La des­co­lo­ni­za­ción como fenó­meno vio­len­to des­de el plan­tea­mien­to de Frantz Fanon – Emi­lio Hur­ta­do Guz­mán

…«La colo­ni­za­ción de la sub­je­ti­vi­dad que se mani­fies­tó con la impo­si­ción de la evan­ge­li­za­ción, la edu­ca­ción, el cas­ti­go ser­vil y el supli­cio, fue tam­bién una colo­ni­za­ción del ser y del saber. La vio­len­cia colo­nial bes­tia­li­zó al indí­ge­na median­te el mal­tra­to de su cuer­po y la des­nu­tri­ción. Se lo infe­rio­ri­zó por medio de la evan­ge­li­za­ción y edu­ca­ción con­ven­cién­do­lo que la úni­ca cul­tu­ra, civi­li­za­ción y cien­cia son las moder­nas y su cul­tu­ra, civi­li­za­ción y cien­cia no son más que fol­klo­re, supers­ti­ción y cos­tum­bres».

La colo­ni­za­ción es un fenó­meno vio­len­to, pues­to que es en reali­dad el cos­to que tie­ne que pagar la huma­ni­dad y la natu­ra­le­za toda para que se haga posi­ble la moder­ni­dad. Por eso ima­gi­nar moder­ni­dad sin colo­nia­li­dad es una ilu­sión. Estas dos van jun­tas, for­man par­te de un sólo sis­te­ma, son inse­pa­ra­bles, aun­que una de ellas, la colo­nia­li­dad, sea invi­si­bi­li­za­da en muchos casos, sea opa­ca­da con el apa­ren­te res­plan­dor moderno de las cosas cada vez más sofis­ti­ca­das que se con­su­men o se ofer­tan en el mer­ca­do des­lo­ca­li­za­do y que ena­je­nan impu­ne­men­te a las per­so­nas. Así, la colo­nia­li­dad es la exte­rio­ri­dad cons­trui­da por el aden­tro que es la moder­ni­dad, a la vez que la moder­ni­dad se cons­ti­tu­ye así mis­ma y se repro­du­ce a tra­vés de la colo­nia­li­dad, es decir, de su afuera1. Se tra­ta, enton­ces, de un sis­te­ma per­ver­so. El sis­te­ma-mun­do moderno-colo­nial es un mun­do de des­igual­da­des, de des­hu­ma­ni­za­cio­nes, don­de la repro­duc­ción de la domi­na­ción, explo­ta­ción y ena­je­na­ción se han natu­ra­li­za­do.

El pro­ce­so de colo­ni­za­ción se impu­so con vio­len­cia, tomó dife­ren­tes for­mas. En un pri­mer momen­to se tra­du­jo en una colo­ni­za­ción polí­ti­ca-mili­tar jun­to con una colo­ni­za­ción eco­nó­mi­ca. La ocu­pa­ción por la fuer­za de las armas de un terri­to­rio que no le per­te­ne­ce al colo­ni­za­dor, tam­bién se expre­só en la domi­na­ción polí­ti­ca de los due­ños de aquel terri­to­rio para lue­go ins­tau­rar entre ellos un sis­te­ma eco­nó­mi­co de explo­ta­ción irra­cio­nal, muchas veces sobre sus pro­pios sis­te­mas de tra­ba­jo nati­vos. Sin embar­go, has­ta aquí la sub­je­ti­vi­dad del colo­ni­za­do no había sido trans­for­ma­da. Para garan­ti­zar la per­du­ra­bi­li­dad de la colo­nia­li­dad, por lo tan­to de la moder­ni­dad, se impu­so la trans­for­ma­ción de la sub­je­ti­vi­dad del indí­ge­na. Éste, tenía has­ta enton­ces una sub­je­ti­vi­dad de libre, de igual ante el res­to de los hom­bres pese a que esta­ba domi­na­do por la fuer­za. Tuvo que hacer­se que adqui­rie­ra una sub­je­ti­vi­dad de escla­vo, de infe­rior pues­to que se qui­so que la colo­nia­li­dad per­du­re a tra­vés del tiem­po.

