Julián Con­ra­do y las pesa­di­llas del ver­du­go- ABP Cara­cas

Ayer fue el perio­dis­ta sue­co Joa­quín Pérez Bece­rra, hoy el can­tor y lucha­dor Julián Con­ra­do, por no hablar de los cuan­do menos seis revo­lu­cio­na­rios entre­ga­dos a Colom­bia en los últi­mos nue­ve meses. ¿Qué hay de nue­vo con la noti­cia de la cap­tu­ra de Julián Con­ra­do? Que se ha con­fir­ma­do ofi­cial­men­te la entre­ga de revo­lu­cio­na­rios a sus ver­du­gos y la par­ti­ci­pa­ción en la “polí­ti­ca de segu­ri­dad” de Colom­bia como polí­ti­ca del Esta­do en la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Vene­zue­la. En una rue­da de pren­sa del 2 de junio, el Pre­si­den­te Chá­vez dijo que la deten­ción y pró­xi­ma entre­ga de can­tor, que carac­te­ri­zó como un “asun­to de Esta­do”, se rea­li­za en “cum­plien­do con nues­tra obli­ga­ción y segui­re­mos hacién­do­lo”.

En lo con­cre­to –por­que a veces sim­ple­men­te levan­tar la ban­de­ra del inter­na­cio­na­lis­mo pue­de sonar un poco abs­trac­to– esto quie­re decir que los niños de la calle en Colom­bia, los des­pla­za­dos, los des­apa­re­ci­dos, los ham­brien­tos no son nues­tros her­ma­nos, su situa­ción no nos preo­cu­pa. Nues­tra preo­cu­pa­ción es lo nues­tro, nues­tra paz, nues­tro petró­leo. En esto San­tos es nues­tro alia­do y nues­tro mejor ami­go… solo que aho­ra los vene­zo­la­nos tene­mos pesa­di­llas, los malos sue­ños de los ver­du­gos.

Para cual­quier per­so­na con un cora­zón en el pecho y para un gru­po de inte­lec­tua­les “preo­cu­pa­dos e indig­na­dos” que inclu­ye Ist­van Mes­za­ros, el encar­ce­la­mien­to y extra­di­ción de Julián Con­ra­do es inacep­ta­ble. El recien­te comu­ni­ca­do fir­ma­do por el filó­so­fo hún­ga­ro y unos trein­ta inte­lec­tua­les de alto per­fil –docu­men­to en la tra­di­ción de otro comu­ni­ca­do en recha­zo a la entre­ga de Pérez Bece­rra, sus­cri­to por más de cien inte­lec­tua­les inclu­yen­do Adol­fo Pérez Esqui­vel y Luis Bri­to Gar­cía– reza “la acti­tud asu­mi­da por Vene­zue­la se inser­ta en la con­ti­nui­dad de una coope­ra­ción espu­ria con las poli­cías colom­bia­nas que se tra­du­jo recien­te­men­te en la entre­ga a Juan Manuel San­tos del perio­dis­ta sue­co Joa­quín Pérez Bece­rra, direc­tor de la agen­cia ANNCOL, y de des­ta­ca­dos com­ba­tien­tes de las FARC”.

El ale­ga­to de Chá­vez sobre la nor­ma­li­dad (o la bana­li­dad, para usar el tér­mino de Han­nah Arendt) de los trá­mi­tes de entre­ga de revo­lu­cio­na­rios a sus ver­du­gos qui­zás no pon­drá en peli­gro la esta­bi­li­dad del Esta­do vene­zo­lano, pero esta polí­ti­ca que ya ha deja­do de lado todo prin­ci­pio de huma­ni­dad sí ha pues­to en jaque a la revo­lu­ción en la Gran Colom­bia. Algu­nos ilu­sos tra­tan de jus­ti­fi­car los hechos hablan­do de la pre­ca­rie­dad del Pro­ce­so Boli­va­riano. Recor­de­mos aquí, por vía de una lar­ga cita a un artícu­lo del com­pa­ñe­ro chi­leno Rober­to Ávi­la con el títu­lo “¡Des­de Chi­le: Vene­zo­la­nos no se entre­ga a un com­pa­ñe­ro! ”, la posi­ción dig­na y con­se­cuen­te de un Pre­si­den­te Allen­de que se encon­tra­ba ante una situa­ción de mucha más pre­sión, y en la que Nues­tra Amé­ri­ca esta­ba prác­ti­ca­men­te hege­mo­ni­za­da por el Plan Cón­dor:

En medio de un mar de cons­pi­ra­cio­nes, las que lle­ga­ron a cau­sar la muer­te del gene­ral Rene Sch­nei­der jefe del ejér­ci­to chi­leno, asu­mió Sal­va­dor Allen­de la pre­si­den­cia de Chi­le el 4 de Noviem­bre de 1970. Los nor­te­ame­ri­ca­nos se habían pro­pues­to su derro­ca­mien­to como tarea de esta­do. Una de las posi­bi­li­da­des para agre­dir a Chi­le era uti­li­zar a Argen­ti­na, enton­ces con dic­ta­du­ra mili­tar. (…) El 15 de agos­to de 1972 los 114 pri­sio­ne­ros polí­ti­cos de la base naval Almi­ran­te Zar­si­ta en la Pata­go­nia argen­ti­na, casi todos ellos gue­rri­lle­ros, se toma­ron el penal. Por des­coor­di­na­cio­nes sólo algu­nos alcan­za­ron a lle­gar a Tre­lew don­de se hicie­ron de un avión de pasa­je­ros y enfi­la­ron rum­bo a Puer­to Montt en terri­to­rio chi­leno. Entre los fuga­dos venían: Rober­to San­tu­cho, jefe máxi­mo del Ejer­ci­to Revo­lu­cio­na­rio del Pue­blo (ERP), Fer­nan­do Vaca Nar­va­ja y Rober­to Quie­to de la Con­duc­ción Nacio­nal de Mon­to­ne­ros; Mar­cos Osa­tinsky de las FAR, Víc­tor Fer­nán­dez Pal­mei­ro una leyen­da de la gue­rri­lla argen­ti­na, Enri­que Gorria­rán Mer­lo y otros de la mis­ma sig­ni­fi­ca­ción polí­ti­ca.

De Puer­to Montt lle­ga­ron a San­tia­go, la reali­dad jurí­di­ca era que habían entra­do ile­gal­men­te al país, venían arma­dos y con un avión secues­tra­do. Esa era la lega­li­dad for­mal, lo real era su con­di­ción de lucha­do­res por la liber­tad de su patria. Depu­sie­ron las armas y pasa­ron a la cali­dad de rete­ni­do en el cuar­tel cen­tral de la Poli­cía Civil chi­le­na, una suer­te de hués­pe­des for­za­dos. La peti­ción de extra­di­ción se anun­ció de inme­dia­to por el gobierno argen­tino, al que una revo­lu­ción con tan­tos enemi­gos y que lucha­ba en soli­ta­rio como la nues­tra no podía des­aten­der sin más. Argen­ti­na nos había dado has­ta un prés­ta­mo para com­prar tri­go. La dere­cha chi­le­na tocó de inme­dia­to las cam­pa­nas del escán­da­lo: “Chi­le el san­tua­rio de los extre­mis­tas lati­no­ame­ri­ca­nos”, “se per­ju­di­ca la rela­ción con Argen­ti­na “, “se vio­la el esta­do de dere­cho”. (…) El pre­si­den­te Allen­de se reu­nió con los abo­ga­dos de los jóve­nes argen­ti­nos en el Pala­cio de La Mone­da y pidió a su minis­tro de Rela­cio­nes exte­rio­res su opi­nión. La rela­ción del minis­tro fue deso­la­do­ra: todo el dere­cho en con­tra, el nacio­nal y el inter­na­cio­nal.

(…) Cada nue­vo con­sul­ta­do acu­mu­la­ba argu­men­tos lega­les y polí­ti­cos en pro de la extra­di­ción. Los abo­ga­dos de los fuga­dos veían venir lo peor. Sor­pre­si­va­men­te el pre­si­den­te de la Repú­bli­ca de Chi­le, el jefe de la Revo­lu­ción chi­le­na, se puso de pié y dan­do un gol­pe de puño sobre la mesa dijo con voz cla­ra y deter­mi­na­ción. “Así serán las cosas, pero este es un gobierno socia­lis­ta mier­da, y no entre­ga­mos a nin­gún com­pa­ñe­ro” (…).

Refle­xio­nan­do sobre la revo­lu­ción que se nos esca­pa cuan­do nos mira­mos al espe­jo y vemos no la cara de huma­ni­dad de Allen­de, sino la mue­ca horren­da del tor­tu­ra­dor, emi­ti­mos una sim­ple deman­da al Gobierno Boli­va­riano de Vene­zue­la: el fin a los acuer­dos de Car­ta­ge­na, el fin a la polí­ti­ca cola­bo­ra­cio­nis­ta de entre­gas, el fin a toda cola­bo­ra­ción polí­ti­ca con paí­ses impe­ria­lis­tas y sus laca­yos.

¡REVOLUCIÓN NO ENTREGA REVOLUCIONARIOS!

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