La con­tra­rre­vo­lu­ción en Medio Orien­te – Thierry Meyssan

En unos meses, 3 gobier­nos prooc­ci­den­ta­les han sido derro­ca­dos en el mun­do ára­be: en Líbano el par­la­men­to expul­só del poder al gobierno de Saad Hari­ri y los movi­mien­tos popu­la­res derro­ca­ron a Zine el-Abbi­di­ne Ben Ali en Túnez y, en Egip­to, a Hos­ni Muba­rak, pos­te­rior­men­te arrestado.

Estos cam­bios de régi­men se acom­pa­ñan de mani­fes­ta­cio­nes con­tra la domi­na­ción esta­dou­ni­den­se y el sio­nis­mo. Favo­re­cen, en el plano polí­ti­co, al eje de la resis­ten­cia con­for­ma­do, en el plano esta­tal, por Irán y Siria, y en el plano infra­es­ta­tal por los movi­mien­tos Hez­bo­llah y Hamas.

Para impo­ner la con­tra­rre­vo­lu­ción en la región, Washing­ton y Tel Aviv han recu­rri­do a su mejor apo­yo: el clan de los Sudai­ri, que repre­sen­ta mejor que cual­quier otra fuer­za el des­po­tis­mo al ser­vi­cio del imperialismo.

Los Sudai­ri

Aun­que es posi­ble que el lec­tor nun­ca haya oído hablar de ellos, los Sudai­ri son des­de hace varias déca­das la orga­ni­za­ción polí­ti­ca más rica del mun­do. Los Sudai­ri son 7 de los 53 hijos del rey Ibn Saud –el fun­da­dor de Ara­bia Sau­di­ta. Son espe­cí­fi­ca­men­te los 7 hijos de la prin­ce­sa Sudai­ri. Su cabe­ci­lla fue el cono­ci­do rey Fahd, cuyo rei­na­do se exten­dió de 1982 a 2005. Des­de la muer­te de Fahd, sólo que­dan 6 Sudairi.

El mayor es el prín­ci­pe Sul­tan, minis­tro de Defen­sa des­de 1962, de 85 años. El más joven, con 71 años, es el prín­ci­pe Ahmed, minis­tro adjun­to del Inte­rior des­de 1975. Des­de los años 1960, es el clan de los Sudai­ri el que ha veni­do orga­ni­zan­do, estruc­tu­ran­do, finan­cian­do los regí­me­nes títe­res prooc­ci­den­ta­les del «Medio Orien­te ampliado».

En este pun­to se hace indis­pen­sa­ble un recuen­to histórico.

Ara­bia Sau­di­ta es una enti­dad jurí­di­ca que los bri­tá­ni­cos crea­ron para debi­li­tar el Impe­rio Oto­mano duran­te la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial. A pesar haber sido el inven­tor del con­cep­to de «nación ára­be», Law­ren­ce de Ara­bia nun­ca logró con­ver­tir el nue­vo país en una nación, y menos aún en un Esta­do. Ara­bia Sau­di­ta era, y sigue sien­do, una pro­pie­dad pri­va­da de la fami­lia Saud. Como se demos­tró a tra­vés de la inves­ti­ga­ción judi­cial bri­tá­ni­ca que tuvo lugar duran­te el escán­da­lo Al-Yama­mah, ya en pleno siglo XXi, no exis­ten hoy en día cuen­tas ban­ca­rias ni pre­su­pues­to del rei­no. Son las cuen­tas de la fami­lia real las que se uti­li­zan para admi­nis­trar lo que sigue sien­do la pose­sión pri­va­da de los Saud.

Al tér­mino de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, el Rei­no Uni­do ya no con­ta­ba con los medios nece­sa­rios para man­te­ner su impe­ria­lis­mo, así que el terri­to­rio de Ara­bia Sau­di­ta pasó a depen­der de Esta­dos Uni­dos. El pre­si­den­te Fran­klin D. Roo­se­velt con­clu­yó enton­ces un acuer­do con el rey Ibn Saud: la fami­lia Saud se com­pro­me­tía a garan­ti­zar el apro­vi­sio­na­mien­to de petró­leo a Esta­dos Uni­dos a cam­bio de la ayu­da mili­tar nece­sa­ria para que los Saud pudie­ran man­te­ner­se en el poder. Esa alian­za se cono­ce como el Acuer­do del Quincy por haber­se fir­ma­do a bor­do del navío del mis­mo nom­bre. Se tra­ta de un acuer­do, no de un tra­ta­do, por­que no fue fir­ma­do entre dos Esta­dos sino entre un Esta­do y una familia.

