­mas con la len­gua, etc. Ésta refle­ja el racis­mo que sufren tan­to den­tro del sis­te­ma edu­ca­ti­vo como cuan­do van a bus­car un tra­ba­jo.

La des­igual­dad social ha ido en aumen­to en Gran Bre­ta­ña; los ricos se han hecho más ricos, y los pobres más pobres.

Con la cri­sis, la situa­ción ha empeo­ra­do mucho. El gobierno está recor­tan­do los ser­vi­cios socia­les y las pres­ta­cio­nes de las que depen­den muchas per­so­nas. Recien­tes cam­bios en el sis­te­ma de pres­ta­cio­nes para vivien­da expul­sa­rán a miles de per­so­nas de las gran­des ciu­da­des; los alqui­le­res son dema­sia­do altos, inclu­so en los barrios pobres. Estos recor­tes inclu­so han afec­ta­do a las pocas líneas de comu­ni­ca­ción que exis­tían entre las auto­ri­da­des y los jóve­nes. Muchos de los pro­gra­mas para la juven­tud —con sus edu­ca­do­res socia­les a los que los jóve­nes cono­cían y de los que se fia­ban— han per­di­do sus sub­ven­cio­nes y han des­apa­re­ci­do.

Final­men­te tene­mos el cua­dro polí­ti­co glo­bal. Por todas par­tes la gen­te se que­ja de que los polí­ti­cos no nos repre­sen­tan. Un par­ti­ci­pan­te en los dis­tur­bios de Man­ches­ter le dijo a un perio­dis­ta: “hay mucha frus­tra­ción y ten­sión. Ésta es nues­tra mane­ra de hacer­nos oír de la mane­ra más direc­ta posi­ble. La gen­te ya no se fía del gobierno des­de la gue­rra de Irak.”[4] Una joven en los dis­tur­bios, entre­vis­ta­da por TV3, expre­só de mane­ra muy cohe­ren­te el enfa­do por la muer­te de Mark Dug­gan, suma­do al har­taz­go de la corrup­ción y de los polí­ti­cos que no se preo­cu­pan por la gen­te.

Se ha des­ta­pa­do un caso fla­gran­te de corrup­ción empre­sa­rial, polí­ti­ca y poli­cial en Gran Bre­ta­ña en las últi­mas sema­nas, entorno al impe­rio mediá­ti­co de Rupert Mur­doch, uno de los hom­bres más ricos del mun­do. Aho­ra, varios de sus altos direc­ti­vos están sien­do pro­ce­sa­dos, pero has­ta hace pocos meses, com­par­tían cenas pri­va­das con Tony Blair, lue­go con David Came­ron, y obte­nían tra­tos de favor de sus minis­tros. Sus cone­xio­nes con la poli­cía les per­mi­tie­ron pin­char telé­fo­nos impu­ne­men­te duran­te años. Los dos máxi­mos man­dos de la poli­cía de Lon­dres han teni­do que dimi­tir.

Son estos polí­ti­cos, esta poli­cía y los perió­di­cos de Mur­doch los que aho­ra exi­gen mano dura con­tra los jóve­nes. Por ejem­plo, un comen­ta­ris­ta en Finan­cial Times, el perió­di­co del gran capi­tal euro­peo, escri­bió que “Tim Mont­go­me­rie de con​ser​va​ti​veho​me​.com, el líder no ofi­cial de las bases del par­ti­do con­ser­va­dor, lla­mó a la poli­cía a ‘car­gar con porras con­tra la chus­ma: sin el mie­do de la poli­cía no pue­de haber orden’. Él tie­ne razón.”[5] No cons­ta que haya pedi­do car­gas poli­cia­les con­tra los ban­que­ros o los polí­ti­cos corrup­tos. La hipo­cre­sía es máxi­ma.

Con el rela­to de los moti­vos de los dis­tur­bios debe que­dar cla­ro que, a pesar de las gran­des dife­ren­cias entre lo que está ocu­rrien­do en Gran Bre­ta­ña y el movi­mien­to 15M, los moti­vos son casi idén­ti­cos.

Esto es lo que expli­ca por qué en los dis­tur­bios —igual que en el 15M— no sólo par­ti­ci­pan jóve­nes, ni mucho menos sólo jóve­nes negros.[6]

Son res­pues­tas dife­ren­tes ante los mis­mos pro­ble­mas. Y en ambos casos, el Esta­do recu­rre a la repre­sión, la cri­mi­na­li­za­ción y, por supues­to, la hipo­cre­sía.

