El Che en su “Dia­rio de un com­ba­tien­te”

Diario de un Combatiente, de Ernesto Che GuevaraDia­rio de un Com­ba­tien­te, de Ernes­to Che Gue­va­ra

Gra­cias a la cor­te­sía de la edi­to­rial Ocean­Sur, Cuba­de­ba­te pone a dis­po­si­ción de sus lec­to­res la Nota edi­to­rial del Cen­tro de Estu­dios Che Gue­va­ra y el Pró­lo­go de Arman­do Hart al libro iné­di­to Dia­rio de un com­ba­tien­te, de Ernes­to Che Gue­va­ra, que se pre­sen­ta hoy mar­tes 14 de junio, a las 10:00 a.m. en el Cen­tro de Pren­sa Inter­na­cio­nal (Calle 23 esqui­na a O, Veda­do, La Haba­na), como par­te de las acti­vi­da­des por el X ani­ver­sa­rio del Pro­yec­to Edi­to­rial Che Gue­va­ra, difun­di­do por las edi­to­ria­les Ocean Sur y Ocean Press, en aso­cia­ción con el Cen­tro de Estu­dios Che Gue­va­ra.

Nota edi­to­rial

El pro­yec­to edi­to­rial de la obra del Che ha sido uno de los apor­tes más impor­tan­tes desa­rro­lla­dos por el Cen­tro de Estu­dios Che Gue­va­ra en su obje­ti­vo esen­cial de inves­ti­gar, estu­diar y divul­gar el lega­do teó­ri­co y prác­ti­co que deja­ra el Che a lo lar­go de su bre­ve pero fruc­tí­fe­ra vida de revo­lu­cio­na­rio por voca­ción y elec­ción pro­pias.

El pre­sen­te libro, iné­di­to como tota­li­dad has­ta aho­ra, for­ma par­te de una escri­tu­ra emble­má­ti­ca de la obra del Che por­que siem­pre, des­de su pri­me­ra juven­tud, tuvo nece­si­dad de plas­mar sus viven­cias per­so­na­les de for­ma direc­ta e inme­dia­ta a tra­vés de dia­rios, algu­nos de los cua­les reúnen memo­rias de via­je y otros, como el que se publi­ca, vin­cu­la­do a sus accio­nes revo­lu­cio­na­rias y de alto valor his­tó­ri­co por refle­jar, no solo el papel que indi­vi­dual­men­te desem­pe­ña­ra, sino ade­más por la sín­te­sis de pen­sa­mien­to que entra­ña reco­ger momen­tos irre­pe­ti­bles de la lucha arma­da en Cuba, des­de la lle­ga­da del yate Gran­ma a nues­tras cos­tas el 2 de diciem­bre de 1956 has­ta el triun­fo revo­lu­cio­na­rio el 1ro. de enero de 1959, con el res­pe­to que a su jui­cio mere­ce tener­lo en cuen­ta para la memo­ria his­tó­ri­ca de nues­tros pue­blos.

El Dia­rio de un com­ba­tien­te, como así lo titu­la­ra el pro­pio Che, acer­ca al lec­tor a esas pri­me­ras viven­cias que va adqui­rien­do de la reali­dad cuba­na, de su cul­tu­ra, iden­ti­dad y de su reali­dad polí­ti­ca, que aun cuan­do pasen por una línea sub­je­ti­va y par­cial en sus pri­me­ros momen­tos al no domi­nar en toda su mag­ni­tud esa reali­dad, la mane­ra en que plas­ma los acon­te­ci­mien­tos y el per­fil de la gama de per­so­na­jes que bro­tan de sus pági­nas, expre­sa con total exac­ti­tud el res­pe­to y la entre­ga por el com­pro­mi­so adqui­ri­do en aras de con­tri­buir a la libe­ra­ción del pue­blo cubano.

