Bajo las bom­bas, Trí­po­li no clau­di­ca- Thierry Meyssan

En su cen­té­si­mo día de bom­bar­deos con­tra la Libia, la OTAN vuel­ve a anun­ciar su inmi­nen­te éxi­to. Pero sigue sin defi­nir cla­ra­men­te cuá­les son los obje­ti­vos de esta gue­rra y se igno­ra, por lo tan­to, en qué con­sis­ti­rá ese éxi­to. Simul­tá­nea­men­te, la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal anun­cia que Muam­mar Gad­da­fi, su hijo Saif al-Islam y el jefe de sus ser­vi­cios de inte­li­gen­cia inte­rior, Abda­llah al-Senus­si han sido acu­sa­dos de «crí­me­nes con­tra la humanidad».

Si nos ate­ne­mos a la reso­lu­ción 1973 del Con­se­jo de Segu­ri­dad, la lla­ma­da coa­li­ción de Esta­dos volun­ta­rios esta­ría tra­tan­do de ins­tau­rar una zona de exclu­sión aérea para impe­dir que las tro­pas del tirano ase­si­nen a su pro­pio pue­blo. Sin embar­go, los infor­mes ini­cia­les que afir­ma­ban que la fuer­za aérea libia esta­ba bom­bar­dean­do ciu­da­des que se habían suble­va­do con­tra el poder de Trí­po­li nun­ca han sido con­fir­ma­dos, a pesar de que la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal los con­si­de­ra dig­nos de cré­di­to. Lo que sí es cier­to es que las accio­nes de la OTAN han ido mucho más allá del esta­ble­ci­mien­to de una zona de exclu­sión aérea y se han con­ver­ti­do en una cam­pa­ña de des­truc­ción sis­te­má­ti­ca con­tra las fuer­zas arma­das nacio­na­les y todas sus uni­da­des aéreas, terres­tres y marítimas.

Los obje­ti­vos de la OTAN son pro­ba­ble­men­te otros. Los líde­res de la alian­za atlán­ti­ca han men­cio­na­do repe­ti­da­men­te el derro­ca­mien­to del «régi­men» de Muam­mar Gad­da­fi, o sea la eli­mi­na­ción físi­ca del «her­mano Guía». Los medios occi­den­ta­les hablan de «deser­cio­nes masi­vas» de los cua­dros de Trí­po­li para unir­se a la cau­sa de los suble­va­dos de Bengha­zi, pero no logran citar nom­bres, excep­tuan­do los de per­so­na­jes polí­ti­cos cono­ci­dos des­de hace mucho como favo­ra­bles a un acer­ca­mien­to a Washing­ton, como el ex minis­tro de Rela­cio­nes Exte­rio­res Mus­sa Kussa.

La opi­nión públi­ca inter­na­cio­nal está sien­do obje­to de una inten­sa cam­pa­ña de des­in­for­ma­ción. Washing­ton orde­nó la inte­rrup­ción de las trans­mi­sio­nes de la tele­vi­sión libia a tra­vés del saté­li­te Arab­Sat, a pesar de que Libia es accio­nis­ta de ese saté­li­te. El Depar­ta­men­to de Esta­do no tar­da­rá en hacer lo mis­mo con el saté­li­te NileSat.

En lo que cons­ti­tu­ye una fla­gran­te vio­la­ción de sus com­pro­mi­sos inter­na­cio­na­les, Washing­ton negó la soli­ci­tud de visa del nue­vo repre­sen­tan­te de Libia ante la ONU. El nue­vo repre­sen­tan­te de Trí­po­li se ve así pri­va­do de la posi­bi­li­dad de ir a Nue­va York para expre­sar el pun­to de vis­ta del gobierno de Libia mien­tras que su pre­de­ce­sor, que deci­dió pasar­se al Con­se­jo Nacio­nal de Tran­si­ción crea­do en Bengha­zi, sigue ocu­pan­do el esca­ño de Yamahi­ria. Estas manio­bras que aho­gan la voz de Trí­po­li faci­li­tan a la vez la difu­sión de cual­quier fala­cia sobre Libia sin que los intere­sa­dos ten­gan la posi­bi­li­dad de desmentirla.

No es por lo tan­to sor­pren­den­te que, vis­tos des­de Trí­po­li, des­de don­de escri­bo este artícu­lo, los comu­ni­ca­dos de la OTAN y las dis­po­si­cio­nes de la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal parez­can irrea­les. La cal­ma rei­na en el oes­te de Libia. En cual­quier momen­to, las sire­nas anun­cian la lle­ga­da de los bom­bar­de­ros o de los misi­les. Es inú­til correr hacia los refu­gios, por un lado por­que hay muy poco tiem­po para ello, y por otro lado sim­ple­men­te por­que no hay refugios.

