25 años de la muer­te de Kirru­li en Herre­ra de la Mancha

KARTELAK
Jose­ba Asen­sio nació en Bil­bo el 21 de abril de 1959. En estos años Bil­bao era una ciu­dad que cre­cía de for­ma des­me­su­ra­da en medio del caos urba­nís­ti­co y la polu­ción, con nota­bles dife­ren­cias socia­les. Sin embar­go, Jose­ba siem­pre amó a su ciu­dad natal.En su fami­lia con­ver­gían dis­tin­tas pro­ce­den­cias e ideas. Como dice Bego­ña, su her­ma­na mayor, “aun­que en casa hubie­ra dis­tin­tos modos de pen­sar, los cua­tro her­ma­nos coin­ci­día­mos en el caso del pro­ble­ma nacio­nal. Nues­tro padre estu­vo exi­lia­do en Gran Bre­ta­ña duran­te la gue­rra civil espa­ño­la. Cuan­do vol­vió a Bil­bao se puso a tra­ba­jar en Fires­to­ne, y aquél fue su úni­co oficio.
En cuan­to a la for­ma de pen­sar, se enrai­za­ron dos cuer­nos dis­tin­tos en casa. Por un lado el abue­lo, de Valla­do­lid, un tra­ba­ja­dor comu­nis­ta lle­ga­do a Bil­bao, pri­sio­ne­ro en la pos­gue­rra. Por otro lado, la fami­lia de la abue­la, nacio­na­lis­ta y comer­cian­tes autó­no­mos.” Fue muy impor­tan­te para Jose­ba la épo­ca de estu­dian­te en el ins­ti­tu­to de Txur­di­na­ga. Según su madre ”Jose­ba siem­pre fue un niño muy diná­mi­co. Fue par­tí­ci­pe de un gru­po de Scouts con los que iba a todas par­tes. Cuan­do tenía 8 años se hizo miem­bro de una socie­dad fila­té­li­ca que esta­ba en Gene­ral Con­cha. Estas afi­cio­nes le dura­ron has­ta la juventud.
A par­tir de 1975 ofre­cía todas sus horas a su com­pro­mi­so político.”Sus com­pa­ñe­ros de estu­dios recuer­dan su épo­ca de esu­dian­te cuan­do esta­ban com­pro­me­ti­dos polí­ti­ca­men­te. “Cuan­do se for­mó IAM (Ikas­le Aber­tza­leen Mugi­men­dua) deja­mos atrás ODEM. Jose­ba era de esos que habla­ban en las reunio­nes, y que siem­pre pro­tes­ta­ban en pri­me­ra fila. Tam­bién estu­vo en EKT (Eus­kal Kul­tur Taldea).Los gru­pos se for­ma­ron en los cen­tros de ense­ñan­za, pero cuan­do lle­gó la Refor­ma, se inclu­ye­ron en EHAS, de don­de sur­gió HASI”.Para enton­ces, Jose­ba lle­va­ba un par de años apren­dien­do eus­ke­ra. Iba a una escue­la noc­tur­na y apren­día muy rápi­do. “En su pro­ce­so de eus­kal­du­ni­za­ción”, dice un ami­go,” se tra­ga­ba todos los escri­tos que lle­ga­ban a sus manos. Suce­día lo mis­mo cuan­do era mate­rial polí­ti­co. Los tex­tos sobre his­to­ria de Eus­kal Herria, por ejem­plo, dura­ban muy poco entre ss manos.El libro “Vas­co­nia” de Krut­wig­se lo leyó en un momen­to también”.Al poco tiem­po con­si­guió el títu­lo D de Eus­kal­tzain­dia, y de 1977 a 1979 ense­ñó eus­ke­ra en la escue­la noc­tur­na de Ses­tao y tam­bién en la Escue­la de Comer­cio y en AISS. Mien­tras, seguía per­fec­cio­nan­do la len­gua, y cuan­do estu­vo en pri­sión siguió estu­dian­do con el pro­pó­si­to de con­se­guir el títu­lo EGA.
Los ami­gos tie­nen muchas anéc­do­tas de Jose­ba para con­tar. A cue­ta de una de ellas se le puso el mote con el que sele lla­ma­ría duran­te muchos años. “En 1977 está­ba­mos en Gas­teiz. Era el últi­mo Abe­rri Egu­na que el Gobierno Civil no auto­ri­za­ba. Caía la nie­ve, y la capi­tal de Ara­ba esta­ba inva­di­da por la poli­cía. Jose­ba se acer­có a uno de ellos con la inten­ción de tirar­le una bola de nie­ve, pero al dar­se cuen­ta de que otro le seguía por detrás, echó a correr. Fue vis­to­sa la carre­ra de Jose­ba”. Su huí­da apa­re­ció al día siguien­te en perió­di­cos y tele­vi­sio­nes. Des­de enton­ces le lla­ma­ron “Olím­pi­co” en Bil­bao, y en la cár­cel, en cam­bio, Jose­ba Abe­rri Egu­na. “No sé de dón­de sacó fuer­zas aquel día, por­que era débil y delgado”.En 1980 se frus­tró la mili­tan­cia clan­des­ti­na que lle­va­ba des­de 1978. Estu­vo diez días inco­mu­ni­ca­do en la DGS de Madrid, en manos del poli­cía “Billy el Niño”. Como resu­mía el pro­pio Asen­sio, “aque­llos diez días fue­ron como estar en el infierno de verdad”.Entonces empe­zó su his­to­ria en las cár­ce­les. Hizo seis huel­gas de ham­bre. Se debi­li­tó todo su cuer­po y su vis­ta, y que­dó sin capa­ci­dad para supe­rar las enfermedades.Conoció las cár­ce­les de Cara­ban­chel, Bur­gos, Soria, Puer­to de San­ta María, Alca­lá-Meco y Herre­ra de la Man­cha en suce­si­vos tras­la­dos. “Era un pre­so más”, dice un ami­go de Kirru­li. “Abier­to y habla­dor, había apren­di­do a vivir en la cárcel.
Era muy tran­qui­lo; tal vez por eso se dor­mía todas las maña­nas. Se matri­cu­ló en la Facul­tad de Perio­dis­mo de Leioa en la rama de eus­ke­ra, y se lo tomó muy en serio. Leer y escri­bir eran sus queha­ce­res. Entre todas las lec­tu­ras pre­fe­ría la narra­ción. En cuan­to a su rela­ción con los otros pre­sos, era pro­vo­ca­dor, le gus­ta­ba tomar el pelo a la gen­te. Char­lar con él era muy agra­da­ble, lo pasá­ba­mos bien. Una vez, en el ter­cer módu­lo, los com­pa­ñe­ros le rega­la­ron un libro titu­la­do “El derech a la pere­za”. Kirru­li agra­de­ció mucho el regalo.Pero Kirru­li era un lucha­dor para el res­to de los pre­sos. “Aun­que le que­da­ba poco tiem­po para cum­plir la con­de­na, Kirru­li esta­ba en todas las sal­sas y con­flic­tos. No le preo­cu­pa­ba el ries­go de que s se le alar­ga­ra la con­de­na. Allí anda­ba él, siem­pre pre­pa­ra­do para la lucha.”En enero de 1982, des­pues de una huel­ga de ham­bre de 36 días, los médi­cos de Cara­ban­chel le diag­nos­ti­ca­ron una pleu­ri­tis. A pesar de que el médi­co que le tra­ta­ba en el hos­pi­tal inten­tó que per­ma­ne­cie­ra ingre­sa­do, Jose­ba fue saca­do del hos­pi­tal y tas­la­da­do a Puer­to de San­ta María. A par­tir de ahí, nin­gún reco­no­ci­mien­to médi­co para ver si su pleu­ri­tis había sana­do. Ante cual­quier recaí­da le daban jara­be y pas­ti­llas para la tos, sin nin­gún tipo de exámen.El 9 de junio de 1986 encon­tra­ron muer­to a Jose­ba en su cel­da de Herre­ra de la Mancha.
Le mató la tubercu­losis. “Esta­ba para ter­mi­nar la con­de­na de 9 años. Sos­pe­cha­ba que le iban a libe­rar en diciem­bre de ese mis­mo año. Pero no lle­gó. Con una sim­ple radio­gra­fía podían haber detec­ta­do su enfer­me­dad, pero sólo le daban vita­mi­nas y pas­ti­llas para la gri­pe”, dice su hermana.