En sus pági­nas se encuen­tra el esti­lo sin­té­ti­co, a veces iró­ni­co, sen­ci­llo pero a la vez pre­ci­so y por sobre todo el ape­go a la ver­dad his­tó­ri­ca, más allá de que se pue­da estar o no de acuer­do con algu­nas obser­va­cio­nes o afir­ma­cio­nes, las que a su vez van cobran­do un mayor relie­ve y hon­du­ra en la medi­da que él mis­mo cono­ce e inda­ga sobre nues­tra reali­dad y entorno y su visión ana­lí­ti­ca se com­ple­ji­za y se vuel­ve cada vez más com­pro­me­ti­da con la cau­sa que defien­de. Inclu­so, en un tex­to tan per­so­nal e ínti­mo, no aflo­ra, excep­to en algu­nos deta­lles, su con­di­ción de extran­je­ro, por­que sus apre­cia­cio­nes no están enca­mi­na­das a com­pa­ra­cio­nes de esa índo­le, lo que fue­ra reci­pro­ca­do por los com­ba­tien­tes cuba­nos cuan­do en una oca­sión se per­die­ra en el mon­te y al lle­gar al cam­pa­men­to sin­tie­ra des­de su yo más pro­fun­do que: «La gen­te me reci­bió con un aplau­so espon­tá­neo […]. El reci­bi­mien­to de todos fue muy afec­tuo­so».

Las bre­ves ano­ta­cio­nes, como afir­ma­ra en algún momen­to, son notas muy escue­tas para su uso per­so­nal al no tener tiem­po en aque­llos momen­tos de desa­rro­llar­las, sin embar­go a tra­vés de los deta­lles narra­dos sobre la vida en cam­pa­ña, los com­ba­tes o sim­ples esca­ra­mu­zas, así como la tra­ge­dia de la muer­te ante com­pa­ñe­ros caí­dos, se res­pi­ra un aire de ver­dad his­tó­ri­ca como ins­ta­ra, en el Pró­lo­go que escri­bie­ra en Pasa­jes de la gue­rra revo­lu­cio­na­ria, a todo el que se deci­die­ra a escri­bir sobre suce­sos en los que lle­gó a par­ti­ci­par.

Las peque­ñas libre­tas en que escri­bió el Dia­rio… cons­ti­tu­ye­ron la base nutri­cia para la redac­ción pos­te­rior de los mun­dial­men­te cono­ci­dosPasa­jes de la gue­rra revo­lu­cio­na­ria, los que sin dudas cons­ti­tu­yen un pun­to de infle­xión en su esti­lo narra­ti­vo y de madu­rez inte­lec­tual y polí­ti­ca. Aun­que estas no fue­ran las razo­nes por las que el Dia­rio… no se hubie­ra edi­ta­do con ante­rio­ri­dad, influ­ye­ron de una mane­ra u otra, por­que a ello se suman razo­nes aún no escla­re­ci­das sobre ver­sio­nes que expli­can la fal­ta de algu­nas libre­tas y el por­qué en los archi­vos del Cen­tro de Estu­dios Che Gue­va­ra no se cuen­ta con la tota­li­dad de los cua­der­ni­llos. Esa ausen­cia mar­có una deci­sión que se ha exten­di­do a nues­tros días, a pesar de que se han publi­ca­do frag­men­ta­ria­men­te algu­nas par­tes del Dia­rio… por otras ins­ti­tu­cio­nes.

Una vez más, en esta labor edi­to­rial desem­pe­ña­da por el Cen­tro, la agu­de­za de Fidel al publi­car recien­te­men­te una par­te de sus memo­rias de la gue­rra, res­pon­sa­bi­li­zán­do­se por una «his­to­ria rigu­ro­sa de los acon­te­ci­mien­tos» en su con­di­ción de con­duc­tor y jefe, nos con­mi­nó a reva­lo­ri­zar la publi­ca­ción del Dia­rio…, aun cuan­do fal­tan, como se ha expues­to, algu­nas de sus par­tes.

Se some­tió a una revi­sión exhaus­ti­va y se uti­li­za­ron libros sur­gi­dos de inves­ti­ga­cio­nes de épo­ca que regis­tran nom­bres y luga­res pre­ci­sos, con el obje­ti­vo de rec­ti­fi­car erro­res o impre­ci­sio­nes come­ti­das por el Che, sobre todo en los pri­me­ros tiem­pos, como con­se­cuen­cia de su des­co­no­ci­mien­to de la geo­gra­fía de las zonas en que se des­en­vol­vie­ron los acon­te­ci­mien­tos que se narran, así como nom­bres de com­ba­tien­tes y fechas en los que tam­bién exis­ten fallas.