El rey fun­da­dor, Ibn Saud, tuvo 32 espo­sas y 53 hijos, lo cual rápi­da­men­te dio lugar a gra­ves riva­li­da­des entre los poten­cia­les can­di­da­tos a la suce­sión. Ya tar­día­men­te se deci­dió, por lo tan­to, que la coro­na no pasa­ra de padre a hijo sino de medio her­mano a medio hermano.

Cin­co hijos de Ibn Saud han ocu­pa­do el trono has­ta el momen­to. El actual rey, Abda­lá I, de 87 años, es un hom­bre más bien de men­te abier­ta, aun­que total­men­te des­co­nec­ta­do de las reali­da­des con­tem­po­rá­neas. Con­cien­te de que el actual sis­te­ma dinás­ti­co con­du­ce a la catás­tro­fe, el rey Abda­lá quie­re refor­mar las reglas de suce­sión. El sobe­rano sería desig­na­do enton­ces por el Con­se­jo del Rei­no, o sea por una serie de repre­sen­tan­tes de las diver­sas ramas de la fami­lia real, lo cual pudie­ra poner el poder en manos de una gene­ra­ción más joven.

Pero a los Sudai­ri no les con­vie­ne esta sabia ini­cia­ti­va. Como resul­ta­do de varias renun­cias al trono, ya sea por razo­nes de salud de los renun­cian­tes o por siba­ri­tis­mo, los tres pró­xi­mos aspi­ran­tes son miem­bros de ese clan: el ya men­cio­na­do prín­ci­pe Sul­tan, minis­tro de Defen­sa, de 85 años; el prín­ci­pe Nayef, minis­tro del Inte­rior, de 78 años, y el prín­ci­pe Sal­man, gober­na­dor de Riad, de 75 años. Si lle­ga­ra a apli­car­se, la nue­va regla dinás­ti­ca per­ju­di­ca­ría a estos personajes.

Lo ante­rior expli­ca por qué los Sudai­ri, que nun­ca han sen­ti­do dema­sia­do cari­ño por su medio her­mano, el rey Abda­lá, actual­men­te lo odian. Tam­bién expli­ca por qué han deci­di­do uti­li­zar todas sus fuer­zas en la actual batalla.

El regre­so de Ban­dar Bush

A fines de los años 1970, el futu­ro rey Fadh diri­gía el clan de los Sudai­ri. Y se fijó en las raras cua­li­da­des de uno de los hijos de su her­mano Sul­tan: el prín­ci­pe Ban­dar. Lo envió a nego­ciar con­tra­tos de arma­men­to en Washing­ton y le gus­tó la mane­ra como Ban­dar logró com­prar el con­sen­ti­mien­to del enton­ces pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos James Carter.

Al lle­gar al trono, en 1982, el rey Fadh con­vir­tió al prín­ci­pe Ban­dar en su hom­bre de con­fian­za. Lo nom­bró agre­ga­do mili­tar y pos­te­rior­men­te emba­ja­dor en Washing­ton, pues­to que Ban­dar ocu­pó has­ta el fin del rei­na­do de Fahd y el momen­to en que se pro­du­jo su bru­tal expul­sión por par­te del rey Abda­lá, en 2005.