JOSEBA ASENSIO, Jose­ba Sarrio­nain­dia­ren poe­ma bat



Regis­trán­do­le, muerto,
sor­pren­dié­ro­le en su cuerpo
un gran cuer­po, para el alma
del mun­do.
(César Valle­jo)

Seku­la hil behar ezba­litz beza­la bizi ginen
Pre­sa genuen esti­matzen genue­na­ren alde bizitzeko:
Amo­dioa, borro­ka har­ma­tua, liber­ta­tea, libu­ruak leitzea.
Eta agian ez geni­tuen lerro guz­tiak ondo konprenitu.
Pasar­te hau, adi­bi­dez, esti­matzen genue­na­ga­tik hil­go ginela.
Hil­tze­ko gogo­rik gabe gor­putzak jos­tai­lu gisa arris­ka­tu genituen.
Beti, egu­nak beru­na bezain asti­ro zihoaz­te­nean ere, pre­sa genuen
Esti­matzen genue­na­ren alde burru­katze­ko pre­sa genuen,
Lurrak, bere­koi, gu esti­matzen gin­due­la jakin gabe
Lurrak ere pre­sa zue­la iga­rri gabe.

Jose­ba Sarrionanindia

(Vivía­mos como si no hubie­ra que morir nunca.
Tenía­mos pri­sa por vivir en favor de aqué­llo que estimábamos:
El amor, la lucha arma­da, la liber­tad, la lec­tu­ra de libros.
Y tal vez no enten­di­mos bien todas las líneas.
Este pasa­je, por ejem­plo, que mori­ría­mos por aqué­llo que estimábamos.
Sin nin­gún áni­mo de morir, arries­ga­mos nues­tros cuer­pos como si fue­ran juguetes.
Has­ta cuan­do los días trans­cu­rrían tan des­pa­cio como el plo­mo, siem­pre tenía­mos prisa.
Tenía­mos pri­sa por luchar por aque­llo que estimábamos,
Sin saber que la tie­rra, egoís­ta, tam­bién nos esti­ma­ba a nosotros,
Sin adi­vi­nar que la tie­rra tam­bién tenía prisa.)