No es raza, ni inmi­gra­ción

En las noti­cias, oí a una estu­dian­te cata­la­na expli­car des­de Lon­dres como “100 inmi­gran­tes ata­ca­ron la tien­da en mi calle”. Refe­ren­cias a la inmi­gra­ción no son infre­cuen­tes en la cober­tu­ra mediá­ti­ca des­de el Esta­do espa­ñol.

Como ya se ha men­cio­na­do, la gran mayo­ría de jóve­nes afro­ca­ri­be­ños en Gran Bre­ta­ña no son inmi­gran­tes, sino los des­cen­dien­tes de la inmi­gra­ción cari­be­ña en las déca­das de 1950 y 1960. La inmi­gra­ción asiá­ti­ca se dio prin­ci­pal­men­te duran­te los años 60 y 70; muy pocos inmi­gran­tes pakis­ta­níes esta­rán en los dis­tur­bios, sus hijos y nie­tos, sí. Pero a pesar de todo este tiem­po, la pobla­ción negra (tér­mino que aquí abar­ca a todos los gru­pos, inclu­yen­do a gen­te afro­ca­ri­be­ña, asiá­ti­ca…) sigue sufrien­do el racis­mo. Y como hemos vis­to, el racis­mo poli­cial ha sido uno de los deto­nan­tes de los actua­les dis­tur­bios.

Pero, con todo, estos no son “dis­tur­bios racia­les”. La pri­me­ra noche en Tot­tenham, se infor­mó que “varios cien­tos de per­so­nas toma­ron las calles, refle­jan­do a la pobla­ción local, de todas las eda­des, tan­to negros como blan­cos y asiá­ti­cos, así como tam­bién muchos judíos [ortodoxos].”[7] Infor­mes de los dis­tur­bios en otras ciu­da­des reve­lan lo mismo.[8]

Algu­nos comen­ta­ris­tas habla­rán del fra­ca­so del mul­ti­cul­tu­ra­lis­mo, y exi­gi­rán un “mode­lo de inte­gra­ción” cen­tra­do en la impo­si­ción de una cul­tu­ra nacio­nal de talla úni­ca. Este febre­ro, David Came­ron hizo un dis­cur­so muy publi­ci­ta­do pre­ci­sa­men­te en este sen­ti­do. Pero los dis­tur­bios no son pro­duc­to del mul­ti­cul­tu­ra­lis­mo, sino del racis­mo y del capi­ta­lis­mo. Es todo un logro del mul­ti­cul­tu­ra­lis­mo que jóve­nes de todos los colo­res estén jun­tos en la calle, luchan­do con­tra la poli­cía. Debe­mos supo­ner que polí­ti­cos como Came­ron pre­fe­ri­rían que se pelea­sen entre sí, divi­di­dos por “razas”.

Exis­te el peli­gro de la racia­li­za­ción de los dis­tur­bios. En Dals­ton, un barrio del dis­tri­to de Hack­ney que tie­ne muchos res­tau­ran­tes y tien­das tur­cos, hay infor­mes de que los due­ños salie­ron con bates de béis­bol para pro­te­ger sus nego­cios; se podría des­en­ca­de­nar una diná­mi­ca peli­gro­sa de con­flic­to entre “gru­pos étni­cos”, aun­que es poco pro­ba­ble; muchos jóve­nes de ori­gen tur­co tam­bién habrán par­ti­ci­pa­do en los dis­tur­bios. La cues­tión fun­da­men­tal en estos cho­ques entre jóve­nes y ten­de­ros no es racial, sino de cla­se; entre los que con suer­te for­ma­rán par­te de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, y los que temen caer des­de el pel­da­ño más bajo de la peque­ña bur­gue­sía.