A pesar de posi­bles erro­res que no se hayan detec­ta­do en esta pri­me­ra edi­ción y la ausen­cia de pági­nas impor­tan­tes, lo que cons­ti­tu­yen un reto para futu­ras inves­ti­ga­cio­nes, se tra­ta­ron de suplir a tra­vés de notas y docu­men­tos his­tó­ri­cos como una guía ins­tru­men­tal y de moti­va­ción para todo el que, des­de una visión con­tem­po­rá­nea, desee acer­car­se al sig­ni­fi­ca­do real de una ges­ta que comen­zó el 5 de diciem­bre de 1956 con su «bau­tis­mo de fue­go» al decir del Che en su rela­to «Ale­gría de Pío», y que se extien­de a las pro­le­gó­me­nos del triun­fo, cuan­do el 26 de mayo de 1958 en un par­te de gue­rra sobre la situa­ción mili­tar en Las Mer­ce­des, Fidel escri­bie­ra: «En el ideal de la Revo­lu­ción siguen vivien­do los que han caí­do y segui­rían vivien­do todos los que cai­gan».

Cen­tro de Estu­dios Che Gue­va­ra

El Che en la Sierra MaestraEl Che en la Sie­rra Maes­tra

El Che: la Sie­rra y el Llano
Pró­lo­go a Dia­rio de un com­ba­tien­te (Ocean Sur, 2011)

por Arman­do Hart Dáva­los

Quie­nes lean las pági­nas de este libro, obser­va­rán que la heroi­ci­dad y la entre­ga a un pro­pó­si­to de reden­ción uni­ver­sal del hom­bre van uni­dos en el Che a una excep­cio­nal capa­ci­dad inte­lec­tual, talen­to y gra­cia para des­cri­bir en deta­lle lo que otros hom­bres sue­len pasar por alto, dejar en el olvi­do o en un lugar recón­di­to de la memo­ria. Pero el Che, en su sin­ce­ri­dad sin lími­tes, solo com­pa­ra­ble a la gene­ro­si­dad y soli­da­ri­dad infi­ni­tas que poseen los espí­ri­tus excep­cio­nal­men­te dota­dos para asu­mir la ver­dad y la jus­ti­cia de for­ma radi­cal, deja­ba por escri­to todo, o casi todo lo que pasa­ba por su inte­li­gen­cia cáus­ti­ca y refi­na­da.

Debe­mos agra­de­cer­le al argen­tino-cubano haber recrea­do su vida gue­rri­lle­ra de for­ma tal que, en el futu­ro del cual somos par­te y en la pos­te­ri­dad más leja­na de los que vivi­rán bien entra­do el siglo XXI sea posi­ble cono­cer y dis­fru­tar de las peri­pe­cias ocu­rri­das en las mon­ta­ñas de Orien­te duran­te los años for­ja­do­res de la Cuba nue­va que emer­gía de las entra­ñas de una vie­ja his­to­ria: la de las glo­rias boli­va­ria­nas y mar­tia­nas.

Algu­nos han escri­to sobre el Che inter­pre­tán­do­lo par­cial­men­te, y en muchos casos de for­ma capri­cho­sa y ocul­tan­do o sim­ple­men­te obvian­do los mati­ces, ofre­cién­do­nos así una ima­gen cari­ca­tu­res­ca de un pasa­do al que solo es líci­to recu­rrir con inte­li­gen­cia y amor. Cuan­do no se tie­ne lo uno ni lo otro se esca­pa lo esen­cial y, por tan­to, se pier­den el pri­vi­le­gio y la dicha ínti­ma de exal­tar lo más noble y tras­cen­den­te de esta his­to­ria.

Estu­ve en el cen­tro de la tra­ma de la Revo­lu­ción que, des­de su trin­che­ra gue­rri­lle­ra, des­cri­be el Che en estas memo­rias. Asu­mí sus víncu­los más ínti­mos, con­tra­dic­to­rios y vita­les, los hice par­te medu­lar de mi vida y los fun­dí en mi pro­pio cora­zón. Quie­nes así vivi­mos, aman­do esta his­to­ria, tene­mos una visión de ella que no se extra­vía en el labe­rin­to de los hechos ni da cobi­ja a las inter­pre­ta­cio­nes ten­den­cio­sas. Aspi­ra­mos a reve­lar lo esen­cial.

