La Pri­ma­ve­ra Ára­be de 2011- Samir Amin

El año 2011 comen­zó con una serie de explo­sio­nes de ira atro­na­do­ras de los pue­blos ára­bes. ¿Va a dar ini­cio, con la pri­ma­ve­ra, una segun­da fase del des­per­tar del mun­do ára­be? ¿O bien estas revuel­tas van a ser piso­tea­das y al final abor­ta­das, como suce­dió en el pri­mer momen­to evo­ca­do en mi libro L’éveil du Sud (El des­per­tar del Sur)? En el pri­mer caso, los pro­gre­sos regis­tra­dos en el mun­do ára­be serán nece­sa­ria­men­te par­te del movi­mien­to de supera­ción del capi­ta­lis­mo y el impe­ria­lis­mo en todo el mun­do. Su fra­ca­so man­ten­dría al mun­do ára­be en su esta­do actual de peri­fe­ria domi­na­da, que le impe­di­ría eri­gir­se en agen­te acti­vo de la con­fi­gu­ra­ción del mun­do.
Siem­pre es peli­gro­so gene­ra­li­zar cuan­do se habla del mun­do ára­be, en la medi­da en que se igno­ra así la diver­si­dad de las con­di­cio­nes obje­ti­vas que carac­te­ri­zan a cada país den­tro de este con­jun­to. Por con­si­guien­te, cen­tra­ré mis siguien­tes refle­xio­nes en Egip­to, país del que pode­mos reco­no­cer sin difi­cul­tad el impor­tan­te papel que siem­pre ha desem­pe­ña­do en la evo­lu­ción gene­ral de la región.
Egip­to fue el pri­mer país de la peri­fe­ria del capi­ta­lis­mo mun­dial que inten­tó «emer­ger». Mucho antes que Japón y Chi­na, des­de prin­ci­pios del siglo XIX, Moha­med Alí había dise­ña­do e imple­men­ta­do un pro­yec­to de reno­va­ción de Egip­to y sus veci­nos en el Mash­req ára­be. Esta expe­rien­cia de gran enver­ga­du­ra duró dos ter­cios del siglo XIX y sólo per­dió fuer­za al final de la segun­da mitad del rei­na­do del Jedi­ve Ismail Pachá, duran­te la déca­da de 1870. El aná­li­sis de su fra­ca­so no pue­de igno­rar la vio­len­cia de la agre­sión exter­na a car­go de la gran poten­cia del capi­ta­lis­mo indus­trial de la épo­ca, Gran Bre­ta­ña. En dos oca­sio­nes, 1840 y más tar­de en la déca­da de 1870 al tomar el con­trol de las finan­zas de Egip­to, y por últi­mo con la ocu­pa­ción mili­tar en 1882, Ingla­te­rra per­si­guió con obs­ti­na­ción su obje­ti­vo: abor­tar el sur­gi­mien­to de un Egip­to moderno. Sin duda el pro­yec­to egip­cio tenía sus lími­tes, los que defi­nen la épo­ca, pues­to que fue, obvia­men­te, un pro­yec­to de emer­gen­cia en y por el capi­ta­lis­mo, a dife­ren­cia del pro­yec­to del segun­do inten­to egip­cio (1919−1967), sobre el que vol­ve­ré más ade­lan­te. Sin lugar a dudas las con­tra­dic­cio­nes socia­les espe­cí­fi­cas del pro­yec­to, como las ideas polí­ti­cas y las bases ideo­ló­gi­cas y cul­tu­ra­les en las que se desa­rro­lló, com­par­ten la res­pon­sa­bi­li­dad del fra­ca­so. El hecho es que sin la agre­sión del impe­ria­lis­mo estas con­tra­dic­cio­nes pro­ba­ble­men­te podrían haber­se supe­ra­do, como sugie­re el ejem­plo japo­nés.
Este Egip­to emer­gen­te derro­ta­do fue some­ti­do duran­te casi cua­ren­ta años (1880−1920) al esta­do de peri­fe­ria domi­na­da, cuyas estruc­tu­ras se vol­vie­ron a dise­ñar com­ple­ta­men­te para ajus­tar­se al mode­lo de acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta-impe­ria­lis­ta de la épo­ca. La regre­sión impues­ta gol­peó, más allá del sis­te­ma de pro­duc­ción del país, sus estruc­tu­ras polí­ti­cas y socia­les, y siem­pre tra­tó de refor­zar las con­cep­cio­nes ideo­ló­gi­cas y cul­tu­ra­les retró­gra­das y reac­cio­na­rias úti­les para man­te­ner al país en su con­di­ción de subor­di­na­ción.
Egip­to, es decir, su pue­blo, sus éli­tes, la nación que repre­sen­ta, nun­ca ha acep­ta­do esta con­di­ción. Esta obs­ti­na­da nega­ti­va moti­vó una segun­da olea­da de movi­mien­tos de carác­ter ascen­den­te y que cubrió el siguien­te medio siglo (des­de 1919 has­ta 1967). En efec­to, entien­do este perío­do como un tiem­po de lucha con­ti­nua y avan­ces impor­tan­tes. El obje­ti­vo era tri­ple: demo­cra­cia, inde­pen­den­cia nacio­nal y pro­gre­so social. Estos tres obje­ti­vos –por limi­ta­das y con­fu­sas que hayan sido en oca­sio­nes sus for­mu­la­cio­nes– son inse­pa­ra­bles. Esta inter­co­ne­xión de los obje­ti­vos es de hecho la expre­sión de los efec­tos de la inte­gra­ción del Egip­to moderno en el sis­te­ma del capi­ta­lis­mo impe­ria­lis­ta glo­ba­li­za­do de la épo­ca. En esta lec­tu­ra, el capí­tu­lo abier­to por la cris­ta­li­za­ción nas­se­ris­ta (1955−1967) no es otra cosa que el últi­mo capí­tu­lo de este tiem­po lar­go de flu­jo ascen­den­te de las luchas inau­gu­ra­do por la revo­lu­ción de 1919 – 1920.
El pri­mer momen­to de este medio siglo de pro­gre­sión de las luchas de eman­ci­pa­ción en Egip­to tie­ne como obje­ti­vo –con la for­ma­ción del par­ti­do Wafd en 1919– la moder­ni­za­ción polí­ti­ca, median­te la adop­ción de una for­ma bur­gue­sa de demo­cra­cia cons­ti­tu­cio­nal, y la recu­pe­ra­ción de la inde­pen­den­cia. La for­ma demo­crá­ti­ca ima­gi­na­da per­mi­tía un avan­ce de la secu­la­ri­za­ción –no era ple­na­men­te lai­ca– sim­bo­li­za­da por la ban­de­ra, que osten­ta­ba una com­bi­na­ción de la media luna y la cruz (ban­de­ra que ha reapa­re­ci­do en los acon­te­ci­mien­tos de enero y febre­ro de 2011). Las elec­cio­nes «nor­ma­les» per­mi­tían en esa épo­ca no sólo la elec­ción de cop­tos por par­te de mayo­rías musul­ma­nas, sino tam­bién el ejer­ci­cio de altos car­gos del Esta­do por estos mis­mos cop­tos, sin que esto plan­tea­se pro­ble­mas.
Toda la fuer­za del poder bri­tá­ni­co, con el apo­yo acti­vo del blo­que reac­cio­na­rio com­pues­to por la monar­quía, los terra­te­nien­tes y los cam­pe­si­nos ricos, se empleó en el inten­to de hacer retro­ce­der los avan­ces demo­crá­ti­cos del Egip­to waf­dis­ta. La dic­ta­du­ra de Sed­ki Pachá en la déca­da de 1930 (que abo­lió la cons­ti­tu­ción demo­crá­ti­ca de 1923) se enfren­tó al movi­mien­to estu­dian­til, que en esa épo­ca era la van­guar­dia de las luchas demo­crá­ti­cas anti­im­pe­ria­lis­tas. No es casua­li­dad que, para redu­cir el peli­gro, la emba­ja­da bri­tá­ni­ca y el pala­cio real apo­ya­ran acti­va­men­te la crea­ción de los Her­ma­nos Musul­ma­nes (1927), gru­po ins­pi­ra­do en el pen­sa­mien­to isla­mis­ta en su arcai­ca ver­sión sala­fis­ta waha­bí for­mu­la­da por Rachid Reda, es decir, la ver­sión más reac­cio­na­ria –anti­de­mo­crá­ti­ca y en con­tra del pro­gre­so social– del nue­vo Islam polí­ti­co.
Ante la con­quis­ta de Etio­pía por Mus­so­li­ni y la posi­bi­li­dad de una gue­rra mun­dial, Lon­dres se vio obli­ga­do a hacer con­ce­sio­nes a las fuer­zas demo­crá­ti­cas, lo que per­mi­tió el regre­so de los waf­dis­tas en 1936 y la fir­ma del Tra­ta­do anglo-egip­cio del mis­mo año; un Wafd, dicho sea de paso, mucho más «pru­den­te» que en su épo­ca ante­rior. La Segun­da Gue­rra Mun­dial cons­ti­tu­yó una espe­cie de parén­te­sis. Pero el flu­jo ascen­den­te de las luchas se reanu­dó, a par­tir del 21 de febre­ro de 1946, con la crea­ción del blo­que obre­ro-estu­dian­til, for­ta­le­ci­do en su radi­ca­li­za­ción por la apa­ri­ción de los comu­nis­tas y el movi­mien­to obre­ro. Una vez más, las fuer­zas de la reac­ción egip­cia, con el apo­yo de Lon­dres, se opu­sie­ron vio­len­ta­men­te y movi­li­za­ron a los Her­ma­nos Musul­ma­nes en apo­yo de una segun­da dic­ta­du­ra de Sed­ki Pachá, aun­que sin con­se­guir silen­ciar el movi­mien­to. Con el Wafd de regre­so al gobierno, su denun­cia del Tra­ta­do de 1936 y el comien­zo de la gue­rri­lla en la zona del Canal aún ocu­pa­da, sólo pudie­ron ser derro­ta­dos por el incen­dio de El Cai­ro (1951), una acción en la que estu­vie­ron invo­lu­cra­dos los Her­ma­nos Musul­ma­nes.