La colo­ni­za­ción de la sub­je­ti­vi­dad que se mani­fes­tó con la impo­si­ción de la evan­ge­li­za­ción, la edu­ca­ción, el cas­ti­go ser­vil y el supli­cio, fue tam­bién una colo­ni­za­ción del ser y del saber 2. La vio­len­cia colo­nial bes­tia­li­zó al indí­ge­na median­te el mal­tra­to de su cuer­po y la des­nu­tri­ción. Se lo infe­rio­ri­zó por medio de la evan­ge­li­za­ción y edu­ca­ción con­ven­cién­do­lo que la úni­ca cul­tu­ra, civi­li­za­ción y cien­cia son las moder­nas y su cul­tu­ra, civi­li­za­ción y cien­cia no son más que fol­klo­re, supers­ti­ción y cos­tum­bres. De esta mane­ra, se inten­tó des­truir por com­ple­to la cul­tu­ra del indí­ge­na, a quien se le dio algo de la cul­tu­ra, civi­li­za­ción y cien­cia moder­nas, aun­que no lo sufi­cien­te, pues­to que se temió que por dar­le todo sea igual a su amo, por lo tan­to sea capaz de des­pla­zar­lo. Con la con­su­ma­ción de la bes­tia­li­za­ción y la des­hu­ma­ni­za­ción, el colo­ni­za­dor pudo jus­ti­fi­car su posi­ción-ocu­pa­ción indis­cu­ti­ble en el aden­tro del sis­te­ma moderno-colo­nial, en la casa del impe­rio, y el lugar del colo­ni­za­do en el afue­ra, o patio del impe­rio. El colo­ni­za­dor en afán encu­bri­dor pudo afir­mar enton­ces, al decir de Frantz Fanon, que no sólo los valo­res no han habi­ta­do nun­ca en el indí­ge­na, sino que éste es impermea­ble a la éti­ca, los valo­res siem­pre han sido ausen­tes en él y que se nie­ga a adqui­rir­los 3. De esta mane­ra, se jus­ti­fi­có y se jus­ti­fi­ca la per­du­ra­bi­li­dad de su explo­ta­ción y domi­na­ción. Así, la colo­ni­za­ción de la sub­je­ti­vi­dad garan­ti­zó la per­sis­ten­cia en el tiem­po de la moder­ni­dad-colo­nia­li­dad, inclu­so más allá de la pre­sen­cia físi­ca del colo­ni­za­dor en el terri­to­rio colo­nia, es decir des­pués de las supues­tas inde­pen­den­cias de las colo­nias por ello trans­fi­gu­ra­das en repú­bli­cas.

Sin embar­go, pese al pro­ce­so de ena­je­na­ción colo­nial algo se man­ten­drá de la cul­tu­ra indí­ge­na del colo­ni­za­do, una peque­ña par­te, qui­zá mime­ti­za­do en sus ritos paga­nos aho­ra diri­gi­dos al dios cris­tiano y a la vir­gen den­tro del tem­plo ecle­sial, o en las pro­ce­sio­nes, o en los pro­pios hoga­res, o en las fuen­tes de tra­ba­jo; o tal vez mucho más. Esto será como el maná para no sucum­bir en el desier­to, que le ser­vi­rá como ali­men­to para mover­se, actuar, luchar en con­tra del colo­ni­za­dor, le ser­vi­rá tam­bién para ima­gi­nar un hori­zon­te nue­vo hacia don­de avan­zar.

