Coman­dos de EEUU: Una gue­rra secre­ta en 120 países

En algún lugar de este pla­ne­ta, un coman­do esta­dou­ni­den­se está lle­van­do a cabo una misión. Repi­tan aho­ra eso mis­mo seten­ta veces y ya han hecho bas­tan­te… por hoy. Sin que el pue­blo esta­dou­ni­den­se sepa nada, una fuer­za secre­ta den­tro del ejér­ci­to de EEUU está empren­dien­do toda una serie de ope­ra­cio­nes en una mayo­ría de paí­ses del mun­do. Esta nue­va eli­te de poder en el Pen­tá­gono está libran­do una gue­rra glo­bal cuyo tama­ño y alcan­ce no se habían reve­la­do nun­ca has­ta ahora.

Por Nick Tur­se (*) - Tom​Dis​patch​.com

Después de que un SEAL [el cuer­po de los Focas] de la Mari­na de EEUU le metie­ra una bala en el pecho y otra en la cabe­za a Osa­ma bin Laden tras asal­tar el recin­to don­de se halla­ba en Pakis­tán, una de las uni­da­des más secre­tas de ope­ra­cio­nes encu­bier­tas del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se se encon­tró de repen­te con que su misión se había con­ver­ti­do en el cen­tro de la aten­ción públi­ca. Algo muy poco común. Aun­que se sabe bien que las Fuer­zas de las Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de EEUU están des­ple­ga­das en las zonas de gue­rra de Afga­nis­tán e Iraq y cada vez está más cla­ro que esas uni­da­des actúan en zonas con­flic­ti­vas difí­ci­les, como Yemen y Soma­lia, la exten­sión total de su gue­rra, de ampli­tud mun­dial, ha per­ma­ne­ci­do pro­fun­da­men­te ocul­ta en las sombras.

El pasa­do año, Karen De Young y Greg Jaf­fe, del Washing­ton Post, infor­ma­ron de que las Fuer­zas de las Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de EEUU esta­ban des­ple­ga­das en 75 paí­ses, subien­do has­ta esa cifra des­de los 60 que eran a fina­les de la pre­si­den­cia de Geor­ge W Bush. El por­ta­voz del Man­do de dichas Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les Tim Nye me dijo que, para últi­mos de este año, la cifra pro­ba­ble­men­te lle­ga­rá a 120. «No para­mos de mover­nos, no se tra­ta solo de Afga­nis­tán o de Iraq», dijo recien­te­men­te. Esta pre­sen­cia glo­bal –aprop­xi­ma­da­men­te en el 60% de las nacio­nes del mun­do y muchí­si­mo más amplia de lo que ante­rior­men­te se reco­no­cía- pro­por­cio­na una nue­va y sor­pren­den­te prue­ba de la exis­ten­cia de una cre­cien­te eli­te de poder clan­des­ti­na den­tro del Pen­tá­gono que está empren­dien­do una gue­rra secre­ta por todas las esqui­nas del planeta.

El sur­gi­mien­to del «ejér­ci­to secre­to» del ejército.

Sur­gi­do a par­tir del falli­do asal­to de 1980 que tra­tó de res­ca­tar a los rehe­nes esta­dou­ni­den­ses en Irán y en el cual murie­ron ocho sol­da­dos esta­dou­ni­den­ses, el Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les esta­dou­ni­den­ses (SOCOM, por sus siglas en inglés) se creó en 1987. Una vez que el ejér­ci­to regu­lar superó el rece­lo y la esca­sez de fon­dos de los años post-Viet­nam, las Fuer­zas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les se encon­tra­ron de repen­te con que tenían casa úni­ca, pre­su­pues­to esta­ble y un coman­dan­te de cua­tro estre­llas como defensor.

