Los espías mima­dos de Israel en Esta­dos Uni­dos – Percy Alvarado

ALGUNOS CONCEPTOS BASICOS.

El vie­jo dife­ren­do entre el gato y el ratón, que ha alcan­za­do su máxi­ma expre­sión en los comics de Tom & Jerry, ha mar­ca­do his­tó­ri­ca­men­te los enfren­ta­mien­tos entre el espio­na­je y el con­tra­es­pio­na­je. Tal como expre­só Tzun Tsu, en El Arte de la Gue­rra, “La infor­ma­ción no pue­de obte­ner­se de fan­tas­mas ni espí­ri­tus, ni se pue­de tener por ana­lo­gía, ni des­cu­brir median­te cálcu­los. Debe obte­ner­se de per­so­nas; per­so­nas que conoz­can la situa­ción del adver­sa­rio.” Tal es la razón de la exis­ten­cia mis­ma del espio­na­je, como una acti­vi­dad desa­rro­lla­da por ins­ti­tu­cio­nes, en nom­bre de un país u orga­ni­za­ción, cuya fina­li­dad es la obten­ción de infor­ma­ción sen­si­ble o secre­ta de otra con­tra­par­te. Para lograr ese obje­ti­vo se ha hecho pre­su­po­ner que no valen rece­tas pre­con­ce­bi­das, ni escrú­pu­los y, sobre todo, ape­go a la lega­li­dad. Median­te la pene­tra­ción y la infil­tra­ción de agen­tes, recu­rrien­do a la siem­bra de topos, al chan­ta­je y al com­pro­me­ti­mien­to, el soborno y la explo­ta­ción de las debi­li­da­des de los fun­cio­na­rios enemi­gos, la bús­que­da de afi­ni­da­des ideo­ló­gi­cas en algu­nos poten­cia­les obje­ti­vos a par­tir de sus con­vic­cio­nes y las ape­ten­cias mate­ria­les de otros pro­pen­sos a la trai­ción, los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia acce­den a la infor­ma­ción que les intere­sa para cono­cer las debi­li­da­des y pla­nes de sus enemi­gos y, sor­pre­si­va­men­te, de algu­nos que con­si­de­ran sus ami­gos. Este pro­ce­so es sim­ple: se basa en un estu­dio ini­cial de per­fi­les de los poten­cia­les agen­tes, la fase ulte­rior de acer­ca­mien­to a la fuen­te y su reclutamiento.

Obvia­men­te, cada nación debe pro­te­ger­se de estas ame­na­zas y para ello cuen­ta con sus ser­vi­cios de con­tra­es­pio­na­je, cuya acti­vi­dad es impe­dir que el enemi­go obten­ga infor­ma­ción secre­ta, neu­tra­li­zar redes de espio­na­je, así como crear meca­nis­mos de des­in­for­ma­ción para con­fun­dir a la inte­li­gen­cia enemi­ga. Su tra­ba­jo, por supues­to, se sus­ten­ta en la infil­tra­ción y pene­tra­ción de las célu­las de espio­na­je en su terri­to­rio, el moni­to­reo de las mis­mas y de las sedes diplo­má­ti­cas don­de ope­ran cen­tros de espio­na­je, la crea­ción de per­fi­les de los fun­cio­na­rios de las enti­da­des guber­na­men­ta­les con acce­so a infor­ma­ción sen­si­ble y valio­sa, así como el reclu­ta­mien­to de agen­tes median­te los mis­mos méto­dos que emplea la inte­li­gen­cia, tales como sobor­nos, chan­ta­je, ame­na­zas y otras varian­tes del rejue­go operativo.

Un aspec­to esen­cial del tra­ba­jo de con­tra­es­pio­na­je es espe­rar el momen­to opor­tuno para ope­rar con­tra una red de espio­na­je enemi­go. Aquí no valen los apre­su­ra­mien­tos y muchas veces es más bene­fi­cio­so dar­le cuer­da al ratón para cono­cer sus inten­cio­nes, carac­te­ri­zar­lo en sus pro­ce­di­mien­tos y alcan­ces de su tra­ba­jo, des­in­for­mar­lo, que equi­va­le a usar­lo en pro­pio bene­fi­cio. Un arres­to pre­ma­tu­ro de agen­tes pue­de dar al tras­te con casos de mayor y más peli­gro­sa enver­ga­du­ra y alcan­ce. Por tan­to, el tra­ba­jo del con­tra­es­pio­na­je requie­re suti­le­zas y pacien­cia. Al res­pec­to, el pro­pio Tzun Tsu acla­ró en su Arte de la Gue­rra: “No se pue­de obte­ner la ver­dad de los espías sin sutileza.”