El pri­mer gol­pe de Esta­do de los ofi­cia­les libres (1952), pero sobre todo el segun­do con la toma del poder por Gamal Abdel Nas­ser (1954), coro­nó este perio­do de flu­jo ascen­den­te de las luchas, según algu­nos, o aca­bó con ellas, según otros. El nas­se­ris­mo sus­ti­tu­yó la lec­tu­ra que pro­pu­se del des­per­tar egip­cio por un dis­cur­so ideo­ló­gi­co que borra­ba de un plu­ma­zo toda la his­to­ria de los años 1919 – 1952 has­ta poner como fecha ini­cial de la revo­lu­ción egip­cia julio de 1952. En ese momen­to, muchos de los comu­nis­tas habían denun­cia­do este dis­cur­so y enten­dían que los gol­pes de 1952 y 1954 tenían como obje­ti­vo aca­bar con la radi­ca­li­za­ción del movi­mien­to demo­crá­ti­co. No se equi­vo­ca­ban, por­que el nas­se­ris­mo sólo cris­ta­li­zó como pro­yec­to anti­im­pe­ria­lis­ta des­pués de Ban­dung (abril 1955). En ese momen­to, el nas­se­ris­mo reali­zó lo que podía ofre­cer: una pos­tu­ra inter­na­cio­nal resuel­ta­men­te anti­im­pe­ria­lis­ta (aso­cia­da con los movi­mien­tos pan­ára­be y pan­afri­cano) jun­to a refor­mas socia­les pro­gre­sis­tas (pero no socia­lis­tas). Todo ello, orga­ni­za­do de arri­ba aba­jo, no sólo sin demo­cra­cia (prohi­bi­ción de que las cla­ses popu­la­res se orga­ni­za­sen para y por sí mis­mas), sino supri­mien­do toda for­ma de vida polí­ti­ca. El vacío así crea­do invi­ta­ba al lla­ma­do Islam polí­ti­co a lle­nar­lo. Así el pro­yec­to ago­tó su poten­cial pro­gre­sis­ta en un cor­to perío­do de tiem­po: diez años, des­de 1955 has­ta 1965. La pér­di­da de impul­so ofre­ció al impe­ria­lis­mo, aho­ra diri­gi­do por Esta­dos Uni­dos, la opor­tu­ni­dad de que­brar el movi­mien­to median­te la movi­li­za­ción de su ins­tru­men­to miliar regio­nal: Israel. La derro­ta de 1967 mar­có el final de este avan­ce de medio siglo. El reflu­jo lo ini­ció el pro­pio Nas­ser, eli­gien­do para ello el camino de las con­ce­sio­nes a la dere­cha (la infi­tah, es decir, la aper­tu­ra, enten­di­da como aper­tu­ra a la glo­ba­li­za­ción capi­ta­lis­ta) en lugar de la radi­ca­li­za­ción por la que lucha­ron, entre otros, los estu­dian­tes (cuyo movi­mien­to ocu­pó un lugar cen­tral en 1970, poco antes y des­pués de la muer­te de Nas­ser). Su suce­sor, Anuar Sadat, acen­tuó la deri­va a la dere­cha e inte­gró a los Her­ma­nos Musul­ma­nes en su sis­te­ma auto­crá­ti­co. Muba­rak segui­ría des­pués la mis­ma línea.
El siguien­te perío­do de reflu­jo (1967−2011) abar­ca casi medio siglo. Egip­to, suje­to a las exi­gen­cias del libe­ra­lis­mo glo­ba­li­za­do y a las estra­te­gias de Esta­dos Uni­dos, dejó de exis­tir como agen­te acti­vo a esca­la regio­nal e inter­na­cio­nal. En la región, los prin­ci­pa­les alia­dos de Esta­dos Uni­dos –Ara­bia Sau­dí e Israel– ocu­pa­ron el cen­tro de la esce­na. Israel pudo así avan­zar por la vía de la expan­sión de su colo­ni­za­ción de la Pales­ti­na ocu­pa­da, con la com­pli­ci­dad de Egip­to y los paí­ses del Gol­fo.
El Egip­to de Nas­ser había esta­ble­ci­do un sis­te­ma eco­nó­mi­co y social cri­ti­ca­ble pero cohe­ren­te. Nas­ser optó por la indus­tria­li­za­ción como medio de supera­ción de la espe­cia­li­za­ción inter­na­cio­nal impues­ta por el colo­nia­lis­mo, que limi­ta­ba al país al papel de expor­ta­dor de algo­dón. Este sis­te­ma indus­tria­li­za­dor poten­ció una dis­tri­bu­ción del ingre­so en bene­fi­cio de las cla­ses medias en expan­sión, sin que ello sig­ni­fi­ca­ra el empo­bre­ci­mien­to de las cla­ses popu­la­res. Sadat y Muba­rak pro­ce­die­ron al des­man­te­la­mien­to del sis­te­ma pro­duc­ti­vo egip­cio, que fue sus­ti­tui­do por otro com­ple­ta­men­te incohe­ren­te, basa­do exclu­si­va­men­te en la bús­que­da de ren­ta­bi­li­dad de las empre­sas, en su mayo­ría sub­con­tra­tis­tas del capi­tal de los mono­po­lios impe­ria­lis­tas. Las tasas de cre­ci­mien­to supues­ta­men­te ele­va­das de Egip­to, ala­ba­das des­de hace trein­ta años por el Ban­co Mun­dial, no tie­nen nin­gún sig­ni­fi­ca­do. El cre­ci­mien­to egip­cio es extre­ma­da­men­te vul­ne­ra­ble, y ade­más ha ido acom­pa­ña­do de un increí­ble aumen­to de la des­igual­dad y el des­em­pleo, que afec­ta a la mayo­ría de los jóve­nes. La situa­ción era explo­si­va… y explo­tó.
La apa­ren­te esta­bi­li­dad del régi­men que Washing­ton tan­to elo­gia­ba se basa­ba en una maqui­na­ria poli­cía­ca mons­truo­sa (1.200.000 hom­bres fren­te a sólo 5.000.000 en el ejér­ci­to), que per­pe­tra­ba el abu­so cri­mi­nal coti­diano. Las poten­cias impe­ria­lis­tas afir­ma­ban que este régi­men pro­te­gía a Egip­to de una alter­na­ti­va isla­mis­ta, lo que no es más que una bur­da men­ti­ra. De hecho, el régi­men había incor­po­ra­do ple­na­men­te al Islam polí­ti­co reac­cio­na­rio (según el mode­lo waha­bí del Gol­fo) en su sis­te­ma de poder, al con­ce­der­le la ges­tión de la edu­ca­ción, la jus­ti­cia y los gran­des medios (la tele­vi­sión en par­ti­cu­lar). El úni­co dis­cur­so per­mi­ti­do era el asig­na­do a las mez­qui­tas sala­fis­tas, lo que les pro­por­cio­na­ba la fic­ción de inten­tar pre­sen­tar­se como la opo­si­ción. La dupli­ci­dad cíni­ca del dis­cur­so del esta­blish­ment esta­dou­ni­den­se (y en este sen­ti­do Oba­ma no es dife­ren­te de Bush) sir­ve per­fec­ta­men­te a sus obje­ti­vos. El apo­yo de fac­to al Islam polí­ti­co des­tru­ye la capa­ci­dad de la socie­dad para hacer fren­te a los desa­fíos del mun­do moderno (que está detrás de la degra­da­ción catas­tró­fi­ca de la edu­ca­ción y la inves­ti­ga­ción), mien­tras que la denun­cia oca­sio­nal de sus abu­sos (el ase­si­na­to de cop­tos, por ejem­plo) sir­ve para legi­ti­mar las inter­ven­cio­nes mili­ta­res de Washing­ton, dedi­ca­do a la lla­ma­da «gue­rra con­tra el terro­ris­mo». El régi­men egip­cio podía pare­cer tole­ra­ble mien­tras fun­cio­nó la vál­vu­la de segu­ri­dad de la emi­gra­ción masi­va de las cla­ses medias y bajas a los paí­ses petro­le­ros. El ago­ta­mien­to de este sis­te­ma (la sus­ti­tu­ción de tra­ba­ja­do­res de los paí­ses ára­bes por inmi­gran­tes asiá­ti­cos) ha lle­va­do al resur­gi­mien­to de las resis­ten­cias. Las huel­gas obre­ras de 2007 –las más impor­tan­tes del con­ti­nen­te afri­cano en 50 años – , la resis­ten­cia obs­ti­na­da de los peque­ños agri­cul­to­res ame­na­za­dos de expro­pia­ción por par­te del capi­ta­lis­mo agra­rio, la for­ma­ción de círcu­los de pro­tes­ta demo­crá­ti­ca en las cla­ses medias (los movi­mien­tos Kefa­ya y Seis de abril) anun­cia­ban la inevi­ta­ble explo­sión, que los egip­cios espe­ra­ban aun­que sor­pren­die­ra a los lla­ma­dos obser­va­do­res inter­na­cio­na­les. Esta­mos entran­do pues a una nue­va fase de aumen­to de las luchas de libe­ra­ción, de las que ten­dre­mos que ana­li­zar su direc­ción y desa­rro­llo.