Fas­cis­tas

Han apa­re­ci­do noti­cias de que gru­pos de hom­bres blan­cos de 30 – 40 años en Enfield, en el nor­te de Lon­dres, caza­ban a jóve­nes negros o “pakis” (tér­mino racis­ta uti­li­za­do para los pakis­ta­níes). Efec­ti­va­men­te, los fas­cis­tas —tan­to del par­ti­do elec­to­ral, el Bri­tich Natio­nal Party (BNP), como de la orga­ni­za­ción hoo­li­gan-fas­cis­ta, la English Defen­ce Lea­gue (“Liga de Defen­sa de Ingla­te­rra”, EDL)— inten­tan apro­ve­char­se de la situa­ción para fomen­tar el racis­mo y ganar adep­tos.

Les favo­re­ce la ima­gen de los dis­tur­bios crea­da en los medios, que cul­pa de ellos a jóve­nes cri­mi­na­les, prin­ci­pal­men­te negros. El hecho de que el gobierno recu­rra a la mano dura y más poli­cía for­ta­le­ce su argu­men­to de que la solu­ción a los pro­ble­mas es un Esta­do más fuer­te, que eli­mi­ne los dere­chos demo­crá­ti­cos.

Por otro lado, la reali­dad es que a nivel de la pobla­ción, Gran Bre­ta­ña ha avan­za­do bas­tan­te en la inte­gra­ción racial duran­te las últi­mas déca­das, gra­cias en par­te a impor­tan­tes movi­mien­tos que han uni­do a per­so­nas de dife­ren­tes orí­ge­nes, como el amplio movi­mien­to anti­fas­cis­ta y el movi­mien­to anti­gue­rra. Exis­te racis­mo, por supues­to, pero tam­bién es cier­to que en las gran­des ciu­da­des, muchos jóve­nes negros tie­nen ami­gos blan­cos y vice­ver­sa. Y hay que repe­tir las veces que haga fal­ta que los dis­tur­bios no son sólo ni prin­ci­pal­men­te de jóve­nes negros.

De todas mane­ras, el peli­gro fas­cis­ta es real. La EDL está movi­li­zán­do­se para ir al este de Lon­dres el 3 de sep­tiem­bre. Las “accio­nes” de la EDL siem­pre son borra­che­ras acom­pa­ña­das de vio­len­cia racis­ta. El movi­mien­to amplio y uni­ta­rio Unity Against Fas­cism (www​.uaf​.org​.uk) ha con­vo­ca­do ese mis­mo día una mani­fes­ta­ción para blo­quear el paso a los fas­cis­tas, con el apo­yo de casi todas las fuer­zas pro­gre­sis­tas de la zona.

Sin duda, muchos de los jóve­nes que estos días han par­ti­ci­pa­do en los dis­tur­bios for­ma­rán par­te de la movi­li­za­ción anti­fas­cis­ta el 3 de sep­tiem­bre. Inclu­so es posi­ble que algu­nos jóve­nes blan­cos que habrían par­ti­ci­pa­do en la acción de la EDL, tras pasar estos últi­mos días luchan­do con­tra la poli­cía y saquean­do tien­das codo con codo con jóve­nes negros, se unan al ban­do anti­fas­cis­ta el 3 de sep­tiem­bre.

Los pro­ble­mas con los dis­tur­bios

Huel­ga decir que, como méto­do de lucha, los dis­tur­bios dejan mucho que desear. En cual­quier movi­li­za­ción impor­tan­te, la gen­te tie­ne una mez­cla de moti­vos para par­ti­ci­par y casi nun­ca se tra­ta de un com­pro­mi­so exclu­si­va­men­te polí­ti­co: “van todos mis ami­gos”; “qui­zá conoz­ca a un chi­co o una chi­ca”; “des­pués hay un con­cier­to”; “estoy abu­rri­do, quie­ro un poco de acción”…

Cuan­do se tra­ta de un dis­tur­bio y de la opor­tu­ni­dad de con­se­guir las nue­vas Nike, o el tele­vi­sor plano, que se lle­va meses desean­do, es obvio que el balan­ce cam­bia, pero las otras moti­va­cio­nes no des­apa­re­cen, ni todo el mun­do se vuel­ve loco y cie­ga­men­te codi­cio­so.