Un ele­men­to esen­cial para com­pren­der el tra­ba­jo de los ser­vi­cios de espio­na­je y con­tra­es­pio­na­je es el de ver­los como ins­tru­men­tos de la polí­ti­ca de cada esta­do en su exac­to tiem­po y espa­cio. Hay oca­sio­nes en que el gato y el ratón se con­vier­ten en enco­na­dos enemi­gos; otros en que coope­ran entre sí por cir­cuns­tan­cias espe­cí­fi­cas e inter­cam­bian infor­ma­ción entre ellos ante un peli­gro forá­neo; otras en que el gato es com­pla­cien­te con el ratón en corres­pon­den­cia a un con­tex­to polí­ti­co inter­na­cio­nal en que los intere­ses son coin­ci­den­tes. Todo depen­de de sus patro­ci­na­do­res guber­na­men­ta­les y de sus obje­ti­vos en polí­ti­cas e inten­cio­nes de esta­do. Al res­pec­to, seña­ló acer­ta­da­men­te Hono­ré de Bal­zac: “Todo poder es una cons­pi­ra­ción permanente”.

Hay oca­sio­nes, sin embar­go, en que la acti­vi­dad del espio­na­je con­sen­ti­do pue­de crear gra­ves pro­ble­mas a un gobierno, tal como ha ocu­rri­do a Esta­dos Uni­dos con la acti­vi­dad del Mos­sad israe­lí en su terri­to­rio. Las alian­zas nor­te­ame­ri­ca­nas con Israel, la for­ta­le­za del lobby judío y su influen­cia en los círcu­los de poder esta­dou­ni­den­ses, así como una exce­si­va con­fian­za, le han crea­do más de un dolor de cabe­za y han pues­to en ridícu­lo la efi­ca­cia de su con­tra­es­pio­na­je. De hecho, el espio­na­je con­sen­ti­do del Mos­sad en EE UU ha des­per­ta­do muchos rece­los es las esfe­ras guber­na­men­ta­les nor­te­ame­ri­ca­nas por la agre­si­vi­dad, impu­ni­dad y peli­gro­si­dad de los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia israe­líes, quie­nes han pues­to en tela de jui­cio la vul­ne­ra­bi­li­dad de ese país en mas de una oca­sión. Tal vez le fal­tó a Esta­dos Uni­dos tener más en cuen­ta aque­lla vie­ja y sabia fra­se de Ben­ja­mín Fran­klin: “Al ele­gir un ami­go ve des­pa­cio, y más des­pa­cio toda­vía al cam­biar de amigos”.

LA COLABORACION INTERAGENCIAS.

Un hecho recien­te, la cap­tu­ra de trein­ta espías nor­te­ame­ri­ca­nos per­te­ne­cien­tes a la CIA por par­te del minis­te­rio ira­ní de Inte­li­gen­cia, todos en reali­dad vin­cu­la­dos al Mos­sad israe­lí, puso de mani­fies­to la cola­bo­ra­ción inter­agen­cias de inte­li­gen­cia entre ambas nacio­nes. El empleo de los cen­tros de la CIA en las sedes diplo­má­ti­cas ubi­ca­das en varios paí­ses ára­bes como los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos, Mala­sia y Tur­quía, para reclu­tar ciu­da­da­nos ira­níes y de otras nacio­nes del Medio Orien­te, tuvo como sopor­te al Mos­sad, pues el mis­mo se encar­gó de cum­plir con las fases de selec­ción, acer­ca­mien­to y par­te del reclu­ta­mien­to de los mis­mos. En esta opor­tu­ni­dad, median­te pro­me­sas de libre emi­gra­ción a EE UU y dine­ro, se pre­ten­día obte­ner infor­ma­ción sen­si­ble sobre las defen­sas, finan­zas y otros secre­tos de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca de Irán.