Los com­po­nen­tes del movi­mien­to demo­crá­ti­co

La revo­lu­ción egip­cia en cur­so ilus­tra la posi­bi­li­dad del anun­cia­do fin del sis­te­ma neo­li­be­ral, obje­to de cues­tio­na­mien­to en todas sus dimen­sio­nes: polí­ti­ca, eco­nó­mi­ca y social. Este masi­vo movi­mien­to del pue­blo egip­cio com­bi­na tres com­po­nen­tes acti­vos: los jóve­nes «repo­li­ti­za­dos» por pro­pia volun­tad y en for­mas «moder­nas» que ellos mis­mos han inven­ta­do, las fuer­zas de la izquier­da radi­cal y las fuer­zas reu­ni­das por los demó­cra­tas de cla­se media.
Los jóve­nes (en torno a un millón de acti­vis­tas) han sido la pun­ta de lan­za del movi­mien­to. A ellos se unie­ron de inme­dia­to la izquier­da radi­cal y los demó­cra­tas de cla­se media. Los Her­ma­nos Musul­ma­nes, cuyos diri­gen­tes habían lla­ma­do a un boi­cot de las pro­tes­tas los pri­me­ros cua­tro días (per­sua­di­dos de que la repre­sión las barre­ría) sólo acep­ta­ron el movi­mien­to más tar­de, cuan­do la lla­ma­da, oída por todo el pue­blo egip­cio, había pro­du­ci­do ya gran­des movi­li­za­cio­nes de 15 millo­nes de mani­fes­tan­tes.
Los jóve­nes y la izquier­da radi­cal per­si­guen tres obje­ti­vos comu­nes: la res­tau­ra­ción de la demo­cra­cia (fin del régi­men mili­tar y poli­cial), la ins­tau­ra­ción de una nue­va polí­ti­ca eco­nó­mi­ca y social favo­ra­ble a las cla­ses popu­la­res (rup­tu­ra con las exi­gen­cias del libe­ra­lis­mo glo­ba­li­za­do) y una polí­ti­ca inter­na­cio­nal inde­pen­dien­te (rup­tu­ra con la sumi­sión a las exi­gen­cias hege­mó­ni­cas de Esta­dos Uni­dos y al des­plie­gue de su con­trol mili­tar sobre el pla­ne­ta). La revo­lu­ción demo­crá­ti­ca a la que con­vo­can es una revo­lu­ción demo­crá­ti­ca, anti­im­pe­ria­lis­ta y social. Aun­que el movi­mien­to juve­nil sigue diver­si­fi­ca­do en su com­po­si­ción social y sus expre­sio­nes polí­ti­cas e ideo­ló­gi­cas, en su con­jun­to se sitúa a la izquier­da. Las rotun­das mani­fes­ta­cio­nes espon­tá­neas de sim­pa­tía con la izquier­da radi­cal dan tes­ti­mo­nio de su orien­ta­ción.
Glo­bal­men­te, las cla­ses medias se ubi­can en torno a un úni­co obje­ti­vo de demo­cra­cia, sin poner nece­sa­ria­men­te en cues­tión el mer­ca­do en su esta­do actual o el ali­nea­mien­to inter­na­cio­nal de Egip­to. No debe­mos igno­rar el papel de un gru­po de blo­gue­ros que par­ti­ci­pan –a sabien­das o no– en una ver­da­de­ra cons­pi­ra­ción orga­ni­za­da por la CIA. Sus diri­gen­tes son en su mayo­ría jóve­nes de cla­se alta, ame­ri­ca­ni­za­dos en extre­mo, que sin embar­go adop­tan la pose de con­tes­ta­ta­rios con­tra las dic­ta­du­ras exis­ten­tes. El tema de la demo­cra­cia, en una ver­sión impues­ta mani­pu­la­da por Washing­ton, domi­na sus inter­ven­cio­nes en la red. Con ello par­ti­ci­pan en la cade­na de acto­res de las con­tra­rre­vo­lu­cio­nes orques­ta­das por Esta­dos Uni­dos, bajo el dis­fraz de revo­lu­cio­nes demo­crá­ti­cas, según el mode­lo de las revo­lu­cio­nes de colo­res de Euro­pa del Este.
Sin embar­go sería erró­neo sacar la con­clu­sión de que este com­plot es la cau­sa de las revuel­tas popu­la­res. La CIA sigue tra­tan­do de tor­cer el sen­ti­do del movi­mien­to, de ale­jar a los mili­tan­tes de sus obje­ti­vos de trans­for­ma­ción social pro­gre­sis­ta y enca­mi­nar­los hacia otros terre­nos. Las posi­bi­li­da­des de éxi­to de este com­plot son altas si el movi­mien­to en su con­jun­to fra­ca­sa en la cons­truc­ción de con­ver­gen­cias entre sus dife­ren­tes com­po­nen­tes, en la iden­ti­fi­ca­ción de obje­ti­vos estra­té­gi­cos comu­nes y en la inven­ción de for­mas de orga­ni­za­ción y acción efec­ti­vas. Hay ejem­plos de este fra­ca­so en Fili­pi­nas e Indo­ne­sia, por ejem­plo. Es intere­san­te seña­lar aquí que nues­tros blog­gers, que se expre­san en inglés en vez de ára­be, lan­za­dos en defen­sa de la demo­cra­cia a la ame­ri­ca­na, expo­nen con fre­cuen­cia argu­men­tos de legi­ti­ma­ción de los Her­ma­nos Musul­ma­nes.
La lla­ma­da a la pro­tes­ta que hicie­ron los tres com­po­nen­tes acti­vos del movi­mien­to cap­tó rápi­da­men­te los oídos de todo el pue­blo egip­cio. La repre­sión, de una vio­len­cia extre­ma los pri­me­ros días (más de un millar de muer­tos) no des­ani­mó a los jóve­nes y sus alia­dos (que en nin­gún momen­to lla­ma­ron en su ayu­da a las poten­cias occi­den­ta­les como hemos vis­to en otros luga­res). Su cora­je fue el fac­tor deci­si­vo que lle­vó la pro­tes­ta a todos los barrios de las ciu­da­des, gran­des y peque­ñas, y pue­blos; quin­ce millo­nes de mani­fes­tan­tes de mane­ra per­ma­nen­te, duran­te días y días (y a veces noches). Este éxi­to polí­ti­co ful­mi­nan­te tuvo sus efec­tos: el mie­do había cam­bia­do de ban­do. Hillary Clin­ton y Oba­ma des­cu­brie­ron enton­ces que tenían que aban­do­nar a Muba­rak, a quien has­ta enton­ces habían apo­ya­do, mien­tras que los líde­res del ejér­ci­to salían del silen­cio, se nega­ban a tomar el rele­vo de la repre­sión –ponien­do a sal­vo así su ima­gen– y final­men­te depo­nían a Muba­rak y a algu­nos de sus prin­ci­pa­les secua­ces.
La gene­ra­li­za­ción del movi­mien­to a todo el pue­blo egip­cio es en sí mis­ma un reto posi­ti­vo. Pues este pue­blo, como todos los demás, está lejos de for­mar un con­jun­to homo­gé­neo. Algu­nos de los seg­men­tos que lo com­po­nen refuer­zan, sin duda, la pers­pec­ti­va de una radi­ca­li­za­ción posi­ble. La entra­da en la lucha de la cla­se tra­ba­ja­do­ra (alre­de­dor de 5 millo­nes de tra­ba­ja­do­res) pue­de ser deci­si­va. Los tra­ba­ja­do­res en lucha en las nume­ro­sas huel­gas han hecho avan­zar las for­mas de orga­ni­za­ción ini­cia­das en 2007. En la actua­li­dad ya hay más de de cin­cuen­ta sin­di­ca­tos inde­pen­dien­tes. La tenaz resis­ten­cia de los peque­ños agri­cul­to­res a las expro­pia­cio­nes, que se ha hecho posi­ble gra­cias a la can­ce­la­ción de la ley de Refor­ma Agra­ria (los Her­ma­nos Musul­ma­nes en el par­la­men­to vota­ron a favor de leyes injus­tas, argu­men­tan­do que la pro­pie­dad pri­va­da es sagra­da para el Islam y que la refor­ma agra­ria está ins­pi­ra­da por el demo­nio comu­nis­ta), tam­bién con­tri­bu­ye a la radi­ca­li­za­ción del movi­mien­to. Sin embar­go que­da una enor­me masa de pobres que par­ti­ci­pa­ron acti­va­men­te en los acon­te­ci­mien­tos de febre­ro de 2011 y que se encuen­tran a menu­do en los comi­tés popu­la­res for­ma­dos en los barrios para defen­der la revo­lu­ción. Estos pobres pue­den dar la impre­sión (por las bar­bas, los velos, la ves­ti­men­ta) de que el país pro­fun­do es islá­mi­co o está movi­li­za­do por los Her­ma­nos Musul­ma­nes. De hecho su apa­ri­ción en la polí­ti­ca se impu­so al lide­raz­go de la orga­ni­za­ción. Así pues, se ha dado ya la señal de sali­da a la carre­ra: ¿quién con­se­gui­rá for­mu­lar alian­zas efi­ca­ces con las masas des­orien­ta­das, y even­tual­men­te «encua­drar­las», tér­mino que per­so­nal­men­te recha­zo: los Her­ma­nos y sus isla­mis­tas aso­cia­dos (sala­fis­tas) o la alian­za demo­crá­ti­ca?
Se están dan­do pasos sig­ni­fi­ca­ti­vos en la cons­truc­ción de un fren­te uni­do de fuer­zas demo­crá­ti­cas y tra­ba­ja­do­res. Cin­co par­ti­dos de orien­ta­ción socia­lis­ta, el Par­ti­do Socia­lis­ta Egip­cio, la Alian­za Popu­lar Demo­crá­ti­ca –en su mayor par­te ex miem­bros del par­ti­do Tagam­mu– el Par­ti­do Demo­crá­ti­co de los Tra­ba­ja­do­res, el trots­kis­ta Par­ti­do Socia­lis­ta Revo­lu­cio­na­rio y el Par­ti­do Comu­nis­ta egip­cio, ex com­po­nen­te de Tagam­mu, for­ma­ron en abril de 2011 una alian­za de las fuer­zas socia­lis­tas y se com­pro­me­tie­ron a con­ti­nuar luchan­do en con­jun­to a tra­vés de ella.
Mien­tras tan­to se ha for­ma­do un Con­se­jo Nacio­nal (Maglis Watany) cons­ti­tui­do por todas las fuer­zas polí­ti­cas y los acto­res del movi­mien­to (par­ti­dos de orien­ta­ción socia­lis­ta, diver­sos par­ti­dos demo­crá­ti­cos, sin­di­ca­tos inde­pen­dien­tes, orga­ni­za­cio­nes cam­pe­si­nas, redes de jóve­nes y nume­ro­sos gru­pos socia­les.) Los Her­ma­nos Musul­ma­nes y los par­ti­dos de dere­cha se han nega­do a par­ti­ci­par en este Con­se­jo, reafir­man­do lo que ya sabe­mos: su opo­si­ción a la con­ti­nua­ción del movi­mien­to. El Con­se­jo reúne apro­xi­ma­da­men­te a 150 miem­bros.