Como todo pro­ce­so de colo­ni­za­ción es un pro­ce­so vio­len­to, la des­co­lo­ni­za­ción, como argu­men­ta Frantz Fanon, es tam­bién un fenó­meno vio­len­to 4. La pre­sión vio­len­ta que se ejer­ce sobre el colo­ni­za­do, en sus dife­ren­tes for­mas, duran­te mucho tiem­po, se con­vier­te en una rabia vol­cá­ni­ca acu­mu­la­da que esta­lla­rá en cual­quier momen­to con vio­len­cia por una rei­vin­di­ca­ción míni­ma: el ali­men­to, el agua y la tie­rra, pues­to que el colo­ni­za­dor dis­fru­ta y vive en la opu­len­cia, el con­su­mis­mo y el derro­che gra­cias a la explo­ta­ción del cuer­po del colo­ni­za­do, gra­cias a los recur­sos natu­ra­les de su colo­nia. La vida que lle­va el colo­ni­za­dor en gran par­te es tam­bién la vida que ha sido arre­ba­ta­da al colo­ni­za­do. Éste últi­mo, en situa­ción de muer­te per­ma­nen­te en la domi­na­ción, explo­ta­ción y ena­je­na­ción, can­sa­do, deci­de luchar por recu­pe­rar su vida, deci­de ir por una vida dig­na o morir defi­ni­ti­va­men­te en el inten­to. Eso pasó en Boli­via, por ejem­plo, con la Gue­rra del Agua del año 2000, con la Insu­rrec­ción de Febre­ro y la Gue­rra del Gas del 2003, que fue­ron deter­mi­nan­tes para el ini­cio de una épo­ca de tran­si­ción hacia una post­co­lo­nia­li­dad.

Con su lucha el colo­ni­za­do se hace humano, el pro­ce­so de libe­ra­ción en el cual se ha envuel­to lo huma­ni­za, lo dig­ni­fi­ca. Ya no es una semi­bes­tia soñan­do en ser un hom­bre, aho­ra es un hom­bre sién­do­lo, por eso muchas veces con su lucha pre­fie­re morir libre como hom­bre y no sub­yu­ga­do fren­te al patrón como bes­tia. Por eso la vio­len­cia de la que nos habla Frantz Fanon, no se la debe enten­der sola­men­te como accio­nes ofen­si­vas e impe­tuo­sas en todo momen­to con­tra el colo­ni­za­dor, sino tam­bién como con­cien­cia de liber­tad; es decir, como el lle­gar a com­pren­der que nadie va a rea­li­zar la tarea des­co­lo­ni­za­do­ra por noso­tros, por lo tan­to debe­mos estar en cons­tan­te acción, en cons­tan­te par­ti­ci­pa­ción, auto­for­ma­ción, auto­in­for­ma­ción, hacien­do el uso de la fuer­za si es nece­sa­rio, aler­tas, por­que esa tarea es nues­tra. Aun­que el colo­ni­za­dor se haya mar­cha­do físi­ca­men­te, la des­co­lo­ni­za­ción y un mun­do sin colo­ni­za­ción no lle­ga a su fin sino cuan­do deja­mos de actuar, cuan­do toda res­pon­sa­bi­li­dad polí­ti­ca la dele­ga­mos a un gru­po de repre­sen­tan­tes que con­for­man un gobierno, por­que cree­mos que para eso lo hemos ele­gi­do y espe­ra­mos que el pro­ce­so de des­co­lo­ni­za­ción mar­che por manos aje­nas, enton­ces todo está per­di­do. El patrón extran­je­ro se ha mar­cha­do pero aho­ra nues­tro her­mano se con­vier­te en el nue­vo patrón.