En casos como este, los favo­res se pagan e Israel tie­ne bien cla­ro que el obje­ti­vo de su espio­na­je debe ser, pri­me­ro que todo, aque­llos paí­ses que, como Esta­dos Uni­dos, cuen­tan con gran­des con­cen­tra­cio­nes de ciu­da­da­nos ára­bes. Tal fue la razón de que a par­tir de los años 60 el Mos­sad crea­ra abun­dan­tes redes de moni­to­reo en varias ciu­da­des nor­te­ame­ri­ca­nas con la anuen­cia de la Casa Blan­ca. Estas redes dedi­ca­das a espiar a las comu­ni­da­des ára­bes tam­bién tie­nen como misión la eli­mi­na­ción físi­ca o el secues­tro de poten­cia­les enemigos.

El recien­te caso de la cap­tu­ra de los trein­ta espías de la CIA y el Mos­sad no es un hecho ais­la­do. Varios docu­men­tos de Wiki­leaks dados a cono­cer el año pasa­do, y envia­dos a la CIA, y lue­go entre­ga­dos a sus socios del Mos­sad, ponen sobre el tape­te que las emba­ja­das nor­te­ame­ri­ca­nas en paí­ses ára­bes y musul­ma­nes, emplea­ron el sis­te­ma mili­tar de comu­ni­ca­ción SIPDIS como sopor­te infor­ma­ti­vo. En uno de ellos se reco­ge la pro­pues­ta de Meir Dagan a EEUU, el jefe del Mos­sad, de un plan para eje­cu­tar un gol­pe de Esta­do en Irán en el año 2007. A pesar de algu­nas dife­ren­cias de inter­pre­ta­ción de las polí­ti­cas a seguir con res­pec­to a Irán, entre ambos gobier­nos pre­va­le­ció la inten­ción de des­truir a la Revo­lu­ción Islá­mi­ca recu­rrien­do a los tra­di­cio­na­les meca­nis­mos de sub­ver­sión inter­na, apo­yo a la con­tra­rre­vo­lu­ción, una gue­rra mediá­ti­ca y des­in­for­ma­ti­va, así como el ais­la­mien­to inter­na­cio­nal sobre la base de fal­sas acu­sa­cio­nes sobre el pro­gra­ma nuclear ira­ní y una fabri­ca­da vio­la­ción de los dere­chos huma­nos. Para ello, des­de lue­go, coor­di­na­ron accio­nes entre la CIA y el Mossad.

EL ESPIONAJE CONSENTIDO DEL MOSSAD EN ESTADOS UNIDOS.

El espio­na­je con­sen­ti­do del Mos­sad den­tro de Esta­dos Uni­dos ha alcan­za­do ribe­tes inima­gi­na­bles des­de hace más de cin­cuen­ta años, cuan­do la inte­li­gen­cia israe­lí se plan­teó moni­to­rear a las comu­ni­da­des ára­bes asen­ta­das en ese país. En diciem­bre de 2008 fue la pro­pia inte­li­gen­cia rusa la que des­ta­pó la pre­sen­cia de redes de Mos­sad, finan­cia­das des­de 1960 por par­te de millo­na­rios de ori­gen judío, entre los que sobre­sa­lió el neo­yor­quino Ber­nard Madoff. La cap­tu­ra de Madoff se rela­cio­nó con un sona­do caso de espio­na­je del Mos­sad que invo­lu­cró a Larry Fran­klin, cap­tu­ra­do en el 2005 cuan­do, des­de su pues­to como miem­bro del Pen­tá­gono, ven­dió secre­tos al AIPAC, el Comi­té Esta­dou­ni­den­se-Israe­lí para Asun­tos Públi­cos, gru­po de cabil­deo den­tro del Con­gre­so y de la Casa Blan­ca, vin­cu­la­do estre­cha­men­te al Mos­sad. Larry Fran­klin, un ana­lis­ta del Pen­tá­gono espe­cia­li­za­do en Irán y per­te­ne­cien­te a la Ofi­ci­na de Asun­tos de Orien­te Medio y el Sur de Asia (NESA), encar­ga­da de dise­ñar las polí­ti­cas del Pen­tá­gono para esas regio­nes. Este gol­pe con­tra los israe­líes, por supues­to, fue par­te de una polí­ti­ca coyun­tu­ral de Oba­ma para des­lin­dar­se en apa­rien­cia de la influen­cia israe­lí tan pre­do­mi­nan­te en las esfe­ras de poder de Esta­dos Uni­dos. Fue, en resu­men, el sacri­fi­cio de peo­nes en el table­ro de aje­drez sin afec­tar a las gran­des piezas.