Hijo del prín­ci­pe Sul­tan y de una escla­va libia, el prín­ci­pe Ban­dar es una per­so­na­li­dad bri­llan­te y caren­te de escrú­pu­los que ha sabi­do impo­ner­se en el seno de la fami­lia real, a pesar del des­ho­nor inhe­ren­te al ori­gen de su madre. Ban­dar es actual­men­te el bra­zo eje­cu­tor de los geron­tó­cra­tas del clan Sudai­ri. Duran­te su lar­ga estan­cia en Washing­ton, el prín­ci­pe Ban­dar se hizo ami­go de la fami­lia Bush, en par­ti­cu­lar de Geor­ge Bush padre, a tal pun­to que ambos lle­ga­ron a ser ambos inse­pa­ra­bles. Geor­ge Bush padre lle­ga inclu­so a pre­sen­tar al prín­ci­pe Ban­dar como el hijo que le hubie­se gus­ta­do tener, al extre­mo que en Washing­ton lle­ga­ron a lla­mar­lo «Señor Ban­dar Bush». Lo que des­pier­ta el agra­do de Geor­ge Bush padre –ex direc­tor de la CIA y pos­te­rior­men­te pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos– es la incli­na­ción del prín­ci­pe Ban­dar por la acción clandestina.

El «Señor Ban­dar Bush» se inte­gró a la alta socie­dad esta­dou­ni­den­se. Es al mis­mo tiem­po admi­nis­tra­dor vita­li­cio del Aspen Ins­ti­tu­te y miem­bro del Bohe­mian Gro­ve. El públi­co bri­tá­ni­co des­cu­brió su exis­ten­cia a tra­vés del escán­da­lo Al-Yama­mah: el con­tra­to arma­men­tis­ta más gran­de de la his­to­ria, y tam­bién el mayor caso de corrupción.

Duran­te unos 20 años (des­de 1985 has­ta 2006), Bri­tish Aeros­pa­ce, rápi­da­men­te rebau­ti­za­da como BAE Sys­tems, ven­dió arma­men­to por 80 000 millo­nes de dóla­res a Ara­bia Sau­di­ta mien­tras que depo­si­ta­ba dis­cre­ta­men­te par­te de esa for­tu­na en las cuen­tas ban­ca­rias de polí­ti­cos sau­di­tas y pro­ba­ble­men­te de polí­ti­cos bri­tá­ni­cos. Dos mil millo­nes de dóla­res engro­sa­ron así la for­tu­na del prín­ci­pe Bandar.

El asun­to es que Su Alte­za tie­ne muchos gas­tos. El prín­ci­pe Ban­dar dio empleo a muchos de los com­ba­tien­tes ára­bes reclu­ta­dos en la épo­ca de la gue­rra fría por los ser­vi­cios secre­tos de Ara­bia Sau­di­ta y Pakis­tán para luchar con­tra el Ejér­ci­to Rojo en Afga­nis­tán, a pedi­do de la CIA y del MI6. Por supues­to, la figu­ra más cono­ci­da en ese medio no era otro que el millo­na­rio anti­co­mu­nis­ta con­ver­ti­do en gurú yiha­dis­ta Osa­ma Ben Laden.

Es impo­si­ble decir con exac­ti­tud de cuán­tos hom­bres dis­po­ne el prín­ci­pe Ban­dar. A lo lar­go de los años, su mano se per­fi­la en nume­ro­sos con­flic­tos y actos de terro­ris­mo a tra­vés de todo el mun­do musul­mán, des­de Marrue­cos has­ta el Xin­kiang chino. A modo de ejem­plo, bas­ta con citar el peque­ño ejér­ci­to que había implan­ta­do en un cam­pa­men­to de refu­gia­dos pales­ti­nos en el Líbano, en Nahr el-Bared, bajo el nom­bre de Fatah al-Islam.

La misión de aque­llos hom­bres con­sis­tía en suble­var a los refu­gia­dos pales­ti­nos, mayo­ri­ta­ria­men­te sun­ni­tas, pro­cla­mar un emi­ra­to inde­pen­dien­te y com­ba­tir al Hez­bo­llah chií­ta. Pero aque­llo salió mal por­que los sala­rios de los mer­ce­na­rios no se paga­ron a tiem­po. Así que, en 2007, los hom­bres del prín­ci­pe Ban­dar se atrin­che­ra­ron en el cam­pa­men­to pales­tino, 30 000 refu­gia­dos tuvie­ron que huir de allí y el ejér­ci­to liba­nés tuvo que librar una bata­lla de 2 meses para reto­mar el campamento.

