Gas­tos sagra­dos- Hugo Ríus

Mien­tras el bipar­ti­dis­mo geme­lo del impe­rio se encres­pa en la polé­mi­ca en torno a la galo­pan­te deu­da, entre sucias manio­bras y zan­ca­di­llas de cor­te elec­to­ra­lis­ta, y sólo se vis­lum­bra con toda cer­te­za un drás­ti­co recor­te de gas­tos públi­cos, resur­ge con ímpe­tu la pre­gun­ta de siem­pre: ¿y qué con las cuan­tio­sas par­ti­das pre­su­pues­ta­les dedi­ca­das a gue­rras intervencionistas?

De eso no se oye hablar ni en la Casa Blan­ca ni en el Con­gre­so y nin­guno de los dos par­ti­dos mues­tra el menor inte­rés en cues­tio­nar que Esta­dos Uni­dos osten­ta el 42,8% del gas­to mili­tar del mun­do. Nada de hacer cam­bios pro­fun­dos en los que res­pec­ta a su pode­río béli­co, pese a que la des­ocu­pa­ción labo­ral supera el 9 por cien­to, la más alta en la his­to­ria del país. Tam­po­co aumen­tar los impues­tos a las cla­ses más pudien­tes y sus pode­ro­sos con­glo­me­ra­dos para ali­viar el déficit.

Por el con­tra­rio, cuan­do el poder adqui­si­ti­vo de los esta­dou­ni­den­ses se des­plo­ma, en mayo pasa­do Washing­ton lle­va­ba gas­ta­dos 750 millo­nes de dóla­res en la gue­rra de agre­sión con­tra Libia. Y de los impues­tos recau­da­dos, de cada dólar, dos cen­ta­vos van des­ti­na­dos a edu­ca­ción, mien­tras que 26,5 hacia el gas­to militar.

A sim­ple vis­ta pare­ce cosa de locos y cuan­to menos ha con­du­ci­do al tan cer­cano Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) a recla­mar serie­dad en las nego­cia­cio­nes entre los tibu­ro­nes polí­ti­cos del Capitolio

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