«Kirru­li» en el recuer­do, agur Alonso

Gotzon Ama­ro Lopez Bilbo

Se sue­le decir que una ima­gen vale más que mil pala­bras. Entre esas imá­ge­nes hay algu­nas que por la cru­de­za del momen­to que retra­tan, se incrus­tan en nues­tras memo­rias de tal for­ma que se vuel­ven imborrables.
Entre las muchas imá­ge­nes que retra­tan la recien­te his­to­ria de nues­tro pue­blo hay dos; no las úni­cas, que por la rabia, impo­ten­cia e incom­pren­sión que pro­du­cen al obser­var­las a mí per­so­nal­men­te me crea­ron un impac­to especial.
Son dos secuen­cias que trans­cu­rren en déca­das dife­ren­tes pero que tie­nen gran­des simi­li­tu­des. Dos déca­das, dos imá­ge­nes y dos cuer­pos de poli­cías «dife­ren­tes»? en una idén­ti­ca actuación.
La pri­me­ra, cro­no­ló­gi­ca­men­te la más cer­ca­na, tie­ne lugar en el año 1995 en el aero­puer­to de Hon­da­rri­bia. A la lle­ga­da de los res­tos de Lasa y Zaba­la la poli­cía espa­ño­la car­ga bru­tal­men­te con­tra las per­so­nas que allí espe­ra­ban. Pos­te­rior­men­te la Ertzain­tza es la encar­ga­da de secues­trar los cuer­pos y de car­gar en el cemen­te­rio con­tra los familiares.
Retra­yén­do­nos más en el tiem­po lle­ga­mos has­ta la ima­gen que ha ori­gi­na­do estas líneas. Es el año 1986. Trans­cu­rre por una cén­tri­ca calle de Bil­bao. Fami­lia­res y ami­gos por­tan el cuer­po sin vida de Jose­ba Asen­sio, «Kirru­li», pre­so polí­ti­co que falle­cía en la pri­sión de Herre­ra de La Man­cha a cau­sa de la des­aten­ción médi­ca a una gra­ve enfer­me­dad que padecía.
Había órde­nes de car­gar con­tra el fére­tro y la poli­cía se emplea­ba a fon­do con­tra las per­so­nas que esta­ban come­tien­do el deli­to de lle­var en sus hom­bros el cuer­po de Jose­ba. Los agen­tes de la poli­cía espa­ño­la apo­rrea­ban de for­ma bru­tal a las per­so­nas que se pro­te­gían así mis­mas, pero que sobre todo defen­dían el fére­tro con las úni­cas armas de sus manos.
Estoy con­ven­ci­do de que cual­quie­ra que haya vis­to estas imá­ge­nes se acor­da­rá de un hom­bre mayor, gran­de y robus­to que car­ga­do de la dig­ni­dad y fuer­za de estar defen­dien­do nada menos que el cuer­po ya sin vida de su hijo para­ba los porra­zos con sus pro­pias manos.
Se tra­ta­ba del aita de Jose­ba; Alon­so Asen­sio. Que segu­ra­men­te sin ser cons­cien­te de ello se con­ver­tía en un ejem­plo de dignidad.
Trans­cu­rri­dos mas de 21 años de estos suce­sos, el aita de Kirru­li, Alon­so Asen­sio, moría el pasa­do día 25 en Bil­bao. Un falle­ci­mien­to que ha pasa­do des­aper­ci­bi­do. Como segu­ra­men­te sería su deseo.
Y segu­ra­men­te una de las razo­nes por las que haya pasa­do más des­aper­ci­bi­do era que ese día nues­tra aten­ción esta­ba en la muer­te de Nati­vi­dad Junko.
Una trá­gi­ca casua­li­dad ha hecho coin­ci­dir en el mis­mo día el falle­ci­mien­to de dos per­so­nas cas­ti­ga­das direc­ta­men­te por una polí­ti­ca peni­ten­cia­ria que no ha traí­do más que muer­te y dolor para las per­so­nas encar­ce­la­das y para sus fami­lia­res y amigos.
Estas líneas pre­ten­den ser un peque­ño home­na­je a un aita que se ha ido sin reci­bir nin­gu­na expli­ca­ción lógi­ca de nin­gún res­pon­sa­ble polí­ti­co de por qué Jose­ba murió en la cárcel.
Quie­ren ser un home­na­je a la ima­gen de Alon­so; a la de Nati y es a la vez un home­na­je a otras miles de imá­ge­nes que inmor­ta­li­zan a dia­rio todos y cada una de los fami­lia­res de las y los repre­sa­lia­dos polí­ti­cos vascos.

Gotzon Ama­ro Lopez Bilbo

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