Los bom­bar­deos son de una extre­ma pre­ci­sión. Las muni­cio­nes tele­di­ri­gi­das alcan­zan los edi­fi­cios desig­na­dos como blan­co e inclu­so las habi­ta­cio­nes ya desig­na­das como blan­co den­tro de esos edi­fi­cios. Sin embar­go, duran­te la eta­pa de vue­lo la OTAN pier­de el con­trol de alre­de­dor de uno de cada 10 misi­les. Esos arte­fac­tos caen enton­ces en cual­quier lugar de la ciu­dad, sem­bran­do la muer­te al azar.

Si bien una par­te de los blan­cos de la OTAN son de carác­ter «mili­tar», como cuar­te­les y bases, la mayor par­te son en reali­dad «estra­té­gi­cos», o sea de impor­tan­cia eco­nó­mi­ca. La OTAN ha bom­bar­dea­do, por ejem­plo, la impren­ta encar­ga­da de emi­tir la mone­da libia, una ins­ta­la­ción civil encar­ga­da de fabri­car los dina­res. Coman­dos de la OTAN han sabo­tea­do tam­bién fábri­cas que hacían la com­pe­ten­cia a las indus­trias de los miem­bros de la coa­li­ción. Otros blan­cos son lla­ma­dos «sico­ló­gi­cos».

El obje­ti­vo es herir en car­ne pro­pia a los diri­gen­tes polí­ti­cos y los res­pon­sa­bles de la segu­ri­dad masa­cran­do a sus fami­lias. En esos casos, los misi­les se diri­gen a las habi­ta­cio­nes pri­va­das, espe­cí­fi­ca­men­te a las que sir­ven de dor­mi­to­rio a los hijos de los dirigentes.

En la capi­tal y en la cos­ta, el ambien­te se sien­te car­ga­do. Pero la pobla­ción se man­tie­ne uni­da. Los libios sub­ra­yan que nin­guno de sus pro­ble­mas inter­nos jus­ti­fi­ca que se recu­rra a la gue­rra. Hablan de recla­mos socia­les y de pro­ble­mas regio­na­les, como los que exis­ten en los paí­ses euro­peos, nada que con­lle­ve al des­ga­rra­mien­to de las fami­lias que se ha pro­du­ci­do como resul­ta­do de la divi­sión terri­to­rial que se está impo­nien­do a su país.

Ante los ata­ques de la OTAN, dece­nas de miles de bur­gue­ses aco­mo­da­dos han bus­ca­do refu­gio en los paí­ses limí­tro­fes, sobre todo en Túnez, dejan­do a los pobres a car­go de la defen­sa de la patria en la que ama­sa­ron sus rique­zas. Nume­ro­sos esta­ble­ci­mien­tos comer­cia­les per­ma­ne­cen cerra­dos, sin que se sepa si el cie­rre se debe a pro­ble­mas de apro­vi­sio­na­mien­to o a la hui­da de sus propietarios.

Al igual que en Siria, la mayo­ría de los opo­si­to­res polí­ti­cos han cerra­do filas jun­to al gobierno en aras de garan­ti­zar la inte­gri­dad del país fren­te a la agre­sión extran­je­ra. Anó­ni­mos e invi­si­bles, algu­nos libios infor­man sin embar­go a la OTAN sobre la loca­li­za­ción de los blan­cos. En el pasa­do, sus ante­ce­so­res reci­bían con los bra­zos abier­tos a las tro­pas colo­nia­lis­tas de Ita­lia. Hoy corean, jun­to a sus homó­lo­gos de Bengha­zi: «1, 2, 3, ¡vie­ne Sar­kozy!» Cada pue­blo tie­ne sus traidores.

