La cri­sis de Yemen entra en una nue­va fase- Txen­te Rekondo

Los recien­tes enfren­ta­mien­tos entre fuer­zas lea­les al actual pre­si­den­te, Ali Abdu­llah Saleh, y las de los miem­bros de una de las tri­bus más pode­ro­sas del país, la con­fe­de­ra­ción Hashid, han pro­vo­ca­do dece­nas de muer­tos y el éxo­do de cien­tos de per­so­nas de la capi­tal yeme­ní, hacien­do pla­near sobre el ya de por sí com­ple­jo esce­na­rio local el fan­tas­ma de la gue­rra civil.

En el poder des­de 1978, Saleh ha sabi­do man­te­ner­se fir­me en todos estos años gra­cias a la pro­pia estruc­tu­ra tri­bal del país. En Yemen las redes tri­ba­les y el peso de las mis­mas en todos los ámbi­tos han crea­do un sis­te­ma don­de se ha pri­ma­do a los líde­res tri­ba­les, en oca­sio­nes por enci­ma de las pro­pias ins­ti­tu­cio­nes guber­na­men­ta­les, y han dota­do a las prin­ci­pa­les tri­bus del país de una amplio poder de deci­sión y de con­trol. A ello hay que aña­dir ade­más, la habi­li­dad del pro­pio Saleh para tejer a tra­vés de dona­cio­nes eco­nó­mi­cas las fide­li­da­des tribales.

La corrup­ción, las luchas por el poder se han man­te­ni­do en el país, con­vi­vien­do jun­to a una pobla­ción muy joven (la media de edad es de 18 años), pero que cada vez tie­ne menos expec­ta­ti­vas de futu­ro (el des­em­pleo supera el 20&%) y asis­te can­sa­da a esa mar­gi­na­ción de todos los ámbi­tos de poder.

Has­ta aho­ra Saleh ha podi­do apro­ve­char­se del apo­yo de las tri­bus o de su neu­tra­li­dad, pero en los últi­mos meses las cosas han ido cam­bian­do, has­ta lle­gar a los enfren­ta­mien­tos abier­tos de esta sema­na. El ata­que de las tro­pas guber­na­men­ta­les con­tra el cam­pa­men­to de la fami­lia al-Ahmar en Sanaa ha pro­vo­ca­do la peli­gro­sa situa­ción actual. Para algu­nos ana­lis­tas esta situa­ción se había veni­do fra­guan­do en estos meses, y era cues­tión de tiem­po que algu­nos acto­res tri­ba­les movie­ses ficha. Sin embar­go, otros opi­nan que esta manio­bra pue­de obe­de­cer a una pla­ni­fi­ca­da estra­te­gia por par­te del actual presidente.

Con este ata­que, Saleh podía bus­car esa ima­gen de enfren­ta­mien­tos, y hacer que el peli­gro de gue­rra civil se aso­me en el esce­na­rio yeme­ní. En el pasa­do ha veni­do uti­li­zan­do la ban­de­ra del mie­do a una supues­ta opor­tu­ni­dad que para al Qae­da supon­dría su sali­da del poder, y vis­to que esa teo­ría no ha resul­ta­do muy creí­ble para sus has­ta hace poco alia­dos (tan­to loca­les como extran­je­ros), habría opta­do por esa otra escenificación.

La impor­tan­cia geo­es­tra­té­gi­ca de Yemen entra­ría en los ejes de este plan. A nadie se le esca­pa que un país envuel­to en el caos o en una gue­rra civil podría repe­tir el esce­na­rio que se vive a día de hoy en Soma­lia, y poner en serios aprie­tos el ya de por sí peli­gros trán­si­to marí­ti­mo en la zona. Sin olvi­dar tam­po­co los efec­tos des­es­ta­bi­li­za­do­res que la situa­ción gene­ra­ría en las veci­nas clep­to­cra­cias de la Penín­su­la Ará­bi­ga, así como la oca­sión que se le brin­da­ría a orga­ni­za­cio­nes como al Qae­da de la Penín­su­la Ará­bi­ga (espe­ran­do siem­pre apro­ve­char el caos) y los aprie­tos que debe­ría afron­tar la estra­te­gia “con­tra el terror” estadounidense.

El peso de la fami­lia al-Ahmar es otra cla­ve para acer­car­nos pro­ba­ble­men­te al futu­ro de Yemen. El líder de la con­fe­de­ra­ción tri­bal, Seikh Sadek al Ahmar ha deci­di­do res­pon­der al ata­que de Saleh movi­li­zan­do a sus impor­tan­tes fuer­zas, que ade­más cuen­tan con impor­tan­tes apo­yos en otros sec­to­res del esta­do yeme­ní. El padre del actual líder, falle­ci­do en 2007, fun­dó el par­ti­do isla­mis­ta Islah, uno de los más impor­tan­tes de la opo­si­ción, y en la actua­li­dad diri­gi­do por otro her­mano de Sadek, que ade­más de ser un impor­tan­te empre­sa­rio, cuen­ta con muy bue­nas rela­cio­nes con Ara­bia Sau­di­ta y otros círcu­los isla­mis­tas loca­les. Otro her­mano dimi­tió el pasa­do febre­ro de las filas pre­si­den­cia­les, tras las matan­zas de ese mes con­tra la pobla­ción civil (y que mues­tra la par­ti­ci­pa­ción de la fami­lia al Ahmar en dife­ren­tes ámbi­tos de poder).