Aque­lla ope­ra­ción cos­tó la vida a 50 mer­ce­na­rios así como a 32 civi­les pales­ti­nos y 68 sol­da­dos libaneses.

A prin­ci­pios de 2010, el prín­ci­pe Ban­dar fomen­tó un gol­pe de Esta­do para derro­car al rey Abda­lá y poner en el trono a su pro­pio padre, el prín­ci­pe Sul­tan. El com­plot se des­cu­brió y Ban­dar cayó en des­gra­cia, aun­que sin per­der por ello sus títu­los ofi­cia­les. Pero a fines de 2010, los pro­ble­mas de salud del rey y las ope­ra­cio­nes qui­rúr­gi­cas a las que tuvo que some­ter­se per­mi­tie­ron a los Sudai­ri recu­pe­rar su influen­cia e impo­ner el regre­so de Ban­dar, con el res­pal­do de la admi­nis­tra­ción Obama.

Fue des­pués de una visi­ta al rey, cuan­do este se encon­tra­ba hos­pi­ta­li­za­do en Washing­ton, y habien­do lle­ga­do erró­nea­men­te a la con­clu­sión de que el monar­ca esta­ba ago­ni­zan­do, que el pri­mer minis­tro liba­nés Saad Hari­ri se alió a los Sudai­ri. Naci­do en Riad, Saad Hari­ri es sau­di­ta pero tie­ne la doble ciu­da­da­nía liba­ne­sa. Here­dó la for­tu­na de su padre, que se había enri­que­ci­do gra­cias a los Saud. Saad Hari­ri tie­ne por lo tan­to una deu­da con el rey Abda­lá y se con­vir­tió en pri­mer minis­tro liba­nés debi­do a la pre­sión del monar­ca, aun­que el Depar­ta­men­to de Esta­do abri­ga­ba dudas en cuan­to a su capa­ci­dad para ocu­par el cargo.

Duran­te su perio­do de obe­dien­cia al rey Abba­lá, Saad Hari­ri se esfor­zó por recon­ci­liar­se con el pre­si­den­te sirio Bachar el-Assad. Reti­ró las acu­sa­cio­nes en con­tra de este últi­mo que lo vin­cu­la­ban al ase­si­na­to de su padre, el ex pri­mer minis­tro liba­nés Rafik Hari­ri, y se dis­cul­pó por haber­se deja­do mani­pu­lar para crear una ten­sión arti­fi­cial entre el Líbano y Siria. Pero al aliar­se a los Sudai­ri, Saad Hari­ri dio un giro polí­ti­co de 180 gra­dos. De la noche a la maña­na rene­gó de la polí­ti­ca de con­ci­lia­ción del rey Abda­lá hacia Siria y el Hez­bo­llah y empren­dió una ofen­si­va con­tra el régi­men de Bachar el-Assad para obte­ner el desar­me del Hez­bo­llah y un com­pro­mi­so con Israel.

Pero el rey Abda­lá salió de su esta­do semi­co­ma­to­so y no demo­ró en pedir­le cuen­tas. Sin el indis­pen­sa­ble apo­yo del monar­ca sau­di­ta, Saad Hari­ri y su gobierno fue­ron expul­sa­dos del poder por el par­la­men­to liba­nés, que deci­dió poner en el car­go de pri­mer minis­tro a Najib Mika­ti, otro millo­na­rio con doble nacio­na­li­dad pero menos aven­tu­re­ro. Como cas­ti­go para Saad Hari­ri, el rey Abda­lá abrió una inves­ti­ga­ción fis­cal sobre la prin­ci­pal empre­sa de la fami­lia Hari­ri en Ara­bia Sau­di­ta y detu­vo a varios de sus cola­bo­ra­do­res por fraude.

Las legio­nes de los Sudairi

Los Sudai­ri han deci­do des­en­ca­de­nar la con­tra­rre­vo­lu­ción en todos los sentidos.

En Egip­to, país don­de finan­cia­ban a los Muba­rak con una mano y a los Her­ma­nos Musul­ma­nes con la otra, los Sudai­ri impu­sie­ron aho­ra una alian­za entre los Her­ma­nos Musul­ma­nes y los mili­ta­res proestadounidenses.