Como un ante­ce­den­te del espio­na­je israe­lí den­tro de terri­to­rio nor­te­ame­ri­cano estu­vo la cap­tu­ra en 1985 de Richard Smyth, quien fue encon­tra­do cul­pa­ble de ven­der tem­po­ri­za­do­res nuclea­res a Israel.

Phi­lip Giral­di, ex fun­cio­na­rio de la CIA, des­min­tió los ale­ga­tos de Tel Aviv de que acti­vi­dad del Mos­sad en EEUU es un espio­na­je impu­ne sos­te­ni­do bajo pre­sión del lobby israe­lí. De este modo, el Mos­sad está espian­do en EEUU con impu­ni­dad, dijo Giral­di. La cap­tu­ra de Ben-Ami Cádiz en el 2008, lue­go de per­ma­ne­cer más de vein­te años infor­man­do secre­tos mili­ta­res a Israel es prue­ba de ello. Lo sor­pren­den­te de este caso es que Ben-Ami Kadish, ex inge­nie­ro en Pica­tinny Arse­nal en Nue­va Jer­sey, salió lue­go de pagar una mul­ta y aún per­ci­be su pen­sión del Depar­ta­men­to de Defen­sa. Esta impu­ni­dad ha cobra­do real­ce lue­go del aumen­to de las ten­sio­nes entre Israel e Irán en los últi­mos meses. El Mos­sad ha tra­ta­do, en más de una oca­sión, espiar y coac­cio­nar a ciu­da­da­nos ára­bes en EE UU bajo la facha­da de per­te­ne­cer al FBI, sobre todo en gran­des urbes como Nue­va York y Nue­va Jer­sey, ope­ran­do inclu­so des­de la misión de Israel ante las Nacio­nes Uni­das en Nue­va York. Está cla­ro de que el FBI tie­ne las manos ata­das para actuar con­tra sus fal­sos agen­tes israe­líes, en una acep­ta­ción de una ruti­na exten­di­da e ile­gal, acep­ta­da inclu­so por el Depar­ta­men­to de Justicia.

Otro sona­do caso de espio­na­je israe­lí invo­lu­cró a Ste­wart Nozet­te, un cien­tí­fi­co aero­es­pa­cial del Ins­ti­tu­to Tec­no­ló­gi­co de Mas­sa­chu­setts (MIT), quien tra­ba­jó en el Labo­ra­to­rio Nacio­nal Liver­mo­re del Depar­ta­men­to de Ener­gía y en el Cen­tro God­dard de Vue­los Espa­cia­les de la NASA, cap­tu­ra­do por el FBI el 20 de octu­bre de 2009, inten­ta­do ven­der secre­tos a un agen­te encu­bier­to que dijo per­te­ne­cer al Mos­sad. Aun­que su cul­pa­bi­li­dad que­dó demos­tra­da, Nozet­te con­fía en ante­ce­den­tes ante­rio­res en que espías al ser­vi­cio del Mos­sad y del AIPAC, como Ste­ve Rosen y Keith Weiss­man, quie­nes fue­ron absuel­tos bochor­no­sa­men­te en abril de 2009.

Des­de 1989 has­ta 2006 con­ta­ba con auto­ri­za­ción de segu­ri­dad de alto nivel y acce­so fre­cuen­te a infor­ma­ción y docu­men­tos vin­cu­la­dos a la defen­sa nacio­nal, seña­ló el FBI.

