Home­na­je a Gladys del Estal en el 32º ani­ver­sa­rio de su muer­te – Eguz­ki

Antes que nada, por­que fue nues­tra hija, nues­tra ami­ga, nues­tra com­pa­ñe­ra, y no la vamos a olvi­dar ni 32 años des­pués ni nun­ca. Ni a ella ni cómo la mata­ron.

Pero tam­bién por­que es muy opor­tuno y con­ve­nien­te recor­dar, aquí y aho­ra, que Gladys tenía razón o, si se pre­fie­re, que las razo­nes que lle­va­ron a Gladys a acu­dir a Tude­la aquel fatí­di­co 3 de junio de 1979 están ple­na­men­te vigen­tes.

Gladys esta­ba allí para par­ti­ci­par en unos actos orga­ni­za­dos en el mar­co de una jor­na­da con­vo­ca­da a nivel mun­dial con­tra la nuclea­ri­za­ción, cuya ame­na­za, en nues­tro caso con­cre­to, esta­ba repre­sen­ta­da por los pro­yec­tos de cen­tra­les de Deba, Ispas­ter, Lemoiz y, pre­ci­sa­men­te, Tude­la.

Muchos son los moti­vos, y de muy diver­sa índo­le, por los que la nuclea­ri­za­ción era y es recha­za­ble, pero hay uno bási­co: las cen­tra­les repre­sen­tan un ries­go de mag­ni­tud incal­cu­la­ble e inasu­mi­ble tan­to para las per­so­nas como para el medio ambien­te. Pre­ci­sa­men­te, aque­lla jor­na­da anti­nu­clear que lle­vó a Gladys a Tude­la había sido con­vo­ca­da en todo el mun­do como res­pues­ta al acci­den­te de la cen­tral nor­te­ame­ri­ca­na de Three Mile Island. Des­gra­cia­da­men­te, los suce­sos de Fukushi­ma han pues­to en evi­den­cia has­ta qué pun­to Gladys tenía razón, como lo pusie­ron ante­rior­men­te los de Cher­nó­bil, de los que, por cier­to, aca­ba de cum­plir­se el vigé­si­mo quin­to ani­ver­sa­rio. Un ani­ver­sa­rio que ha per­mi­ti­do que lle­guen a la opi­nión públi­ca infor­ma­cio­nes que evi­den­cian que, toda­vía tan­tos años des­pués, la situa­ción en la cen­tral ucra­nia­na, y muchos kiló­me­tros a la redon­da, sigue sien­do lamen­ta­ble y, des­de lue­go, muy peli­gro­sa.

Hoy en día, en vis­ta de lo suce­di­do en Fukushi­ma y Cher­nó­bil, inclu­so muchos de quie­nes se mos­tra­ron en su día como furi­bun­dos pro­nu­clea­res, por ejem­plo, aque­llos que decían que sin la cen­tral de Lemoiz esta­ría­mos avo­ca­dos a comer ber­zas, se feli­ci­tan, aun­que sea con la boca peque­ña, de que la lucha de Gladys y otros como ella per­mi­tie­ra que aquel pro­yec­to nuclear no se mate­ria­li­za­se.

Pero, si bien Eus­kal Herria cerró la puer­ta a la ener­gía nuclear, ésta se nos sigue colan­do por la ven­ta­na. Ahí está Garo­ña, la cen­tral más vetus­ta del Esta­do espa­ñol, que, aun­que empla­za­da en Bur­gos, ape­nas dis­ta 6 kiló­me­tros de Ara­ba. El Gobierno del PSOE se com­pro­me­tió a cerrar­la y ha dicho que lo hará, pero ha fija­do la fecha para des­pués de la pre­sen­te legis­la­tu­ra. Esto, por una par­te, supo­ne una pró­rro­ga de fac­to de la vida útil de la cen­tral y, por otra, gene­ra incer­ti­dum­bre sobre lo que real­men­te pasa­rá. De modo que toca pre­sio­nar para hacer que la deci­sión de cerrar Garo­ña sea irre­ver­si­ble. Es pre­ci­so evi­tar que pue­dan pro­du­cir­se nue­vos Cher­nó­bi­les o nue­vos Fukushi­mas.

En este sen­ti­do, duran­te estas sema­nas esta­mos asis­tien­do a una ava­lan­cha de deci­sio­nes guber­na­men­ta­les y ciu­da­da­nas que están acer­cán­do­nos al final de las cen­tra­les nuclea­res. Ale­ma­nia- aun­que poco ambi­cio­sa- ya le ha pues­to fecha 2022, Sui­za tam­bién, los sar­dos de Cer­de­ña se han posi­cio­na­do en refe­rén­dum en con­tra de la nuclea­ri­za­ción de su isla, la “ola ama­ri­lla anti­nu­clear” avan­za, pró­xi­ma­men­te Ita­lia se posi­cio­na­rá en refe­rén­dum …

Ya veis, pues, que, si cul­ti­va­mos la memo­ria de Gladys año tras año, no es por­que la vene­re­mos como si de una san­ta se tra­ta­ra, sino por­que es evi­den­te que su lucha no es cosa del pasa­do, sino del pre­sen­te.

EGUZKI

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