La «Reite­ra­da vul­ne­ra­ción» de dere­chos enfren­ta al Cons­ti­tu­cio­nal con el Juz­ga­do Cen­tral peni­ten­cia­rio

gara​.net

El Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal espa­ñol ha pues­to en duda la labor del Juz­ga­do Cen­tral de Vigi­lan­cia Peni­ten­cia­ria, ins­tan­cia crea­da hace ocho años, res­pec­to a los pre­sos vas­cos prin­ci­pal­men­te. Sus abo­ga­dos ya habían cons­ta­ta­do hace tiem­po el «mar­ca­do carác­ter polí­ti­co» de esa ins­tan­cia.

El Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal (TC) ha evi­den­cia­do su enfa­do con el Juz­ga­do Cen­tral Peni­ten­cia­rio. Esta mis­ma sema­na, el TC ha publi­ca­do un fallo que pone en entre­di­cho la labor desem­pe­ña­da por el Juz­ga­do Cen­tral de Vigi­lan­cia Peni­ten­cia­ria del Esta­do espa­ñol. Se tra­ta de una ins­tan­cia crea­da por la Audien­cia Nacio­nal en el año 2003, con la teó­ri­ca misión de super­vi­sar y sal­va­guar­dar los dere­chos de los pre­sos polí­ti­cos, los nar­co­tra­fi­can­tes y los meno­res encar­ce­la­dos. Sin embar­go, en estos últi­mos días, el Juz­ga­do y su titu­lar, el juez José Luis Cas­tro Anto­nio, no han sido noti­cia por garan­ti­zar los dere­chos de los reclu­sos. Más bien por todo lo con­tra­rio, ya que el Con­sis­ti­tu­cio­nal ha dado un toque de aten­ción a los res­pon­sa­bles de la cita­da ins­tan­cia judi­cial, a los que acu­sa de vul­ne­rar de mane­ra reite­ra­da los dere­chos de los pre­sos.

Dicha acu­sa­ción, denun­cia­da en dis­tin­tas oca­sio­nes des­de el prin­ci­pal órgano judi­cial del Esta­do espa­ñol y obvia­da el mis­mo núme­ro de veces por par­te del juez res­pon­sa­ble del Juz­ga­do de Vigi­lan­cia, se reco­ge en el últi­mo fallo publi­ca­do por el TC. En el mis­mo se ha evi­den­cia­do la vul­ne­ra­ción de los dere­chos peni­ten­cia­rios de un menor pero, en la mayo­ría de los casos, los reclu­sos per­ju­di­ca­dos por las deci­sio­nes del Cen­tral Peni­ten­cia­rio han sido prin­ci­pal­men­te los pre­sos polí­ti­cos vas­cos.

Al abo­ga­do Iker Urbi­na, con­sul­ta­do por GARA, no le sor­pren­de la reso­lu­ción del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal espa­ñol. Es más, el pro­pio letra­do cons­ta­ta que la vul­ne­ra­ción de dere­chos se ha pro­du­ci­do de mane­ra cons­tan­te des­de que se puso en mar­cha el Juz­ga­do Cen­tral de Vigi­lan­cia Peni­ten­cia­ria, hace ya más de ocho años.

Según expli­ca Urbi­na, en muchas oca­sio­nes, el Juz­ga­do y su titu­lar no fun­da­men­tan con prue­bas la con­cul­ca­ción de dere­chos a los pre­sos polí­ti­cos vas­cos. Se tra­ta de casos rela­cio­na­dos con las visi­tas de fami­lia­res y todo tipo de comu­ni­ca­ción con el exte­rior. Ade­más, tal como reco­no­ce el pro­pio abo­ga­do, en el caso de los pri­sio­ne­ros polí­ti­cos vas­cos se suma como agra­van­te el «mar­ca­do carác­ter polí­ti­co» exis­ten­te en el Tri­bu­nal Cen­tral Peni­ten­cia­rio. Dicha situa­ción, en la que la ideo­lo­gía jue­ga una baza impor­tan­te, «pro­vo­ca un recha­zo auto­má­ti­co» a casi todas las soli­ci­tu­des que se le plan­tean al juez encar­ga­do.

Es más, el letra­do con­sul­ta­do afir­ma que, «en muchas oca­sio­nes», el juez titu­lar ha recha­za­do las soli­ci­tu­des de los pre­sos polí­ti­cos con un for­mu­la­rio están­dar, en el que no se deta­lla­ban los fun­da­men­tos jurí­di­cos sobre los que se sus­ten­ta la deci­sión. Una irre­gu­la­ri­dad que aho­ra ha sido evi­den­cia­da por el Cons­ti­tu­cio­nal en el fallo cono­ci­do esta sema­na.

Con­cre­ta­men­te, este fallo del TC reco­ge que «las ale­ga­cio­nes con­te­ni­das en el escri­to del recu­rren­te no apor­tan hechos, razo­nes o argu­men­tos dis­tin­tos a los ya expues­tos en el recur­so de alza­da, sino que con­tie­nen una inter­pre­ta­ción sub­je­ti­va y dife­ren­te de los hechos o la valo­ra­ción jurí­di­ca que se hacen en el auto recu­rri­do, por lo que pro­ce­de su des­es­ti­ma­ción».

El pro­ble­ma no es el juez

No obs­tan­te, Urbi­na mati­za que el pro­ble­ma no es el juez titu­lar, sino la pro­pia ins­ti­tu­ción que repre­sen­ta. Para el abo­ga­do, las reso­lu­cio­nes publi­ca­das por el Juz­ga­do Cen­tral Peni­ten­cia­rio evi­den­cian que «en el caso de los pre­sos polí­ti­cos vas­cos, este tri­bu­nal tie­ne un obje­ti­vo más o menos cla­ro: el de aco­tar y redu­cir el espa­cio y las con­di­cio­nes de vida de los inter­nos».

En cuan­to a la figu­ra de José Luis Cas­tro Anto­nio, el letra­do recuer­da que pro­ce­de de los juz­ga­dos de vigi­lan­cia pro­vin­cia­les, y des­ta­ca que duran­te su eta­pa en dichas ins­tan­cias Cas­tro se carac­te­ri­zó por ser un magis­tra­do que mos­tra­ba una «espe­cial sen­si­bi­li­dad» con los dere­chos de las per­so­nas encar­ce­la­das. Antes, quien desem­pe­ñó esta labor fue Javier Gómez Ber­mú­dez, lue­go ele­va­do a jefe de la Sala de lo Penal de la Au- dien­cia Nacio­nal.

El Juz­ga­do Cen­tral Peni­ten­cia­rio puso fin a las rovin­cia­les, que care­cían de cri­te­rio común y dic­ta­ban sen­ten­cias dife­ren­tes por moti­vos igua­les. Sin embar­go, apun­ta Urbi­na, la nue­va doc­tri­na uni­fi­ca­da ha con­sis­ti­do en recha­zar cual­quier peti­ción.

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