Des­de enton­ces, el SOCOM ha cre­ci­do en pro­por­cio­nes alar­man­tes como fuer­za com­bi­na­da. Está com­pues­to por uni­da­des de todas las ramas del ejér­ci­to, inclu­yen­do los «Boi­nas Ver­des» y los Ran­gers, los SEAL de la Mari­na, los Coman­dos de la Fuer­za Aérea y los equi­pos de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les del Cuer­po de Mari­nes, ade­más de tri­pu­la­cio­nes espe­cia­li­za­das de heli­cóp­te­ros, equi­pos de bar­cos, per­so­nal de asun­tos civi­les, cuer­pos de res­ca­te para­mi­li­ta­res e inclu­so con­tro­la­do­res del trá­fi­co aéreo de bata­llas y meteo­ró­lo­gos de ope­ra­cio­nes espe­cia­les; el SOCOM lle­va a cabo las misio­nes más secre­tas y espe­cia­li­za­das de los EEUU.

Esas misio­nes inclu­yen ase­si­na­tos, ata­ques con­tra­te­rro­ris­tas, misio­nes de reco­no­ci­mien­to de amplio alcan­ce, aná­li­sis de inte­li­gen­cia, entre­na­mien­to de tro­pas extran­je­ras y ope­ra­cio­nes de con­tra-pro­li­fe­ra­ción de armas de des­truc­ción masiva.

Uno de sus com­po­nen­tes cla­ves es el Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les Con­jun­tas, o JSOC (por sus siglas en inglés), un sub­co­man­do clan­des­tino cuya prin­ci­pal misión es el segui­mien­to y ase­si­na­to de supues­tos terro­ris­tas. Al pre­sen­tar sus infor­mes al pre­si­den­te y actuar bajo su auto­ri­dad, el JSOC man­tie­ne una lis­ta negra glo­bal que inclu­ye tam­bién a ciu­da­da­nos esta­dou­ni­den­ses. Lle­va desa­rro­llan­do una cam­pa­ña de «caza y cap­tu­ra» extra-legal que John Nagl, un anti­guo ase­sor de con­tra­in­sur­gen­cia del gene­ral de cua­tro estre­llas y pró­xi­mo direc­tor de la CIA, David Petraeus, lla­ma «una maqui­na de matar con­tra­te­rro­ris­ta de esca­la casi industrial».

Ese pro­gra­ma de ase­si­na­tos es desa­rro­lla­do por uni­da­des de coman­dos como los SEAL de la Mari­na y la Fuer­za Del­ta del Ejér­ci­to, así como tam­bién median­te ata­ques de avio­nes no tri­pu­la­dos, for­man­do par­te de las gue­rras secre­tas en las que la CIA está impli­ca­da en paí­ses como Soma­lia, Pakis­tán y el Yemen. Ade­más, el coman­do diri­ge y con­tro­la una red de pri­sio­nes secre­tas, qui­zá has­ta vein­te sitios negros, solo en Afga­nis­tán, que uti­li­zan para inte­rro­gar a obje­ti­vos muy valiosos.

Indus­tria en crecimiento

De una fuer­za de unos 36.000 miem­bros a prin­ci­pios de la déca­da de 1990, el per­so­nal del Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les ha cre­ci­do has­ta lle­gar a los 60.000, de los cua­les una ter­ce­ra par­te son miem­bros de carre­ra del SOCOM; el res­to tie­nen otras espe­cia­li­da­des ocu­pa­cio­na­les mili­ta­res y van tur­nán­do­se por todo el Mando.

El cre­ci­mien­to ha sido expo­nen­cial des­de el 11 de sep­tiem­bre de 2001, cuan­do el pre­su­pues­to base del SOCOM casi se tri­pli­có de 2.300 millo­nes de dóla­res a 6.300 millo­nes. Si se aña­de la finan­cia­ción para las gue­rras en Iraq y Afga­nis­tán, actual­men­te se ha más que cua­dru­pli­ca­do lle­gan­do has­ta los 9.800 millo­nes de dóla­res a lo lar­go de estos años. No es sor­pren­den­te que la cifra de su per­so­nal des­ple­ga­do en el extran­je­ro se haya cua­dru­pli­ca­do tam­bién. Nue­vos incre­men­tos y ope­ra­cio­nes amplia­das apa­re­cen por el horizonte.