Una per­so­na en Hack­ney vio como “Alguien levan­tó la per­sia­na de una tien­da de sándwiches…Unas per­so­nas mayo­res sen­ta­das delan­te de una casa veci­na dije­ron ‘no, no, no’, y aplau­die­ron cuan­do los jóve­nes enmas­ca­ra­dos vol­vie­ron a bajar la persiana.”[9] Por supues­to que hay mucha des­truc­ción, pero en gene­ral va diri­gi­da con­tra los nego­cios, muchos de ellos, no todos, de gran­des cade­nas; de equi­pos de esté­reo, de móvi­les, tien­das de apues­tas…

Tam­bién sufren muchos ino­cen­tes, a veces de mane­ra inten­cio­na­da, más típi­ca­men­te debi­do al caos. Pero has­ta cier­to pun­to, esto pasa en cual­quier lucha. Des­de los dis­tur­bios en los barrios negros de las ciu­da­des de EEUU, que fue­ron un ele­men­to esen­cial del movi­mien­to por los dere­chos civi­les en los años 60, pasan­do por Sudá­fri­ca, has­ta las revo­lu­cio­nes ára­bes de hoy, las suble­va­cio­nes espon­tá­neas siem­pre con­lle­van un ele­men­to de caos, de vio­len­cia irra­cio­nal.

Muchas voces gri­tan, “¿pero por qué están des­tro­zan­do sus pro­pios barrios?”. La pri­me­ra res­pues­ta es que es lo que siem­pre pasa con los dis­tur­bios espon­tá­neos; los ata­ques con­tra obje­ti­vos más estra­té­gi­cos sue­len lle­gar con la movi­li­za­ción cons­cien­te y orga­ni­za­da; un pun­to al que vol­ve­re­mos aba­jo.

La otra res­pues­ta es que los barrios ya esta­ban des­tro­za­dos, inclu­so antes de la últi­ma cri­sis. Hace años que en las prin­ci­pa­les calles de estos barrios se ven loca­les cerra­dos y aban­do­na­dos; aho­ra más. Se redu­cen las ven­tas, por­que la gen­te local no tie­ne dine­ro; aho­ra con los recor­tes de pen­sio­nes y sala­rios, menos aún. Los miles de millo­nes de dine­ro públi­co que reci­ben los ban­cos se lo que­dan ellos, y nie­gan cré­di­tos a las peque­ñas empre­sas. Y el comer­cio se pasa cada vez más a los cen­tros comer­cia­les y las gran­des empre­sas que pue­den ofre­cer los pre­cios más bajos.

Según un infor­me, se anti­ci­pa­ba el cie­rre de diez mil comer­cios en 2011. En cam­bio, las cade­nas de super­mer­ca­dos cre­cen; Tes­co anti­ci­pa­ba abrir 292 nue­vas tien­das en 2011.[10] Inclu­so se da la casua­li­dad de que una de las ciu­da­des que ha vivi­do dis­tur­bios estos días, Bris­tol, los vivió tam­bién duran­te el pasa­do abril. El deto­nan­te fue la repre­sión poli­cial con­tra un movi­mien­to veci­nal que se opo­nía a la aper­tu­ra de una nue­va tien­da de Tes­cos, pre­ci­sa­men­te por su efec­to noci­vo en el teji­do social de los barrios.[11]

De todas mane­ras, es evi­den­te que los dis­tur­bios no son la mejor for­ma de luchar. Des­de mi pun­to de vis­ta, mejor sería una red de con­se­jos obre­ros y soviets que se orga­ni­za­sen para derri­bar el capi­ta­lis­mo e ins­tau­rar una nue­va socie­dad jus­ta y auto­ges­tio­na­da des­de aba­jo, pero hay que tra­ba­jar con lo que hay.

Las acam­pa­das tam­po­co son la for­ma idó­nea para cam­biar el sis­te­ma, y el movi­mien­to 15M en gene­ral tie­ne muchas limi­ta­cio­nes y con­fu­sio­nes. Algu­nos sec­to­res de la izquier­da jurá­si­ca uti­li­zan estas limi­ta­cio­nes y con­tra­dic­cio­nes para con­de­nar a todo el 15M como un com­plot del sis­te­ma, “una dis­trac­ción de la lucha revo­lu­cio­na­ria de ver­dad”.

Tan­to los dis­tur­bios como las acam­pa­das pue­den con­se­guir cier­tos logros. Yo viví en Brix­ton duran­te 9 años, y el barrio tenía un cen­tro depor­ti­vo muni­ci­pal muy bien equi­pa­do; su cons­truc­ción fue una de las res­pues­tas ofi­cia­les a los dis­tur­bios de 1981.

