Nos par­te el cora­zón Colom­bia- Ando­ni Baserrigorri

Es nece­sa­rio que pasen varias sema­nas para que uno pue­da hablar con cier­ta ecua­ni­mi­dad sobre Colom­bia. Cier­ta ecua­ni­mi­dad y cier­ta cla­ri­dad de ideas. Y la visión de un con­mo­ve­dor docu­men­tal en la tele­vi­sión, para poder poner en negro sobre blan­co cier­tas ideas.

El impe­ria­lis­mo ya hace varios años que deci­dió que Colom­bia era su “Israel” en el cono sur sud­ame­ri­cano. Una espe­cie de enor­me por­ta­avio­nes con el cual poder agre­dir cuan­do le con­vi­nie­se a Vene­zue­la, Ecua­dor, o cual­quier otro país que con­si­de­ra­se opor­tuno. En ese empe­ño, los Esta­dos Uni­dos no van a repa­rar en gas­tos ni en vidas huma­nas y su tra­yec­to­ria nos hace vis­lum­brar que cuan­do estos toman una deci­sión de tal cali­bre pasan si hace fal­ta por enci­ma no de uno, sino de un millón de muer­tos, si hace falta.

Para ello, ya hace tiem­po que deci­dió que con las gue­rri­llas colom­bia­nas no se dis­cu­tía de nada, se las com­ba­tía, ani­qui­la­ba y pun­to. Ese es su úni­ca pro­pues­ta. Y a fe que lo han hecho.
El M‑19 hace más de 20 años optó por bajar de la mon­ta­ña y hacer polí­ti­ca ins­ti­tu­cio­nal, pero eso no bas­tó para que la mili­tan­cia de la gue­rri­lla, trans­for­ma­da en par­ti­do polí­ti­ca fue­se ani­qui­la­da casi de uno en uno y de una en una.

Unión Patrió­ti­ca no corrió mejor suer­te. Con la mili­tan­cia diez­ma­da por los escua­dro­nes de la muer­te, se ha hecho invia­ble par­ti­ci­par en polí­ti­ca para una opción que se movía en pará­me­tros úni­ca­men­te polí­ti­cos. Y no solo ellos, son miles y miles los sin­di­ca­lis­tas, edu­ca­do­res socia­les, reli­gio­sos, o acti­vis­tas por los dere­chos huma­nos que han pasa­do uno a uno a cuchi­llo y deja­dos en las tris­te­men­te famo­sas fosas comu­nes colom­bia­nas. No hace tan­to que se des­cu­brió la mayor de Amé­ri­ca Lati­na, y el tri­bu­nal inter­na­cio­nal de la Haya sigue miran­do hacia otro lado, como si en la tie­rra colom­bia­na, no hubie­se pasa­do nada en los últi­mos 20 años.

En los 80 gober­na­ban par­ti­dos con­ser­va­do­res que calla­ban o jalea­ban a los escua­dro­nes de la muer­te o a los gru­pos nar­co­tra­fi­can­tes, que tenían inne­ga­bles víncu­los con el poder polí­ti­co. Hoy 30 años des­pués, gobier­nan direc­ta­men­te los escua­dro­nes de la muer­te. El esce­na­rio colom­biano ha ido a peor y ase­me­ján­do­se cada vez mas a esa sue­ño-deli­rio de los fas­cis­mo de ayer, hoy y siempre.
Tan­to se pare­ce Colom­bia a Israel, que la polí­ti­ca de ase­si­na­tos selec­ti­vos se impo­nen tam­bién y si Israel ase­si­na a los diri­gen­tes de la resis­ten­cia pales­ti­na ante el silen­cio del mun­do, el gobierno de Colom­bia hace lo pro­pio con la gen­te que está en la resis­ten­cia colombiana.

Nada pare­ce valer la vida en el entra­ña­ble país lati­no­ame­ri­cano. El docu­men­tal que antes se cita­ba narra­ba como la espe­ran­za de vida en los barrios de Mede­llín y Bogo­tá era en extre­mo baja, debi­do a la acti­vi­dad delic­ti­va de los gru­pos de nar­cos. Uno nace, vive 20 años o menos y mue­re en algu­na bala­ce­ra por el con­trol del barrio o del tra­fi­co de drogas.

Pero has­ta aho­ra no he dado ni un solo dato que no lo sepa la gene­ra­li­dad de la gen­te que se preo­cu­pa por la polí­ti­ca y que ama Lati­noa­mé­ri­ca, gen­tes que hemos teni­do la suer­te de cono­cer el her­mano con­ti­nen­te. Diri­gen­tes polí­ti­cos de Vene­zue­la, Cuba o Ecua­dor cono­cen de pri­me­ra mano estos datos y aun así, hacen lla­ma­dos a la gue­rri­lla a cesar en su accio­nar arma­do, accio­nar que gus­te o no, o se ten­ga la pos­tu­ra que se ten­ga sobre la lucha arma­da es de ley reco­no­cer, que está car­ga­do de razo­nes. Hoy día en Colom­bia, irse al mon­te es una sali­da, pues no irse pue­de supo­ner la muer­te inmi­nen­te a manos de algu­na gru­po nar­co o paramilitar.

Y no solo cono­cen estos datos, es que ade­más, des­le­gi­ti­man a los gru­pos insur­gen­tes y si cap­tu­ran a alguno de sus miem­bros no dudan en entre­gar­los e las auto­ri­da­des nar­co-fas­cis­tas colombianas.
Lo más tris­te de la reali­dad de Colom­bia es que hay la impre­sión que sus ami­gos o quie­nes pen­sá­ba­mos que eran sus ami­gos les han aban­do­na­do a su suer­te. Y que sabien­do que van a ser ase­si­na­dos les entre­gan al ase­sino. No habla­mos de polí­ti­ca y de valo­res como el inter­na­cio­na­lis­mo, habla­mos de vidas huma­nas que son entre­ga­das al mata­ri­fe, y eso es gra­ve que hagan gobier­nos revolucionarios.
No se tra­ta de gol­pear dia­léc­ti­ca­men­te ni a Cuba ni a Vene­zue­la ni a nadie, todos sabe­mos de la impor­tan­cia estra­té­gi­ca de esos paí­ses, pero si se tra­ta de cri­ti­car acti­tu­des que no debe­rían dar­se, si quie­ra por soli­da­ri­dad y humanidad.

El impe­ria­lis­mo no va a parar has­ta que con­si­de­re que ha logra­do sus obje­ti­vos, es su natu­ra­le­za y se equi­vo­ca Cuba y Vene­zue­la si pien­sa que entre­gan­do Colom­bia la fie­ra va a parar, des­pués que­rrá más. Des­de Eus­kal Herria, es fácil hablar sin estar en la piel de esos paí­ses pero si que les pro­pon­go, des­de mi humil­dí­si­mo tecla­do de orde­na­dor un refle­xión al res­pec­to. Colom­bia due­le, pero más due­le dejar­les tira­dos a su suerte.

Ando­ni Baserrigorri

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