La rebe­lión de las mul­ti­tu­des – Anto­nio Alva­rez Solís

La for­mu­la­ción pre­ci­sa de esta nue­va situa­ción la ade­lan­tó ya Toni Negri según repro­du­ce Daniel Ben­saïd en su obra «Cam­biar el mun­do»: «Negri opo­nía ya el poten­cial libe­ra­dor del exclui­do, del nóma­da, de todos los exi­lia­dos del Sis­te­ma al ser­vi­lis­mo del tra­ba­ja­dor con empleo esta­ble, cuya subor­di­na­ción al capi­tal sería direc­ta­men­te fun­cio­nal a la repro­duc­ción del Sis­te­ma».

Es decir, no se tra­ta ya de la lucha entre la cla­se posee­do­ra y los des­he­re­da­dos con con­cien­cia de cla­se adver­sa­ria a los pode­ro­sos sino de la lucha entre los que pue­den habi­tar el mun­do y la socie­dad y los que han sido ale­ja­dos de ambos terri­to­rios. En ese párra­fo apa­re­ce ya pre­fi­gu­ra­da la reali­dad com­ba­tien­te de la mul­ti­tud que ena­je­na­da de un ámbi­to habi­ta­ble se decla­ra insur­gen­te a fin de cons­ti­tuir­se en mayo­ría de poder.

Estas mul­ti­tu­des no tie­nen la cohe­ren­cia uni­ver­sal de obje­ti­vos que tenía la cla­se tra­ba­ja­do­ra -¡pro­le­ta­rios de todo el mun­do, uníos!- sino que están for­ma­das por una varie­dad muy dis­per­sa de obje­ti­vos, des­de mate­ria­les a étni­cos, des­de espi­ri­tua­les a psi­co­ló­gi­cos o cul­tu­ra­les, y están movi­das por una aspi­ra­ción ele­men­tal de exis­ten­cia en un mun­do en que no fun­cio­nen las exclu­sio­nes.

Hay que aña­dir que esta dilu­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra tra­di­cio­nal ‑más bien de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras- en mil modos dis­tin­tos de mani­fes­tar­se como mul­ti­tud se detec­ta asi­mis­mo en la desin­te­gra­ción de la patro­nal, cuyos com­po­nen­tes media­nos y peque­ños ‑por ejem­plo los autó­no­mos- han entra­do en una fase errá­ti­ca de pro­le­ta­ri­za­ción. Empre­sa­rios de bajo nivel eco­nó­mi­co a los que se pue­de con­vo­car con garan­tía de éxi­to a una con­jun­ción de la nue­va izquier­da que se debe situar entre las amplias fron­te­ras de la mul­ti­tud.

La cues­tión estri­ba, de cara al esta­ble­ci­mien­to de un nue­vo mode­lo de socie­dad, en la bús­que­da de una base común para que esta diver­sa mul­ti­tud de esquil­ma­dos ope­re coor­di­na­da y efi­caz­men­te sin repro­du­cir esté­ril­men­te la vie­ja lucha entre las dos vie­jas cla­ses de posee­do­res y des­he­re­da­dos.

Se tra­ta, pues, no de con­se­guir unas mejo­ras pura­men­te mate­ria­les, pasa­je­ras y rever­si­bles, sino de lograr una socie­dad en que sea posi­ble la crea­ti­vi­dad uni­ver­sal y la posi­bi­li­dad de un tra­ba­jo esta­ble y un vivir sóli­do y segu­ro mer­ced a una rique­za colec­ti­va que garan­ti­ce la cohe­sión de tan­tas posi­bi­li­da­des indi­vi­dua­les. En una pala­bra, esta­mos ante la exi­gen­cia de una hori­zon­ta­li­dad social en que las inter­co­ne­xio­nes mul­ti­la­te­ra­les no estén some­ti­das a la vio­len­cia uni­fi­ca­do­ra que ejer­ce aho­ra la mino­ría diri­gen­te.

Las mul­ti­tu­des luchan por la reali­dad de un solo mun­do visi­ble. ¿Y en qué con­sis­te bási­ca­men­te esa hori­zon­ta­li­dad que supere, has­ta ani­qui­lar­lo, el fas­cis­mo que impreg­na aho­ra a los gran­des pode­res socia­les que han colo­ni­za­do pro­fun­da­men­te a sec­to­res muy exten­sos de tra­ba­ja­do­res y se han apo­de­ra­do de las ins­ti­tu­cio­nes de gobierno de la socie­dad, inclu­yen­do a los mis­mos sin­di­ca­tos pene­tra­dos de esta­ta­lis­mo? ¿Cómo ha de lograr­se un avan­ce acep­ta­ble por su efi­ca­cia para cons­truir una socie­dad váli­da y volun­ta­ria­men­te inter­re­la­cio­na­da; un mun­do de mul­ti­tu­des cons­cien­tes de sí mis­mas y posee­do­ras de una madu­rez que les faci­li­te la for­ma­ción y la cohe­ren­cia nece­sa­rias, la orga­ni­ci­dad indis­pen­sa­ble, para acce­der a un saber polí­ti­co que con­vier­ta sus aspi­ra­cio­nes en algo orgá­ni­co y rea­li­za­ble?