En este tex­to apa­re­cen, des­de la visión del Che de enton­ces, polé­mi­cas entre la Sie­rra y el Llano en las cua­les tuve el honor de par­ti­ci­par des­de las trin­che­ras clan­des­ti­nas de nues­tras ciu­da­des. Esto nos obli­ga a abor­dar asun­tos que hun­den sus raí­ces en el pro­ce­so de ges­ta­ción de la Revo­lu­ción Cuba­na, de la que el Che fue uno de sus gran­des for­ja­do­res. Está en su cús­pi­de más alta jun­to a Fidel y Raúl.

Es para mí un honor y una dicha per­so­nal que el Cen­tro de Estu­dios Che Gue­va­ra me haya pedi­do unas notas a pro­pó­si­to de estos tex­tos, pues cono­cen bien mi rela­ción con algu­nos de los hechos y apre­cia­cio­nes que aquí brin­da el coman­dan­te gue­rri­lle­ro. Es gran­de y com­pli­ca­do el esfuer­zo inte­lec­tual que me lle­va a expo­ner de mane­ra ade­cua­da y útil lo que ten­go bien arti­cu­la­do en mi cora­zón. Pero no pue­do ni debo rehuir el com­pro­mi­so, ya que me sien­to depo­si­ta­rio de ver­da­des que resul­ta nece­sa­rio reve­lar para com­pren­der mejor la gran­de­za del Che, la ori­gi­na­li­dad de Fidel y algu­nas de las esen­cias de la Revo­lu­ción Cuba­na.

En mi libro Alda­bo­na­zo men­ciono un inci­den­te que resul­ta cla­ve para enten­der lo que estoy dicien­do. Expre­so allí:

[…] Aun­que un prin­ci­pio de segu­ri­dad acon­se­ja­ba que cual­quier docu­men­to com­pro­me­te­dor fue­ra por dis­tin­ta vía a la de los com­ba­tien­tes, noso­tros lle­vá­ba­mos una valio­sí­si­ma car­ga de pape­les y fotos, que fue­ron ocu­pa­dos por los guar­dias de la tira­nía y de los cua­les el régi­men sacó pro­ve­cho.

Entre estos se encon­tra­ba el borra­dor manus­cri­to de una car­ta que pre­pa­ra­ba para el Che. Se la había leí­do a Fidel, quien me había orien­ta­do no enviar­la, pero de todas for­mas come­tí la impru­den­cia de guar­dar­la entre aque­llos pape­les. Siem­pre me he recri­mi­na­do haber­la lle­va­do enci­ma y que todo esto les cau­sa­ra moles­tias a Fidel y a Raúl.

Abor­da­ba en esas cuar­ti­llas mi pun­to de vis­ta sobre los cri­te­rios del Che res­pec­to a algu­nos diri­gen­tes del Llano. El deba­te se rela­cio­na­ba con las ideas socia­lis­tas que en él ya habían cris­ta­li­za­do y que en muchos de noso­tros, los del Llano, esta­ban en pro­ce­so de for­ma­ción, no exen­tas de con­tra­dic­cio­nes y dudas.

A la vez, no podía dejar de influir el hecho de que para eva­luar una revo­lu­ción nacio­nal libe­ra­do­ra, la pro­ce­den­cia y posi­cio­nes de sus cua­dros, pesa­ban en el pen­sa­mien­to socia­lis­ta, a esca­la inter­na­cio­nal, con­cep­cio­nes que no se ajus­ta­ban a la reali­dad de nues­tros paí­ses e his­to­ria.

Lo tras­cen­den­te del asun­to se halla en que gra­cias al genio de Fidel, la Revo­lu­ción Cuba­na, de la cual el Che fue uno de sus gran­des artí­fi­ces, esta­ba ya en la prác­ti­ca muy por enci­ma de aque­llas dis­cu­sio­nes. Mien­tras deba­tía­mos el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio que jun­tos pro­mo­vía­mos, iba dejan­do atrás las raí­ces de estos dife­ren­dos.

A pocos meses del triun­fo de enero, el Che, con su talen­to excep­cio­nal, enten­dió con mayor rigor que cual­quie­ra de noso­tros, los fun­da­men­tos de los pro­ble­mas por los que atra­ve­sa­ba el movi­mien­to comu­nis­ta inter­na­cio­nal, las mane­ras de enfren­tar­lo y enri­que­cer­lo teó­ri­ca­men­te con la expe­rien­cia ter­cer­mun­dis­ta y lati­no­ame­ri­ca­na.

