La cla­se polí­ti­ca y las víc­ti­mas del fran­quis­mo – Lau hize­ta­ra gogoan

En los últi­mos días se han desa­rro­lla­do, en ámbi­tos par­la­men­ta­rios, varios epi­so­dios que requie­ren la aten­ción de quie­nes defen­de­mos los dere­chos de las víc­ti­mas del fran­quis­mo y el terro­ris­mo de Esta­do:

El pri­me­ro suce­de el 13 julio en el Con­gre­so de los dipu­tados. La ley «inte­gral» sobre víc­ti­mas del terro­ris­mo exclu­ye a las cau­sa­das por el terro­ris­mo de Esta­do, la vio­len­cia poli­cial y las orga­ni­za­cio­nes de extre­ma dere­cha. Y esto, pocas sema­nas des­pués de que Anto­nio Her­nan­do, por­ta­voz de Inte­rior del PSOE, mani­fes­ta­se que las víc­ti­mas de la vio­len­cia poli­cial iban a ser con­tem­pla­das en esta ley. Una nue­va pala­bra incum­pli­da, un enga­ño his­tó­ri­co más. El PSOE sigue dan­do la espal­da al sacri­fi­cio de los miles de mili­tan­tes que, en su día, le die­ron alien­to y for­ma. La ley sigue la este­la de otras que dis­cri­mi­nan a las víc­ti­mas según el ori­gen de la vio­len­cia que han sufri­do, lo que, en la prác­ti­ca, supo­ne legi­ti­mar el terro­ris­mo de Esta­do y la vio­len­cia poli­cial.

Mien­tras esto pasa en el Par­la­men­to espa­ñol, comien­za el segun­do epi­so­dio. Entra en esce­na la con­se­je­ra de Jus­ti­cia del Gobierno Vas­co, Idoia Men­dia, que publi­ca, el 16 julio, un artícu­lo de titu­la­do «Memo­ria com­par­ti­da», en el que pone al mis­mo nivel a los res­pon­sa­bles del gol­pe mili­tar de 1936 y a los defen­so­res de las liber­ta­des.

El ter­cer epi­so­dio se pro­du­ce en una fecha tan sig­ni­fi­ca­ti­va como el 18 de julio. El Sr. Bono, pre­si­den­te del Con­gre­so, se nie­ga a con­de­nar el alza­mien­to del 36, a sus res­pon­sa­bles y las con­se­cuen­cias geno­ci­das del mis­mo, en una línea muy simi­lar a la del artícu­lo de la Sra. Men­dia. En ambos casos quie­nes hacen dis­tin­cio­nes cuan­do se tra­ta de la vio­len­cia polí­ti­ca de los últi­mos 40 años (cien­tos de muer­tos) para «no equi­pa­rar a víc­ti­mas y ver­du­gos», no tie­nen nin­gún pro­ble­ma al equi­pa­rar a víc­ti­mas y ver­du­gos de la rebe­lión mili­tar de 1936 (cien­tos de miles de muer­tos).

Epi­so­dio cuar­to: una nue­va espe­ran­za defrau­da­da. Solo un día des­pués, en el mis­mo esce­na­rio, la cla­se polí­ti­ca vuel­ve a dar la espal­da a las cien­tos de miles de víc­ti­mas al no apro­bar una pro­pues­ta del BNG que pre­ten­día modi­fi­car la Ley de Amnis­tía de 1977 (en la prác­ti­ca, una ley de pun­to final). Esta vez la cul­pa es com­par­ti­da por PSOE, PP, CIU y PNV. Cabe des­ta­car el papel de este últi­mo, que no rec­ti­fi­ca su error de hace 35 años, ni sal­da la deu­da de jus­ti­cia que tie­ne con las víc­ti­mas. Jus­ti­fi­ca su nega­ti­va adu­cien­do que los res­pon­sa­bles de los crí­me­nes han muer­to. Esto solo es cier­to si nos refe­ri­mos a los diri­gen­tes de la rebe­lión mili­tar de 1936, pero no si habla­mos de muchos de los res­pon­sa­bles de la dic­ta­du­ra y el terro­ris­mo de Esta­do que siguie­ron a la vic­to­ria de los suble­va­dos. Algu­nos par­ti­dos uti­li­zan su pasa­do anti­fas­cis­ta como para­pe­to en el que cobi­jar­se para negar su res­pon­sa­bi­li­dad por no esta­ble­cer, en su momen­to, las vías de supera­ción de las vul­ne­ra­cio­nes de los dere­chos huma­nos. Una vez más esto sig­ni­fi­ca dejar a las víc­ti­mas en la cune­ta del olvi­do.

Has­ta aquí los hechos con­su­ma­dos, la foto­gra­fía que mues­tra la fal­ta de dig­ni­dad de la mayor par­te de la cla­se polí­ti­ca. El 26 de julio vol­ve­rá a hablar­se, en el Par­la­men­to Vas­co, sobre las víc­ti­mas del terro­ris­mo de Esta­do (aun­que no se les lla­ma­rá por este nom­bre, sino «vic­ti­mas de vio­len­cia de moti­va­ción polí­ti­ca»). En un Par­la­men­to (que, dicho sea de paso, tam­po­co ha lle­va­do a cabo nin­gún tipo de men­ción ni con­de­na en este 75 ani­ver­sa­rio del 18 de julio) lle­ga­mos a este deba­te en una situa­ción en la que los par­ti­dos polí­ti­cos que nega­ron a las víc­ti­mas su dere­cho a la ver­dad, la jus­ti­cia y la repa­ra­ción, siguen ins­ta­la­dos en un dis­cur­so y unas prác­ti­cas que no bus­can supe­rar la dua­li­dad entre ven­ce­do­res y ven­ci­dos que se ini­ció aquel 18 de julio de 1936, sino que, por la vía de los hechos, la con­so­li­dan.

Es hora ya de que los par­ti­dos que han con­ta­do en sus filas con mili­tan­tes anti­fas­cis­tas repre­sa­lia­dos rom­pan con sus depen­den­cias e hipo­te­cas adqui­ri­das duran­te la «Tran­si­ción» y recons­tru­yan un dis­cur­so y una prác­ti­ca polí­ti­ca cohe­ren­te con sus orí­ge­nes. Por­que los úni­cos cohe­ren­tes, en el dis­cur­so y los hechos, son los repre­sen­tan­tes de la dere­cha here­de­ra del fran­quis­mo, quie­nes ejer­cie­ron el con­trol efec­ti­vo sobre todo el pro­ce­so, ampa­ra­dos por el rui­do de sables, que tan­tas veces ha sido uti­li­za­do como excu­sa por los par­ti­dos de ori­gen anti­fran­quis­ta para jus­ti­fi­car su actua­ción duran­te aquel perio­do.

En tan­to no se supere la situa­ción de dis­cri­mi­na­ción jurí­di­ca, en tan­to solo se reco­noz­can las con­se­cuen­cias de la vio­len­cia sobre una par­te de la socie­dad, mien­tras se nie­ga la exis­ten­cia de las mis­mas con­se­cuen­cias para otros sec­to­res socio­po­lí­ti­cos, se esta­rá dan­do con­ti­nui­dad a la mis­ma dua­li­dad esta­ble­ci­da por el fran­quis­mo: pri­vi­le­gios para unos, repre­sión y mar­gi­na­ción para otros.

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