En ambos casos, la limi­ta­ción cla­ve es la de cla­se; que ni con la des­obe­dien­cia civil ni con rom­per esca­pa­ra­tes se pue­de aca­bar con el sis­te­ma. Para ello, hace fal­ta el poder de la cla­se tra­ba­ja­do­ra orga­ni­za­da. Esto a su vez, requie­re de una izquier­da com­ba­ti­va, anti­ca­pi­ta­lis­ta, mucho más fuer­te de la que exis­te aho­ra mis­mo.

La irrup­ción de un movi­mien­to como los dis­tur­bios actua­les —igual que ocu­rrió con las recien­tes luchas en los ban­lieus fran­ce­ses— seña­la las limi­ta­cio­nes de los movi­mien­tos socia­les y de la izquier­da, que evi­den­te­men­te no han logra­do arrai­gar­se entre esta juven­tud para que expre­se su males­tar de for­ma más pro­duc­ti­va.

El fra­ca­so es sobre todo de la izquier­da mayo­ri­ta­ria y de los gran­des sin­di­ca­tos. Los dis­tur­bios de 1981 lle­ga­ron tras dos años del bru­tal gobierno con­ser­va­dor de Mar­ga­ret That­cher, sin una res­pues­ta real de los labo­ris­tas ni de la direc­ción sin­di­cal bri­tá­ni­ca. Aho­ra, Gran Bre­ta­ña tie­ne un gobierno con­ser­va­dor —en alian­za con un par­ti­do libe­ral que ha roto todas sus pro­me­sas elec­to­ra­les— que impo­ne duros recor­tes. Ha habi­do huel­gas y mani­fes­ta­cio­nes, algu­nas de ellas muy impor­tan­tes, pero has­ta aho­ra la res­pues­ta ha sido mucho menor y más len­ta de lo que hace fal­ta.

Y la izquier­da anti­ca­pi­ta­lis­ta no pue­de res­pon­der sim­ple­men­te cri­ti­can­do los dis­tur­bios por no obe­de­cer la teo­ría mar­xis­ta revo­lu­cio­na­ria. Debe bus­car conec­tar con la gen­te joven (y no tan joven) que par­ti­ci­pa en los dis­tur­bios, y como míni­mo denun­ciar los pro­ble­mas socia­les que han pro­vo­ca­do el esta­lli­do así como opo­ner­se a la repre­sión, que va en aumen­to (mien­tras escri­bo, el pri­mer minis­tro, David Came­ron, aca­ba de anun­ciar que auto­ri­za­rá el uso de balas de goma y caño­nes de agua por pri­me­ra vez en Gran Bre­ta­ña; hace tiem­po que se uti­li­zan en el nor­te de Irlan­da).

Más allá de esto, tie­ne la tarea fun­da­men­tal de for­ta­le­cer las luchas colec­ti­vas con­tra los recor­tes, así como con­tra el racis­mo y el fas­cis­mo.

Con­clu­sión: hay que crear una alter­na­ti­va polí­ti­ca

Des­de hace tiem­po es evi­den­te que en todos los paí­ses de Euro­pa, igual que en el mun­do ára­be, sobran moti­vos para una explo­sión social. Si ésta toma la for­ma de racis­mo o fas­cis­mo, en Euro­pa cul­pan­do a los musul­ma­nes (o en Egip­to a la mino­ría opri­mi­da cris­tia­na), hay que opo­ner­se con todas nues­tras fuer­zas.

Pero si toma la for­ma de un recha­zo y una lucha con­tra el sis­te­ma, aun­que sea de for­ma con­fu­sa, hay que apo­yar­lo. Esto se apli­ca tan­to a Bah­rain y Siria, como a Tot­tenham y los demás barrios de Gran Bre­ta­ña.

¿No es la solu­ción idó­nea? Pues hay que orga­ni­zar­se para pre­sen­tar solu­cio­nes mejo­res, con más posi­bi­li­da­des de con­se­guir el cam­bio que nece­si­ta­mos, aca­ban­do con los abu­sos que moti­va­ron la suble­va­ción.

Esto impli­ca orga­ni­zar movi­mien­tos socia­les, espa­cios de lucha con­tra los recor­tes, con­tra el racis­mo, con­tra los abu­sos poli­cia­les, etc. Pero esto impli­ca, a su vez, orga­ni­zar­se polí­ti­ca­men­te.