Ya reu­ni­dos, los miem­bros de esta nue­va coa­li­ción egip­cia no han hecho otra cosa que repar­tir­se los car­gos, exclu­yen­do del poder a los líde­res de la revo­lu­ción de la pla­za Tah­rir. La coa­li­ción se nie­ga a con­vo­car una Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te y no ha hecho más que agre­gar algu­nas enmien­das a la Cons­ti­tu­ción ya existente.

En pri­mer lugar, la nue­va coa­li­ción ha pro­cla­ma­do el Islam como reli­gión ofi­cial del Esta­do egip­cio, en detri­men­to de la mino­ría cris­tia­na cop­ta –a la que per­te­ne­ce el 10% de la pobla­ción– que, opri­mi­da por Hos­ni Muba­rak, se había movi­li­za­do con­tra su régi­men. El doc­tor Mah­mud Izzat, el segun­do diri­gen­te más impor­tan­te de los Her­ma­nos Musul­ma­nes, lla­mó ade­más a la rápi­da ins­tau­ra­ción de la cha­ria y al res­ta­ble­ci­mien­to de los cas­ti­gos islámicos.

Al joven Wael Gho­neim, quien había desem­pe­ña­do un papel de pri­mer plano en el derro­ca­mien­to de Muba­rak, se le prohi­bió subir a la tri­bu­na en la mani­fes­ta­ción de la vic­to­ria del 18 de febre­ro, en la que par­ti­ci­pa­ron casi 2 millo­nes de per­so­nas. Por el con­tra­rio, el pre­di­ca­dor estre­lla de los Her­ma­nos Musul­ma­nes, Yus­sef al-Qar­da­wi, de regre­so en Egip­to des­pués de 30 años de exi­lio en Qatar, se le per­mi­tió aren­gar a la mul­ti­tud todo lo que qui­so. Este per­so­na­je, al que Gamal Abdel Nas­ser había reti­ra­do la nacio­na­li­dad egip­cia, se ha eri­gi­do en sím­bo­lo de la nue­va era: la de la cha­ria y la coexis­ten­cia pací­fi­ca con el régi­men sio­nis­ta de Tel Aviv.

El pre­mio Nóbel de la Paz Moha­med el-Bara­dei –al que los Her­ma­nos Musul­ma­nes habían esco­gi­do duran­te la revo­lu­ción como voce­ro para ofre­cer una ima­gen de aper­tu­ra– fue agre­di­do físi­ca­men­te por los mis­mos Her­ma­nos Musul­ma­nes duran­te el refe­rén­dum cons­ti­tu­cio­nal y ha sido apar­ta­do de la esce­na política.

Los Her­ma­nos Musul­ma­nes han anun­cia­do su pro­pia entra­da en la esce­na polí­ti­ca con la crea­ción de un nue­vo par­ti­do, lla­ma­do Liber­tad y Jus­ti­cia, que cuen­ta con el apo­yo de la Natio­nal Endow­ment for Demo­cracy (NED) y que imi­ta la ima­gen del AKP tur­co. Tam­bién están apli­can­do la mis­ma estra­te­gia en Túnez, con el Par­ti­do del Renacimiento.

En ese con­tex­to, se han come­ti­do actos de vio­len­cia con­tra las mino­rías reli­gio­sas, como la que­ma de dos igle­sias coop­tas. Lejos de cas­ti­gar a los agre­so­res, el pri­mer minis­tro les ha ofre­ci­do garan­tías al des­ti­tuir al gober­na­dor que él mis­mo aca­ba­ba de nom­brar en la pro­vin­cia de Qen­na, el res­pe­ta­do gene­ral Imad Michael… sim­ple­men­te por ser cris­tiano cop­to en vez de musul­mán sunnita.

En Libia, los Sudai­ri envia­ron hom­bres arma­dos a Cire­nai­ca antes de que fran­ce­ses y bri­tá­ni­cos die­ran la señal para el comien­zo de la revuel­ta con­tra el poder de Tri­po­li­ta­nia. Fue­ron ellos quie­nes dis­tri­bu­ye­ron armas y las ban­de­ras de las lis­tas roja, negra y ver­de con la estre­lla y la media luna, sím­bo­lo de la monar­quía sanu­si­ta, pro­tec­to­ra his­tó­ri­ca de los Her­ma­nos Musul­ma­nes. El obje­ti­vo de los Sudai­ri en Libia era aca­bar con el agi­ta­dor Kadha­fi y poner al prín­ci­pe Moha­med en el trono de lo que fue en otros tiem­pos el Rei­no Uni­do de Libia.

