Regre­so a una His­to­ria No Con­ta­da- Ricar­do Alar­con.

Boltxe Kolek­ti­boa se suma a la soli­da­ri­dad con los 5 heroes cuba­nos

la-historia-no-contada_ricardo-alarconAgra­dez­co a Miguel Bar­net, Aita­na Alber­ti, Alex Pau­si­des y a todos los que rea­li­za­ron esta nue­va edi­ción de “Los Héroes Prohi­bi­dos” y a todos los que nos acom­pa­ñan esta tar­de. Qui­sie­ra dar las razo­nes que me lle­va­ron a escri­bir­lo y son pro­ba­ble­men­te su úni­ca jus­ti­fi­ca­ción.

La par­te más exten­sa de este peque­ño libro es la tra­duc­ción a nues­tro idio­ma de 16 artícu­los que apa­re­cie­ron en la revis­ta Coun­ter­Punch en una serie sub­ti­tu­la­da “The Untold Story of the Cuban Five” (La His­to­ria no con­ta­da de los Cin­co Cuba­nos, que fue publi­ca­da tam­bién ínte­gra­men­te en Cuba­de­ba­te). Care­cen de méri­tos lite­ra­rios y tam­po­co inten­tan ana­li­zar a fon­do, con rigor téc­ni­co-jurí­di­co, un enma­ra­ña­do pro­ce­so judi­cial que ade­más de pro­fun­da­men­te arbi­tra­rio fue, en su momen­to, el más pro­lon­ga­do de la his­to­ria nor­te­ame­ri­ca­na. Se tra­ta más bien de lo que algu­nos han lla­ma­do perio­dis­mo de urgen­cia. Les digo cómo suce­dió.

Viví mucho tiem­po en New York don­de con­ser­vo no pocos ami­gos, inclu­yen­do los que sos­tie­nen la impor­tan­te publi­ca­ción alter­na­ti­va ya men­cio­na­da. Dia­lo­gan­do con ellos com­pro­ba­mos lo obvio, que allá casi nadie sabe algo de este caso y la nece­si­dad impe­rio­sa de que esta his­to­ria fue­ra expues­ta y en un len­gua­je com­pren­si­ble para el públi­co.

Aun­que soy miem­bro de la UNEAC, por obra y gra­cia de vues­tra gene­ro­si­dad, no pue­do con­si­de­rar­me un escri­tor y mucho menos bilin­güe, pero acce­dí a cum­plir el difí­cil encar­go por­que, sen­ci­lla­men­te, pen­sé – o más exac­ta­men­te, pen­sa­mos, con Jef­frey St.Clair y Ale­xan­der Cock­burn – que era mi deber. No fui a la pla­ya en el verano de 2009, pero créan­me que pasé unas vaca­cio­nes inol­vi­da­bles bra­cean­do en un mar de docu­men­tos lega­les y bre­gan­do con la len­gua de Sha­kes­pea­re.

Uste­des juz­ga­rán el resul­ta­do que es tam­bién un her­mo­so acto soli­da­rio del Fes­ti­val Inter­na­cio­nal de Poe­sía de la Haba­na, de la Colec­ción Sur y de la Unión de escri­to­res y Artis­tas de Cuba.

Pero no nos enga­ñe­mos. La his­to­ria de los Cin­co sigue sien­do una his­to­ria no con­ta­da. De ella, nada o casi nada sabe la inmen­sa mayo­ría de los nor­te­ame­ri­ca­nos ¿Qué más pode­mos hacer? Si me per­mi­ten repe­tir el inape­la­ble recla­mo de los niños de La Col­me­ni­ta.

Por­que el tiem­po pasa y pron­to serán tre­ce años des­de que Gerar­do, Ramón, Anto­nio, Fer­nan­do y René fue­ron secues­tra­dos. Una tras otra se han ido ago­tan­do las posi­bi­li­da­des de devol­ver­les la liber­tad por la vía de los tri­bu­na­les, don­de sólo les que­da ya un últi­mo recur­so, el pro­ce­di­mien­to extra­or­di­na­rio o Habeas Cor­pus. Para libe­rar­los sería indis­pen­sa­ble movi­li­zar a mucha gen­te, a ese “jura­do de millo­nes” del que ha habla­do Gerar­do y esa meta está lejos aún, muy lejos. No la alcan­za­re­mos for­mu­lan­do bue­nos deseos, ni repi­tien­do con­sig­nas, ni con una pro­pa­gan­da a menu­do auto­com­pla­cien­te que pre­di­ca a los con­ver­sos y con­vier­te en rito lo que tie­ne que ser, ante todo, una obra de amor.