Las atro­ci­da­des come­ti­das en Cire­nai­ca por los mer­ce­na­rios del prín­ci­pe Ban­dar [de Ara­bia Sau­di­ta] aca­ba­ron con­ven­cien­do a muchos inde­ci­sos. La tele­vi­sión mues­tra cons­tan­te­men­te imá­ge­nes de los crí­me­nes per­pe­tra­dos en Libia por los líde­res de Al-Qae­da, algu­nos de ellos libe­ra­dos direc­ta­men­te de Guan­tá­na­mo para luchar del lado de Esta­dos Uni­dos. Son espan­to­sas imá­ge­nes de muti­la­cio­nes y lin­cha­mien­tos per­pe­tra­dos en ciu­da­des con­ver­ti­das en emi­ra­tos isla­mis­tas, como en Afga­nis­tán e Irak, por indi­vi­duos des­hu­ma­ni­za­dos por las tor­tu­ras a las que ellos mis­mos fue­ron some­ti­dos y exci­ta­dos por los efec­tos de pode­ro­sas dro­gas. No es nece­sa­rio ser un vie­jo par­ti­da­rio de la revo­lu­ción de Gad­da­fi para apo­yar­la hoy ante los horro­res que están come­tien­do los yiha­dis­tas en las «zonas libe­ra­das» por la alian­za atlántica.

Nada de lo que hemos podi­do ver en el oes­te [de Libia] demues­tra la exis­ten­cia de una revuel­ta o de una gue­rra civil. En todas las carre­te­ras, las auto­ri­da­des han ins­ta­la­do pun­tos de con­trol cada 2 kiló­me­tros. Los auto­mo­vi­lis­tas se some­ten pacien­te­men­te a los con­tro­les e inclu­so se man­tie­nen aten­tos para des­cu­brir ellos mis­mos posi­bles ele­men­tos infil­tra­dos por la OTAN.

El coro­nel Gad­da­fi está entre­gan­do armas a la pobla­ción. Los civi­les ya han reci­bi­do casi 2 millo­nes de fusi­les auto­má­ti­cos de asal­to. El obje­ti­vo es que cada adul­to, hom­bres y muje­res, pue­da defen­der su casa. Los libios han enten­di­do la lec­ción ira­quí. Sadam Husein basa­ba su auto­ri­dad en el par­ti­do Baas y el ejér­ci­to, exclu­yen­do a su pue­blo de la vida política.

Al ser deca­pi­ta­do el par­ti­do y ante la deser­ción de unos cuan­tos gene­ra­les, el Esta­do ira­quí se derrum­bó súbi­ta­men­te, el país que­dó sin capa­ci­dad de resis­ten­cia y se hun­dió en el caos. Libia, por su par­te, está orga­ni­za­da según un ori­gi­nal sis­te­ma de demo­cra­cia par­ti­ci­pa­ti­va, com­pa­ra­ble a las asam­bleas de Ver­mont [Esta­dos Uni­dos]. Los libios son gen­te acos­tum­bra­da a que se les con­sul­te y a asu­mir sus res­pon­sa­bi­li­da­des, lo cual impli­ca que es per­fec­ta­men­te posi­ble movi­li­zar­los en masa.

Es sor­pren­den­te com­pro­bar que las muje­res libias demues­tran más deter­mi­na­ción que los hom­bres en lo tocan­te a por­tar armas. Esto refle­ja el incre­men­to, duran­te los últi­mos años, de la par­ti­ci­pa­ción feme­ni­na en las asam­bleas popu­la­res, lo cual qui­zás refle­ja al mis­mo tiem­po la indo­len­cia que se había apo­de­ra­do de los cua­dros de este Esta­do socia­lis­ta con un alto nivel de vida.

Todos están cons­cien­tes de que el momen­to deci­si­vo se pro­du­ci­rá con el des­em­bar­co de las fuer­zas terres­tres de la OTAN, si se atre­ven a des­em­bar­car. La estra­te­gia de defen­sa está por lo tan­to ente­ra­men­te con­ce­bi­da en fun­ción de disua­dir al enemi­go median­te la movi­li­za­ción masi­va de la pobla­ción. Los sol­da­dos fran­ce­ses, bri­tá­ni­cos y esta­dou­ni­den­ses no serán reci­bi­dos aquí como libe­ra­do­res sino como inva­so­res colo­nia­lis­tas. Ten­drán que enfren­tar una serie inter­mi­na­ble de com­ba­tes urbanos.

Los libios se pre­gun­tan cuá­les son exac­ta­men­te los móvi­les de la OTAN. Me sor­pren­de com­pro­bar que es a menu­do a tra­vés de la lec­tu­ra de los artícu­los de la Red Vol­tai­re, tra­du­ci­dos y publi­ca­dos en nume­ro­sos sitios de Inter­net y en varios dia­rios impre­sos, que han teni­do cono­ci­mien­to de los ver­da­de­ros moti­vos [de la agre­sión]. Exis­te aquí, como en todas par­tes, un défi­cit de infor­ma­ción sobre las rela­cio­nes inter­na­cio­na­les. La gen­te está al corrien­te, y se enor­gu­lle­ce, de las ini­cia­ti­vas y rea­li­za­cio­nes del gobierno a favor de la uni­dad afri­ca­na y del desa­rro­llo del Ter­cer Mun­do. Pero igno­ra muchos aspec­tos de la polí­ti­ca inter­na­cio­nal y sub­es­ti­ma la capa­ci­dad de des­truc­ción del Impe­rio. La gue­rra siem­pre pare­ce leja­na, has­ta que nos con­ver­ti­mos en blan­co del agresor.

