Pros­ti­tu­ción: ¿for­ma de vio­len­cia con­tra las muje­res o trabajo? -

La cues­tión acer­ca de si la pros­ti­tu­ción es una for­ma de vio­len­cia hacia las muje­res o un tra­ba­jo aún no ha sido sal­da­da y tal vez no pue­da ser­lo. Como en otros tan­tos temas, en momen­tos de acep­ta­ción cada vez mayor de las diver­si­da­des, no hay un dis­cur­so úni­co que pue­da con­si­de­rar­se reve­la­dor de “la ver­dad”. Toda­vía la dis­cu­sión sigue vigen­te.

Las actoras:“las muje­res en pros­ti­tu­ción” y las “tra­ba­ja­do­ras sexua­les” se iden­ti­fi­can a sí mis­mas des­de luga­res dis­tin­tos. Des­de diver­sos sec­to­res del femi­nis­mo, el movi­mien­to de muje­res, la Aca­de­mia, los Orga­nis­mos Inter­na­cio­na­les, las muje­res polí­ti­cas, se sos­tie­nen ambas posi­cio­nes de mane­ra irre­con­ci­lia­ble. ¿Cómo es que las mis­mas per­so­nas, las mis­mas orga­ni­za­cio­nes que defien­den el dere­cho a la diver­si­dad, a la defi­ni­ción de la pro­pia iden­ti­dad pre­ten­den impo­ner el dis­cur­so úni­co en este tema?

La Argen­ti­na adop­tó el sis­te­ma abo­li­cio­nis­ta que pre­ten­de poner fin a la pros­ti­tu­ción. En 1949 la corrien­te abo­li­cio­nis­ta se plas­ma jurí­di­ca­men­te en la Con­ven­ción con­tra la Tra­ta de Per­so­nas y la Explo­ta­ción de la Pros­ti­tu­ción Ajena.

Sos­tie­ne que debe pena­li­zar­se a pro­xe­ne­tas, rufia­nes, y a quie­nes lucran con la pros­ti­tu­ción aje­na, pero no a quie­nes la ejer­cen. Prohí­be la exis­ten­cia de pros­tí­bu­los.

Pero en la prác­ti­ca no se cum­ple. Los pros­tí­bu­los y sus varian­tes: whis­ke­rías, caba­rets, casas de masa­jes, son una reali­dad ampa­ra­da por la con­ni­ven­cia poli­cial, judi­cial y política.

Des­de la Coa­li­ción Against Traf­fic­king Women (CATW) se plan­tea que no debe hacer­se dife­ren­cia entre pros­ti­tu­ción y tra­ta, como si toda mujer en pros­ti­tu­ción estu­vie­ra de algu­na mane­ra secuestrada.

Algu­nas abo­li­cio­nis­tas toman el ejem­plo de Sue­cia que des­de 1999 pena­li­za al clien­te de pros­ti­tu­ción o pros­ti­tu­yen­te con mul­tas y has­ta cár­cel, como un sis­te­ma para imple­men­tar en nues­tro país.

AMMAR Capi­tal sos­tie­ne la pos­tu­ra abo­li­cio­nis­ta. Con­si­de­ran que la pros­ti­tu­ción es una for­ma de vio­len­cia con­tra las mujeres.

Por otro lado la corrien­te regla­men­ta­ris­ta lega­li­za a los pro­xe­ne­tas, la ins­ta­la­ción de pros­tí­bu­los, some­te a quie­nes la ejer­cen a con­tro­les sani­ta­rios y admi­nis­tra­ti­vos y legi­ti­ma a los clien­tes-pros­ti­tu­yen­tes. Hace una cla­ra dis­tin­ción entre pros­ti­tu­ción y tra­ta. Está en vigen­cia en Holan­da y en Alemania.

En nues­tro país la Aso­cia­ción de Muje­res Mere­tri­ces Argen­ti­nas AMMAR, sin­di­ca­to de tra­ba­ja­do­ras sexua­les, sos­tie­ne que la pros­ti­tu­ción es un tra­ba­jo ele­gi­do libre­men­te, aun­que no lo fomen­ten, pero sí lo con­si­de­ran una sali­da a situa­cio­nes de pobreza.