La total ino­cen­cia de nues­tros com­pa­ñe­ros cons­ta en docu­men­tos ofi­cia­les del gobierno y de tri­bu­na­les nor­te­ame­ri­ca­nos. Pero eso poco impor­ta. Por­que los docu­men­tos demues­tran que ellos no come­tie­ron cri­men alguno, el Impe­rio ha orde­na­do que esas prue­bas sean sepul­ta­das y sobre ellas ejer­ce una cen­su­ra total. Las gran­des cor­po­ra­cio­nes mediá­ti­cas, esas a las que Chomsky defi­nió, con una pala­bra, “dis­ci­pli­na­das”, las igno­ran siem­pre, sis­te­má­ti­ca­men­te, sin excep­ción.

Que esos medios actúen así, que cum­plan sus ins­truc­cio­nes con obe­dien­cia, es natu­ral, com­pren­si­ble. Pero no son ellos los úni­cos que prac­ti­can un silen­cio inde­co­ro­so. La ver­dad es siem­pre revo­lu­cio­na­ria y por eso hay que decir que ese silen­cio va mucho más allá, se extien­de has­ta muchos de los lla­ma­dos medios alter­na­ti­vos y lle­ga tam­bién a algu­nos que se intere­san, sin embar­go, por la suer­te de “Los cin­co héroes pri­sio­ne­ros del Impe­rio” como sue­len reite­rar.

Enton­ces ¿qué hacer?

En el jui­cio de Nurem­berg un fis­cal seña­ló que los que esta­ban enton­ces en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos no eran los úni­cos cul­pa­bles. Tam­bién lo eran quie­nes no los denun­cia­ron, los que sabían y calla­ron.

Por lo pron­to excú­sen­me que vuel­va a mos­trar este docu­men­to. Es de la Fis­ca­lía Gene­ral de Esta­dos Uni­dos, fecha­do mayo 30 de 2001, cuan­do el jui­cio de Mia­mi se acer­ca­ba a la hora del vere­dic­to. Se titu­la “Peti­ción de Emer­gen­cia”. Y ¿qué pidie­ron aquí? Que se detu­vie­ra el jui­cio y fue­se modi­fi­ca­da la acu­sa­ción prin­ci­pal con­tra Gerar­do por­que “a la luz de las prue­bas pre­sen­ta­das” era impo­si­ble sos­te­ner­la y con­du­ci­ría pro­ba­ble­men­te a la abso­lu­ción de nues­tro com­pa­ñe­ro en el car­go más gra­ve for­mu­la­do con­tra él, “cons­pi­ra­ción para come­ter ase­si­na­to en pri­mer gra­do”.

Pero este docu­men­to, que es el reco­no­ci­mien­to explí­ci­to, solem­ne, del fra­ca­so de la calum­nio­sa acu­sa­ción, cum­ple ya más de diez años de total ocul­ta­mien­to. Y hay algo más que prue­ba su ino­cen­cia.

Recor­de­mos que la infa­mia con­tra Gerar­do se fun­da­ba en algo con lo que él no tuvo abso­lu­ta­men­te nada que ver, el lamen­ta­ble inci­den­te del 24 de febre­ro de 1996 y el derri­bo en aguas cuba­nas de dos avio­ne­tas per­te­ne­cien­tes a un gru­po terro­ris­ta que muchas veces había vio­la­do nues­tro espa­cio sobe­rano. Según los rada­res cuba­nos el hecho ocu­rrió aquí, muy cer­ca del Male­cón haba­ne­ro; los rada­res nor­te­ame­ri­ca­nos ofre­cían datos con­tra­dic­to­rios o con­fu­sos, en con­se­cuen­cia, la Orga­ni­za­ción de Avia­ción Civil Inter­na­cio­nal (OACI), que inves­ti­ga­ba el suce­so, soli­ci­tó al gobierno de Esta­dos Uni­dos las imá­ge­nes toma­das por los saté­li­tes nor­te­ame­ri­ca­nos. Washing­ton se negó a entre­gar esas imá­ge­nes hace quin­ce años, se negó a la mis­ma peti­ción duran­te el jui­cio de Mia­mi y se nie­ga nue­va­men­te aho­ra cuan­do lo recla­ma otra vez la defen­sa de Gerar­do. Ha podi­do hacer­lo sin moles­tia algu­na por­que su sos­pe­cho­sa con­duc­ta no ha tras­cen­di­do al públi­co pues de ese asun­to nada dicen quie­nes supues­ta­men­te se dedi­can a infor­mar.