El Con­se­jo de Coope­ra­ción del Gol­fo fue el pri­me­ro en pedir una inter­ven­ción arma­da con­tra el gobierno de Trí­po­li. Y, en el seno del Con­se­jo, fue la dele­ga­ción de Ara­bia Sau­di­ta la que diri­gió las manio­bras diplo­má­ti­cas para lograr que la Liga Ára­be apro­ba­ra el ata­que de los ejér­ci­tos occi­den­ta­les con­tra Libia.

Por su par­te, el coro­nel Kadha­fi había decla­ra­do en varios dis­cur­sos que no había nin­gu­na revo­lu­ción en Cire­nai­ca sino que su país esta­ba enfren­tan­do una ope­ra­ción de des­es­ta­bi­li­za­ción de Al-Qae­da, pala­bras que pro­vo­ca­ron son­ri­sas –equi­vo­ca­da­men­te– y que fue­ron con­fir­ma­das por el coman­dan­te del US Afri­Com en per­so­na. Bas­ta con recor­dar la inquie­tud del gene­ral Car­ter F. Ham, quien diri­gió las pri­me­ras ope­ra­cio­nes mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses antes de la entre­ga de esa res­pon­sa­bi­li­dad a la OTAN. El gene­ral Car­ter F. Ham se sor­pren­dió, en efec­to, de tener que desig­nar sus blan­cos terres­tres basán­do­se en infor­ma­cio­nes pro­por­cio­na­das por espías cono­ci­dos por haber com­ba­ti­do con­tra las fuer­zas alia­das en Afga­nis­tán, en otros pala­bras cono­ci­dos como hom­bres de Ben Laden.

En cuan­to a Bah­rein, se tra­ta de un terri­to­rio que des­de 1971 se pre­sen­ta como un rei­no inde­pen­dien­te. Pero en reali­dad sigue sien­do terri­to­rio gober­na­do por los bri­tá­ni­cos. En su momen­to, los bri­tá­ni­cos desig­na­ron al prín­ci­pe Kha­li­fa como pri­mer minis­tro y lo man­tu­vie­ron en ese pues­to duran­te 40 años con­se­cu­ti­vos, des­de la inde­pen­den­cia fic­ti­cia has­ta hoy en día, con­ti­nui­dad que no es nada des­agra­da­ble para los Sudairi.

El rey Hamad de Bah­rein entre­gó a Esta­dos Uni­dos una con­ce­sión que per­mi­tió la ins­ta­la­ción del cuar­tel gene­ral naval de Cen­tral Com­mand y de la V Flo­ta esta­dou­ni­den­se en el puer­to de Juf­fair. En ese con­tex­to, el recla­mo popu­lar por una monar­quía cons­ti­tu­cio­nal sig­ni­fi­ca­ría el acce­so a una ver­da­de­ra inde­pen­den­cia, el fin del tute­la­je bri­tá­ni­co y la reti­ra­da de las tro­pas esta­dou­ni­den­ses. Todo ello afec­ta­ría a Ara­bia Sau­di­ta y pon­dría en peli­gro las bases mis­mas del sistema.

Así que los Sudai­ri con­ven­cie­ron al rey de Bah­rein de que había que aho­gar en san­gre las espe­ran­zas populares.

El 13 de mar­zo de 2011, el secre­ta­rio esta­dou­ni­den­se de Defen­sa Robert Gates lle­gó a Mana­ma para coor­di­nar las ope­ra­cio­nes, que comen­za­ron al día siguien­te con la entra­da de tro­pas espe­cia­les sau­di­tas. Cono­ci­das como «las águi­las de Nayef» esas fuer­zas espe­cia­les están bajo el man­do direc­to del prín­ci­pe Nayef.