Fren­te al movi­mien­to demo­crá­ti­co, el blo­que reac­cio­na­rio

Al igual que en el pasa­do perío­do de cre­ci­mien­to de las luchas, el movi­mien­to demo­crá­ti­co anti­im­pe­ria­lis­ta y social se enfren­ta en Egip­to a un blo­que reac­cio­na­rio de gran poder. Este blo­que pue­de iden­ti­fi­car­se en tér­mi­nos de sus com­po­nen­tes socia­les (de cla­ses, obvia­men­te), pero tam­bién debe iden­ti­fi­car­se en rela­ción con los que defi­nen sus medios de acción polí­ti­ca y el dis­cur­so ideo­ló­gi­co al ser­vi­cio de dicha acción.
En tér­mi­nos socia­les, el blo­que reac­cio­na­rio está diri­gi­do por la bur­gue­sía egip­cia en su con­jun­to. Las for­mas de acu­mu­la­ción depen­dien­te de los últi­mos 40 años han pro­pi­cia­do la apa­ri­ción de una bur­gue­sía rica, bene­fi­cia­ria exclu­si­va de la des­igual­dad escan­da­lo­sa que acom­pa­ña a este mode­lo libe­ral-glo­ba­li­za­do. Se tra­ta de dece­nas de miles no de empre­sa­rios crea­ti­vos –como el dis­cur­so del Ban­co Mun­dial los pre­sen­ta– sino de millo­na­rios y mul­ti­mi­llo­na­rios que deben su for­tu­na, todos ellos, a su con­ni­ven­cia con el apa­ra­to polí­ti­co (la corrup­ción es un com­po­nen­te orgá­ni­co del sis­te­ma). Esta bur­gue­sía com­pra­do­ra (en el actual len­gua­je polí­ti­co de Egip­to la gen­te los lla­ma pará­si­tos corrup­tos) apo­ya acti­va­men­te la inclu­sión de Egip­to en la glo­ba­li­za­ción impe­ria­lis­ta con­tem­po­rá­nea y es alia­da incon­di­cio­nal de Esta­dos Uni­dos.
Esta bur­gue­sía tie­ne en sus filas a muchos gene­ra­les del ejér­ci­to y la poli­cía, a civi­les vin­cu­la­dos con el Esta­do y el par­ti­do gober­nan­te (Nacio­nal Demo­crá­ti­co), crea­do por Sadat y Muba­rak, a reli­gio­sos (los líde­res de los Her­ma­nos Musul­ma­nes y los jeques de Al-Azhar, todos ellos mul­ti­mi­llo­na­rios). Cier­ta­men­te, toda­vía hay bur­gue­sía com­pues­ta de peque­ños y media­nos empre­sa­rios acti­vos. Pero éstos tam­bién son víc­ti­mas del sis­te­ma de extor­sión crea­do por la bur­gue­sía com­pra­do­ra, y están con fre­cuen­cia redu­ci­dos a la con­di­ción de sub­con­tra­tis­tas domi­na­dos por los mono­po­lios loca­les, que a su vez son correas de trans­mi­sión de los mono­po­lios extran­je­ros. En el sec­tor de la cons­truc­ción hay un prin­ci­pio casi uni­ver­sal: los «gran­des» con­si­guen las adju­di­ca­cio­nes de obras, que lue­go sub­con­tra­tan a los «peque­ños». Esta bur­gue­sía de empre­sa­rios empren­de­do­res ve con ver­da­de­ra sim­pa­tía el movi­mien­to demo­crá­ti­co.
La ver­tien­te rural del blo­que reac­cio­na­rio no es menos impor­tan­te. Se com­po­ne de cam­pe­si­nos ricos que han sido los prin­ci­pa­les bene­fi­cia­rios de la refor­ma agra­ria nas­se­ris­ta, y que sus­ti­tu­ye­ron a la anti­gua cla­se de los gran­des terra­te­nien­tes. Las coope­ra­ti­vas agrí­co­las crea­das por el régi­men nas­se­ris­ta aso­cia­ban a los peque­ños agri­cul­to­res y los cam­pe­si­nos ricos, con un fun­cio­na­mien­to que bene­fi­cia­ba prin­ci­pal­men­te a éstos. Sin embar­go, el régi­men toma­ba medi­das para limi­tar los posi­bles per­jui­cios a los peque­ños agri­cul­to­res. Más tar­de, estas medi­das fue­ron aban­do­na­das por Sadat y Muba­rak, por reco­men­da­ción del Ban­co Mun­dial, y el cam­pe­si­na­do rico ace­le­ró la des­apa­ri­ción de los peque­ños agri­cul­to­res. Los cam­pe­si­nos ricos siem­pre han sido una cla­se reac­cio­na­ria en el moderno Egip­to, y aho­ra lo son más que nun­ca. Tam­bién son el apo­yo prin­ci­pal del Islam con­ser­va­dor en el cam­po y, a tra­vés de su estre­cha rela­ción (a menu­do fami­liar) con los repre­sen­tan­tes del apa­ra­to del Esta­do y la reli­gión, (Al Azhar es el equi­va­len­te de una igle­sia musul­ma­na orga­ni­za­da) domi­nan la vida social rural. Ade­más gran par­te de las cla­ses medias urba­nas (no sólo los ofi­cia­les del ejér­ci­to y la poli­cía, sino tam­bién los tec­nó­cra­tas y pro­fe­sio­na­les) han sur­gi­do direc­ta­men­te del cam­pe­si­na­do rico.
Este blo­que social reac­cio­na­rio dis­po­ne de ins­tru­men­tos polí­ti­cos a su ser­vi­cio: el ejér­ci­to y la poli­cía, las ins­ti­tu­cio­nes del Esta­do, un par­ti­do polí­ti­co pri­vi­le­gia­do –el Par­ti­do Nacio­nal Demo­crá­ti­co, crea­do por Sadat, y par­ti­do úni­co de fac­to – , el apa­ra­to reli­gio­so (con su cen­tro en Al Azhar) y las corrien­tes del Islam polí­ti­co (los Her­ma­nos Musul­ma­nes y los sala­fis­tas).
La ayu­da mili­tar con­ce­di­da por Esta­dos Uni­dos al ejér­ci­to egip­cio (1.500 millo­nes de dóla­res anua­les) nun­ca estu­vo des­ti­na­da a for­ta­le­cer la capa­ci­dad defen­si­va del país, sino, al con­tra­rio, a ani­qui­lar este peli­gro median­te la corrup­ción sis­te­má­ti­ca, no sólo cono­ci­da y tole­ra­da sino tam­bién apo­ya­da de mane­ra posi­ti­va, con autén­ti­co cinis­mo. Esta supues­ta ayu­da ha per­mi­ti­do a los ofi­cia­les de más alto ran­go apro­piar­se de gran­des sec­to­res de la eco­no­mía egip­cia com­pra­do­ra, has­ta el pun­to de que en Egip­to se habla de la socie­dad anó­ni­ma-mili­tar (Sha­ri­ka al geish). El man­do del ejér­ci­to que ha toma­do la res­pon­sa­bi­li­dad de diri­gir el perío­do de tran­si­ción no es por lo tan­to neu­tral, aun­que haya toma­do la pre­cau­ción de pare­cer­lo, al des­vin­cu­lar­se de la repre­sión. El gobierno civil a sus órde­nes (cuyos miem­bros han sido nom­bra­dos por el alto man­do), inte­gra­do en par­te por hom­bres del anti­guo régi­men ele­gi­dos entre las per­so­nas de más bajo per­fil, ha toma­do una serie de medi­das per­fec­ta­men­te reac­cio­na­rias para fre­nar la radi­ca­li­za­ción del movi­mien­to.
Entre estas medi­das figu­ra una per­ver­sa legis­la­ción con­tra la huel­ga, so pre­tex­to de reac­ti­var la eco­no­mía; ade­más de una ley que impo­ne seve­ras res­tric­cio­nes a la for­ma­ción de par­ti­dos polí­ti­cos a fin de per­mi­tir la entra­da en el jue­go elec­to­ral úni­ca­men­te a las corrien­tes del Islam polí­ti­co (los Her­ma­nos Musul­ma­nes en par­ti­cu­lar) ya bien orga­ni­za­das gra­cias al apo­yo sis­te­má­ti­co del régi­men ante­rior. Y sin embar­go, a pesar de todo esto, la acti­tud del ejér­ci­to sigue sien­do en últi­ma ins­tan­cia impre­de­ci­ble. Por­que, a pesar de la corrup­ción de sus cua­dros (los sol­da­dos son cons­crip­tos, pero los ofi­cia­les son pro­fe­sio­na­les), el sen­ti­mien­to nacio­na­lis­ta no está ausen­te en todos los casos. Ade­más, el ejér­ci­to lamen­ta haber sido prác­ti­ca­men­te des­car­ta­do del poder en bene­fi­cio de la poli­cía. En estas cir­cuns­tan­cias, y dado que el movi­mien­to ha expre­sa­do fir­me­men­te su deseo de sepa­rar al ejér­ci­to de la direc­ción polí­ti­ca del país, es pro­ba­ble que el alto man­do con­si­de­re en un futu­ro per­ma­ne­cer entre bas­ti­do­res, renun­cian­do a pre­sen­tar a sus hom­bres en las pró­xi­mas elec­cio­nes.
Si bien, obvia­men­te, el apa­ra­to poli­cial se man­tie­ne intac­to (no se con­tem­plan actua­cio­nes judi­cia­les con­tra sus fun­cio­na­rios), tal como el con­jun­to del apa­ra­to esta­tal (los nue­vos gober­nan­tes son todos del anti­guo régi­men), el Par­ti­do Demo­crá­ti­co Nacio­nal ha des­apa­re­ci­do en la tor­men­ta y su diso­lu­ción ha sido san­cio­na­da por los tri­bu­na­les. Sin embar­go, pode­mos tener con­fian­za en la bur­gue­sía egip­cia: no cabe duda de que sabrá hacer revi­vir a su par­ti­do bajo nue­vos nom­bres.