El tenien­te gene­ral Den­nis Hej­lik, el ante­rior jefe del Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de las Fuer­zas del Cuer­po de Mari­nes –la últi­ma de las ramas del ejér­ci­to en incor­po­rar­se al SOCOM en 2006- indi­có, por ejem­plo, que pre­veía dupli­car su anti­gua uni­dad de 2.600 efec­ti­vos. «Les veo como una fuer­za que un día ten­drá unos 5.000 miem­bros, el equi­va­len­te a la cifra de SEAL que hay en el cam­po de bata­lla. Entre 5.000 y 6.000», dijo en un desa­yuno cele­bra­do en el mes de junio con perio­dis­tas del área de la defen­sa en Washing­ton. Los pla­nes a lar­go pla­zo están exi­gien­do ya que la fuer­za aumen­te en 1.000 efectivos.

Duran­te su recien­te audien­cia de con­fir­ma­ción en el Sena­do, el Vice­al­mi­ran­te de la Mari­na William McRa­ven, el entran­te jefe del SOCOM y salien­te jefe del JSOC (el que man­da­ba duran­te el ata­que a bin Laden) apro­bó una rápi­da tasa de cre­ci­mien­to del 3% al 5% en un año, mien­tras pelea­ba por lograr aún más recur­sos, inclu­yen­do más avio­nes tele­di­ri­gi­dos y la cons­truc­ción de nue­vas ins­ta­la­cio­nes para ope­ra­cio­nes especiales.

Un ex SEAL, que toda­vía en oca­sio­nes acom­pa­ña a las tro­pas al cam­po de bata­lla, McRa­ven, mani­fes­tó que pen­sa­ba que como las fuer­zas con­ven­cio­na­les esta­ban dis­mi­nu­yen­do en Afga­nis­tán, las tro­pas de ope­ra­cio­nes espe­cia­les debe­rían tener cada vez un mayor papel. Iraq, aña­dió, sal­dría bene­fi­cia­do si las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses con­ti­nua­ban tra­ba­jan­do allí una vez supe­ra­do el lími­te de diciem­bre de 2011 para una reti­ra­da total de las tro­pas esta­dou­ni­den­ses. Tam­bién ase­gu­ró al Comi­té de Ser­vi­cios Arma­dos del Sena­do que «como anti­guo coman­dan­te de la JSOC, pue­do decir­les que tra­ba­ja­mos muy duro en Yemen y en Somalia».

Duran­te un dis­cur­so en el Sim­po­sio Anual sobre Con­flic­tos de Baja Inten­si­dad y Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de la Aso­cia­ción Indus­trial de la Defen­sa Nacio­nal cele­bra­do a pri­me­ros de año, el Almi­ran­te de la Mari­na Eric Olson, el jefe salien­te del Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les, seña­ló una ima­gen de saté­li­te obte­ni­da por la noche. Antes del 11‑S, se con­si­de­ra­ban zonas cla­ves las por­cio­nes ilu­mi­na­das del pla­ne­ta –en su mayo­ría nacio­nes indus­tria­li­za­das del nor­te glo­bal-. «Pero el mun­do ha cam­bia­do mucho en la últi­ma déca­da», dijo . «Nues­tro enfo­que ha cam­bia­do en gran medi­da hacia el sur… sin duda den­tro de la comu­ni­dad de ope­ra­cio­nes espe­cia­les, mien­tras abor­da­mos las ame­na­zas emer­gen­tes des­de luga­res no iluminados».