En el pro­ce­so de des­co­lo­ni­za­ción no se pue­de con­fiar ple­na­men­te las prin­ci­pa­les res­pon­sa­bi­li­da­des ni siquie­ra al inte­lec­tual que baja de su medio social pudien­te y aco­mo­da­do, for­ma­do con los para­dig­mas moder­nos, que dice tener con­cien­cia social por­que es de izquier­da, o se dice a sí mis­mo indi­ge­nis­ta. Al decir de Fanon, la inser­ción del inte­lec­tual colo­ni­za­do en la marea popu­lar demo­ra por la exis­ten­cia en él de un cul­to por el deta­lle 5. Este cul­to por el deta­lle que se tra­du­ce en for­ma­lis­mos y lega­lis­mos, pue­de ter­mi­nar trun­can­do o limi­tan­do el pro­ce­so des­co­lo­ni­za­dor y lle­var­lo al fra­ca­so. Sin embar­go, cuan­do el inte­lec­tual se sumer­ge en el pue­blo duran­te su lucha y for­ma par­te de ella, pue­de des-apren­der mucho de lo que ha apren­di­do en la uni­ver­si­dad. Des­cu­bre enton­ces la fal­se­dad de las teo­rías y com­pren­de mejor la vida comu­ni­ta­ria, las nece­si­da­des y el esfuer­zo por libe­rar­se del pobre, del obre­ro, del indí­ge­na, del cam­pe­sino que car­ga con lo más pesa­do de los cos­tos de la moder­ni­dad-colo­nia­li­dad, para lue­go pro­po­ner, apo­yar en las accio­nes y estra­te­gias a tomar y en hacer visi­bles el horror de las con­di­cio­nes colo­nia­les y las aspi­ra­cio­nes des­co­lo­ni­za­do­ras fren­te al colo­ni­za­dor y a la huma­ni­dad ente­ra. Así, el inte­lec­tual se con­vier­te en un her­mano, en un igual, quien lucha a la par del pobre, jun­to a él, no sobre él como un padre o como un guía o como un repre­sen­tan­te. Esto debe ser cla­ra­men­te com­pren­di­do por el colo­ni­za­do que aspi­ra a libe­rar­se de la colo­ni­za­ción.

Muchas veces, no es pre­ci­sa­men­te el inte­lec­tual colo­ni­za­do quien se da el lugar de guía, o de padre del movi­mien­to des­co­lo­ni­za­dor, sino son los pro­pios colo­ni­za­dos en pie de lucha quie­nes le dan ese lugar. Este es el prin­ci­pal pro­ble­ma, fru­to de la colo­ni­za­ción de la sub­je­ti­vi­dad, que limi­ta al colo­ni­za­do. Es un suje­to que aspi­ra a tras­pa­sar las cer­cas que lo enclaus­tran en la moder­ni­dad-colo­nia­li­dad pero en el fon­do se pien­sa inca­paz de cons­truir un mun­do nue­vo, solo y pro­pia­men­te suyo, se sien­te irre­me­dia­ble­men­te ama­rra­do a ese sis­te­ma per­ver­so. Por eso Fanon nos dice que la des­co­lo­ni­za­ción es la crea­ción de hom­bres nue­vos, “la “cosa” colo­ni­za­da se con­vier­te en hom­bre en el pro­ce­so mis­mo por el cual se libe­ra” 6. Esto sig­ni­fi­ca que esa fuer­za y esa auto­no­mía ini­cial en nues­tro actuar por libe­rar­nos, que nos hace igua­les ante el res­to de los hom­bres, que nos des­bes­tia­li­za, debe man­te­ner­se por siem­pre, lo que sig­ni­fi­ca no caer más en la infe­rio­ri­za­ción, luchar tam­bién con­tra ella.

La des­co­lo­ni­za­ción como fenó­meno vio­len­to tam­bién sig­ni­fi­ca, de acuer­do a Frantz Fanon, lle­gar a com­pren­der que nece­sa­ria­men­te debe­mos ente­rrar el aden­tro del sis­te­ma-mun­do moderno-colo­nial, para ter­mi­nar con su afue­ra 7. No pode­mos pen­sar que un mun­do sin colo­nia­li­dad pue­de con­vi­vir fren­te a un mun­do moderno, pues­to que este últi­mo sólo es posi­ble como moder­ni­dad-colo­nia­li­dad. De esta mane­ra, se debe des­truir esta dico­to­mía en la que se pre­sen­ta el mun­do. Ente­rran­do la moder­ni­dad no podrá haber más colo­nia­li­dad. Enton­ces la tarea des­co­lo­ni­za­do­ra tam­bién se nos pre­sen­ta como pro­ce­so de cons­ti­tu­ción de un mun­do sin colo­ni­za­ción más allá de la razón moder­na deve­la­da ente­ra­men­te tam­bién como razón colo­nial. La res­pues­ta es empe­zar a mirar­nos noso­tros mis­mos, re-cono­cer­nos quié­nes somos real­men­te, con qué poten­cia­li­da­des des­co­lo­ni­za­do­ras con­ta­mos, qué es lo que que­dó de lo pro­pia­men­te nues­tro con lo que en el pasa­do había­mos cons­ti­tui­do nues­tro mun­do antes del pro­ce­so colo­ni­za­dor.

