Poya­les, un refle­jo de que la memo­ria sigue sien­do moles­ta- Aina­ra Lertxundi

La mira­da al pasa­do es tam­bién una mira­da al pre­sen­te y al futu­ro. El tes­ti­mo­nio de quie­nes sufrie­ron la mano de hie­rro de los lla­ma­dos «ven­ce­do­res» y sus des­cen­dien­tes polí­ti­cos debe­ría lle­gar a todos los rin­co­nes, empe­zan­do por las aulas. Pero, la reali­dad es bien dis­tin­ta y la «otra his­to­ria» sigue sin gus­tar a muchos tal y como ha que­da­do paten­te en Poya­les del Hoyo, Ávi­la, con el tras­la­do de los res­tos de diez fusi­la­dos a una fosa común, de don­de pre­ci­sa­men­te habían sido res­ca­ta­dos tras lar­gos años de búsqueda.

El alcal­de de este muni­ci­pio abu­len­se, del PP, se valió de la peti­ción de una fami­lia para pro­ce­der a esta exhu­ma­ción, sin el per­mi­so del res­to de fami­lia­res, y, de paso, des­tro­zar la pla­ca que recor­da­ba a estas personas.

El acto de repul­sa que el domin­go inten­ta­ron rea­li­zar «los nie­tos de los obre­ros que nun­ca pudis­téis matar» refle­jó lo moles­ta que con­ti­núa sien­do la memo­ria y el pro­pó­si­to de algu­nos gober­nan­tes por seguir impo­nien­do la ley del silen­cio y olvi­do. No sólo ha sido pro­fa­na­da la tum­ba, sino que el mono­li­to en home­na­je a tres de estos repre­sa­lia­dos, en con­cre­to a tres muje­res vio­la­das y fusi­la­das en una cune­ta de la loca­li­dad, pre­sen­ta des­de hace tiem­po pin­ta­das ofensivas.

Lejos de retrac­tar­se, el pri­mer edil defien­de a capa y espa­da su actua­ción. Cuen­ta, cómo no, con el res­pal­do de su par­ti­do, que ha sali­do en su defen­sa ante el alu­vión de críticas.

Pero sin mover­nos tan­to en el plano geo­grá­fi­co y en el tiem­po, la Poli­cía Muni­ci­pal de Iru­ñea reti­ró el 8 de julio las flo­res que, horas antes, cien­tos de iruin­da­rras habían colo­ca­do en la pla­ca en recuer­do de Ger­mán Rodrí­guez, muer­to a manos de la Poli­cía. Las flo­res ya han vuel­to al lugar de don­de nun­ca debían de haber desaparecido.

La memo­ria his­tó­ri­ca no debe­ría ser cosa de unos pocos a los que, ade­más, se acu­sa de remo­ver cosas del pasa­do y con ello vie­jas heri­das. Su dimen­sión va más allá de abrir fosas cava­das duran­te la gue­rra de 1936. Se tra­ta de docu­men­tar y ana­li­zar las cau­sas que per­mi­tie­ron tal bar­ba­rie y de repa­rar a tra­vés de la jus­ti­cia, enten­di­da en su más amplio sentido.

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