Con ese fin, Olson lan­zó el «Pro­yec­to Law­ren­ce», un esfuer­zo para aumen­tar las habi­li­da­des cul­tu­ra­les –como for­ma­ción avan­za­da en len­guas y mejo­res cono­ci­mien­tos de la his­to­ria y cos­tum­bres loca­les- para las ope­ra­cio­nes en el extran­je­ro. El pro­gra­ma se lla­mó así por el ofi­cial bri­tá­ni­co, Tho­mas Edward Law­ren­ce (más cono­ci­do como «Law­ren­ce de Ara­bia»), quien se unió a los com­ba­tien­tes ára­bes para empren­der una gue­rra de gue­rri­llas en Orien­te Medio duran­te la I Gue­rra Mun­dial. Men­cio­nan­do a Afga­nis­tán, Pakis­tán, Mali e Indo­ne­sia, Olson aña­dió que el SOCOM nece­si­ta­ba aho­ra «Law­ren­ces en todas partes».

Aun­que Olson refi­rió sólo 51 paí­ses que cons­ti­tuían obje­to de preo­cu­pa­ción para el SOCOM, Nye me dijo un deter­mi­na­do día que las fuer­zas de las Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les están des­ple­ga­das, apro­xi­ma­da­men­te, en 70 nacio­nes de todo el mun­do. Todas ellas, se apre­su­ró a aña­dir, a peti­ción de los gobier­nos anfitriones.

Según el tes­ti­mo­nio de Olson a prin­ci­pios de años ante el Comi­té de Ser­vi­cios Arma­dos del Con­gre­so, apro­xi­ma­da­men­te el 85% de las tro­pas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les des­ple­ga­das en el extran­je­ro se encuen­tran en vein­te paí­ses del área de ope­ra­cio­nes del CENTCOM en el Gran Orien­te Medio: Afga­nis­tán, Bah­rein, Egip­to, Irán, Iraq, Jor­da­nia, Kazajs­tán, Kuwait, Kir­gui­zis­tán, Líbano, Omán, Pakis­tán, Qatar, Ara­bia Sau­dí, Siria, Tayi­kis­tán, Turk­me­nis­tán, Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos, Uzbe­kis­tán y el Yemen. El res­to está dis­per­so por todo el mun­do, des­de Suda­mé­ri­ca has­ta el Sur­es­te Asiá­ti­co, algu­nas en peque­ñas cifras, otras en gran­des contingentes.

El Man­do de las Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les no quie­re reve­lar exac­ta­men­te en qué paí­ses actúan sus fuer­zas. «Obvia­men­te, esta­mos yen­do a algu­nos luga­res don­de no resul­ta ven­ta­jo­so que diga­mos que esta­mos ahí», dice Nye. «No todas las nacio­nes anfi­trio­nas quie­ren saber­lo, cua­les­quie­ra que sean las razo­nes, que pue­den ser inter­nas o regionales».

Pero no es nin­gún secre­to (o al menos es uno muy mal guar­da­do) que las supues­tas tro­pas de ope­ra­cio­nes espe­cia­les negras, como los SEAL y la Fuer­za Del­ta, están lle­van­do a cabo misio­nes de cap­tu­rar y matar en Afga­nis­tán, Iraq, Pakis­tán y Yemen, mien­tras que las fuer­zas «blan­cas» como los Boi­nas Ver­des y los Ran­ger están entre­nan­do a sus socios indí­ge­nas como par­te de una gue­rra secre­ta mun­dial con­tra Al-Qai­da y otros gru­pos militantes.

Por ejem­plo en Fili­pi­nas EEUU gas­ta 50 millo­nes de dóla­res al año en un con­tin­gen­te de 600 efec­ti­vos de las Fuer­zas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les del ejér­ci­to, los SEAL de la Mari­na, en ope­ra­do­res espe­cia­les de la Fuer­za Aérea y otros que lle­van a cabo ope­ra­cio­nes de con­tra­te­rro­ris­mo con alia­dos fili­pi­nos con­tra gru­pos insur­gen­tes como la Yemaah Isla­mi­yah y Abu Sayaf.