La cul­tu­ra popu­lar es el cen­tro más incon­ta­mi­na­do e irra­dia­ti­vo de la resis­ten­cia del opri­mi­do con­tra el opre­sor, al decir de Dus­sel 8. En la cul­tu­ra popu­lar está lo que que­dó de nues­tra cul­tu­ra ances­tral des­pués del pro­ce­so de colo­ni­za­ción sub­je­ti­va, lo que nos hemos resis­ti­do a per­der de muchos modos duran­te muchas gene­ra­cio­nes. Por eso al decir de Fanon “duran­te la colo­ni­za­ción el colo­ni­za­do no deja de libe­rar­se entre las nue­ve de la noche y las seis de la maña­na” 9. Es decir, en su con­di­ción de colo­ni­za­do bus­ca siem­pre un momen­to, pese a una dura jor­na­da de tra­ba­jo, en el cual se sien­ta libre, recor­dan­do su his­to­ria, trans­mi­tien­do los valo­res de su cul­tu­ra a tra­vés de sus mitos a sus nue­vas gene­ra­cio­nes, ado­ran­do a sus dio­ses, dan­zan­do sus pro­pias dan­zas, can­tan­do sus can­cio­nes. Se sien­te humano en esos momen­tos, digno, y renie­ga con­tra el colo­ni­za­dor, quie­re vol­ver al pasa­do, se ima­gi­na un mun­do pre­sen­te con mucho de lo que fue su mun­do pre-colo­nial.

De acuer­do a Fanon, a tra­vés de cier­tas mani­fes­ta­cio­nes cul­tu­ra­les pro­pias como la dan­za, el colo­ni­za­do des­aho­ga su vio­len­cia acu­mu­la­da, su deseo de eli­mi­nar al colo­ni­za­dor, de aca­bar con la colo­ni­za­ción 10. Esa mis­ma vio­len­cia debe reorien­tar­se con­tra el colo­ni­za­dor y la colo­ni­za­ción. La vio­len­cia des­co­lo­ni­za­do­ra del colo­ni­za­do está laten­te en el fon­do de su espí­ri­tu. Des­de su ser domi­na­do y explo­ta­do mani­fies­ta su males­tar con­tra el mun­do moderno-colo­nial expre­san­do su horror de este mun­do y a la vez su deseo de ven­gan­za con­tra quien hizo su mun­do una tie­rra lle­na de males. Así, la dan­za gua­ra­ní-chi­ri­gua­na del Yagua­ra­té y el Toro expre­sa la vic­to­ria del jaguar (repre­sen­ta­ción del mun­do sel­ví­co­la) sobre el toro (repre­sen­ta­ción del mun­do moderno-colo­nial), por men­cio­nar algún ejem­plo.

De esta mane­ra, el colo­ni­za­do se resis­te a per­der su cul­tu­ra, muchas veces de modo clan­des­tino, pese al con­trol y la repre­sión del colo­ni­za­dor. Así, más de 500 años de colo­ni­za­ción no logra­ron extin­guir la cul­tu­ra ances­tral, aho­ra ésta se pre­sen­ta imbri­ca­da o camu­fla­da con ele­men­tos cul­tu­ra­les moder­nos, aho­ra se pre­sen­ta como cul­tu­ra popu­lar. Por eso la reva­lo­ri­za­ción de nues­tras cul­tu­ras indí­ge­nas ori­gi­na­rias flu­ye cuan­do can­sa­dos de la domi­na­ción, ena­je­na­ción y explo­ta­ción moderno-colo­nial, nos tra­za­mos un hori­zon­te en el cual poda­mos vivir real­men­te como seres huma­nos. Por eso que­re­mos recu­pe­rar nues­tra iden­ti­dad, nues­tros valo­res, y cons­ti­tuir un mun­do nue­vo des­de nues­tras cul­tu­ras ori­gi­na­rias.