A par­tir de 1959, entre los más impor­tan­tes cola­bo­ra­do­res del Che estu­vie­ron com­pa­ñe­ros de gran res­pon­sa­bi­li­dad en el Llano.

Nun­ca estos mati­ces afec­ta­ron el res­pe­to que cada uno de noso­tros sen­tía por el Che; por el con­tra­rio, su pres­ti­gio fue cre­cien­do con los años, has­ta que se con­vir­tió en uno de los sím­bo­los más altos de la lucha revo­lu­cio­na­ria en el mun­do.

Recuer­do que cuan­do un fun­cio­na­rio del con­su­la­do nor­te­ame­ri­cano en San­tia­go de Cuba, con quien el Movi­mien­to 26 de Julio tenía algu­na rela­ción, leyó los párra­fos de la car­ta a la que me refe­rí ante­rior­men­te, y que fue publi­ca­da por el Ejér­ci­to, se diri­gió a Hay­dee y le dijo: «¿María, cómo Jacin­to ha escri­to esto?». Para apla­car­lo, ella le res­pon­dió: «Pero si ata­ca a Sta­lin…». Enton­ces, el nor­te­ame­ri­cano le seña­ló: «Eso no es el fon­do de lo que se dice, fíja­te bien…» […].1

Aho­ra repro­duz­co párra­fos de la car­ta que publi­có enton­ces el Ejér­ci­to de Batis­ta:

S. Maes­tra 25-dic 57

Mi admi­ra­do Che:

Te hago esta segun­da nota lue­go de reci­bi­da copia de la que diri­gis­te a Daniel y su res­pues­ta. He lamen­ta­do más que nun­ca no haber sali­do a ver­te hace días pero, crée­me­lo, hemos teni­do aquí que tra­tar mil asun­tos y mi pre­sen­cia fue­ra se hace impres­cin­di­ble.

Estoy segu­ro que una con­ver­sa­ción nues­tra resol­ve­ría mil pro­ble­mas y has­ta tus pro­pias y legí­ti­mas preo­cu­pa­cio­nes doc­tri­na­les con res­pec­to a noso­tros.

Sí debo decir­te que ade­más de gro­se­ro has sido injus­to. Que tú creas que noso­tros somos dere­chis­tas o sal­ga­mos de la peque­ña bur­gue­sía crio­lla o más pro­pia­men­te la repre­sen­te­mos, es cosa lógi­ca que no me extra­ña en lo más míni­mo, ni mucho menos pue­de doler­me pues está a tono con tu inter­pre­ta­ción del pro­ce­so his­tó­ri­co de la Revo­lu­ción Rusa. Y a fin de cuen­tas a noso­tros no nos ha que­da­do más reme­dio que hacer esta peque­ña revo­lu­ción nacio­nal, por­que los guías del pro­le­ta­ria­do mun­dial con­vir­tie­ron el for­mi­da­ble esta­lli­do de 1917 en una Revo­lu­ción Nacio­na­lis­ta que se plan­teó antes que otra cosa ‑en algo muy legí­ti­mo para los rusos- en un movi­mien­to de libe­ra­ción con­tra el feu­da­lis­mo zaris­ta, pero nos deja­ron a los pue­blos situa­dos fue­ra de ese país sin la opor­tu­ni­dad de des­en­ca­de­nar una revo­lu­ción uni­ver­sal que aca­so hoy ven­ga por cami­nos insos­pe­cha­dos…

La fata­li­dad de todo esto es que Sta­lin no era fran­cés, o inglés o ale­mán y por tan­to no reba­só los lími­tes de un gober­nan­te ruso. Si hubie­ra naci­do en París aca­so hubie­ra vis­to el mun­do por un pris­ma más amplio.

Te repi­to, nada de esto es cul­pa nues­tra sino de la inca­pa­ci­dad polí­ti­ca para juz­gar­lo que tuvie­ron los ver­da­de­ros genios de la Revo­lu­ción de Octu­bre.

Lo que sí me pone un poco bra­vo es tu incom­pren­sión para nues­tra acti­tud fren­te a un pac­to que siem­pre hubi­mos de recha­zar. Tan pron­to lle­gue a San­tia­go te envia­ré todos los docu­men­tos sobre el par­ti­cu­lar. Quie­ro decir­te, que­ri­do Che, que si pue­den exis­tir dis­cre­pan­cias en el aspec­to inter­na­cio­nal de la polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, yo me cuen­to entre los más radi­ca­les en cuan­to al pen­sa­mien­to polí­ti­co de nues­tra Revo­lu­ción.