El año pasa­do, como reve­la un aná­li­sis de docu­men­tos del SOCOM, de docu­men­tos de fuen­tes abier­tas del Pen­tá­gono y de una base de datos de las misio­nes de las Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les reco­pi­la­das por la perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción Tara McKel­vey (para la Ini­cia­ti­va del Perio­dis­mo de Segu­ri­dad Nacio­nal de la Facul­tad Medill de Perio­dis­mo), la mayo­ría de las tro­pas de eli­te esta­dou­ni­den­ses rea­li­za­ron ejer­ci­cios de entre­na­mien­to con­jun­to en Beli­ze, Bra­sil, Bul­ga­ria, Bur­ki­na Faso, Ale­ma­nia, Indo­ne­sia, Mali, Norue­ga, Pana­má y Polonia.

En lo que lle­va­mos de año se han lle­va­do a cabo misio­nes de entre­na­mien­to pare­ci­das en la Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na, Jor­da­nia, Ruma­nia, Sene­gal, Corea del Sur y Tai­lan­dia, entre otras nacio­nes. En reali­dad, me dijo Nye, en estos momen­tos las labo­res de entre­na­mien­to con­ti­núan en casi todas las nacio­nes don­de las Fuer­zas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les están des­ple­ga­das. «De los 120 país que visi­ta­mos a fina­les de año, yo diría que en la inmen­sa mayo­ría hay ejer­ci­cios de entre­na­mien­to de una for­ma u otra. Podrían cla­si­fi­car­se como ejer­ci­cios de entrenamiento».

La eli­te de poder del Pentágono

En otro tiem­po hijas­tras aban­do­na­das del esta­blish­ment mili­tar, las Fuer­zas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les han cre­ci­do expo­nen­cial­men­te no sólo en tama­ño y pre­su­pues­to sino tam­bién en poder e influen­cia. Des­de 2002, se ha auto­ri­za­do al SOCOM a crear sus pro­pios Des­ta­ca­men­tos Espe­cia­les Con­jun­tos –como el Des­ta­ca­men­to Espe­cial de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les Con­jun­tas en Filipinas‑, una pre­rro­ga­ti­va limi­ta­da nor­mal­men­te a man­dos com­ba­tien­tes más amplios, como el CENTCOM. Este año, sin mucha fan­fa­rria, el SOCOM esta­ble­ció tam­bién su pro­pio Des­ta­ca­men­to Espe­cial de Adqui­si­cio­nes Con­jun­tas, un gru­po de dise­ña­do­res de equi­pa­mien­to y espe­cia­lis­tas en adquisiciones.

Con con­trol sobre el pre­su­pues­to, el adies­tra­mien­to y el equi­pa­mien­to de sus fuer­zas, los pode­res nor­mal­men­te reser­va­dos a los depar­ta­men­tos (como el Depar­ta­men­to del Ejér­ci­to o el Depar­ta­men­to de la Mari­na), a los que se dedi­can dóla­res en cada pre­su­pues­to del Depar­ta­men­to de Defen­sa e influ­yen­tes defen­so­res en el Con­gre­so, en la actua­li­dad el SOCOM es un actor excep­cio­nal­men­te pode­ro­so en el Pentágono.

Con ver­da­de­ro peso, pue­de ganar bata­llas buro­crá­ti­cas, com­prar tec­no­lo­gía pun­ta y dedi­car­se a inves­ti­ga­cio­nes mar­gi­na­les como la trans­mi­sión de men­sa­jes elec­tró­ni­cos a las cabe­zas de la gen­te o desa­rro­llar con sigi­lo tec­no­lo­gías secre­tas para las tro­pas de tie­rra. Des­de 2001, los con­tra­tos impor­tan­tes con­ce­di­dos a empre­sas peque­ñas –las que pro­du­cen gene­ral­men­te equi­pa­mien­to espe­cia­li­za­do y armas- han aumen­ta­do seis veces.

