18 de Julio: 75 años de impu­ni­dad – Ando­ni Txas­ko

Hubo un prín­ci­pe, Juan Car­los de Bor­bón, que, para ser Rey, juró leal­tad a la «legi­ti­mi­dad polí­ti­ca sur­gi­da el 18 de julio de 1936, en medio de tan­tos sufri­mien­tos, tris­tes, pero nece­sa­rios», hacien­do con ello apo­lo­gía del geno­ci­dio polí­ti­co y los crí­me­nes de lesa huma­ni­dad

Hubo un 18 de julio de 1936 en el que unos mili­ta­res fas­cis­tas se rebe­la­ron con­tra la legi­ti­mi­dad repu­bli­ca­na y ata­ca­ron con sus armas de gue­rra a una pobla­ción civil inde­fen­sa. Se ini­ció una lucha des­igual en la que el pue­blo en armas nun­ca tuvo, para defen­der­se, los mis­mos medios que los gol­pis­tas, que con­ta­ban con la ayu­da de las poten­cias fas­cis­tas euro­peas y de mer­ce­na­rios marro­quíes. La vic­to­ria fas­cis­ta supu­so la ins­tau­ra­ción de un régi­men sus­ten­ta­do polí­ti­ca­men­te en el ase­si­na­to y la tor­tu­ra, en el robo y la explo­ta­ción. Según el mapa de fosas publi­ci­ta­do por el Gobierno Espa­ñol, que refle­ja solo una par­te de los crí­me­nes de lesa huma­ni­dad y geno­ci­dio come­ti­dos por los fran­quis­tas duran­te la rebe­lión mili­tar de 1936, en Eus­kal Herria que­dan por escla­re­cer las cir­cuns­tan­cias y las res­pon­sa­bi­li­da­des pena­les por más de 8.000 muer­tes por arma de fue­go. Que­dan tam­bién por esta­ble­cer la ver­dad, la jus­ti­cia y la repa­ra­ción para los miles de ciu­da­da­nos vas­cos muer­tos o heri­dos en bom­bar­deos sobre pobla­ción civil, para los más de 80.000 encar­ce­la­dos e inter­na­dos en bata­llo­nes de cas­ti­go; para los más de 150.000 exi­lia­dos, para los 35.000 niños que tuvie­ron que ser eva­cua­dos, y un lar­go etcé­te­ra..

Hubo una resis­ten­cia que, en los años pos­te­rio­res a la vic­to­ria fas­cis­ta, tomó la for­ma de gue­rri­lla rural has­ta los años 50 y pos­te­rior­men­te tras­la­dó su lucha al ámbi­to urbano. En la segun­da mitad de los 60 se reac­ti­va­ron con fuer­za las luchas obre­ras. La res­pues­ta del régi­men fue un incre­men­to de la repre­sión: ase­si­na­tos, des­pi­dos, pri­sión y des­tie­rro.

Hubo un prín­ci­pe, Juan Car­los de Bor­bón, que, para ser Rey, juró leal­tad a la «legi­ti­mi­dad polí­ti­ca sur­gi­da el 18 de julio de 1936, en medio de tan­tos sufri­mien­tos, tris­tes, pero nece­sa­rios», hacien­do con ello apo­lo­gía del geno­ci­dio polí­ti­co y los crí­me­nes de lesa huma­ni­dad. Ahí se esta­ble­cie­ron las bases para la con­ti­nui­dad del régi­men. La impu­ni­dad se irá apun­ta­lan­do con leyes como la de refor­ma polí­ti­ca de 1976, la ley de pun­to final (lla­ma­da «de amnis­tía») de 1977 o la cons­ti­tu­ción de 1978. Duran­te este pro­ce­so los adic­tos al fran­quis­mo se vis­tie­ron de demó­cra­tas, sin res­pon­der por sus crí­me­nes ni abju­rar de sus anti­guas leal­ta­des. Toda la estruc­tu­ra de poder fran­quis­ta pasó incó­lu­me al nue­vo Esta­do.