El Islam polí­ti­co

Los Her­ma­nos Musul­ma­nes son la úni­ca fuer­za polí­ti­ca que el régi­men no sólo había tole­ra­do sino que había apo­ya­do acti­va­men­te en su desa­rro­llo. Sadat y Muba­rak les con­fia­ron la ges­tión de tres ins­ti­tu­cio­nes bási­cas: la edu­ca­ción, la jus­ti­cia y la tele­vi­sión. Los Her­ma­nos Musul­ma­nes no han sido nun­ca, ni pue­den ser, «mode­ra­dos» y mucho menos «demo­crá­ti­cos». Su líder –el mour­chid (en ára­be, guía o Füh­rer)– lo es por acla­ma­ción y la orga­ni­za­ción se basa en el prin­ci­pio de la dis­ci­pli­na y el cum­pli­mien­to de las órde­nes de los jefes, sin deba­te de nin­gún tipo. La direc­ción está com­pues­ta exclu­si­va­men­te por hom­bres inmen­sa­men­te ricos (gra­cias, entre otras cosas, al apo­yo finan­cie­ro de Ara­bia Sau­dí, es decir, de Washing­ton), los cua­dros los for­man hom­bres sur­gi­dos de las fac­cio­nes oscu­ran­tis­tas de las cla­ses medias, y la base está com­pues­ta por per­so­nas corrien­tes reclu­ta­das por los ser­vi­cios socia­les que ofre­ce la Her­man­dad, siem­pre finan­cia­dos por Ara­bia Sau­dí. Al mis­mo tiem­po, las fuer­zas de cho­que están for­ma­das por mili­cias (los bal­ta­guis) reclu­ta­das en el lum­pen.
Los Her­ma­nos Musul­ma­nes son par­ti­da­rios de un sis­te­ma eco­nó­mi­co basa­do en el mer­ca­do y total­men­te depen­dien­te del exte­rior. En reali­dad, son un com­po­nen­te de la bur­gue­sía com­pra­do­ra. Tam­bién han toma­do posi­ción con­tra las gran­des huel­gas de la cla­se obre­ra y las luchas de los cam­pe­si­nos para con­ser­var la pro­pie­dad de su tie­rra. Los Her­ma­nos Musul­ma­nes sólo son «mode­ra­dos» en el doble sen­ti­do de que siem­pre se han nega­do a for­mu­lar un pro­gra­ma eco­nó­mi­co y social pro­pio, y de que por esta mis­ma razón no cues­tio­nan las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les reac­cio­na­rias y acep­tan en la prác­ti­ca la sumi­sión a las exi­gen­cias de la imple­men­ta­ción del con­trol de EE.UU. en el mun­do y en la región. Por lo tan­to son alia­dos úti­les para Washing­ton (¿hay un alia­do mejor de Esta­dos Uni­dos que Ara­bia Sau­dí, el patrón de los Her­ma­nos?), quien les ha otor­ga­do un «cer­ti­fi­ca­do de demo­cra­cia».
Pero Esta­dos Uni­dos no pue­de admi­tir públi­ca­men­te que su estra­te­gia tie­ne como obje­ti­vo esta­ble­cer regí­me­nes islá­mi­cos en la región. Tie­ne que fin­gir que le dan mie­do. De este modo legi­ti­ma su «gue­rra per­ma­nen­te con­tra el terro­ris­mo», que en reali­dad per­si­gue otros obje­ti­vos: el con­trol mili­tar del pla­ne­ta con el fin de reser­var para Esta­dos Uni­dos-Euro­pa-Japón el acce­so exclu­si­vo a los recur­sos. Una ven­ta­ja adi­cio­nal de esta dupli­ci­dad es que per­mi­te movi­li­zar la isla­mo­fo­bia de la opi­nión públi­ca. Euro­pa, como sabe­mos, no tie­ne una estra­te­gia espe­cí­fi­ca para la región y se con­ten­ta con ali­near­se a las deci­sio­nes coti­dia­nas de Washing­ton.
Es más nece­sa­rio que nun­ca poner en evi­den­cia la dupli­ci­dad real de la estra­te­gia de Esta­dos Uni­dos, cuya opi­nión públi­ca, hábil­men­te mani­pu­la­da, se man­tie­ne en la inopia. Más que a cual­quier otra cosa Esta­dos Uni­dos (y Euro­pa en su este­la) sien­te temor ante un Egip­to ver­da­de­ra­men­te demo­crá­ti­co que, sin duda, pon­dría en cues­tión su ali­nea­mien­to con el libe­ra­lis­mo eco­nó­mi­co y la estra­te­gia agre­si­va de Esta­dos Uni­dos y la OTAN. Harán cual­quier cosa para que Egip­to no sea demo­crá­ti­co y, con este fin, apo­ya­rán por todos los medios, pero con hipo­cre­sía, la fal­sa alter­na­ti­va de los Her­ma­nos Musul­ma­nes, que han demos­tra­do ser sólo una mino­ría en el movi­mien­to del pue­blo egip­cio por un cam­bio real.
La colu­sión entre las poten­cias impe­ria­lis­tas y el Islam polí­ti­co no es, en reali­dad, ni nue­va ni pro­pia de Egip­to. Los Her­ma­nos Musul­ma­nes, des­de su crea­ción en 1927 has­ta hoy, han sido siem­pre un alia­do útil para el impe­ria­lis­mo y el blo­que reac­cio­na­rio local y ade­más siem­pre han sido enemi­gos fero­ces de los movi­mien­tos demo­crá­ti­cos. Y no serán los mul­ti­mi­llo­na­rios que diri­gen hoy la Her­man­dad quie­nes se unan a la cau­sa demo­crá­ti­ca. El Islam polí­ti­co es igual­men­te el alia­do estra­té­gi­co de Esta­dos Uni­dos y sus socios meno­res de la OTAN en todo el mun­do musul­mán. Washing­ton ha arma­do y finan­cia­do a los tali­ba­nes, a los que cali­fi­có de free­dom figh­ters en su gue­rra con­tra el régi­men nacio­nal popu­lar cali­fi­ca­do de comu­nis­ta (antes y des­pués de la inva­sión sovié­ti­ca). Cuan­do los tali­ba­nes cerra­ron las escue­las de niñas crea­das por los «comu­nis­tas», Washing­ton halló algu­nos «demó­cra­tas» e inclu­so algu­nas «femi­nis­tas» que recla­ma­ban un supues­to res­pe­to a las tra­di­cio­nes.
En Egip­to, los Her­ma­nos Musul­ma­nes tie­nen aho­ra el apo­yo de la corrien­te sala­fis­ta, tam­bién finan­cia­da abun­dan­te­men­te por los paí­ses del Gol­fo. Los sala­fis­tas se cali­fi­can de extre­mis­tas (waha­bíes con­ven­ci­dos, into­le­ran­tes fren­te a cual­quier otra inter­pre­ta­ción del Islam) y son los pro­mo­to­res de los ase­si­na­tos sis­te­má­ti­cos de los cop­tos. Son ope­ra­cio­nes difí­ci­les de ima­gi­nar sin el apo­yo táci­to (y una com­pli­ci­dad a veces mayor) de los apa­ra­tos esta­ta­les, en par­ti­cu­lar de la Jus­ti­cia, en gran par­te con­fia­da a los Her­ma­nos Musul­ma­nes. Esta extra­ña divi­sión del tra­ba­jo per­mi­te a los Her­ma­nos Musul­ma­nes apa­re­cer como mode­ra­dos, tal como Washing­ton pre­ten­de que se crea. Sin embar­go, hay luchas vio­len­tas en pers­pec­ti­va den­tro de los movi­mien­tos reli­gio­sos islá­mi­cos en Egip­to. Por­que el Islam egip­cio his­tó­ri­ca­men­te domi­nan­te es sufí, y sus her­man­da­des agru­pan a 15 millo­nes de segui­do­res. Es un Islam abier­to, tole­ran­te, que hace hin­ca­pié en la con­vic­ción indi­vi­dual y no en la prác­ti­ca de ritua­les («hay tan­tas vías hacia Dios como indi­vi­duos», afir­man), el sufis­mo egip­cio ha sido siem­pre vis­to con sos­pe­cha por los pode­res del Esta­do que, sin embar­go, blan­dien­do el palo y la zanaho­ria, han evi­ta­do entrar en gue­rra abier­ta con­tra él. El Islam waha­bí del Gol­fo es su opues­to: arcai­co, ritua­lis­ta, con­for­mis­ta, enemi­go decla­ra­do de cual­quier inter­pre­ta­ción dis­tin­ta de la suya, que no es más que un sim­ple reci­ta­do de los tex­tos, enemi­go de todo espí­ri­tu crí­ti­co, al que com­pa­ra con el dia­blo. El Islam waha­bí ha decla­ra­do la gue­rra al sufis­mo y pre­ten­de erra­di­car­lo, para lo cual cuen­ta con el apo­yo de las auto­ri­da­des. Por su par­te, los sufíes son secu­la­ri­za­do­res, si no lai­cos, y lla­man a la sepa­ra­ción de la reli­gión y la polí­ti­ca (el poder del Esta­do y las auto­ri­da­des reli­gio­sas que éste reco­no­ce: Al Azhar). Los sufíes son alia­dos del movi­mien­to demo­crá­ti­co. El pre­cur­sor de la intro­duc­ción del Islam waha­bí en Egip­to fue Rachid Reda, en la déca­da de 1920, y en 1927 fue­ron los Her­ma­nos Musul­ma­nes quie­nes toma­ron el rele­vo. Pero este movi­mien­to isla­mis­ta sólo adqui­rió su fuer­za actual des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, cuan­do la ren­ta petro­le­ra de los paí­ses del Gol­fo, apo­ya­dos por Esta­dos Uni­dos en con­flic­to con la ola de libe­ra­ción nacio­nal popu­lar de la déca­da de 1960, per­mi­tió mul­ti­pli­car sus medios finan­cie­ros.