Con sus cuar­te­les en la Base de la Fuer­za Aérea Mac­dill en Flo­ri­da, pero ope­ran­do en el exte­rior de ese esce­na­rio, los coman­dos se extien­den por todo el pla­ne­ta, inclu­yen­do Hawai, Ale­ma­nia y Corea del Sur, y están acti­vos en la mayo­ría de los paí­ses; el Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les aho­ra es una fueer­za en sí mismo.

Como jefe salien­te del SOCOM, Olson seña­ló a pri­me­ros de año: el SOCOM «es un micro­cos­mos del Depar­ta­men­to de Defen­sa, con com­po­nen­tes de tie­rra, mar y aire, pre­sen­cia glo­bal y auto­ri­da­des y res­pon­sa­bi­li­da­des que son refle­jo de los depar­ta­men­tos mili­ta­res, los ser­vi­cios mili­ta­res y las agen­cias de la Defensa».

Encar­ga­do de coor­di­nar todos los pla­nes del Pen­tá­gono con­tra las redes glo­ba­les del terro­ris­mo y, como con­se­cuen­cia, estre­cha­men­te conec­ta­do con otras agen­cias guber­na­men­ta­les, ejér­ci­tos extran­je­ros y ser­vi­cios de inte­li­gen­cia, y arma­do con un inmen­so inven­ta­rio de heli­cóp­te­ros sigi­lo­sos, avio­nes tri­pu­la­dos de ala fija, avio­nes tele­di­ri­gi­dos inmen­sa­men­te arma­dos, lan­chas rápi­das de fue­go a gogó dota­das de alta tec­no­lo­gía, Hum­vees espe­cia­li­za­dos y vehícu­los aco­ra­za­dos todo­te­rreno resis­ten­tes a minas y embos­ca­das, o MRAPs (por sus siglas en inglés), así como otros equi­pa­mien­tos de van­guar­dia (con más en camino), el SOCOM repre­sen­ta algo nove­do­so en el ejército.

Aun­que el difun­to eru­di­to del mili­ta­ris­mo Chal­mers John­son solía refe­rir­se a la CIA como «el ejér­ci­to pri­va­do del pre­si­den­te», hoy el JSOC asu­me ese papel, actuan­do como el jefe eje­cu­ti­vo de los escua­dro­nes pri­va­dos para ase­si­nar, y su parien­te el SOCOM fun­cio­na como una nue­va eli­te de poder del Pen­tá­gono, un ejér­ci­to secre­to den­tro del ejér­ci­to que posee poder local y alcan­ce global.

En 120 paí­ses de todo el glo­bo, las tro­pas del Man­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les lle­van a cabo su gue­rra secre­ta de ase­si­na­tos de per­fil alto, matan­zas de nivel bajo, ope­ra­cio­nes de cap­tu­ra y secues­tro, ata­ques noc­tur­nos tipo pata­da en la puer­ta, ope­ra­cio­nes con­jun­tas con fuer­zas extran­je­ras y misio­nes de entre­na­mien­to con socios loca­les como par­te de un con­flic­to en las som­bras del que la mayo­ría de los esta­dou­ni­den­ses care­cen de infor­ma­ción. En otro tiem­po «espe­cia­les» por ser peque­ños, enju­tos, equi­pos que actua­ban fue­ra, hoy son espe­cia­les por su poder, acce­sos, influen­cia y aura.