La des­co­lo­ni­za­ción flu­ye como fenó­meno vio­len­to pues­to que se deri­va del can­san­cio del colo­ni­za­do de vivir como infe­rior en la domi­na­ción, explo­ta­ción y ena­je­na­ción; es decir, del can­san­cio de vivir en la vio­len­cia colo­nial. Enton­ces, éste quie­re dejar de ser colo­ni­za­do, quie­re gober­nar­se por sí mis­mo, quie­re recu­pe­rar y recons­truir su cul­tu­ra, quie­re vivir ple­na­men­te, en sí quie­re huma­ni­zar­se. En este sen­ti­do, la expe­rien­cia de empren­der la lucha con­tra la moder­ni­dad-colo­nia­li­dad lo con­vier­te en hom­bre, un igual fren­te al res­to de los hom­bres, retro­ce­der aho­ra sería dele­gar su res­pon­sa­bi­li­dad de su pro­pia libe­ra­ción a ter­ce­ros, si lo hace habrá fra­ca­sa­do. El poten­cial des­co­lo­ni­za­dor está en él mis­mo colo­ni­za­do, éste debe pen­sar­se en su cul­tu­ra popu­lar, de la cual ini­cia­rá la recons­truc­ción de su cul­tu­ra ances­tral y de ésta podrá plan­tear­se un pen­sa­mien­to des­co­lo­ni­za­dor que le guíe a la supera­ción del sis­te­ma-mun­do moderno-colo­nial.

La Paz, 6 de mayo de 2011

* Autor de los libros: El camino de la reco­lo­ni­za­ción (hacia el Alca) (mar­zo, 2003), La rebe­lión poli­cial y la con­cien­cia de liber­tad en la mul­ti­tud (sep­tiem­bre, 2003), y, Orí­ge­nes del Esta­do repu­bli­cano colo­nial (junio, 2009, iné­di­to), ade­más de varios ensa­yos sobre his­to­ria y cul­tu­ra de los pue­blos del Orien­te boli­viano publi­ca­dos en dife­ren­tes revis­tas elec­tró­ni­cas.

1 Véa­se: Mig­no­lo, Wal­ter. “Pen­sa­mien­to deco­lo­nial: des­pren­di­mien­to y aper­tu­ra”. En libro: Varios auto­res. El giro deco­lo­nial. Uni­ver­si­dad Cen­tral, IESCO, Uni­ver­si­dad Javie­ra­na, Bogo­tá, (edi­ción digi­tal) 2007. Pag. 29

2 Véa­se: Walsh, Cathe­ri­ne. “Inter­cul­tu­ra­li­dad, plu­ri­na­cio­na­li­dad, deco­lo­nia­li­dad: las insur­gen­cias polí­ti­co-epis­té­mi­cas de refun­dar un Esta­do”. En revis­ta Tabu­la Rasa, N° 9, julio-diciem­bre, 2008, Bogo­tá. Pag. 137 – 138

3 Fanon, Frantz. Los con­de­na­dos de la tie­rra. Kolec­ti­vo Edi­to­rial “Últi­mo Recur­so”, Rosa­rio-Argen­ti­na, segun­da edi­ción libe­ra­da (edi­ción digi­tal), 2007.Pag. 30.

4 Op. cit. pag. 25.

5 Op. cit. pag. 34 – 46

6 Op. cit. pag. 26

7 Frantz Fanon men­cio­na que cuan­do se per­ci­be el con­tex­to colo­nial se evi­den­cia que el mun­do está divi­di­do en razas, en espe­cies. Por lo tan­to des­co­lo­ni­zar sig­ni­fi­ca, ente­rrar una de las zonas (la moder­na, o lo que aquí esta­mos lla­man­do el aden­tro), para lue­go uni­fi­car ese mun­do sobre la base de la nación, qui­tán­do­le de esta mane­ra su hete­ro­ge­nei­dad. Op.cit. pag. 29

8 Dus­sel, Enri­que. Trans­mo­der­ni­dad e inter­cul­tu­ra­li­dad. www​.afyl​.org (edi­ción digi­tal). Pag. 7

9 Fanon… op. cit. pag. 38

10 Op. cit. pag. 43

. * La épo­ca (Boli­via)

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