Hubo una con­ti­nui­dad con el fran­quis­mo y la per­sis­ten­cia de la repre­sión tomó cuer­po en el terro­ris­mo de Esta­do. Des­de fina­les de los 60 has­ta el pre­sen­te las con­se­cuen­cias de esta repre­sión se evi­den­cian en: varios cen­te­na­res de ase­si­na­tos, más de mil heri­dos, más de 20 mil dete­ni­dos, habien­do cla­ros indi­cios de que una gran par­te de los mis­mos han sufri­do tor­tu­ras (prác­ti­ca que ha sido sis­te­má­ti­ca has­ta, al menos, la segun­da mitad de los 80). Este mapa que­da­ría incom­ple­to si no inclu­yé­se­mos las múl­ti­ples vul­ne­ra­cio­nes liga­das a la polí­ti­ca peni­ten­cia­ria o las repre­sa­lias socio- labo­ra­les que han sufri­do miles de per­so­nas. Todas estas vul­ne­ra­cio­nes de dere­chos deben de ana­li­zar­se bajo estric­tos cri­te­rios de defen­sa de los dere­chos que asis­ten a las vic­ti­mas, cri­te­rios que fue­ron apro­ba­dos por las Nacio­nes Uni­das (Infor­me Joi­net, 1997; e Infor­me Orentli­cher, 2005) y que son sis­te­má­ti­ca­men­te incum­pli­dos por las ins­ti­tu­cio­nes del Esta­do, inclui­das las auto­nó­mi­cas.

Hubo un 18 de julio, y los suble­va­dos tra­za­ron, a san­gre y fue­go, una níti­da línea divi­so­ria entre ven­ce­do­res y ven­ci­dos: triun­fo y pri­vi­le­gios para unos, some­ti­mien­to y dis­cri­mi­na­ción para otros. Esta pau­ta defi­ni­rá el régi­men fran­quis­ta y la harán suya sus here­de­ros polí­ti­cos e ins­ti­tu­cio­na­les. La dua­li­dad social, naci­da de una lógi­ca de gue­rra, segui­rá vigen­te en sus resul­ta­dos mien­tras no se abor­de en toda su dimen­sión el pro­ble­ma de las vic­ti­mas del fran­quis­mo y el terro- ris­mo de Esta­do. Los gobier­nos de turno le segui­rán dan­do con­ti­nui­dad por muchos home­na­jes e inau­gu­ra­cio­nes de monu­men­tos que pre­si­dan. En la polí­ti­ca, como en la his­to­ria, son los hechos y los com­por­ta­mien­tos huma­nos los que defi­nen la ver­da­de­ra volun­tad de los acto­res socia­les, mucho más que las pala­bras dichas para no ser cum­pli­das.

En los últi­mos meses se han pro­du­ci­do cam­bios que han dado una mayor pre­sen­cia, en las ins­ti­tu­cio­nes loca­les y fora­les, a fuer­zas polí­ti­cas que, al menos en teo­ría, mos­tra­rían una mayor dis­po- sición a desa­rro­llar polí­ti­cas inte­gra­les de recu­pe­ra­ción de la memo­ria his­tó­ri­ca. En los pró­xi­mos meses vere­mos si esto se tra­du­ce en hechos o la cla­se polí­ti­ca, en su con­jun­to, vuel­ve a defrau­dar­nos.

Hubo un 18 de julio de 1936, y sus con­se­cuen­cias per­du­ran aún, con la mis­ma fuer­za con la que la tie­rra de las cune­tas opri­me los cuer­pos sepul­ta­dos de miles de per­so­nas ase­si­na­das por los geno­ci­das fran­quis­tas.

(*) Fir­man asi­mis­mo el artícu­lo Antxon Gómez, Ando­ni Txas­ko e Iña­ki Asto­re­ka.

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