¿En qué con­sis­te enton­ces el éxi­to que la OTAN anun­cia como inmi­nen­te? Por el momen­to, Libia está divi­da en dos. En la región de Cire­nai­ca se ha pro­cla­ma­do una Repú­bli­ca inde­pen­dien­te –aun­que lo que allí se pre­pa­ra es la res­tau­ra­ción de monar­quía– que ya ha reci­bi­do el reco­no­ci­mien­to de varios Esta­dos, comen­zan­do por Fran­cia. Aun­que la nue­va enti­dad está sien­do gober­na­da de fac­to por la OTAN, ofi­cial­men­te exis­te un mis­te­rio­so Con­se­jo Nacio­nal de Tran­si­ción, que no ha sido elec­to y cuya com­po­si­ción –si real­men­te exis­ten sus miem­bros– se man­tie­ne en secre­to para que dichos miem­bros no ten­gan que res­pon­der por sus actos. Par­te de los bie­nes libios en el exte­rior han sido con­ge­la­dos, pero están sien­do admi­nis­tra­dos por los gobier­nos occi­den­ta­les, que están uti­li­zán­do­los en su pro­pio provecho.

Par­te de la pro­duc­ción de petró­leo está sien­do comer­cia­li­za­da en con­di­cio­nes par­ti­cu­lar­men­te ven­ta­jo­sas para las com­pa­ñías occi­den­ta­les, que se están dan­do así un ver­da­de­ro ban­que­te. Qui­zás sea ese el famo­so éxi­to: el pilla­je colonial.

Con sus órde­nes inter­na­cio­na­les de arres­to con­tra Muam­mar Gad­da­fi, su hijo y el jefe de los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia inter­nos, la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal tra­ta de pre­sio­nar a los diplo­má­ti­cos libios para obli­gar­los a dimi­tir. Todos y cada uno de ellos se ven así en peli­gro de ver­se acu­sa­dos de «com­pli­ci­dad con crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad», si final­men­te caye­ra la Yamahi­ria, y los que deci­dan dimi­tir deja­rán una pla­za vacan­te que Trí­po­li no podrá lle­nar. Las men­cio­na­das órde­nes de arres­to son par­te, por lo tan­to, de una polí­ti­ca de ais­la­mien­to con­tra Libia.

La Cor­te se está dedi­can­do tam­bién a la pro­pa­gan­da de gue­rra. Cali­fi­có a Saif al-Islam de «pri­mer minis­tro de fac­to», lo cual no es cier­to pero da la impre­sión de [que exis­te en Libia] un régi­men fami­liar. Una vez más apa­re­ce aquí el prin­ci­pio de inver­sión de valo­res típi­co de la pro­pa­gan­da esta­dou­ni­den­se. Los suble­va­dos de Bengha­zi agi­tan la ban­de­ra de la monar­quía Sanu­si y el aspi­ran­te al trono está a la espe­ra de su momen­to en Lon­dres, pero nos pre­sen­tan a la demo­cra­cia par­ti­ci­pa­ti­va como un régi­men dinástico.

Al lle­gar a los pri­me­ros 100 días, los comu­ni­ca­dos de la OTAN no logran ocul­tar la decep­ción. Con excep­ción la región de Cire­nai­ca, los libios no se han suble­va­do con­tra el «régi­men». No se vis­lum­bra una solu­ción mili­tar. La úni­ca posi­bi­li­dad que tie­ne la OTAN de salir de este asun­to con la fren­te alta y sin muchas pér­di­das sería con­for­mar­se con la divi­sión del país. Bengha­zi se con­ver­ti­ría enton­ces en una espe­cie de Camp Bonds­teel, la mega­ba­se mili­tar esta­dou­ni­den­se en Euro­pa que ha logra­do obte­ner la cate­go­ría de Esta­do inde­pen­dien­te bajo el nom­bre de Koso­vo. La región de Cire­nai­ca sería la base mili­tar que el Afri­Com nece­si­ta para con­tro­lar el con­ti­nen­te africano.

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