Por­que el mun­do con­ti­nua­men­te, y cada vez más, nos plan­tea pro­ble­mas, dile­mas, que no tie­nen una res­pues­ta fácil. Ante los dis­tur­bios, den­tro de la izquier­da y los movi­mien­tos socia­les, hay quie­nes corren para con­de­nar­los como vio­len­tos, y otros que expli­can por qué han sur­gi­do, y que la cul­pa la tie­ne el sis­te­ma. Hay un sin­fín de ejem­plos de momen­tos en los que sur­gen deba­tes den­tro de nues­tros movi­mien­tos, bási­ca­men­te entre la gen­te más mode­ra­da que acep­ta una par­te del dis­cur­so del sis­te­ma, y los que insis­ti­mos en derri­bar al sis­te­ma por com­ple­to. Cual­quier movi­mien­to sano y plu­ral inclu­ye a ambas sen­si­bi­li­da­des. Las ideas más mode­ra­das reci­ben un refuer­zo cada día, cada hora, en cada infor­ma­ti­vo de la TV o la radio. La gen­te que que­re­mos un cam­bio más fun­da­men­tal debe­mos orga­ni­zar­nos, tan­to para deba­tir cuál es la mejor estra­te­gia como para refor­zar e impul­sar las ideas más com­ba­ti­vas den­tro del con­jun­to del movi­mien­to.

Antes, la izquier­da jurá­si­ca decía, “la gen­te no lucha­rá”. Pero lucha. Así que aho­ra dice “no luchan de la mane­ra correc­ta”. Pero aún así, lucha. La cues­tión es si par­ti­mos de nues­tras dife­ren­cias con ellos, o de nues­tra rabia com­par­ti­da con­tra el sis­te­ma. Si par­ti­mos de esta rabia, con­tra el racis­mo, con­tra los abu­sos socia­les, con­tra la des­igual­dad y la des­fa­cha­tez de los polí­ti­cos, encon­tra­re­mos muchos pun­tos en común con la gen­te que lucha “de mane­ra equi­vo­ca­da”.

Brix­ton

Será por­que toda­vía lle­vo un tro­zo de Brix­ton en mi cora­zón pero dejo las últi­mas pala­bras a dos veci­nos de mi anti­guo barrio, reco­gi­das por un corres­pon­sal de El País.

“Luther, de 60 años, y Leroy, de 50, ven los dis­tur­bios con pris­ma revo­lu­cio­na­rio. ‘Esto es Brix­ton; y Brix­ton tie­ne una lar­ga his­to­ria de luchas por la igual­dad de opor­tu­ni­da­des, con­tra la bru­ta­li­dad de la poli­cía. Es como una olla a pre­sión siem­pre está a pun­to de esta­llar. Lle­vo aquí cua­ren­ta años y siem­pre ha sido así, una olla a pun­to de esta­llar’, arran­ca Leroy.

Luther le inte­rrum­pe de inme­dia­to. ‘Aquí se cul­ti­va la semi­lla de la injus­ti­cia’, ase­gu­ra, y pone como prue­ba la sos­pe­cho­sa muer­te de un hom­bre que vivía muy cer­ca. La poli­cía dice que se sui­ci­dó cuan­do le iban a dete­ner por un asun­to de dro­gas. Él no se lo cree. ‘Todas esas cosas crean frus­tra­ción’, con­clu­ye.

¿Están las cosas tan mal como hace 30 años, cuan­do los famo­sos dis­tur­bios de 1981? ‘Sí por­que el Gobierno está hacien­do todos esos recor­tes y los jóve­nes no tie­nen opor­tu­ni­da­des’, opi­na Leroy. ‘Los recor­tes afec­tan a los cen­tros comu­ni­ta­rios, a los cen­tros en los que los jóve­nes pue­den apren­der algo útil. Los jóve­nes de hoy están frus­tra­dos, como dice mi ami­go. Están har­tos’, aña­de. ‘Todo el mun­do está har­to y frus­tra­do’, ter­cia Luther. ‘La gen­te mayor como noso­tros ya no espe­ra­mos nada. Pero, ¿qué hacen los jóve­nes? Si eres joven, vul­ne­ra­ble y no le impor­tas a nadie, no tie­nes nada que per­der’, ase­gu­ra. ‘Mi her­mano dice que así es el capi­ta­lis­mo. El capi­ta­lis­mo te hace vul­ne­ra­ble, es opre­si­vo’, con­clu­ye Leroy.” [12]


