Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan exi­ge tra­ta­mien­to de Vic­ti­mas del Terro­ris­mo de Esta­do

La coor­di­na­do­ra que agru­pa a colec­ti­vos memo­ria­lis­tas, aso­cia­cio­nes de víc­ti­mas del geno­ci­dio fran­quis­ta y del terro­ris­mo de Esta­do en Eus­kal Herria denun­cia que la ponen­cia del Par­la­men­to sobre “otras víc­ti­mas” no se ajus­ta a la legis­la­ción inter­na­cio­nal.

Pos­tu­ra de LAU HAIZETARA GOGOAN (LHG) ante la pues­ta en mar­cha de la ponen­cia en el Par­la­men­to de Gas­teiz sobre lo que deno­mi­nan “víc­ti­mas de vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos y otros sufri­mien­tos injus­tos pro­du­ci­dos en un con­tex­to de vio­len­cia de moti­va­ción polí­ti­ca”:

SE OBVIA EL MARCO DE LA LEGALIDAD INTERNACIONAL

La ponen­cia se sus­ten­ta en un infor­me que ha sido ela­bo­ra­do por una enti­dad que care­ce de la nece­sa­ria cua­li­fi­ca­ción, tra­yec­to­ria y refe­ren­cia­li­dad para tra­tar mate­rias de este cala­do y carac­te­rís­ti­cas. El tex­to evi­den­cia la ausen­cia de un tra­ba­jo de docu­men­ta­ción jurí­di­co, his­tó­ri­co y socio­ló­gi­co, impres­cin­di­bles para la con­se­cu­ción de unos resul­ta­dos míni­ma­men­te obje­ti­vos. Para la ela­bo­ra­ción de este infor­me no se han rea­li­za­do las con­sul­tas per­ti­nen­tes a las vic­ti­mas, las aso­cia­cio­nes y per­so­nas cua­li­fi­ca­das que han toma­do par­te en la defi­ni­ción jurí­di­co-polí­ti­ca de esta mate­ria. En defi­ni­ti­va, no se ajus­ta a la lega­li­dad y la juris­pru­den­cia inter­na­cio­nal. No se defi­nen las cate­go­rías de las vul­ne­ra­cio­nes que que­da­rían afec­ta­das por el tra­ba­jo de la ponen­cia, y ade­más se esta­ble­cen cri­te­rios dis­cri­mi­na­to­rios y ate­nuan­tes en fun­ción:

a) Del momen­to en que se han come­ti­do las vul­ne­ra­cio­nes de dere­chos, encua­drán­do­los, ade­más, en base a unos perío­dos cro­no­ló­gi­cos, que se esta­ble­cen de mane­ra arbi­tra­ria, y que no se ajus­tan a pará­me­tros his­tó­ri­cos con­tras­ta­dos ni acep­ta­dos por la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca.

b) De las per­so­nas físi­cas o jurí­di­cas bajo cuya res­pon­sa­bi­li­dad se come­ten las vul­ne­ra­cio­nes, dan­do a enten­der que, en aque­llos casos en que las per­so­nas físi­cas sus­cep­ti­bles de inves­ti­ga­ción por comi­sión de deli­tos de vul­ne­ra­ción de dere­chos per­te­ne­cen a la admi­nis­tra­ción del Esta­do, dicha per­te­nen­cia es una cau­sa ate­nuan­te (que podría deri­var en excul­pa­to­ria), cuan­do, muy al con­tra­rio, esta con­di­ción debe­ría de con­si­de­rar­se como agra­van­te, en la medi­da en que es res­pon­sa­bi­li­dad y deber del pro­pio Esta­do la defen­sa acti­va de dichos dere­chos y, en con­se­cuen­cia, evi­tar tales vul­ne­ra­cio­nes.

Todo esto pro­vo­ca que cien­tos de per­so­nas que­den exclui­das de la con­si­de­ra­ción de víc­ti­mas de vio­la­cio­nes de dere­chos fun­da­men­ta­les. Se mani­pu­la la reali­dad his­tó­ri­ca, polí­ti­ca y jurí­di­ca para evi­tar la cate­go­ri­za­ción de las vio­la­cio­nes como crí­me­nes de lesa huma­ni­dad. Se rom­pe con el prin­ci­pio jurí­di­co del res­pe­to a la igual­dad de dere­chos y tra­to ante la ley. Se nie­ga la par­ti­ci­pa­ción de las vic­ti­mas, fami­lia­res y aso­cia­cio­nes. Se ocul­ta el cen­so de vic­ti­mas y se obvia el dere­cho a las garan­tías de no repe­ti­ción, con lo que se per­pe­tua el esta­tus quo socio-polí­ti­co que las gene­ró. En defi­ni­ti­va, se man­tie­ne la impu­ni­dad de sus res­pon­sa­bles, y se nie­ga el dere­cho a la Jus­ti­cia.

La vio­len­cia sufri­da por los ciu­da­da­nos que es moti­vo del aná­li­sis de esta ponen­cia ha sido ejer­ci­da por los apa­ra­tos del Esta­do y debe de con­cep­tuar­se como: TERRORISMO DE ESTADO.

Ante esta situa­ción LHG ve nece­sa­ria la ela­bo­ra­ción de un nue­vo infor­me por un equi­po mul­ti­dis­ci­pli­nar e inde­pen­dien­te, for­ma­do por per­so­nas de pro­ba­da tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal y/​o impli­ca­ción en la defen­sa de los DDHH, el res­pe­to de la lega­li­dad inter­na­cio­nal y el prin­ci­pio jurí­di­co del res­pe­to a la igual­dad de dere­chos y tra­to ante la ley. Toman­do como base el cen­so ya exis­ten­te (ela­bo­ra­do por la Ponen­cia de víc­ti­mas de la vio­len­cia de 1999 – 2000 y la Direc­ción de DDHH duran­te los años 20072009) y otras inves­ti­ga­cio­nes his­tó­ri­cas o socio­ló­gi­cas publi­ca­das has­ta el pre­sen­te, las ins­ti­tu­cio­nes deben acti­var los meca­nis­mos para que el mapa del sufri­mien­to pro­vo­ca­do por el terro­ris­mo de Esta­do en las últi­mas déca­das se com­ple­te en su tota­li­dad.

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