Museo de los Horro­res – Fede de los Ríos

Los museos están en el can­de­le­ro. No hay ciu­dad que se pre­cie que pres­cin­da de tener varios por la cosa del turis­mo. En Áms­ter­dam idea­ron el de la Marihua­na y el del Sexo. En Iru­ña, las auto­ri­da­des, poco par­ti­da­rias de los gus­tos holan­de­ses, andan empe­ña­dos con pre­ten­sión pro­vin­cia­na, en cons­truir uno de los San­fer­mi­nes a cos­ta del pre­su­pues­to muni­ci­pal. Ellos, siem­pre tan, tan, tan cos­mo­po­li­tas, pare­cie­ran mos­trar cier­to com­ple­jo por no haber naci­do en la patria del more­ni­co Fer­mín. Ansían dejar ras­tro. Pri­me­ro la naci­da en Bur­gos, Yolan­da Bar­ci­na, y aho­ra su mano dere­cha, el uru­gua­yo Enri­que Maya. Si no pasa nada por haber naci­do fue­ra de Iru­ña. A la mayo­ría de los que pue­blan el pla­ne­ta les ha pasa­do lo mis­mo y son muchos los que viven la mar de feli­ces. ¿A san­to de qué vie­ne esa pre­ten­sión de ofi­ciar de farao­nes y dejar ras­tro de su paso por las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas a cos­ta del dine­ro de todos?

Los San­fer­mi­nes en un museo. Extra­ño para uno de Iru­ña. E impues­to por quien lo impo­ne ¿qué ele­men­tos con­ten­drá? Allí van algu­nas pro­pues­tas por si pudie­ran ayudar:

Si a la inau­gu­ra­ción del Museo Balen­cia­ga de Geta­ria (un pue­blo al fin y al cabo, con mar sí, pero pue­blo) asis­tie­ron Car­men­ci­ta Mar­tí­nez Bor­diú, Bea­triz de Orleans, Jai­me de Mari­cha­lar y Sofía de Gre­cia, rei­na de los espa­ño­les; el Museo del Encie­rro de la capi­tal del Reyno bien podría con­tar con la pre­sen­cia de cuer­po pre­sen­te del Cau­di­llo que, con un poco de suer­te, esta­rá inco­rrup­to como bra­zo de San­ta Tere­sa de Jesús y peque­ñi­co como era, podría ser­vir de mani­quí ves­ti­do de San Fer­mín. Y con «el tur­bio mulo Mola» y el trai­dor San­jur­jo, bien res­tau­ra­dos, ata­via­dos con alpar­ga­tas, faja y pañue­li­co rojos, mar­can­do dis­tan­cias, «Dia­rio de Nava­rra» en la mano, a un dise­ca­do Ceba­da Gago como des­col­ga­do de la mana­da. Harían la deli­cia de turis­tas espa­ño­les que lo visi­ta­sen. Ya en la puer­ta, el bil­bi­li­tano Arzo­bis­po emé­ri­to Fer­nan­do Sebas­tián dis­fra­za­do de San Jose­ma­ría Escri­ba de Bala­guer, con fal­da pli­sa­da y zapa­tos de cha­rol rojo, inter­pre­tan­do jotas a San Fer­mín al tiem­po que expli­ca a los visi­tan­tes la gran influen­cia de la Escue­la de arqui­tec­tu­ra de la Uni­ver­si­dad de Nava­rra en la vida de todos los pamploneses.

Por supues­to, esta­mos hablan­do de un museo cons­trui­do por dos aven­ta­ja­dos estu­dian­tes de dicha Uni­ver­si­dad como son Patxi Man­ga­do y Pucho Valle­jo. La tuna de la Uni­ver­si­dad de Nava­rra al man­do del entra­ña­ble ex alcal­de Alfre­do Jai­me inter­pre­tan­do «Cla­ve­li­tos» acom­pa­ña­ría el reco­rri­do de los emo­cio­na­dos turis­tas. Todo ello entre un doble valla­do cus­to­dia­do por la éli­te de la poli­cía muni­ci­pal del marro­quí Simón San­ta­ma­ría, con sus abdo­mi­na­les, sus cabe­zas rapa­das y la expre­sión inte­li­gen­te ocul­ta bajo las gafas de sol. En sala apar­te mos­tra­ran los tro­feos-iku­rri­ña con­se­gui­dos en los dife­ren­tes chu­pi­na­zos y la exca­va­do­ra que aca­bó con las barra­cas polí­ti­cas. Con el fin de no poli­ti­zar y no traer malos recuer­dos a los fami­lia­res de Ger­mán Rodrí­guez, en la cro­no­lo­gía del museo fal­ta­rán los San­fer­mi­nes de 1978. La dere­cha siem­pre tan sensible.

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