Recha­za­mos el pac­to y exi­gi­mos que se cum­plie­ran nues­tras bases, no lo hici­mos públi­co por­que en aquel momen­to hubie­ra crea­do con­fu­sión en el Pue­blo, sino que espe­ra­mos que se ago­ta­ra la posi­bi­li­dad de que se acep­ta­ran nues­tras bases para dis­cu­tir con Fidel la nece­si­dad del recha­zo públi­co. Y cuán­ta satis­fac­ción sen­ti­mos cuan­do vimos que Fidel plan­tea­ba públi­ca­men­te idén­ti­cas pro­po­si­cio­nes a las nues­tras. Cuán­ta satis­fac­ción sen­ti­mos cuan­do en Mia­mi uno de los fir­man­tes de la car­ta de la Sie­rra, Raúl Chi­bás, dijo que nues­tros plan­tea­mien­tos reco­gían sus plan­tea­mien­tos, cuán­ta satis­fac­ción al ver que había una com­ple­ta iden­ti­fi­ca­ción entre el «líder izquier­dis­ta de la peque­ña bur­gue­sía» y la pro­pia peque­ña bur­gue­sía que tú dices noso­tros encar­na­mos.

Sí quie­ro decir­te que me sien­to muy con­ten­to con ser con­si­de­ra­do peque­ño bur­gués, por­que ten­go la con­cien­cia muy tran­qui­la y sé que esos cli­chés no me afec­tan. […] que me he empe­ña­do en orga­ni­zar a los obre­ros, y que ellos sean fuer­za deter­mi­nan­te en nues­tra Revo­lu­ción. Si hemos segui­do mal el camino te rue­go me indi­ques el más correc­to […].

Te res­pe­to

Jacin­to

Como digo en el men­cio­na­do tex­to, muchos de noso­tros está­ba­mos en pro­ce­so de for­ma­ción y no exen­tos de «pre­jui­cios» sobre el socia­lis­mo. Lo trá­gi­co está en que los mis­mos venían con­fir­ma­dos por hechos ofi­cial­men­te denun­cia­dos en esa épo­ca por las infor­ma­cio­nes crí­ti­cas for­mu­la­das por el Par­ti­do Comu­nis­ta de la URSS en su 20mo. Con­gre­so (1956). Sin embar­go, aque­llas crí­ti­cas no fue­ron al fon­do del pro­ble­ma y tuvie­ron lugar, en esos años, los acon­te­ci­mien­tos bien cono­ci­dos de los tan­ques en Hun­gría.

Nun­ca olvi­da­ré que Fidel me orien­tó en la Sie­rra que no envia­se la car­ta al coman­dan­te Gue­va­ra. Enton­ces era lo más uni­ta­rio. Pero como el Ejér­ci­to la publi­có y el Che hace refe­ren­cia en su Dia­rio a pro­ble­mas de este carác­ter, he recu­rri­do al tex­to para mos­trar que, no obs­tan­te estas difi­cul­ta­des, jamás se que­bró nues­tra admi­ra­ción por el argen­tino que se unió a Fidel en Méxi­co, des­em­bar­có en el Gran­may se con­vir­tió en uno de los héroes más entra­ña­bles de la his­to­ria de Cuba.

Hoy pue­do ase­gu­rar a los que lean este Dia­rio que los com­pa­ñe­ros que el Che men­cio­na o pen­sa­ba que no éra­mos comu­nis­tas en aquel tiem­po, y en par­te tenía algu­na razón para ello, hemos esta­do jun­to a la revo­lu­ción socia­lis­ta y a Fidel. Algu­nos de ellos murie­ron en com­ba­te y hubie­ran com­par­ti­do estas líneas con­mi­go.2

Entre ellos está René Ramos Latour (Daniel), uno de los más con­se­cuen­tes y lea­les diri­gen­tes del Llano. Por esto emo­cio­na la des­crip­ción que hace el Che en estas memo­rias, a pro­pó­si­to de su caí­da en com­ba­te el 30 de julio de 1958, cuan­do afir­ma:

[…] Pro­fun­das diver­gen­cias ideo­ló­gi­cas me sepa­ra­ban de René Ramos y éra­mos enemi­gos polí­ti­cos, pero supo morir cum­plien­do con su deber, en la pri­me­ra línea y quien mue­re así es por­que sien­te un impul­so inte­rior que yo le nega­ra y que en esta hora rec­ti­fi­co […].3

Ese impul­so inte­rior fue lo que hizo gran­des al Che y a Daniel. Hom­bres así están uni­dos por la his­to­ria más allá de las dife­ren­cias coyun­tu­ra­les de la polí­ti­ca.