El espio­na­je del Mos­sad en EE UU tie­ne bar­bas lar­gas y se ha con­ver­ti­do en un vicio en el sta­blish­ment nor­te­ame­ri­cano. Uno de los casos más anti­guos fue el de Jonathan Jay Pollard, ex ana­lis­ta civil de inte­li­gen­cia de la Mari­na de los Esta­dos Uni­dos, con­de­na­do por espiar para Israel y sumi­nis­trar a la LAKAM (Ofi­ci­na de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les de Israel) alre­de­dor de 800.000 pági­nas de docu­men­tos nor­te­ame­ri­ca­nos cla­si­fi­ca­dos. Con­de­na­do a cade­na per­pe­tua en 1987, pur­ga su con­de­na en la peni­ten­cia­ría fede­ral de But­ner, en Caro­li­na del Nor­te, iden­ti­fi­ca­do como el pre­so núme­ro 09185 – 016. Sin ser acu­sa­do de trai­ción pues Israel no es enemi­go de EE UU, Pollard ha sido una excep­ción en el tra­to con los espías israe­líes. Todo pare­ce haber sido cues­tión de rejue­gos polí­ti­cos: el 12 de Mayo de 1998 Israel acep­tó que Pollard era agen­te del Mos­sad y le con­ce­dió la ciu­da­da­nía israe­lí en 1995, tres años antes. Se sabe tam­bién que el AIPAC, y el pro­pio gobierno de Israel, hacen ges­tio­nes para su libe­ra­ción. Por últi­mo, el 4 de enero de 2011 el pri­mer minis­tro israe­lí, Ben­ja­mín Netan­yahu, soli­ci­tó ofi­cial­men­te el indul­to de Jonathan Pollard.

Tam­bién alcan­zó noto­rie­dad el caso de un mili­tar nor­te­ame­ri­cano, David Tenen­baum, quien en 1997 sumi­nis­tró secre­tos mili­ta­res al Mos­sad sobre misi­les y vehícu­los acorazados.

Tal vez la prue­ba del espio­na­je con­sen­ti­do del Mos­sad en terri­to­rio nor­te­ame­ri­cano la ofre­ció Susan Lin­dauer, un ex con­tac­to de la CIA en Iraq, quien ha lan­za­do la acu­sa­ción de que la CIA tuvo cono­ci­mien­tos pre­vios sobre el ata­que en las Torres Geme­las y don­de invo­lu­cra al Mos­sad en estos even­tos del 11 de sep­tiem­bre de 2001. Para Lin­dauer, su jefe en la CIA, Kevin Barret, tenía cono­ci­mien­to del ata­que antes que el mis­mo tuvie­ra lugar. Las decla­ra­cio­nes de Lin­dauer coin­ci­den con docu­men­tos ofi­cia­les des­cla­si­fi­ca­dos del Archi­vo de Segu­ri­dad Nacio­nal de Esta­dos Uni­dos, don­de se mues­tra que el gobierno de Bush pla­neó la gue­rra con­tra Irak casi un año antes del ata­que al World Tra­de Cen­ter. Para eli­mi­nar cual­quier infi­den­cia de Lin­dauer, la mis­ma fue con­de­na­da como agen­te al ser­vi­cio de Irak, aun­que lue­go fue libe­ra­da por razo­nes de inapro­pia­das con­di­cio­nes men­ta­les. Sin embar­go, la expul­sión masi­va de espías israe­líes lue­go de los aten­ta­dos fue una res­pues­ta por la fal­ta de coope­ra­ción del Mos­sad de Israel para impe­dir la masa­cre los hechos del 11 de sep­tiem­bre de 2001. Aun­que el FBI con­si­guió prue­bas al res­pec­to, se sabe que las altas esfe­ras de poder per­mi­tie­ron luz ver­de al ata­que al WTC.

A prin­ci­pios del año 2006 se pudo evi­den­ciar una ope­ra­ción den­tro de Esta­dos Uni­dos eje­cu­ta­da por dos sec­cio­nes del Mos­sad: la Metsa­da o sec­ción de ser­vi­cios espe­cia­les, encar­ga­da de pro­yec­tos de gue­rra para­mi­li­ta­res y psi­co­ló­gi­cos, así como del Loha­mah Psi­chlo­git Depart­ment (L.A.P.), que lle­vó al FBI a rea­li­zar amplios inte­rro­ga­to­rios a miem­bros de la pren­sa nor­te­ame­ri­ca­na sobre sus cono­ci­mien­tos sobre la exis­ten­cia de redes de inte­li­gen­cia israe­líes en terri­to­rio esta­dou­ni­den­se y sus víncu­los con la pren­sa de ese país, ya que exis­tía una mar­ca­da ten­den­cia a difun­dir infor­ma­ción fal­sea­da a favor de Israel. Uno de los casos fue el de la perio­dis­ta Judith Miller, exper­ta en des­in­for­mar a la opi­nión públi­ca por más de una déca­da entre los años 80 y 90. Obvia­men­te, como en todos los casos, cual­quier inves­ti­ga­ción fede­ral fue sabo­tea­da por los gru­pos de poder empa­ren­ta­dos con el pode­ro­so AIPAC y con la Con­fe­ren­cia de Pre­si­den­tes de las Orga­ni­za­cio­nes Judías más Impor­tan­tes (CPMJO). El col­mo de la impu­ni­dad ha sido la pene­tra­ción del FBI por agen­tes del Mos­sad, tal como ocu­rrió con los casos de Richard Per­le y Paul Wol­fo­witz, quie­nes entre­ga­ron varios dos­siers al ser­vi­cio israe­lí en 1980. Muchos altos diri­gen­tes del con­tra­es­pio­na­je nor­te­ame­ri­cano, del Pen­tá­gono y figu­ras del gobierno como Elliot Abrams, Rubin y Libby en el Con­se­jo Nacio­nal de Segu­ri­dad, el Depar­ta­men­to de Esta­do y la Ofi­ci­na del Vice­pre­si­den­te, per­mi­tie­ron la impu­ni­dad del Mossad.