La estra­te­gia de Esta­dos Uni­dos: el mode­lo paquis­ta­ní

Las tres poten­cias que han domi­na­do el esce­na­rio de Orien­te Medio duran­te todo el perío­do de reflu­jo (1967−2011) son: Esta­dos Uni­dos, patrón del sis­te­ma, Ara­bia Sau­dí e Israel. Se tra­ta de tres alia­dos ínti­mos. Los tres com­par­ten el mis­mo temor obse­si­vo a la emer­gen­cia de un Egip­to demo­crá­ti­co. Por­que éste sólo podría ser anti­im­pe­ria­lis­ta y social, toma­ría sus dis­tan­cias del libe­ra­lis­mo mun­dial, con­de­na­ría a Ara­bia Sau­dí y a los paí­ses del Gol­fo a la insig­ni­fi­can­cia, reani­ma­ría la soli­da­ri­dad de los pue­blos ára­bes e impon­dría a Israel el reco­no­ci­mien­to del Esta­do pales­tino.
Egip­to es una pie­dra angu­lar en la estra­te­gia esta­dou­ni­den­se para con­tro­lar el pla­ne­ta. El obje­ti­vo exclu­si­vo de Washing­ton y sus alia­dos Israel y Ara­bia Sau­dí es con­se­guir que abor­te el movi­mien­to demo­crá­ti­co en Egip­to; con ese fin, quie­ren impo­ner un «régi­men islá­mi­co» diri­gi­do por los Her­ma­nos Musul­ma­nes, que es el úni­co medio que tie­nen para per­pe­tuar la sumi­sión de Egip­to. El «dis­cur­so demo­crá­ti­co» de Oba­ma sólo sir­ve para con­fun­dir las opi­nio­nes inge­nuas, las de Esta­dos Uni­dos y Euro­pa en pri­mer lugar.
Se habla mucho, para dar una legi­ti­mi­dad a un gobierno de los Her­ma­nos Musul­ma­nes (¡ali­nea­dos con la demo­cra­cia!), del ejem­plo tur­co. Pero sólo es una cor­ti­na de humo. Por­que el ejér­ci­to tur­co, que sigue pre­sen­te entre bas­ti­do­res, aun­que en reali­dad no es demo­crá­ti­co y por aña­di­du­ra es un fiel alia­do de la OTAN, sigue apor­tan­do la garan­tía del «lai­cis­mo» en Tur­quía. El pro­yec­to de Washing­ton, expre­sa­do abier­ta­men­te por Hillary Clin­ton, Oba­ma y los think tanks a su ser­vi­cio, se ins­pi­ra en el mode­lo paquis­ta­ní: el ejér­ci­to (islá­mi­co) entre bas­ti­do­res, el gobierno (civil) asu­mi­do por el par­ti­do (o los par­ti­dos) islá­mi­cos «ele­gi­dos». Obvia­men­te, si se die­ra este caso, el gobierno «islá­mi­co» egip­cio sería recom­pen­sa­do por su sumi­sión en los asun­tos esen­cia­les (no cues­tio­nar el libe­ra­lis­mo ni los pre­sun­tos «tra­ta­dos de paz» que per­mi­ten que Israel con­ti­núe su polí­ti­ca de expan­sión terri­to­rial) y podría pro­se­guir, como una com­pen­sa­ción dema­gó­gi­ca, con la imple­men­ta­ción de sus pro­yec­tos «de isla­mi­za­ción del Esta­do y de la polí­ti­ca», ¡y los ase­si­na­tos de los cop­tos! Boni­ta demo­cra­cia la que se con­ci­be en Washing­ton para Egip­to. Natu­ral­men­te Ara­bia Sau­dí apo­ya con todos sus medios (finan­cie­ros) la imple­men­ta­ción de ese pro­yec­to. Por­que Riad sabe per­fec­ta­men­te que su hege­mo­nía regio­nal (en el mun­do ára­be y musul­mán) exi­ge que se reduz­ca a Egip­to a la insig­ni­fi­can­cia. Y el medio es «la isla­mi­za­ción del Esta­do y de la polí­ti­ca»; de hecho una isla­mi­za­ción de tipo waha­bí con todos sus efec­tos –entre otros las des­via­cio­nes faná­ti­cas con res­pec­to a los cop­tos y la nega­ción del dere­cho de igual­dad de las muje­res-.
¿Es fac­ti­ble este tipo de isla­mi­za­ción? Qui­zá, pero al pre­cio de vio­len­cias extre­mas. La bata­lla se libra sobre el artícu­lo 2 de la cons­ti­tu­ción del régi­men depues­to. Dicho artícu­lo, que esti­pu­la que «la Sha­ria es la fuen­te del dere­cho», es una nove­dad en la his­to­ria polí­ti­ca de Egip­to. Ni la cons­ti­tu­ción de 1923 ni la de Nas­ser la ima­gi­na­ron. Fue Sadat quien la intro­du­jo en su nue­va cons­ti­tu­ción con el tri­ple apo­yo de Washing­ton (¡res­pe­tar las tra­di­cio­nes!), de Riad (El Corán toma el lugar de la cons­ti­tu­ción) y de Jeru­sa­lén (El Esta­do de Israel es un Esta­do judío).
El pro­yec­to de los Her­ma­nos Musul­ma­nes sigue sien­do el esta­ble­ci­mien­to de un Esta­do teo­crá­ti­co, como se pone de mani­fies­to en su adhe­sión al artícu­lo 2 de la cons­ti­tu­ción de Sadat/​Mubarak. Por aña­di­du­ra el pro­gra­ma más recien­te de la Her­man­dad tam­bién refuer­za esa visión retró­gra­da con la pro­pues­ta de ins­tau­rar un «Con­se­jo de Ule­mas» encar­ga­do de vigi­lar que todos los pro­yec­tos de ley sean con­for­mes a las exi­gen­cias de la Sha­ria. Ese con­se­jo cons­ti­tu­cio­nal reli­gio­so es aná­lo­go al de Irán que con­tro­la al «poder ele­gi­do». Enton­ces el régi­men sería el de un gran par­ti­do reli­gio­so úni­co, y todos los par­ti­dos que se auto­de­fi­nie­ran como lai­cos se con­ver­ti­rían en «ile­ga­les» y los par­ti­da­rios de dichos par­ti­dos no musul­ma­nes (como los cop­tos) que­da­rían exclui­dos, de hecho, de la vida polí­ti­ca. A des­pe­cho de todo esto los pode­res de Washing­ton y Euro­pa hacen como si se pudie­ra tomar en serio la recien­te decla­ra­ción de los Her­ma­nos en la que «renun­cian» al pro­yec­to teo­crá­ti­co (¡sin modi­fi­car su pro­gra­ma!), otra decla­ra­ción men­ti­ro­sa y opor­tu­nis­ta. ¿Los exper­tos de la CIA no saben leer el ára­be? La con­clu­sión se impo­ne: Washing­ton pre­fie­re el poder de los Her­ma­nos, que le garan­ti­zan el man­te­ni­mien­to de Egip­to en su redil y en el de la glo­ba­li­za­ción libe­ral, al poder de los demó­cra­tas con los que corre­ría el ries­go de que se cues­tio­na­se seria­men­te el esta­tu­to subal­terno de Egip­to. El par­ti­do Jus­ti­cia y Liber­tad, crea­do recien­te­men­te y visi­ble­men­te ins­pi­ra­do en el mode­lo tur­co, ape­nas es otra cosa que un ins­tru­men­to de los Her­ma­nos. Admi­ti­rían a los cop­tos (!), lo que sig­ni­fi­ca que los invi­tan a acep­tar el Esta­do musul­mán teo­crá­ti­co con­sa­gra­do por el pro­gra­ma de los Her­ma­nos si quie­ren tener dere­cho a «par­ti­ci­par» en la vida polí­ti­ca de su país. Pasan­do a la ofen­si­va, los Her­ma­nos Musul­ma­nes crean «sin­di­ca­tos», «orga­ni­za­cio­nes cam­pe­si­nas» y una retahí­la de «par­ti­dos polí­ti­cos» con dife­ren­tes nom­bres cuyo úni­co obje­ti­vo es divi­dir los fren­tes uni­dos de tra­ba­ja­do­res, cam­pe­si­nos y demó­cra­tas con el fin de tra­ba­jar en bene­fi­cio, por supues­to, del blo­que con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio.
¿Será capaz el movi­mien­to demo­crá­ti­co egip­cio abo­lir ese artícu­lo en la futu­ra cons­ti­tu­ción? Sólo pode­mos res­pon­der a esta pre­gun­ta vol­vien­do a exa­mi­nar los deba­tes polí­ti­cos, ideo­ló­gi­cos y cul­tu­ra­les que se han des­ple­ga­do en la his­to­ria del Egip­to moderno.
Com­pro­ba­mos, en efec­to, que los perío­dos ascen­den­tes se carac­te­ri­zan por una diver­si­dad de opcio­nes abier­ta­men­te expre­sa­das que rele­gan la «reli­gión» (siem­pre pre­sen­te en la socie­dad) a un segun­do plano. Así fue duran­te dos ter­cios del siglo XIX (de Moha­med Alí al Jedi­ve Ismail). Los temas de la moder­ni­za­ción (en for­ma de des­po­tis­mo ilus­tra­do más que demo­crá­ti­ca) domi­na­ron enton­ces la esce­na. Fue lo mis­mo de 1920 a 1970: había un enfren­ta­mien­to abier­to entre los «demó­cra­tas bur­gue­ses» y los «comu­nis­tas», que ocu­pa­ron amplia­men­te el pri­mer plano de la esce­na has­ta el nas­se­ris­mo. Éste supri­mió el deba­te para sus­ti­tuir­lo por un dis­cur­so popu­lis­ta pan­ára­be, pero al mis­mo tiem­po «moder­ni­za­dor». Las con­tra­dic­cio­nes de ese sis­te­ma abrie­ron el camino de regre­so al Islam polí­ti­co. Pode­mos com­pro­bar que en las fases de reflu­jo, por el con­tra­rio, des­apa­re­ce la diver­si­dad de opi­nio­nes dejan­do sitio a un ana­cro­nis­mo pre­sun­ta­men­te islá­mi­co que se arro­ga el mono­po­lio del dis­cur­so auto­ri­za­do por el poder. De 1880 a 1920 los bri­tá­ni­cos cons­tru­ye­ron esta ten­den­cia, entre otras cosas al con­de­nar al exi­lio (en par­ti­cu­lar en Nubia) a todos los pen­sa­do­res y acto­res moder­nis­tas egip­cios for­ma­dos des­de Moha­med Alí. Pero tam­bién se remar­có que «la opo­si­ción» a la ocu­pa­ción bri­tá­ni­ca se ubi­ca asi­mis­mo en esa con­cep­ción ana­cró­ni­ca. La Nah­da (inau­gu­ra­da por Afgha­ni y con­ti­nua­da por Moha­med Abdou) se ins­cri­be en esta ten­den­cia, aso­cia­da a la ilu­sión «oto­ma­nis­ta» defen­di­da por el nue­vo Par­ti­do Nacio­na­lis­ta de Mus­ta­fá Kemal y Moha­med Farid. No es sor­pren­den­te que esa deri­va con­du­je­ra hacia el final de los escri­tos ultra reac­cio­na­rios de Rachid Reda, recu­pe­ra­do por Has­san el Bana, fun­da­dor de los Her­ma­nos Musul­ma­nes.
Fue lo mis­mo en el perío­do de reflu­jo de los años 1970 – 2010. El dis­cur­so ofi­cial del poder (de Sadat y de Muba­rak), per­fec­ta­men­te isla­mis­ta (como lo demues­tra la intro­duc­ción de la Sha­ria en la cons­ti­tu­ción y la dele­ga­ción de pode­res esen­cia­les a los Her­ma­nos Musul­ma­nes), es tam­bién el de la fal­sa opo­si­ción, la úni­ca tole­ra­da, la del dis­cur­so de las mez­qui­tas. Por eso el artícu­lo 2 pue­de pare­cer muy sóli­da­men­te ancla­do en la «con­vic­ción» gene­ral (en la «calle» como se sue­le decir por imi­ta­ción del dis­cur­so esta­dou­ni­den­se). No se pue­den sub­es­ti­mar los efec­tos devas­ta­do­res de la des­po­li­ti­za­ción ins­tau­ra­da sis­te­má­ti­ca­men­te duran­te los perío­dos de reflu­jo. Nun­ca es fácil salir a flo­te. Pero no es impo­si­ble. Los deba­tes actua­les en Egip­to se cen­tran –explí­ci­ta o implí­ci­ta­men­te- en esa cues­tión de la pre­sun­ta dimen­sión «cul­tu­ral» del desa­fío (en la com­pe­ten­cia islá­mi­ca). Indi­ca­do­res posi­ti­vos: Han sido sufi­cien­tes algu­nas sema­nas de deba­tes libres que se han impues­to en la reali­dad para ver como des­apa­re­cía de todas las mani­fes­ta­cio­nes el eslo­gan «el Islam es la solu­ción» a favor de rei­vin­di­ca­cio­nes pre­ci­sas en el terreno de la trans­for­ma­ción con­cre­ta de la socie­dad (liber­tad de opi­nión , de for­ma­ción de par­ti­dos, sin­di­ca­tos y otras orga­ni­za­cio­nes socia­les, sala­rios y dere­chos labo­ra­les, acce­so a la tie­rra, edu­ca­ción y sani­dad, recha­zo de las pri­va­ti­za­cio­nes y lla­ma­do a las nacio­na­li­za­cio­nes, etc.). Una señal que no lla­ma a enga­ño: en las elec­cio­nes de los estu­dian­tes la aplas­tan­te mayo­ría (un 80%) de los votos que fue­ron para los Her­ma­nos Musul­ma­nes hace cin­co años (cuan­do era el úni­co dis­cur­so acep­ta­do como pre­sun­ta opo­si­ción) ha caí­do al 20% en las elec­cio­nes de abril. Pero el adver­sa­rio tam­bién sabe orga­ni­zar la res­pues­ta al «peli­gro demo­crá­ti­co» Las modi­fi­ca­cio­nes insig­ni­fi­can­tes de la cons­ti­tu­ción (¡toda­vía vigen­te!) pro­pues­tas por un comi­té cons­ti­tui­do exclu­si­va­men­te por isla­mis­tas ele­gi­dos por el con­se­jo supre­mo (el ejér­ci­to) y adop­ta­dos por refe­rén­dum depri­sa y corrien­do en abril (con un 23% de «no», pero una mayo­ría de «sí», for­za­da por los frau­des y un chan­ta­je masi­vo de las mez­qui­tas) no con­cier­nen, obvia­men­te, al artícu­lo 2.
Las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les y legis­la­ti­vas están pre­vis­tas para septiembre/​octubre de 2011. El movi­mien­to demo­crá­ti­co lucha por una «tran­si­ción demo­crá­ti­ca» más lar­ga, de for­ma que per­mi­ta que sus dis­cur­sos lle­guen ver­da­de­ra­men­te a las masas des­am­pa­ra­das. Pero Oba­ma hizo su elec­ción en los pri­me­ros días de la insu­rrec­ción: una tran­si­ción bre­ve, orde­na­da (es decir, sin cues­tio­nar los apa­ra­tos del régi­men) y las elec­cio­nes (que den la desea­da vic­to­ria a los isla­mis­tas). Como sabe­mos las «elec­cio­nes» en Egip­to, como en otras par­tes del mun­do, no son el mejor medio de asen­tar la demo­cra­cia sino, a menu­do, el de aca­bar con la diná­mi­ca de los avan­ces demo­crá­ti­cos.
Una últi­ma pala­bra con res­pec­to a la «corrup­ción». El dis­cur­so domi­nan­te del «régi­men de tran­si­ción» enfa­ti­za su denun­cia aso­cia­da con ame­na­zas de per­se­cu­ción judi­cial (ya vere­mos cómo será en reali­dad). Ese dis­cur­so cier­ta­men­te es bien reci­bi­do, par­ti­cu­lar­men­te por la frac­ción, sin duda la más amplia, de la opi­nión inge­nua. Pero se guar­da de ana­li­zar las razo­nes pro­fun­das y de expli­car que la «corrup­ción» (pre­sen­ta­da como una des­via­ción moral, un tipo de dis­cur­so mora­lis­ta esta­dou­ni­den­se) es un com­po­nen­te orgá­ni­co nece­sa­rio en la for­ma­ción de la bur­gue­sía. No sólo en el caso de Egip­to y en los paí­ses del Sur en gene­ral, se tra­ta de la for­ma­ción de una bur­gue­sía com­pra­do­ra cuya aso­cia­ción con los pode­res del Esta­do cons­ti­tu­ye el úni­co medio de emer­ger. Sos­ten­go que en el esta­do capi­ta­lis­ta de los mono­po­lios gene­ra­li­za­dos la corrup­ción se con­vier­te en un ele­men­to cons­ti­tu­ti­vo orgá­ni­co de la repro­duc­ción del mode­lo de acu­mu­la­ción: la reten­ción de la ren­ta de los mono­po­lios exi­ge la com­pli­ci­dad acti­va del Esta­do. El dis­cur­so ideo­ló­gi­co (el virus libe­ral) pro­cla­ma «nada de Esta­do» mien­tras que su prác­ti­ca es «el Esta­do al ser­vi­cio de los mono­po­lios».

