Car­los Car­ni­ce­ro, el des­pi­do de un mer­ce­na­rio – Cri­sis en el Gru­po pri­sa

El tes­ti­mo­nio de este ele­men­to mere­ce la pena. Es un vie­jo ami­go de quie­nes mon­ta­ron los GAL, aho­ra es su víc­ti­ma y no le gus­ta el sabor de laex­clu­sión. El pseu­do perio­dis­mo espa­ñol está en una cri­sis abier­ta, inter­net se abre al mun­do aca­ban­do con los totems fabri­ca­dos por los gran­des medios de into­xi­ca­ción. Ellos sabrán por­que lo han echa­do pero quie­nes defen­de­mos la ver­dad y el aná­li­sis de cla­se al ser­vi­cio de la lucha de cla­ses, esta­mos de enho­ra­bue­na. Ha caí­do un enemi­go del pue­blo tra­ba­ja­dor y aho­ra juga­rá a reha­bi­li­tar su nom­bre alu­dien­do a una incier­ta y fal­sa inde­pen­den­cia.

Que nadie se crea lo que diga este mer­ce­na­rio des­pe­cha­do y si suel­ta datos impor­tan­tes, que los lle­ve al juz­ga­do, sí es mate­ria, no obs­tan­te, aten­ción a lo que cuen­te por des­pe­cho.

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Tes­ti­mo­nio del mer­ce­na­rio caí­do en des­gra­cia, Car­los Car­ni­ce­ro…

… Mi des­pi­do ful­mi­nan­te de la SER no es el pro­ble­ma; es una peque­ña con­se­cuen­cia de un gran pro­ble­ma. Lo que me ocu­rra a mi en mi en rela­ción con el ejer­ci­cio de mi pro­fe­sión es un asun­to pri­va­do. Lo que pase con la liber­tad de cir­cu­la­ción de la pala­bra, es un asun­to públi­co.

Por cum­plir mi com­pro­mi­so de trans­pa­ren­cia, cita­ré bre­ve­men­te lo ocu­rri­do.

Des­de hace apro­xi­ma­da­men­te tres sema­nas, tenía una cita con el nue­vo direc­tor de infor­ma­ti­vos de la Cade­na Ser, Anto­nio Her­nán­dez Rodi­cio. La cita se apla­zó del 7 al 18 de Julio por mi retra­so en lle­gar a Madrid des­de una esta­día rela­ti­va­men­te pro­lon­ga­da en Argen­ti­na. Se cele­bró en una cafe­te­ría de la Gran Vía de Madrid.

Le pre­gun­té por su fami­lia, por­que se está tras­la­dan­do a Madrid. Él y yo no nos cono­cía­mos. Fue al grano. Me dijo que lamen­ta­ba que nos cono­cié­ra­mos en esas cir­cuns­tan­cias. Me dijo que la Cade­na Ser, en la pró­xi­ma tem­po­ra­da, no iba a con­tar con­mi­go. Le pre­gun­té tran­qui­la­men­te el moti­vo. Me dijo que iban a hacer una reno­va­ción de con­ter­tu­lios.

¿Des­pués de 17 años, me echáis por­que vais a hacer una reno­va­ción?


Le pre­gun­té direc­ta­men­te si mi des­pi­do tenía que ver con la cam­pa­ña elec­to­ral de Rubal­ca­ba, a quien tan­to quie­re y tan­to apo­ya el Gru­po PRISA. “¿Cómo pue­des pen­sar eso?”, me dijo.

Le dije a Anto­nio Her­nán­dez Rodi­cio que si no me iba a decir la ver­dad, no tenía­mos nada más que hablar. Lo que tuvie­ran que decir, lo dirían mis abo­ga­dos.
Y así ter­mi­nó la reu­nión sobre mi des­pi­do. Me dio tiem­po a dar un sor­bo de mi bote­lla de agua mine­ral con gas. Eran las doce cua­ren­ta y cin­co del medio­día y hacía mucho calor en la calle.

Dos horas des­pués almor­za­ba en la Gran Pul­pe­ría, en el cen­tro de Pozue­lo, con un buen ami­go al que hacía mucho tiem­po que no veía. Sonó el telé­fono y era el móvil per­so­nal de Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba.

El can­di­da­to socia­lis­ta me infor­mó que le había lla­ma­do el direc­tor de infor­ma­ti­vos de la SER para comu­ni­car­le la ver­sión que yo le había ver­ba­li­za­do sobre mi des­pi­do. El can­di­da­to me dijo que él no había teni­do nada que ver con mi sali­da de la SER. Y que bas­tan­tes pro­ble­mas tenía ya. Me dio sus con­do­len­cias y me dijo que sabía que podía con­tar con él.