Adhie­ro a los plan­teos abo­li­cio­nis­tas. Con­si­de­ro la pros­ti­tu­ción como una vio­la­ción a los dere­chos huma­nos de las muje­res por­que es vio­len­cia, subor­di­na­ción y opre­sión. Impli­ca la mer­can­ti­li­za­ción del cuer­po y de la sub­je­ti­vi­dad de las muje­res en la socie­dad capi­ta­lis­ta y patriar­cal en que vivimos.

Sin embar­go, en esta moder­ni­dad líqui­da en la que esta­mos vivien­do no sólo el cuer­po de las muje­res está mercantilizado.

Zyg­munt Bau­man nos habla de los blogs en Internet:“de la des­ca­ra­da sin­ce­ri­dad y fran­que­za con la que se exhi­bían en públi­co las expe­rien­cias más pri­va­das y las aven­tu­ras más ínti­mas, sin­ce­ri­dad que, tra­du­ci­da en tér­mi­nos con­tun­den­tes, podría­mos hablar de inten­so fer­vor y de evi­den­te des­inhi­bi­ción a la hora de poner­se uno mis­mo (o, cuan­to menos, cier­tas par­tes o aspec­tos de la pro­pia per­so­na) a la ven­ta en el mercado”*

En esta socie­dad de con­su­mi­do­res se ha con­fun­di­do la liber­tad per­so­nal con la adqui­si­ción de las ofer­tas del mer­ca­do. Y esto afec­ta a todas y todos. Aun­que segu­ra­men­te afec­te menos a aquellxs que han que­da­do fue­ra del mer­ca­do lxs exclui­dos, aquellxs a lxs que sólo les que­da la pros­ti­tu­ción para sobrevivir.
Pero enton­ces ¿sólo la sub­je­ti­vi­dad de las muje­res pobres está mercantilizada?

Las muje­res que teo­ri­za­mos, asis­ti­mos a Con­gre­sos, legis­la­mos, damos cla­ses en las Uni­ver­si­da­des, no esta­mos en situa­ción de prostitución.
Pien­so que más allá de la posi­ción a la que adhi­ra­mos, debe­mos crear las con­di­cio­nes para que todas las pro­ta­go­nis­tas pue­dan hablar.

No somos las que “sabe­mos” por ellas. La idea de ser agen­tes de la “con­cien­cia “y del dis­cur­so nos ponen en el lugar del poder. Debe­mos luchar con­tra las for­mas de poder que se mani­fies­tan en el orden del “saber”, de la “ver­dad”, de la “con­cien­cia”.

Las per­so­nas con­cer­ni­das deben poder hablar por su cuen­ta. Las que acuer­den con noso­tras y las que no.

Por estar con­ven­ci­das de que la pros­ti­tu­ción es una for­ma de vio­len­cia con­tra las muje­res no pode­mos vio­len­tar a las que pien­san dis­tin­to impo­nién­do­les un dis­cur­so úni­co que no admi­ta la diversidad..

Se deben imple­men­tar polí­ti­cas públi­cas, sobre todo polí­ti­cas de empleo genuino, de vivien­da, para aque­llas muje­res que quie­ran dejar la prostitución.

Y con res­pec­to a los clien­tes –pros­ti­tu­yen­tes, no com­par­to la crea­ción de nue­vas figu­ras pena­les, el poder puni­ti­vo para resol­ver pro­ble­má­ti­cas socia­les y cul­tu­ra­les, más gen­te en las cárceles.

Sí podrían enca­rar­se cam­pa­ñas diri­gi­das tan­to a los ado­les­cen­tes como a los adul­tos, incluir el tema den­tro de la Edu­ca­ción Sexual en las escue­las, des­alen­tan­do el con­su­mo de pros­ti­tu­ción con los argu­men­tos de que se pue­de estar vio­len­tan­do a una mujer en situa­ción de tra­ta o de explo­ta­ción sexual que no pue­de ele­gir y que por otra par­te las rela­cio­nes sexua­les no mer­can­ti­les, desea­das por ambos, don­de inter­ven­gan la ter­nu­ra, el com­pa­ñe­ris­mo y otros sen­ti­mien­tos pue­den ser mucho más pla­cen­te­ras. Que el con­su­mo de pros­ti­tu­ción es una for­ma deva­lua­da y degra­da­da del ejer­ci­cio de la sexualidad.

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