En pri­mer lugar hay que edi­fi­car una terri­to­ria­li­dad cohe­ren­te; reva­li­dar un espa­cio físi­co deter­mi­na­do por la nación his­tó­ri­ca­men­te cons­cien­te de sí mis­ma. Lograr un país. Antxon Lafont Men­di­za­bal escri­be bri­llan­te­men­te: «El dere­cho de ciu­da­da­nía es el con­jun­to de dere­chos públi­cos y pri­va­dos que poseen los ciu­da­da­nos según el terri­to­rio al que per­te­ne­cen ¿Se pue­de enton­ces ser ciu­da­dano des­pro­vis­to de terri­to­rio espe­cí­fi­co iden­ti­fi­ca­do? Una de las carac­te­rís­ti­cas cul­tu­ra­les de la ciu­da­da­nía, la soli­da­ri­dad ¿cómo se pue­de desa­rro­llar sin el con­cep­to colec­ti­vo de iden­ti­dad natu­ral? A cam­bio ¿esa soli­da­ri­dad es posi­ble en un terri­to­rio cuya iden­ti­dad es de dise­ño?».

Ya tene­mos ante noso­tros una exi­gen­cia per­fec­ta­men­te enten­di­ble: las mul­ti­tu­des pre­ci­san un sen­ti­do nacio­nal pro­fun­do ‑no de nación-Esta­do- para con­ver­tir­se en suje­to his­tó­ri­co-social. La terri­to­ria­li­dad cohe­ren­te hace cohe­ren­te la reu­nión de la ciu­da­da­nía que aho­ra está divi­di­da entre los ciu­da­da­nos-súb­di­tos que poseen una segu­ri­dad otor­ga­da por el poder y los que flo­tan a la deri­va por un océano en cuyas aguas no saben siquie­ra a que fines pro­fun­dos sir­ven, cosa que des­tru­ye el alma. A par­tir de ese reen­cuen­tro la mul­ti­tud aban­do­na la pre­ca­rie­dad y se con­vier­te en socie­dad.

Lo pre­ca­rio con­ta­mi­na la tota­li­dad de la vida y arrui­na la salud y el equi­li­brio vital en su más amplia mani­fes­ta­ción. Haber mul­ti­pli­ca­do expo­nen­cial­men­te la pre­ca­rie­dad cons­ti­tu­ye qui­zá el cri­men más vil entre los come­ti­dos por el neo­li­be­ra­lis­mo. En la implan­ta­ción de la pre­ca­rie­dad han coin­ci­di­do todos los pode­res sus­tan­cia­les que hoy con­du­cen la socie­dad que vivi­mos.

Me pre­gun­to muchas veces si las mis­mas Igle­sias pue­den tener ya algún sen­ti­do dada su pasi­vi­dad ante la diná­mi­ca de explo­ta­ción sin espe­ran­za en que se vive hoy hora a hora. De ello ten­drían que hablar con abso­lu­ta entre­ga los cris­tia­nos que han secues­tra­do en diver­sas cel­das ecle­sia­les la figu­ra y el men­sa­je de Cris­to. Pero esta es ya otra his­to­ria de la que debe­re­mos, no obs­tan­te, hablar con deter­mi­na­ción.

Tor­nan­do a la cues­tión ini­cial con que plan­teé este papel hay que aña­dir algu­nas con­si­de­ra­cio­nes acer­ca de la fun­ción encua­dra­do­ra de la acción social que pro­ta­go­ni­zan las mul­ti­tu­des. Se tra­ta de la fun­ción de los inte­lec­tua­les. Qui­zá los inte­lec­tua­les hayan de modi­fi­car su vie­jo papel de van­guar­dia ideo­ló­gi­ca de cla­se, tal como la cla­se se con­si­de­ra en el vie­jo mar­xis­mo, para con­ver­tir­se en ins­tru­men­to de voz de la izquier­da que nece­si­tan las mul­ti­tu­des levan­ta­das.

Por­que el ver­da­de­ro pro­ble­ma radi­ca en que hay que rena­cer la izquier­da con todo su com­pro­mi­so y su pre­sen­cia en la bata­lla. No una izquier­da polí­ti­ca, absor­bi­da ya por el Sis­te­ma, sino una izquier­da de socie­dad, que ope­re extra­mu­ros de lo ins­ti­tu­cio­nal a fin de tra­ba­jar el orden de ideas y de ope­ra­ti­vi­dad que han de mane­jar las mul­ti­tu­des. Una izquier­da que, una vez más, no se uti­li­ce sim­ple­men­te para ana­li­zar la socie­dad sino para trans­for­mar­la. Una izquier­da de com­ba­te mate­rial.

La cla­se tra­ba­ja­do­ra es vol­cán dor­mi­do como tal cla­se. Es la hora de las mul­ti­tu­des que de modo infor­me, aun­que con un pro­pó­si­to que día a día cobra luz, han roto a andar la sen­da de la rebe­lión. Esa rebe­lión que teme angus­tia­da­men­te el poder cons­ti­tuí­do que se hun­de por su par­te en las are­nas move­di­zas del mun­do que ha crea­do. Una rebe­lión que no tra­ta de la jus­ti­cia social en un mun­do adver­so sino de otro mun­do que por sí mis­mo sig­ni­fi­que no ya sola­men­te esa jus­ti­cia sino la con­for­ta­bi­li­dad del ser.

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