Le mos­tré mi extra­ñe­za por­que el direc­tor de infor­ma­ti­vos de la Cade­na Ser le lla­ma­ra para infor­mar­le de los deta­lles de una con­ver­sa­ción que había teni­do con­mi­go para des­pe­dir­me

Nada más.

Ayer me toca­ba ter­tu­lia en la SER por la noche. Lla­mé a la emi­so­ra para pre­gun­tar si había algu­na alte­ra­ción sobre los pla­nes. Marçal Serrats, el pro­duc­tor me con­fir­mó mi pre­sen­cia en el pro­gra­ma.

Una hora más tar­de, la mis­ma per­so­na me lla­mó para decir­me que por fin no tenía que ir a la radio ayer.


Lla­mé a Anto­nio Her­nán­dez Rodi­cio. Le dije direc­ta­men­te que no podía enten­der su depen­den­cia de Rubal­ca­ba y su fal­ta de pro­fe­sio­na­li­dad para infor­mar al can­di­da­to del PSOE y ex vice­pre­si­den­te del Gobierno de los deta­lles de mi des­pi­do y de mis refe­ren­cias hacia la per­so­na de Rubal­ca­ba.

No supo que decir. Bal­bu­ceó unas fra­ses, me dijo que no le había per­mi­ti­do expre­sar­se y me con­fir­mó que ya nun­ca más iría a nin­gún pro­gra­ma de la SER: ni a la Ven­ta­na ni a Hora 25.

Por la noche me lla­mó otra vez Rubal­ca­ba para pedir­me que no hicie­ra públi­ca la lla­ma­da que me había hecho a las tres y media de la tar­de. He deci­di­do que no me voy a callar nada. Me ima­gino que tan­to Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba como Anto­nio Her­nán­dez Rodi­cio saben como que­dan retra­ta­dos en este rela­to. No pue­do hacer nada por ayu­dar­les.

No ten­go nada más que con­tar. Esa es la for­ma y el fon­do en que la Cade­na Ser me ha des­pe­di­do des­pués de 17 años con­ti­nuos en ante­na.

Me acor­dé del pri­mer pro­gra­ma de Hora 25, la pri­me­ra vez que hubo una ter­tu­lia en la SER des­de que era pro­pie­dad de PRISA. Fue el 4 de sep­tiem­bre de 1994. Hace casi 17 años. Estu­vi­mos Nati­vel Pre­cia­do, Miguel Ángel Agui­lar, Car­los Men­do y yo. Diri­gi­dos por Car­los Lla­mas.

Car­los Men­do y Car­los Lla­mas han muer­to. Me enor­gu­lle­ce haber tra­ba­ja­do con ellos. Con Car­los Lla­mas como direc­tor de Hora 25 nun­ca hubie­ran ocu­rri­do las cosas como suce­die­ron ayer. Pero ese no es el pro­ble­ma; la tra­ge­dia es la muer­te del inol­vi­da­ble Car­los Lla­mas.

La SER me pue­de des­pe­dir y segu­ra­men­te ten­drá sus moti­vos. Es sólo una anéc­do­ta ilus­tra­ti­va de cómo están las cosas en Espa­ña y cómo actúa una par­te de la izquier­da y las empre­sas que le son afi­nes o cóm­pli­ces.

Sólo me que­da agra­de­cer la soli­da­ri­dad y amis­tad de cien­tos de per­so­nas que me la han hecho lle­gar a tra­vés de mi Blog, de Twit­ter o de lla­ma­das per­so­na­les.

No pue­do dejar de citar el recuer­do que ten­go del día que Augus­to Del­ka­der y Daniel Gave­la me invi­ta­ron a comer en un res­tau­ran­te decen­te de Madrid para for­ma­li­zar mi com­pro­mi­so con la SER en 1994. Ellos, ni su esti­lo, tie­nen nada que ver con Anto­nio Her­nán­dez Rodi­cio. Ni Ángels Bar­ce­ló tie­ne que ver con Car­los LLa­mas. Son los tiem­pos que nos tocan vivir.

Cin­co millo­nes de espa­ño­les están en el paro. Un millón y medio de per­so­nas viven en un núcleo en don­de no hay ni un sólo ingre­so de tra­ba­jo. La Izquier­da se des­mo­ro­na y la dere­cha va a ganar sin des­pei­nar­se. Esa es la ver­da­de­ra tra­ge­dia de Espa­ña. Lo mío, una anéc­do­ta.

Hay vida des­pués de la SER. Y. Yo voy a seguir en la bre­cha.

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