En Cuba, entre los que nos movía­mos en el cen­tro de tales dis­cu­sio­nes, abra­za­mos las ideas socia­lis­tas y que­re­mos al Che como una de las más gran­des glo­rias de la huma­ni­dad en el siglo XX. Estos aná­li­sis son nece­sa­rios para situar en su ver­da­de­ra dimen­sión la ori­gi­na­li­dad de la obra de Fidel y el hecho de que las dife­ren­cias de opi­nio­nes entre revo­lu­cio­na­rios con­se­cuen­tes, los de la Sie­rra y el Llano, no afec­ta­ron la uni­dad indes­truc­ti­ble de la pri­me­ra revo­lu­ción socia­lis­ta de Amé­ri­ca. Es un ejem­plo que espe­ra­mos sir­va de ense­ñan­za.

Hay algo más de suma impor­tan­cia que ace­le­ró el pro­ce­so de radi­ca­li­za­ción de la gene­ra­ción del cen­te­na­rio: el impe­ria­lis­mo. Des­de 1931 a diciem­bre de 1958, tuvo siem­pre a Batis­ta como su hom­bre fuer­te en Cuba, lo pro­te­gió en medio de los gran­des crí­me­nes que con­tem­plá­ba­mos en las calles, en las cár­ce­les y en los cam­pos de Cuba en la déca­da de 1950. Era su garan­tía para defen­der los intere­ses nor­te­ame­ri­ca­nos. Apo­ya­ba con todas sus fuer­zas al tirano del 10 de mar­zo, quien actua­ba cri­mi­nal e ile­gal­men­te con­tra nues­tro pue­blo.

El Che no cono­cía enton­ces direc­ta­men­te a nues­tro país, ni era lógi­co que pose­ye­ra una visión inme­dia­ta de su his­to­ria como la que tuvo pocos meses des­pués. Él esta­ba empe­zan­do a cono­cer a Cuba y noso­tros ini­cian­do nues­tro cono­ci­mien­to del socia­lis­mo, al cual lle­ga­mos por la vía de la cul­tu­ra, por el sen­ti­do de la jus­ti­cia here­da­do de nues­tros padres y abue­los.

Al publi­car­se el Dia­rio del Che, en el cual apa­re­cen estas refe­ren­cias, me sien­to en el deber, con la sere­ni­dad que dan los años y en home­na­je a los gue­rri­lle­ros cuba­nos, de seña­lar que no fue­ron estas las úni­cas dis­cre­pan­cias que exis­tían entre los com­ba­tien­tes de la Sie­rra y el Llano.

Tales dife­ren­cias hay que ana­li­zar­las en el con­tex­to de un movi­mien­to de cam­bios y ajus­tes prác­ti­cos, que se van refle­jan­do en la visión de los revo­lu­cio­na­rios que bus­can un camino cer­te­ro en la lucha con­tra el enemi­go. En la Sie­rra, la visión de los gue­rri­lle­ros fue desa­rro­llán­do­se de una for­ma que con­du­jo a la vic­to­ria. En las ciu­da­des, los cua­dros y los com­ba­tien­tes fui­mos gene­ran­do una con­cep­ción que nos lle­vó al des­en­la­ce de la huel­ga del 9 de abril.

Con inde­pen­den­cia del énfa­sis que cada uno de los esce­na­rios seña­la­dos le daba a la acción, median­te la cual se pro­du­ci­ría la vic­to­ria, para todos esta­ba cla­ro que eran la insu­rrec­ción arma­da de las masas, la huel­ga gene­ral revo­lu­cio­na­ria, el pro­gra­ma del Movi­mien­to 26 de Julio y el lide­raz­go indis­cu­ti­ble de Fidel los que ser­vían de fun­da­men­to a la Revo­lu­ción.