En unos días fue­ron des­trui­dos todos los sím­bo­los del movi­mien­to de pro­tes­ta, inclu­yen­do el monu­men­to de la Pla­za de la Per­la. Cien­tos de per­so­nas fue­ron muer­tas o están des­apa­re­ci­das. La tor­tu­ra, casi aban­do­na­da des­de hace una dece­na de años, se gene­ra­li­zó nue­va­men­te en Bah­rein. Los médi­cos y enfer­me­ras que soco­rrie­ron a los mani­fes­tan­tes heri­dos han sido arres­ta­dos en sus hos­pi­ta­les, encar­ce­la­dos y man­te­ni­dos inco­mu­ni­ca­dos, para ser final­men­te envia­dos a los tri­bu­na­les militares.

Lo más impor­tan­te de esta terri­ble repre­sión es, sin embar­go, la volun­tad de pre­sen­tar como un con­flic­to sec­ta­rio lo que en reali­dad es la clá­si­ca lucha de cla­ses entre un pue­blo ente­ro y un gru­po de pri­vi­le­gia­dos ven­di­do al impe­ria­lis­mo extran­je­ro. Como la mayo­ría de la pobla­ción de Bah­rein es chií­ta, mien­tras que la fami­lia rei­nan­te es sun­ni­ta, el chiís­mo –vehícu­lo del ideal revo­lu­cio­na­rio del aya­to­la Komeiny– ha sido desig­na­do como blan­co. En un mes, las «Águi­las de Nayef» han arra­sa­do 25 mez­qui­tas chií­tas y daña­do otras 253.

Un tri­bu­nal de excep­ción juz­ga­rá pró­xi­ma­men­te a 21 de los prin­ci­pa­les líde­res de las pro­tes­tas popu­la­res, que corren el ries­go de ser con­de­na­dos a muer­te. Más aún que con­tra los chií­tas, la monar­quía se ensa­ña actual­men­te con Ibrahim Che­rif, pre­si­den­te del par­ti­do Waed (izquier­da lai­ca), al que acu­sa de no res­pe­tar el orden con­fe­sio­nal a pesar de ser sun­ni­ta. A fal­ta de poder des­es­ta­bi­li­zar Irán, los Sudai­ri están con­cen­tran­do sus ata­ques con­tra Siria.

La des­es­ta­bi­li­za­ción de Siria

A prin­ci­pios de febre­ro de 2011, en momen­tos en que no había en Siria nin­gún tipo de mani­fes­ta­ción, apa­re­ció en Face­book una pági­na titu­la­da The Syrian Revo­lu­tion 2011. En dicha pági­na se con­vo­ca­ba a un «Día de la cóle­ra» que debía tener lugar el vier­nes 4. Aun­que Al-Jaz­ze­ra se hizo eco de la con­vo­ca­to­ria, esta no encon­tró segui­do­res en nin­gu­na par­te. El canal de tele­vi­sión qata­rí deplo­ró tal ausen­cia de reac­ción y deni­gró a Siria, cali­fi­can­do ese país de «rei­no del silen­cio» (sic).

La deno­mi­na­ción mis­ma The Syrian Revo­lu­tion 2011, en inglés, ya es algo que da que pen­sar por ser carac­te­rís­ti­ca de las fra­ses publi­ci­ta­rias. Ade­más, ¿qué ver­da­de­ro revo­lu­cio­na­rio pen­sa­ría que si no logra con­cre­tar su ideal en 2011 no le que­da más que regre­sar a su casa y tapar­se la cabeza?

Más extra­ño aún es el hecho que el mis­mo día de su crea­ción, esa pági­na Face­book regis­tró más de 80 000 ami­gos. La apa­ri­ción en tan pocas horas de tan­tos segui­do­res vir­tua­les sin que esos segui­do­res apa­re­cie­ran des­pués en las calles hace pen­sar en una mani­pu­la­ción lle­va­da a cabo con el uso de pro­gra­mas infor­má­ti­cos de crea­ción de cuen­tas, sobre todo si se agre­ga el hecho que los sirios hacen un uso mode­ra­do de Inter­net y que sólo des­de el 1º de enero cuen­tan con cone­xio­nes ADSL.

