Frau­des patrió­ti­cos – Flo­ren Aoiz

Rosa­rio, ciu­dad situa­da a la ori­lla del Para­ná, que como no dejan de recor­dar­me por aquí, sí es un río de ver­dad. Tras un asa­do, toma uno un café con ami­gos argen­ti­nos de ori­gen vas­co, se habla de elec­cio­nes y apa­re­ce el «frau­de patrió­ti­co», la mane­ra en que en un tiem­po se lla­mó por estas tie­rras al frau­de elec­to­ral per­pe­tra­do para que no gana­ran quie­nes no debían. Lo de frau­de se entien­de, eso de patrió­ti­co es, obvia­men­te, el encu­bri­mien­to del timo. El pue­blo era incul­to, decían, fácil­men­te mani­pu­la­ble por los extre­mis­tas, por tan­to, ¡qué mejor que mani­pu­lar­lo direc­ta­men­te, eso sí, por razo­nes exclu­si­va­men­te patrió­ti­cas!

La gen­te tie­ne la horro­ro­sa cos­tum­bre de ele­gir a quien no debe. Eso es, por lo menos, lo que pen­sa­ron quie­nes res­pon­die­ron con un baño de san­gre y déca­das de dic­ta­du­ra al triun­fo del Fren­te Popu­lar en el Esta­do espa­ñol en 1936. Las demo­crá­ti­cas poten­cias occi­den­ta­les, las mis­mas que nada obje­ta­ron a la «vic­to­ria elec­to­ral» de Hitler, deci­die­ron que el pue­blo arge­lino se había equi­vo­ca­do al votar a los isla­mis­tas, como el nica­ra­güen­se erra­ba al apo­yar a los san­di­nis­tas, los chi­le­nos a Allen­de… La ten­den­cia de los pue­blos al error, según pare­ce, es tan uni­ver­sal como la exis­ten­cia de patrio­tas dis­pues­tos a corre­gir el fallo, aun­que sea a cos­ta de geno­ci­dios y años de terror y vio­la­ción de todos los dere­chos.

El pue­blo que se equi­vo­ca lo paga. Algo sabe­mos de esto los vas­cos, que nun­ca pudi­mos ele­gir nues­tro esta­tus polí­ti­co. Ya apren­di­mos que votar lo que no se debe, se lla­me Cons­ti­tu­ción espa­ño­la, euro­pea o per­te­nen­cia a la OTAN, impli­ca no ser teni­dos en cuen­ta. O vota­mos lo que quie­ren que vote­mos, o los votos, pasa­dos por el fil­tro del frau­de patrió­ti­co, se con­vier­ten en humo. Que se lo digan a Patxi López, maes­tro de la magia que en lugar de hacer salir cone­jos de las chis­te­ras logra que se esfu­men opor­tu­na­men­te los 100.000 votos que habrían ale­ja­do sus posa­de­ras de la pol­tro­na de lehen­da­ka­ri de la CAV.

Según a uno le cuen­tan por acá y apren­dió por su cuen­ta por allí, al frau­de patrió­ti­co se le aca­ba cogien­do gus­to. ¿Para qué se va a moles­tar alguien en ganar las elec­cio­nes si se pue­den mode­lar los resul­ta­dos a volun­tad? Una vez adqui­ri­da la cos­tum­bre, debe resul­tar can­sino ober­var que el pue­blo per­sis­te en su obse­si­va ten­den­cia a equi­vo­car­se. Pesa­dos donos­tia­rras, ¿no com­pren­die­ron que debía ganar Odón el guay y no Bil­du? Gui­puz­coa­nos indo­cu­men­ta­dos, ¿quién les dio la idea de votar a una lis­ta de izquier­das y aber­tza­le que quie­re lle­var el terri­to­rio a la Edad Media?

Aun­que esta vez el frau­de no haya impe­di­do la pre­sen­cia de Bil­du, la lógi­ca se pro­yec­ta sobre la elec­ción de Gobierno nava­rro, alcal­des y dipu­tacio­nes fora­les. No les bas­ta con bir­lar a más de 40.000 ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas el dere­cho a ser ele­gi­dos. Aho­ra hay que refor­mu­lar el frau­de patrió­ti­co para impo­ner el prin­ci­pio de que algu­nos, aun­que hayan sido desig­na­dos por el pue­blo, no deben gober­nar. En casa o a 10.000 kiló­me­tros un esta­fa­dor es un esta­fa­dor y todos los pue­blos sufren el aco­so de estos pro­fe­sio­na­les del frau­de, eso sí, patrió­ti­co.

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