Esa aura se bene­fi­cia aho­ra de una cam­pa­ña de rela­cio­nes públi­cas bien orques­ta­da que les ayu­da a pro­yec­tar una ima­gen sobre­hu­ma­na en casa y afue­ra, inclu­so aun­que muchas de sus acti­vi­da­des actua­les per­ma­nez­can en som­bras cada vez más amplias. La visión típi­ca que tra­tan de difun­dir se pue­de hallar en esta decla­ra­ción del Almi­ran­te Olson: «Estoy con­ven­ci­do de que las fuer­zas… son los socios cul­tu­ral­men­te más com­pe­ne­tra­dos, los caza­do­res de ase­si­nos más leta­les y los ase­so­res, entre­na­do­res, solu­cio­na­do­res de pro­ble­mas y gue­rre­ros más res­pon­sa­bles, ági­les, inno­va­do­res y efi­ca­ces que cual­quier nación podría ofrecer».

Recien­te­men­te, en el Forum de Segu­ri­dad del Ins­ti­tu­to Aspen, Olson ofre­ció unos comen­ta­rios igual­men­te edul­co­ra­dos y tam­bién algu­na infor­ma­ción enga­ño­sa al afir­mar que las Fuer­zas de las Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de EEUU esta­ban ope­ran­do sólo en 65 paí­ses e impli­ca­das en com­ba­te sólo en dos de ellos. Cuan­do se le pre­gun­tó por los ata­ques de avio­nes no tri­pu­la­dos en Pakis­tán, según las infor­ma­cio­nes, con­tes­tó: «¿Está usted hablan­do de explo­sio­nes no atribuidas?».

Sin embar­go, algo se le esca­pó. Seña­ló, por ejem­plo, que las ope­ra­cio­nes negras, como la misión de bin Laden, con coman­dos aero­trans­por­ta­dos rea­li­zan­do ata­ques noc­tur­nos, ya era algo excep­cio­nal­men­te común. Cada noche se lle­van a cabo más o menos una doce­na, dijo. Sin embar­go, qui­zá sea aún más escla­re­ce­dor el comen­ta­rio a bote pron­to que hizo acer­ca del tama­ño del SOCOM. Jus­to aho­ra, sub­ra­yó, las fuer­zas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de EEUU son apro­xi­ma­da­men­te tan gran­des como todo el ejér­ci­to del Cana­dá en ser­vi­cio acti­vo. En reali­dad, la fuer­za es mucho mayor que los ejér­ci­tos en ser­vi­cio acti­vo de muchas de las nacio­nes don­de las tro­pas de eli­te esta­dou­ni­den­ses ope­ran cada año y se ha deci­di­do que sigan creciendo.

Los esta­dou­ni­den­ses tie­nen que ser cons­cien­tes ya de lo que sig­ni­fi­ca tener una fuer­za «espe­cial» tan inmen­sa, tan acti­va y tan secre­ta, y no es muy pro­ba­ble que empie­cen a ser­lo has­ta que dis­pon­gan de mayor infor­ma­ción. Y esa infor­ma­ción no van a faci­li­tár­se­la Olson o sus tro­pas. «Nues­tro acce­so [a paí­ses extran­je­ros] depen­de de nues­tra capa­ci­dad para no hablar de ello», dijo en res­pues­ta a pre­gun­tas sobre el secre­tis­mo del SOCOM. Cuan­do las misio­nes se ven some­ti­das a escru­ti­nio, como en el caso del asal­to a bin Laden, las tro­pas de eli­te se sien­ten moles­tas. El «ejér­ci­to secre­to» del ejér­ci­to, dijo Olson, quie­re «regre­sar a las som­bras y hacer ahí lo que ten­ga que hacer».


(*)Nick Tur­se es his­to­ria­dor, ensa­yis­ta y perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción. Es edi­tor aso­cia­do de Tom​Dis​patch​.com y nue­vo redac­tor de Alter​net​.org, su últi­mo libro es The Case for With­dra­wal from Afgha­nis­tan (Ver­so Books).
Este artícu­lo es una cola­bo­ra­ción entre Alter​net​.org y Tom​Dis​patch​.com
Tra­du­ci­do del inglés para Rebe­lión por Sin­fo Fer­nán­dez.

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