El nivel de mane­jo ideo­ló­gi­co de la ultra­de­re­cha nor­te­ame­ri­ca­na pro israe­lí se puso de mani­fies­to cuan­do creó el Washing­ton Ins­ti­tu­te for Near East Policy (WINEP), don­de muchos fun­cio­na­rios del depar­ta­men­to de Esta­do nor­te­ame­ri­cano y del Minis­te­rio de Defen­sa rea­li­zan cur­sos sobre temá­ti­cas rela­cio­na­das con el Orien­te Medio. Por si fue­ra poco, el AIPAC invi­ta a los nue­vos miem­bros del Con­gre­so de EE UU a un via­je gra­tui­to a Israel para rea­li­zar turis­mo político.

Otro apo­yo de los ser­vi­cios israe­líes en Esta­dos Uni­dos, la Zio­nist Power Con­fi­gu­ra­tion (ZPC), ha ejer­ci­do una fuer­te influen­cia den­tro del Con­gre­so y en la Casa Blan­ca para con­di­cio­nar la polí­ti­ca nor­te­ame­ri­ca­na a favor de Israel, vin­cu­lán­do­se a la ultra­de­re­cha esta­dou­ni­den­se y al Com­ple­jo Mili­tar Indus­trial, con vis­tas a blo­quear cual­quier acuer­do de paz en el Orien­te Medio. Para muchos, hoy por hoy, el poder de ZPC sobre­pa­sa la influen­cia de AIPAC.

CONCLUSIONES

El hecho de que la polí­ti­ca nor­te­ame­ri­ca­na hacia el Medio Orien­te se encuen­tre secues­tra­da por Israel, quien ha logra­do pene­trar los altos esta­men­tos guber­na­men­ta­les de Esta­dos Uni­dos, finan­ciar cam­pa­ñas y sobor­nar a polí­ti­cos, mili­ta­res y jefes de los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia y con­tra­in­te­li­gen­cia nor­te­ame­ri­ca­nos, así como con­tro­lar el pode­ro­so Com­ple­jo Mili­tar Indus­trial, ha posi­bi­li­ta­do la libre actua­ción de agen­tes y ofi­cia­les del Mos­sad y otros ser­vi­cios israe­líes con total impunidad.

No exis­te un ser­vi­cio más acti­vo que ope­re en la Unión que el pro­ve­nien­te de Israel. A pesar de los pro­ce­sos inves­ti­ga­ti­vos lle­va­dos a cabo por el FBI y otros órga­nos de con­tra­es­pio­na­je, a pesar del apre­sa­mien­to de dece­nas de espías y redes com­ple­tas, la jus­ti­cia nor­te­ame­ri­ca­na los exo­ne­ra de sus car­gos o son sim­ple­men­te expul­sa­dos con total impu­ni­dad. Aquí el gato jue­ga com­pla­cien­te con el ratón, ofre­cién­do­le siem­pre una son­ri­sa iró­ni­ca y bonachona.

Este espio­na­je con­sen­ti­do exis­te por obra y gra­cia de las con­fa­bu­la­cio­nes, alian­zas e iden­ti­da­des ideo­ló­gi­cas entre Israel y Esta­dos Uni­dos. Mien­tras tan­to, Cin­co cuba­nos pur­gan injus­tas con­de­nas en cár­ce­les norteamericanas.

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