La pug­na por hacer­se con un papel pre­do­mi­nan­te en el nue­vo esce­na­rio y ase­gu­rar­se el apo­yo de sus pode­ro­sos alia­dos, otro­ra apo­yos que tenía el actual pre­si­den­te Saleh, pue­de empu­jar a Sadek a for­zar algo más la situa­ción. El acuer­do pro­pues­to por el Con­se­jo de Coope­ra­ción del Gol­fo (CCG), el pro­nun­cia­mien­to de Oba­ma seña­lan­do que “Saleh debe trans­fe­rir inme­dia­ta­men­te el poder” son sín­to­mas de hacia don­de pue­de enca­rri­lar­se la situa­ción yemení.

Por su par­te, el pre­si­den­te Saleh, cons­cien­te de que el tiem­po corre en su con­tra y que las grie­tas entre los has­ta aho­ra fie­les apo­yos (loca­les y extran­je­ros) se acen­túan, podría estar for­zan­do la situa­ción para lograr un acuer­do que garan­ti­ce su inmu­ni­dad, vis­to sobre todo lo que está acon­te­cien­do a la fami­lia Muba­rak en Egip­to, por eso tal vez ese inten­to por mos­trar­se desafiante.

En este esce­na­rio hay otro actor que está sien­do rele­ga­do inten­cio­na­da­men­te por par­te de los cita­dos pro­ta­go­nis­tas y por par­te de bue­na par­te de los medios de comu­ni­ca­ción. Cuan­do algu­nos han des­cu­bier­to la lla­ma­da “pri­ma­ve­ra ára­be” hace unos meses, y nos pre­sen­tan la situa­ción de las pro­tes­tas de la calle yeme­ní en ese ámbi­to, o bien ocul­tan la reali­dad o bien la desconocen.

En Yemen des­de hace casi tres años varios jóve­nes acti­vis­tas se han veni­do con­cen­tran­do cada mar­tes fren­te al pala­cio guber­na­men­tal en deman­da de refor­mas, liber­tad de pren­sa y la liber­tad de los pre­sos de con­cien­cia. Rela­cio­na­dos a tra­vés de redes como Fact­book, esos movi­mien­tos han sido el ger­men, poco orga­ni­za­do y con impor­tan­tes caren­cias, de las movi­li­za­cio­nes de este año.

Según han ido toman­do pro­ta­go­nis­mo y peso, su dis­cur­so se ha vuel­to “peli­gro­so” tan­to para el gobierno como para la opo­si­ción tra­di­cio­nal en torno a la Unión Con­jun­ta de Par­ti­dos (JMP). En ese con­tex­to hay que situar tam­bién los movi­mien­tos pro­ve­nien­tes des­de las clep­to­cra­cias del CCG y de EEUU, teme­ro­sos tal vez que estos jóve­nes (con una impor­tan­te par­ti­ci­pa­ción de muje­res) hagan sal­tar por los aires el pano­ra­ma con­tro­la­do yemení.

Las divi­sio­nes inter­nas, el défi­cit orga­ni­za­ti­vo y las difi­cul­ta­des para hacer­se oír en los prin­ci­pa­les medios loca­les tam­po­co han ayu­da­do a la hora de arti­cu­lar esta nue­va alter­na­ti­va. Su recha­zo a las pro­pues­tas “con­ti­nuis­tas” (aun­que sin Saleh) del CCG y sus vale­do­res loca­les y occi­den­ta­les, han acen­tua­do ese “olvi­do”.

La actual foto yeme­ní nos mues­tra las pug­nas y divi­sio­nes entre acto­res y pro­yec­tos. Las tri­bus, los mili­ta­res, los isla­mis­tas, la opo­si­ción “ofi­cial”, el movi­mien­to juve­nil, pre­sen­tan cada uno sus pro­yec­tos y sus caren­cias, y algu­nos de ellos están dis­pues­tos ade­más a apos­tar por todas las vías posi­bles para hacer­se con la situa­ción pri­vi­le­gia­da que les per­mi­ta con­tro­lar el futu­ro del país.

Los nuba­rro­nes de una nue­va gue­rra civil se vie­nen a unir a las otras tres cri­sis que con­vi­ven a día de hoy en Yemen. La rebe­lión de los Huthi (chií­tas) en el nor­te del país, el movi­mien­to sece­sio­nis­ta del sur (cada día mejor orga­ni­za­do, más fuer­te y con mayo­res apo­yos), y final­men­te con la per­ma­nen­te de gru­pos como al Qae­da de la Penín­su­la Ará­bi­ga, dis­pues­tos a con­di­cio­nar la situa­ción y a man­te­ner su estra­te­gia de jiha­dis­mo transnacional.

Los pró­xi­mos días se acla­ra­ran algo las cosas, y vere­mos si el actual impa­se se solu­cio­na a tra­vés de nego­cia­cio­nes, que podrían garan­ti­zar la sali­da de Saleh a cam­bio de garan­ti­zar­le la impu­ni­dad para él y los suyos, o si por el con­tra­rio el pro­yec­to de “tran­si­ción con­tro­la­da” sal­ta por los aires y la gue­rra civil, son sus ines­pe­ra­das con­se­cuen­cias loca­les, regio­na­les e inter­na­cio­na­les, se adue­ña del pano­ra­ma yeme­ní. En cual­quier caso, Yemen lle­va muchos años al bor­de un de peli­gro­so precipicio.

TXENTE REKONDO.- Gabi­ne­te Vas­co de Aná­li­sis Inter­na­cio­nal (GAIN)

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