Nues­tros pue­blos de Amé­ri­ca, ante la impo­si­bi­li­dad polí­ti­ca de alcan­zar un obje­ti­vo inme­dia­to, han desa­rro­lla­do la con­cien­cia his­tó­ri­ca acer­ca de la impor­tan­cia ejem­pla­ri­zan­te de pelear y morir si fue­ra nece­sa­rio en defen­sa de ese ideal. Noso­tros ‑y se mues­tra de mane­ra subli­me en el Che‑, sabe­mos el valor his­tó­ri­co que tie­ne el ejem­plo de sacri­fi­cio en la lucha por una aspi­ra­ción polí­ti­ca y social más alta.

Ernes­to Che Gue­va­ra reci­bió y enri­que­ció esa heren­cia espi­ri­tual, y deci­dió for­jar su carác­ter para asu­mir, con los hechos y con la con­sa­gra­ción de su vida, el com­pro­mi­so que esti­mó irre­nun­cia­ble de defen­der con su enor­me talen­to, valor y vir­tu­des el dere­cho de los pobres de Amé­ri­ca y la aspi­ra­ción boli­va­ria­na y mar­tia­na de inte­gra­ción moral de las patrias lati­no­ame­ri­ca­nas.

En el tras­fon­do espi­ri­tual de la sico­lo­gía del patrio­ta argen­tino-cubano y lati­no­ame­ri­cano anda­ban, de una for­ma u otra, en un gra­do u otro, las mis­mas raí­ces éti­cas y cul­tu­ra­les del pen­sa­mien­to de Mar­tí. Y esas raí­ces ‑que el Che de niño y ado­les­cen­te no pudo cono­cer en su expre­sión martiana‑, lo empu­ja­ban hacia el huma­nis­mo de los pobres. Tra­ba­jó como médi­co en lepro­so­rios tris­tes de nues­tra Amé­ri­ca y entró en con­tac­to con los que viven en la mise­ria en diver­sos rin­co­nes de nues­tro con­ti­nen­te.

Estos sen­ti­mien­tos lati­no­ame­ri­ca­nos y uni­ver­sa­les, expre­sa­dos en la cul­tu­ra que ser­vía a los intere­ses de los pobres, unie­ron a Fidel y al Che. Si hubie­ra sido sim­ple­men­te rebel­día podría haber sido tran­si­to­ria esta alian­za. Fue en la rebel­día cul­ta don­de se hizo sóli­da la unión. Los nexos entre el Che y la patria de Mar­tí se for­ja­ron indi­so­lu­bles por la rique­za espi­ri­tual y moral, hija de nues­tra Amé­ri­ca, que esta­ba pre­sen­te en los sen­ti­mien­tos de Gue­va­ra. Fidel y el Che están uni­dos por una mis­ma cul­tu­ra, y esa raíz enla­za la pasión por la jus­ti­cia y la liber­tad huma­nas a un saber pro­fun­do que encie­rra todo noble espí­ri­tu cul­ti­va­do.

Des­de aque­llos tiem­pos leja­nos, en que Anto­nio Ñico López (1955) me habló de un médi­co argen­tino que cono­ció en Gua­te­ma­la y que­ría pre­sen­tár­se­lo a Fidel, ven­go que­rien­do y admi­ran­do al Che, y ni un segun­do, en medio de aque­llas dis­cu­sio­nes, dejé de sen­tir esta devo­ción por él. Dife­ren­te es la his­to­ria de otras revo­lu­cio­nes que, ante pro­ble­mas que guar­dan para­le­lo con estos deba­tes, ori­gi­na­ron disen­sio­nes de fata­les con­se­cuen­cias. Es que los cuba­nos con­ta­mos con la glo­ria de tener una revo­lu­ción diri­gi­da por Fidel que había asu­mi­do la tra­di­ción demo­crá­ti­ca al modo mar­tiano, pro­fun­do, radi­cal y de valor uni­ver­sal.

Dr. Arman­do Hart Dáva­los

Notas:

1. Arman­do Hart Dáva­los: Alda­bo­na­zo, Edi­to­rial Letras Cuba­nas, La Haba­na, 1997, pp. 151 – 153.

2. Con excep­ción de Car­los Fran­qui, quien en esa épo­ca se pre­sen­ta­ba como mar­xis­ta.

3. Ernes­to Che Gue­va­ra: Dia­rio de un com­ba­tien­te, p. 196.

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