Zona de tor­men­tas

Mao tenía razón cuan­do afir­mó que el capi­ta­lis­mo (en su exis­ten­cia autén­ti­ca, es decir, impe­ria­lis­ta por natu­ra­le­za) no tenía nada que ofre­cer a los pue­blos de tres con­ti­nen­tes (la peri­fe­ria cons­ti­tui­da por Asia, Áfri­ca y Amé­ri­ca Lati­na, esa «mino­ría» que reúne al 85% de la pobla­ción del pla­ne­ta) y que por lo tan­to el Sur cons­ti­tuía la «zona de tor­men­tas», es decir, de las revuel­tas repe­ti­das, poten­cial­men­te (pero sólo poten­cial­men­te) por­ta­do­ras de avan­ces revo­lu­cio­na­rios diri­gi­dos a la supera­ción del capi­ta­lis­mo por el socia­lis­mo.
La «Pri­ma­ve­ra Ára­be» se ins­cri­be en esta reali­dad. Se tra­ta de revo­lu­cio­nes socia­les poten­cial­men­te por­ta­do­ras de la cris­ta­li­za­ción de alter­na­ti­vas que pue­den ins­cri­bir­se a lar­go pla­zo en la pers­pec­ti­va socia­lis­ta. Es la razón por la cual el sis­te­ma capi­ta­lis­ta, el capi­tal de los mono­po­lios domi­nan­tes a esca­la mun­dial, no pue­de tole­rar el desa­rro­llo de esos movi­mien­tos. Dicho sis­te­ma movi­li­za­rá todos los medios posi­bles de des­es­ta­bi­li­za­ción, des­de las pre­sio­nes eco­nó­mi­cas y finan­cie­ras has­ta la ame­na­za mili­tar. Apo­ya­rá, según las cir­cuns­tan­cias, bien las fal­sas alter­na­ti­vas fas­cis­tas o pseu­do­fas­cis­tas o bien la implan­ta­ción dic­ta­du­ras mili­ta­res. No hay que creer una pala­bra de lo que dice Oba­ma. Oba­ma es Bush pero con otro len­gua­je. Hay una dupli­ci­dad per­ma­nen­te en el len­gua­je de los diri­gen­tes de la tría­da impe­ria­lis­ta (Esta­dos Uni­dos, Euro­pa occi­den­tal, Japón).
No ten­go la inten­ción, en este artícu­lo, de exa­mi­nar exhaus­ti­va­men­te cada uno de los movi­mien­tos en cur­so en el mun­do ára­be. (Túnez, Libia, Siria, Yemen y otros). Por­que los com­po­nen­tes del movi­mien­to son dife­ren­tes de un país a otro, igual que lo son las for­mas de la inte­gra­ción de cada uno en la glo­ba­li­za­ción impe­ria­lis­ta y las estruc­tu­ras de los regí­me­nes esta­ble­ci­dos.
La revo­lu­ción tune­ci­na dio el pis­to­le­ta­zo de sali­da y cier­ta­men­te enva­len­to­nó mucho a los egip­cios. Por otra par­te el movi­mien­to tune­cino cuen­ta con una autén­ti­ca ven­ta­ja: el «semi­lai­cis­mo» implan­ta­do por Bur­gui­ba sin duda no podrá ser cues­tio­na­do por los isla­mis­tas que regre­san de su exi­lio en Gran Bre­ta­ña. Aun­que al mis­mo tiem­po el movi­mien­to tune­cino no pare­ce estar en con­di­cio­nes de cues­tio­nar el mode­lo de desa­rro­llo extra­ver­ti­do ins­cri­to en la glo­ba­li­za­ción capi­ta­lis­ta libe­ral.
Libia no es Túnez ni Egip­to. El blo­que en el poder (Gada­fi) y las fuer­zas que com­ba­ten con­tra él no tie­nen nin­gu­na ana­lo­gía con lo que hay en Túnez y en Egip­to. Gada­fi siem­pre ha sido un títe­re cuyo pen­sa­mien­to encuen­tra su refle­jo en su famo­so Libro Ver­de. Al actuar en una socie­dad toda­vía arcai­ca, Gada­fi podía per­mi­tir­se dis­cur­sos –sin gran alcan­ce real- suce­si­va­men­te «nacio­na­lis­tas y socia­lis­tas» y des­pués, al día siguien­te, adhe­rir­se al «libe­ra­lis­mo». Lo hizo «¡para com­pla­cer a los occi­den­ta­les!», como si la elec­ción del libe­ra­lis­mo no tuvie­ra efec­tos en la socie­dad. Sin embar­go los tuvo y en gene­ral agra­vó las difi­cul­ta­des socia­les para la mayo­ría. Enton­ces ya esta­ban dadas las con­di­cio­nes para la explo­sión que cono­ce­mos, inme­dia­ta­men­te apro­ve­cha­da por el Islam polí­ti­co del país y los regio­na­lis­mos. Por­que Libia nun­ca exis­tió real­men­te como nación. Es una región geo­grá­fi­ca que sepa­ra el Magreb y el Mash­req. La fron­te­ra entre ambos pasa pre­ci­sa­men­te por el medio de Libia. La Cire­nai­ca, his­tó­ri­ca­men­te grie­ga y hele­nís­ti­ca, des­pués se con­vir­tió en «mash­re­qui­na». La Tri­po­li­ta­nia fue lati­na y se con­vir­tió en magre­bi­na. Por eso siem­pre hay una base para los regio­na­lis­mos en el país. En reali­dad no se sabe quié­nes son los miem­bros del Con­se­jo Nacio­nal de Tran­si­ción de Ben­ga­si. Qui­zá haya demó­cra­tas ente ellos, pero es segu­ro que hay isla­mis­tas, y de los peo­res, y regio­na­lis­tas. Des­de el prin­ci­pio «el movi­mien­to» ha toma­do en Libia la for­ma de una revuel­ta arma­da, dis­pa­ran­do sobre el ejér­ci­to, y no la de una ola de mani­fes­ta­cio­nes civi­les. Esta revuel­ta arma­da, por otra par­te, lla­mo inme­dia­ta­men­te a la OTAN en su auxi­lio. Así se dio enton­ces la oca­sión para una inter­ven­ción mili­tar de las poten­cias impe­ria­lis­tas. Los obje­ti­vos que se per­si­guen no son, cier­ta­men­te, la «pro­tec­ción de los civi­les» ni la «demo­cra­cia», sino el con­trol del petró­leo y la con­se­cu­ción de una impor­tan­te base mili­tar en el país. Es cier­to que las empre­sas occi­den­ta­les ya con­tro­la­ban el petró­leo libio des­de que Gada­fi se ali­neó al «libe­ra­lis­mo». Pero con Gada­fi nun­ca se pue­de estar segu­ro de nada. ¿Y si vuel­ve la cha­que­ta y maña­na mete en su jue­go a los chi­nos o a los indios? Pero hay algo más gra­ve. Des­de 1969 Gada­fi exi­gía la eva­cua­ción de las bases bri­tá­ni­cas y esta­dou­ni­den­ses esta­ble­ci­das en Libia tras la Segun­da Gue­rra Mun­dial. En la actua­li­dad, Esta­dos Uni­dos nece­si­ta trans­fe­rir el AFRICOM (el man­do mili­tar de Esta­dos Uni­dos para Áfri­ca, una pie­za impor­tan­te del dis­po­si­ti­vo de con­trol mili­tar del pla­ne­ta ¡toda­vía en Stutt­gart!) a Áfri­ca. La Unión Afri­ca­na lo recha­za y has­ta la fecha nin­gún Esta­do afri­cano se ha atre­vi­do a acep­tar­lo. Un laca­yo esta­ble­ci­do en Trí­po­li (o en Ben­ga­si) obvia­men­te sus­cri­bi­ría todas las exi­gen­cias de Washing­ton y de sus alia­dos subal­ter­nos de la OTAN.
Los com­po­nen­tes de la revuel­ta en Siria has­ta aho­ra no han dado a cono­cer sus pro­gra­mas. Sin duda la deri­va del régi­men baa­sis­ta, ali­nea­do al neo­li­be­ra­lis­mo y sin­gu­lar­men­te pasi­vo fren­te a la ocu­pa­ción del Golán por par­te de Israel, está en el ori­gen de la explo­sión popu­lar. Pero no hay que excluir la inter­ven­ción de la CIA: se habla de gru­pos que han pene­tra­do en Deraa pro­ce­den­tes de la veci­na Jor­da­nia. La movi­li­za­ción de los Her­ma­nos Musul­ma­nes, que ya estu­vie­ron hace años en el ori­gen de las insu­rrec­cio­nes de Hama y de Homs, qui­zá no es extra­ña al com­plot de Washing­ton, que se dedi­ca a aca­bar con la alian­za Siria/​Irán, esen­cial para el apo­yo de Hiz­bu­lá en Líbano y de Hamás en Gaza.
En Yemen la uni­dad se cons­tru­yó sobre la derro­ta de las fuer­zas pro­gre­sis­tas que habían gober­na­do el sur del país. ¿El movi­mien­to se ren­di­rá ante esas fuer­zas? Por esta razón se com­pren­den las dudas de Washing­ton y del Gol­fo.
En Barhéin la revuel­ta ha abor­ta­do por la inter­ven­ción del ejér­ci­to sau­dí y la masa­cre, sin que los medios de comu­ni­ca­ción domi­nan­tes hayan encon­tra­do nada que decir. El doble rase­ro, como siem­pre.
La «revuel­ta ára­be» no es el úni­co ejem­plo, aun­que es la expre­sión más recien­te de la mani­fes­ta­ción de la ines­ta­bi­li­dad inhe­ren­te a la «zona de tor­men­tas».
Una pri­me­ra ola de «revo­lu­cio­nes», si las lla­ma­mos así, barrió cier­tas dic­ta­du­ras de Asia (Fili­pi­nas, Indo­ne­sia) y de Áfri­ca (Malí), que habían sido esta­ble­ci­das por el impe­ria­lis­mo y los blo­ques reac­cio­na­rios loca­les. Pero allí Esta­dos Uni­dos y Euro­pa con­si­guie­ron abor­tar la diná­mi­ca de esos movi­mien­tos popu­la­res, a veces gigan­tes­cos por las movi­li­za­cio­nes que sus­ci­ta­ron. Esta­dos Uni­dos y Euro­pa quie­ren repe­tir en el mun­do ára­be lo que pasó en Malí, en Fili­pi­nas y en Indo­ne­sia: ¡cam­biar todo para que nada cam­bie! Allí, des­pués de que los movi­mien­tos popu­la­res se des­em­ba­ra­za­sen de sus dic­ta­do­res, las poten­cias impe­ria­lis­tas se dedi­ca­ron a que lo esen­cial per­ma­ne­cie­se a sal­vo por medio de gobier­nos ali­nea­dos al neo­li­be­ra­lis­mo y a los intere­ses de la polí­ti­ca extran­je­ra. Es intere­san­te com­pro­bar que en los paí­ses musul­ma­nes (Malí e Indo­ne­sia) el Islam polí­ti­co se movi­li­zó con ese fin.
Por el con­tra­rio la ola de movi­mien­tos de eman­ci­pa­ción que barrió Amé­ri­ca del Sur per­mi­tió autén­ti­cos avan­ces en las tres direc­cio­nes que repre­sen­tan la demo­cra­ti­za­ción del Esta­do y la socie­dad, la adop­ción de las sub­si­guien­tes medi­das anti­im­pe­ria­lis­tas y el com­pro­mi­so en la vía de las refor­mas socia­les pro­gre­sis­tas.
El dis­cur­so domi­nan­te de los medios de comu­ni­ca­ción com­pa­ra las «revuel­tas demo­crá­ti­cas» del Ter­cer Mun­do con las que pusie­ron fin a los «socia­lis­mos» de Euro­pa del Este tras la caí­da del Muro de Ber­lín. Se tra­ta de una super­che­ría pura y sim­ple. Por­que inde­pen­dien­te­men­te de las razo­nes (com­pren­si­bles) de las revuel­tas en cues­tión, aqué­llas se ins­cri­bían en la pers­pec­ti­va de la ane­xión de la región por las poten­cias impe­ria­lis­tas de Euro­pa occi­den­tal (en bene­fi­cio de Ale­ma­nia en pri­mer lugar). De hecho, redu­ci­dos ya al esta­tu­to de «peri­fe­ria» de la Euro­pa capi­ta­lis­ta desa­rro­lla­da, los paí­ses de Euro­pa del Este cono­ce­rán maña­na su autén­ti­ca revo­lu­ción. Ya hay seña­les que lo anun­cian, en par­ti­cu­lar en la anti­gua Yugos­la­via.
Las revuel­tas, poten­cial­men­te por­ta­do­ras de avan­ces revo­lu­cio­na­rios, se pre­vén por todas par­tes, o casi, en los tres con­ti­nen­tes que siguen sien­do, más que nun­ca, zona de tor­men­tas, des­min­tien­do así los dis­cur­sos almi­ba­ra­dos sobre el «capi­ta­lis­mo eterno» y la esta­bi­li­dad, la paz y el pro­gre­so demo­crá­ti­co que lle­va aso­cia­dos. Pero esas revuel­tas, para traer los avan­ces revo­lu­cio­na­rios, debe­rán ven­cer nume­ro­sos obs­tácu­los: por un lado supe­rar las debi­li­da­des del movi­mien­to, cons­truir las con­ver­gen­cias posi­ti­vas entre sus com­po­nen­tes, con­ce­bir y esta­ble­cer las estra­te­gias efi­ca­ces, pero tam­bién por otra par­te derro­tar las inter­ven­cio­nes (inclui­das las mili­ta­res) de la tría­da impe­ria­lis­ta. Cual­quier inter­ven­ción mili­tar de Esta­dos Uni­dos y la OTAN en los asun­tos de los paí­ses del Sur bajo cual­quier pre­tex­to, por ejem­plo los de apa­rien­cia ama­ble –como la inter­ven­ción huma­ni­ta­ria- debe pros­cri­bir­se. El impe­ria­lis­mo no quie­re el pro­gre­so social ni la demo­cra­cia para esos paí­ses. Los laca­yos que implan­ta en el poder cuan­do gana la bata­lla siguen sien­do enemi­gos de la demo­cra­cia. No pode­mos por menos de lamen­tar que la «izquier­da» euro­pea, inclu­so radi­cal, haya deja­do de com­pren­der qué es el impe­ria­lis­mo.
El actual dis­cur­so domi­nan­te lla­ma a la ins­tau­ra­ción de un «dere­cho inter­na­cio­nal» que en prin­ci­pio auto­ri­ce la inter­ven­ción cuan­do se vio­len los dere­chos fun­da­men­ta­les de un pue­blo. Pero no exis­ten las con­di­cio­nes nece­sa­rias que per­mi­tan avan­zar en esa direc­ción. La «comu­ni­dad inter­na­cio­nal» no exis­te. Se resu­me en la emba­ja­da de Esta­dos Uni­dos segui­da auto­má­ti­ca­men­te por las de Euro­pa. ¿Es nece­sa­rio des­cri­bir la lar­ga lis­ta de las, más que lamen­ta­bles, cri­mi­na­les inter­ven­cio­nes y sus resul­ta­dos? (por ejem­plo Irak). ¿Hay que recor­dar el prin­ci­pio de «doble rase­ro» que las carac­te­ri­za? (Pode­mos pen­sar, obvia­men­te, en los dere­chos vio­la­dos de los pales­ti­nos y el apo­yo incon­di­cio­nal a Israel o en las innu­me­ra­bles dic­ta­du­ras que se siguen apo­yan­do en Áfri­ca).