Notas

[1] Ver Chris Har­man (1981), ‘The Sum­mer of 1981: a post-riot aná­li­sis’, en Inter­na­tio­nal Socia­lism Jour­nal, oto­ño de 1981. Dis­po­ni­ble en http://​www​.mar​xists​.org/​a​r​c​h​i​v​e​/​h​a​r​m​a​n​/​1​9​8​1​/​x​x​/​r​i​o​t​s​.​h​tml
[2] The Guar­dian, 3/​12/​2010.
http://​www​.guar​dian​.co​.uk/​u​k​/​2​0​1​0​/​d​e​c​/​0​3​/​d​e​a​t​h​s​-​p​o​l​i​c​e​-​c​u​s​t​o​d​y​-​o​f​f​i​c​e​r​s​-​c​o​n​v​i​c​ted
The Guar­dian, 30/​03/​2001.
http://www.guardian.co.uk/celldeaths/article/0„465301,00.html
Deta­lles 1990 – 2011: http://​inquest​.gn​.apc​.org/​w​e​b​s​i​t​e​/​s​t​a​t​i​s​t​i​c​s​/​d​e​a​t​h​s​-​i​n​-​p​o​l​i​c​e​-​c​u​s​t​ody
[3] BBC, “Q&A: Stephen Law­ren­ce mur­der”, 5/​05/​2004.
[4] The Guar­dian, 10/​08/​2011. http://​www​.guar​dian​.co​.uk/​u​k​/​2​0​1​1​/​a​u​g​/​1​0​/​u​k​-​r​i​o​t​s​-​d​i​s​o​r​d​e​r​-​m​a​n​c​h​e​s​t​e​r​-​m​i​d​l​a​nds
[5] Ft​.com, 9/​08/​2011. http://​www​.ft​.com/​i​n​t​l​/​c​m​s​/​s​/​0​/​f​a​c​0​b​3​8​e​-​c​1​d​1​-​1​1​e​0​-​b​c​7​1​-​0​0​1​4​4​f​e​a​b​d​c​0​.​h​tml
[6] Paul Lewis y James Har­kin, ‘Who are the rio­ters? Young men from poor areas … but tha­t’s not the full story’. The Guar­dian, 10/​08/​2011.
http://​www​.guar​dian​.co​.uk/​u​k​/​2​0​1​1​/​a​u​g​/​0​9​/​l​o​n​d​o​n​-​r​i​o​t​s​-​w​h​o​-​t​o​o​k​-​p​art
El artícu­lo expli­ca la gran varie­dad de par­ti­ci­pan­tes. Uno de los auto­res twit­tea acti­va­men­te des­de la calle, sigue www​.twit​ter​.com/​P​a​u​l​L​e​wis .
[7] Judith Orr, ‘La rabia con­tra la poli­cía esta­lla en las calles del nor­te de Lon­dres’, 7/​08/​2011. http://​www​.enlu​cha​.org/​s​i​t​e​/​?​q​=​n​o​d​e​/​1​6​286
[8] Ver Lewis y Har­kin, ‘Who are the rio­ters?…’.
[9] http://​www​.lrb​.co​.uk/​b​l​o​g​/​2​0​1​1​/​0​8​/​0​9​/​j​o​n​-​d​a​y​/​i​n​-​h​a​c​k​n​ey/
[10] Local Data Com­pany (2011), Ter­mi­nal ill­ness or gra­dual decli­ne? A review of GB shop vacancy in 2010, pág. 8.
[11] Socia­list Wor­ker, 30/​04/​2011.
[12] W. Oppenhei­mer, ‘Brix­ton, una olla a pun­to de reven­tar’, El País, 09/​08/​2011. http://​www​.elpais​.com/​a​r​t​i​c​u​l​o​/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​B​r​i​x​t​o​n​/​o​l​l​a​/​p​u​n​t​o​/​r​e​v​e​n​t​a​r​/​e​l​p​e​p​i​i​n​t​/​2​0​1​1​0​8​0​9​e​l​p​e​p​i​i​n​t​_​4​/​Tes

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