Dis­cu­sio­nes sobre el decli­ve de Esta­dos Uni­dos- Clau­dio Katz

Los diag­nós­ti­cos de decli­na­ción esta­dou­ni­den­se des­ta­can la regre­sión mone­ta­ria e indus­trial y el endeu­da­mien­to externo del país. Pero ana­li­zan la eco­no­mía nor­te­ame­ri­ca­na con los mis­mos pará­me­tros de cual­quier otro país, olvi­dan­do el papel pri­mor­dial de la pri­me­ra poten­cia en la repro­duc­ción del capi­tal glo­bal. Esa cen­tra­li­dad se veri­fi­ca en la pri­ma­cía de las finan­zas esta­dou­ni­den­ses.

El dólar ha per­di­do su rei­na­do mun­dial, pero nin­gu­na otra divi­sas se per­fi­la como reem­pla­zan­te y en las situa­cio­nes de cri­sis es el refu­gio más ape­te­ci­do. El endeu­da­mien­to nor­te­ame­ri­cano es sos­te­ni­do por varias poten­cias expor­ta­do­ras. Para com­pren­der el rol de una eco­no­mía impe­rial hay que supe­rar la pers­pec­ti­va nacio­nal com­pa­ra­ti­va.

El retro­ce­so de la indus­tria nor­te­ame­ri­ca­na está com­pen­sa­do por la loca­li­za­ción exter­na de las fir­mas. Esta com­bi­na­ción es omi­ti­da por la teo­ría de la decli­na­ción, que tam­bién sos­la­ya el lide­raz­go tec­no­ló­gi­co de Esta­dos Uni­dos. La pri­me­ra poten­cia lucra con el neo­li­be­ra­lis­mo y se ha recom­pues­to en cada disi­pa­ción de las cri­sis capi­ta­lis­tas.

El retro­ce­so mili­tar de Esta­dos Uni­dos no se veri­fi­ca. La pri­me­ra poten­cia sufrió derro­tas, pero tam­bién logró varios éxi­tos. Hay que dis­tin­guir la enver­ga­du­ra de cada epi­so­dio y regis­trar el ejer­ci­cio coti­diano de la coer­ción impe­rial. Esta­dos Uni­dos no es un gue­rre­ro soli­ta­rio, sino que enca­be­za un dis­po­si­ti­vo de pro­tec­ción colec­ti­va. La omi­sión de este dato con­du­ce a obser­var “sobre-exten­sio­nes terri­to­ria­les”, don­de exis­ten mane­jos capi­ta­lis­tas.

El inten­to nor­te­ame­ri­cano de intro­du­cir moda­li­da­des de ges­tión glo­ba­li­za­da con­fir­ma la incon­ve­nien­cia de eva­luar su lide­raz­go con pará­me­tros com­pa­ra­ti­vos. No se deben con­fun­dir coyun­tu­ras con ten­den­cias. Evi­tar la sub­es­ti­ma­ción del gen­dar­me es la con­di­ción para derro­tar­lo.

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Este artícu­lo for­ma par­te de un libro sobre el impe­ria­lis­mo con­tem­po­rá­neo de pró­xi­ma apa­ri­ción.

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