Se gene­ra­li­zan las pro­tes­tas en Israel – Auro­ra Digital

Los jóve­nes están acam­pa­dos en las pla­zas, los médi­cos de huel­ga gene­ral, los pro­duc­to­res de leche (tam­be­ros) se mani­fies­tan, los padres pre­pa­ran una pro­tes­ta con­tra los pre­cios de la comi­da de bebés y un gru­po ha con­vo­ca­do una huel­ga gene­ral en Face­book: el calor no hace retro­ce­der a los indig­na­dos de Israel.

En los últi­mos días se han incre­men­ta­do las lla­ma­das a la dimi­sión del pri­mer minis­tro, Benia­mín Netan­yahu, que ha can­ce­la­do una visi­ta ofi­cial a Polo­nia para hacer fren­te a los con­flic­tos que se mul­ti­pli­can bajo su mira­da sin que ape­nas ten­ga tiem­po de reaccionar.

Hoy pre­sen­tó su plan de refor­ma de la vivien­da para tra­tar de aba­ra­tar los pre­cios con unas medi­das que a los acam­pa­dos les pare­cen insuficientes.

Dece­nas de jóve­nes se mani­fes­ta­ron ayer fren­te a su resi­den­cia ofi­cial, exi­gién­do­le a gri­tos que salie­se al bal­cón «para ver cómo el país colapsa».

Los cam­pa­men­tos de jóve­nes indig­na­dos, que han sur­gi­do en las prin­ci­pa­les ciu­da­des del país enca­be­za­dos por el del bule­var Ros­child en Tel Aviv, se exten­die­ron a otras dos loca­li­da­des en el sur en una ola de pro­tes­ta no tie­ne visos de amai­nar pronto.
Según una encues­ta difun­di­da por el dia­rio «Haa­retz», el 87 por cien­to apo­ya las que­jas y un 54 por cien­to no está satis­fe­cho con la for­ma en que Netan­yahu está hacien­do fren­te a la cri­sis de la vivienda.

Otro colec­ti­vo que está echan­do el res­to para que el Gobierno se ocu­pe de sus pro­ble­mas es el de los médi­cos, que tam­bién tie­nen en su mira a Netan­yahu, que ocu­pa la car­te­ra de Sani­dad ade­más de la de jefe del gabinete.

Los facul­ta­ti­vos lle­van a cabo una huel­ga par­cial en los qui­ró­fa­nos, que fun­cio­na­rán sólo para inter­ven­cio­nes qui­rúr­gi­cas urgen­tes y tra­ta­mien­tos oncológicos.

Una vein­te­na de repre­sen­tan­tes de la Aso­cia­ción de Médi­cos avan­za a pie bajo tem­pe­ra­tu­ras cer­ca­nas a los cua­ren­ta gra­dos en una mar­cha des­de su sede, a las afue­ras de Tel Aviv, has­ta Jeru­sa­lén, y el pre­si­den­te de la orga­ni­za­ción ha ini­cia­do una huel­ga de hambre.

Exi­gen mil pues­tos de tra­ba­jo para médi­cos, un millar de camas más en hos­pi­ta­les, un incre­men­to sala­rial para los resi­den­tes, la reduc­ción de tur­nos y la mejo­ra del sis­te­ma sani­ta­rio en la periferia.

Batas blan­cas, cami­so­las ver­de-qui­ró­fano y fonen­dos­co­pios lle­na­ban ayer la ace­ra fren­te a la resi­den­cia del pri­mer minis­tro, al que el pre­si­den­te del Par­la­men­to, Reuven Rivlin, ins­tó a inter­ve­nir para resol­ver el conflicto.

Los tri­bu­na­les han echa­do aba­jo el inten­to del Gobierno de for­zar a los médi­cos a vol­ver a sus pues­tos de tra­ba­jo y acep­tar un pro­ce­so de arbi­tra­je, y esta maña­na cien­tos de facul­ta­ti­vos blo­quea­ron la entra­da a

la ciu­dad de Ashkelon.

No son los úni­cos: los gran­je­ros tam­bién toma­ban el lunes la calle para denun­ciar la pro­pues­ta de refor­ma del mer­ca­do de los lác­teos, un par­che colo­ca­do depri­sa y corrien­do para aca­bar con sema­nas de pro­tes­tas de con­su­mi­do­res con­tra los pre­cios de esos pro­duc­tos en la cono­ci­da como la «gue­rra del cot­ta­ge (reque­són)».

Se opo­nen a la aper­tu­ra a la impor­ta­ción y a la reba­ja de los pre­cios tasa­dos, por temor a que reduz­ca sus már­ge­nes, y exi­gen sub­si­dios al campo.

Los padres de niños peque­ños han ini­cia­do tam­bién su pro­pia lucha con­tra el ele­va­do pre­cio de los pro­duc­tos de con­su­mo infan­til y han anun­cia­do que se mani­fes­ta­rán en Tel Aviv este jue­ves, car­gan­do con sus bebés y con glo­bos ama­ri­llos ata­dos a sus carritos.

Exi­gen con­trol de los pre­cios de pro­duc­tos de pri­me­ra nece­si­dad para bebés, la exten­sión de las bajas de mater­ni­dad (en la actua­li­dad de tres meses), que no se cobre en los auto­bu­ses públi­cos por los carri­tos y que sean des­gra­va­bles los gas­tos de guardería.

Sin duda, las redes socia­les han sido el motor de bue­na par­te de estas pro­tes­tas, al faci­li­tar a los indig­na­dos poner­se en con­tac­to y difun­dir iniciativas.

Esta sema­na alguien creó un gru­po en Face­book que lla­ma a cele­brar una huel­ga gene­ral el pró­xi­mo 1 de agos­to y, en tan solo unos días, más de cua­tro mil per­so­nas se han apun­ta­do y ase­gu­ran que no irán a tra­ba­jar el pró­xi­mo lunes.

«Es sufi­cien­te. No pue­do seguir como si no pasa­se nada, como si tra­ba­jan­do pudie­ra dar a mí y a mi fami­lia una vida res­pe­ta­ble… Hay un unos pocos que están arri­ba y todos los demás que nos esta­mos aho­gan­do», denun­cia Zvi­ka Basor, fun­da­dor de la página.

Es el har­taz­go de la cla­se media en Israel. Simi­lar al que se ha vivi­do en Espa­ña, pero con la dife­ren­cia de que este es un país casi no toca­do por la cri­sis finan­cie­ra inter­na­cio­nal y que este mes alcan­zó su nivel más bajo de paro en dos déca­das, con solo un 5,7 por cien­to de desempleados.

En pala­bras del arti­cu­lis­ta Ben Cas­pit, del dia­rio «Maa­riv», esta es «la lucha de los tra­ba­ja­do­res en Israel, que tra­tan de poner comi­da a la mesa cada día y no con­si­guen lle­gar a final de mes. Es una gue­rra exis­ten­cial de la cla­se media, la gen­te que supo­ne la espi­na dor­sal de la socie­dad y la eco­no­mía israelí».

La cla­se media secu­lar sien­te que ‑a pesar de ser ella quien tra­ba­ja, sir­ve en el Ejér­ci­to y paga impues­tos (algo que no hacen otros colec­ti­vos como el cre­cien­te ultra orto­do­xo)- está sien­do empu­ja­da cada vez más aba­jo con el cons­tan­te aumen­to de los pre­cios y el estan­ca­mien­to salarial

, es el fin del mito de la her­man­dad sionista.

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