La pri­ma­ve­ra de los pue­blos del Sur y el oto­ño del capi­ta­lis­mo

Las «pri­ma­ve­ras» de los pue­blos ára­bes, como las que cono­cie­ron los pue­blos de Amé­ri­ca Lati­na des­de hace dos dece­nios, lo que deno­mino la segun­da ola del des­per­tar de los pue­blos del Sur –la pri­me­ra se des­ple­gó en el siglo XX has­ta la con­tra­ofen­si­va del capitalismo/​imperialismo neo­li­be­ral- revis­te for­mas diver­sas que van des­de las explo­sio­nes diri­gi­das con­tra las auto­cra­cias que pre­ci­sa­men­te acom­pa­ña­ron el des­plie­gue neo­li­be­ral has­ta la revi­sión del orden inter­na­cio­nal por par­te de los «paí­ses emer­gen­tes». Así pues, estas pri­ma­ve­ras coin­ci­den con «el oto­ño del capi­ta­lis­mo», el decli­ve del capi­ta­lis­mo de los mono­po­lios gene­ra­li­za­dos, glo­ba­li­za­dos y «finan­cia­ri­za­dos». Los movi­mien­tos par­ten, como los del siglo ante­rior, de la recon­quis­ta de la inde­pen­den­cia de los pue­blos y los Esta­dos de las peri­fe­rias del sis­te­ma, que recu­pe­ran la ini­cia­ti­va en la trans­for­ma­ción del mun­do. Por lo tan­to son, ante todo, movi­mien­tos anti­im­pe­ria­lis­tas y ade­más, sólo poten­cial­men­te, anti­ca­pi­ta­lis­tas. Si esos movi­mien­tos lle­gan a con­ver­ger con el otro des­per­tar nece­sa­rio, el de los tra­ba­ja­do­res de los cen­tros impe­ria­lis­tas, podría dibu­jar­se a esca­la mun­dial una pers­pec­ti­va autén­ti­ca­men­te socia­lis­ta de toda la huma­ni­dad. Pero eso no está ins­cri­to de nin­gu­na for­ma en el avan­ce como una «nece­si­dad de la his­to­ria». El decli­ve del capi­ta­lis­mo pue­de abrir el camino a la lar­ga tran­si­ción al socia­lis­mo como pue­de com­pro­me­ter a la huma­ni­dad en la vía de la bar­ba­rie gene­ra­li­za­da. El pro­yec­to del con­trol mili­tar del pla­ne­ta por par­te de las fuer­zas arma­das de Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos subal­ter­nos de la OTAN, que sigue en mar­cha, el decli­ve de la demo­cra­cia en los paí­ses del cen­tro impe­ria­lis­ta o el recha­zo retró­gra­do de la demo­cra­cia en los paí­ses revo­lu­cio­na­rios del Sur (que toma la for­ma de ilu­sio­nes para los reli­gio­sos «fun­da­men­ta­lis­tas» que pro­po­nen el Islam, el hin­duis­mo y el budis­mo polí­ti­cos), ope­ran jun­to a esa pers­pec­ti­va abo­mi­na­ble. Así, la lucha por una demo­cra­ti­za­ción lai­ca toma una dimen­sión deci­si­va en el momen­to actual, que opo­ne la pers­pec­ti­va de la eman­ci­pa­ción de los pue­blos a la de la bar­ba­rie gene­ra­li­za­da.

Lec­tu­ras com­ple­men­ta­rias:
Has­san Riad, L’Egipte nas­sé­rien­ne, Minuit 1964.
Samir Amin, La nation ara­be, Minuit 1976.
Samir Amin, A life loo­ping for­ward, Memo­ries of an inde­pen­dent Mar­xist, Zed, Lon­dres 2006.
Samir Amin, L’éveil du Sud, le temps des ceri­ses, 2008. El lec­tor encon­tra­rá aquí mis lec­tu­ras de las rea­li­za­cio­nes del virrey Moha­med Alí (1805−1848) y de los jedi­ves que le suce­die­ron, en par­ti­cu­lar Ismail (1867−79) y Wafd (1920−1952), las posi­cio­nes del comu­nis­mo egip­cio fren­te al nas­se­ris­mo, y la deri­va de la Nah­da de Afgha­ni a Rachid Reda.
Gil­bert Ach­car, Les Ara­bes et la Shoa, Actes Sud, 2009. Se tra­ta del mejor aná­li­sis de los com­po­nen­tes del Islam polí­ti­co (de Rachid Rede y de los Her­ma­nos Musul­ma­nes, los sala­fis­tas moder­nos).
Con res­pec­to a la rela­ción entre el con­flic­to Norte/​Sur y el que opo­ne el comien­zo de la tran­si­ción socia­lis­ta a la con­ti­nua­ción del des­plie­gue del capi­ta­lis­mo, véan­se:
Samir Amin, La cri­se, sur­tir de la cri­se du capi­ta­lis­me ou sur­tir du capi­ta­lis­me en cri­se?, Le Temps des Ceri­ses, 2009.
Samir Amin, La loi de la valeur mon­dia­li­sée, Le Temps des ceri­ses, 2006.
Samir Amin, Pour la cin­quiè­me inter­na­tio­na­le, Le Temps des ceri­ses, 2006.
Samir Amin, The long tra­jec­tory of his­to­ri­cal capi­ta­lis­mo, Monthly Review, Nue­va York, febre­ro 2011.
Gil­bert Ach­car, Le choc des bar­ba­ri­se, Com­ple­xe, Bru­se­las.
El Cai­ro y París, mayo de 2011.

.* Rebe­lión.

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