Esca­sa reper­cu­sión ha teni­do tam­bién el des­cu­bri­mien­to en 2006 de que los medios loca­les de Mia­mi, los que ame­na­za­ron al tri­bu­nal y crea­ron un ambien­te de odio y hos­ti­li­dad con­tra los acu­sa­dos, cum­plían esa sucia labor con finan­cia­mien­to del gobierno fede­ral. Hace cin­co años que Washing­ton se resis­te a reve­lar todo el alcan­ce de esta cons­pi­ra­ción y pue­de hacer­lo gra­cias a la com­pli­ci­dad o la tor­pe­za de otros “infor­ma­do­res”.

Hace ya más de un siglo alguien muy auto­ri­za­do puso el dedo en la lla­ga. Me refie­ro a John Swin­ton que fue duran­te un lar­go perío­do redac­tor jefe de The New York Times. Escu­ché­mos­le: “Si publi­ca­ra mis opi­nio­nes hones­tas en mi perió­di­co antes de vein­ti­cua­tro horas que­da­ría sin empleo. El ofi­cio de los perio­dis­tas es des­truir la ver­dad, men­tir abier­ta­men­te, per­ver­tir, difa­mar, adu­lar a los pies del dios dine­ro… Uste­des lo saben y yo lo sé… Somos los ins­tru­men­tos y los vasa­llos de los hom­bres ricos que man­dan tras el esce­na­rio. Somos las mario­ne­tas, ellos mue­ven los hilos y noso­tros bai­la­mos. Nues­tros talen­tos, nues­tras posi­bi­li­da­des y nues­tras vidas son la pro­pie­dad de otros hom­bres. Somos pros­ti­tu­tos inte­lec­tua­les.”

En el tiem­po trans­cu­rri­do des­de que Swin­ton hicie­ra su memo­ra­ble denun­cia la situa­ción ha evo­lu­cio­na­do en un sen­ti­do aún más des­fa­vo­ra­ble para la liber­tad. Los due­ños de anta­ño se fusio­nan hoy en gran­des con­glo­me­ra­dos que poseen no solo publi­ca­cio­nes impre­sas, sino tam­bién la tele­vi­sión, las agen­cias cable­grá­fi­cas y otros medios de comu­ni­ca­ción y la lla­ma­da indus­tria cul­tu­ral. Son colo­sa­les cor­po­ra­cio­nes que deter­mi­nan lo que la gen­te pue­de cono­cer, mani­pu­lan su capa­ci­dad de pen­sar y sen­tir, embru­te­cen y pro­mue­ven la bana­li­dad, el egoís­mo y el ais­la­mien­to entre los seres huma­nos. Son ellos los que dise­mi­nan las noti­cias o las hacen des­apa­re­cer. Es una ver­da­de­ra dic­ta­du­ra glo­bal que pene­tra por todas par­tes muchas veces sin ser adver­ti­da.

Es duro el desa­fío para quie­nes inten­tan ser la con­cien­cia crí­ti­ca en la socie­dad con­tem­po­rá­nea. Es gran­de la res­pon­sa­bi­li­dad de los inte­lec­tua­les, entre ellos, los perio­dis­tas.

Sólo esca­pan­do de las redes de la tira­nía mediá­ti­ca, bus­can­do fue­ra del menú “infor­ma­ti­vo” que nos impo­ne, podre­mos acce­der a la ver­dad y alcan­zar la cua­li­dad del revo­lu­cio­na­rio, la de “seres pen­san­tes no seres con­du­ci­dos”, para usar la defi­ni­ción de Julio Anto­nio Mella. Sólo si ade­más somos capa­ces de ayu­dar a otros a eman­ci­par­se del nue­vo yugo y unir­nos y arti­cu­lar tan­tos esfuer­zos dis­per­sos esta­ría­mos cum­plien­do nues­tro deber para con los Cin­co her­ma­nos. Sé que es difí­cil, pero vale la pena. Des­pués de todo, ellos die­ron sus vidas por noso­tros.

Pala­bras en la pre­sen­ta­ción del libro ”Los Héroes Prohi­bi­dos” en la UNEAC, Julio 13 de 2011

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