Los des­ór­de­nes comen­za­ron un mes más tar­de en Derra, una peque­ña loca­li­dad que se encuen­tra en la fron­te­ra con Jor­da­nia y a pocos kiló­me­tros de Israel. Des­co­no­ci­dos paga­ron a gru­pos de ado­les­cen­tes para que pin­ta­ran con­sig­nas anti­gu­ber­na­men­ta­les en las pare­des de la loca­li­dad. La poli­cía local arres­tó a los jóve­nes y los tra­tó como cri­mi­na­les, pro­vo­can­do así la cóle­ra de las fami­lias. Las per­so­na­li­da­des loca­les que tra­ta­ron de inter­ce­der pero fue­ron mal­tra­ta­das por el gober­na­dor. Los jóve­nes reci­bie­ron palizas.

Sus enfu­re­ci­dos fami­lia­res ata­ca­ron la comi­sa­ría para libe­rar­los. La poli­cía res­pon­dió con más bru­ta­li­dad aún y varias per­so­nas resul­ta­ron muer­tas. El pre­si­den­te Bachar el-Assad inter­vino enton­ces para impo­ner san­cio­nes a los poli­cías y al gober­na­dor –uno de sus pri­mos que él mis­mo había envia­do a Deraa, lejos de la capi­tal, pre­ci­sa­men­te para que sacar­lo de la cir­cu­la­ción. Se abrió una inves­ti­ga­ción des­ti­na­da a acla­rar aquel caso de abu­so poli­cial, los fun­cio­na­rios res­pon­sa­bles de la vio­len­cia fue­ron acu­sa­dos y dete­ni­dos. Varios minis­tros via­ja­ron al lugar de los hechos para pre­sen­tar las excu­sas y con­do­len­cias del gobierno a las fami­lias de las víc­ti­mas, excu­sas y con­do­len­cias que fue­ron públi­ca­men­te aceptadas.

Todo debía enton­ces vol­ver a la nor­ma­li­dad. Pero, ines­pe­ra­da­men­te, des­de varios techos, fran­co­ti­ra­do­res enmas­ca­ra­dos comen­za­ron a dis­pa­rar simul­tá­nea­men­te sobre la mul­ti­tud y la poli­cía sumien­do la ciu­dad en el caos. Apro­ve­chan­do la con­fu­sión, indi­vi­duos arma­dos apa­re­cie­ron fue­ra de la ciu­dad y ata­ca­ron un edi­fi­cio públi­co don­de radi­can los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia encar­ga­dos de la obser­va­ción del terri­to­rio sirio del Golan ocu­pa­do por Israel. Los ser­vi­cios de segu­ri­dad abrie­ron fue­go en defen­sa del edi­fi­cio y de sus archi­vos. Hubo bajas de ambas partes.

No fue este el úni­co enfren­ta­mien­to de ese tipo. Las per­so­na­li­da­des loca­les soli­ci­ta­ron enton­ces la pro­tec­ción del ejér­ci­to con­tra los ele­men­tos que esta­ban ata­can­do la ciu­dad. Tres mil hom­bres y fuer­zas blin­da­das fue­ron des­ple­ga­dos para pro­te­ger a los habi­tan­tes. En defi­ni­ti­va, entre los infil­tra­dos y el ejér­ci­to sirio se pro­du­jo una bata­lla muy simi­lar a la que tuvo que librar el ejér­ci­to liba­nés en Nahr el-Bared. La dife­ren­cia es que, en el caso de Siria, la pren­sa inter­na­cio­nal está defor­man­do los hechos y acu­sa al ejér­ci­to sirio de haber ata­ca­do a la pobla­ción de Deraa.

Mien­tras tan­tos, varios enfren­ta­mien­tos se pro­du­je­ron en Lata­kia. Mafias espe­cia­li­za­das en el con­tra­ban­do marí­ti­mo exis­ten des­de hace mucho tiem­po en esa ciu­dad por­tua­ria de Siria. Dichas mafias reci­bie­ron armas y dine­ro pro­ve­nien­tes del Líbano y empren­die­ron actos de van­da­lis­mo en el cen­tro de la ciu­dad. La poli­cía inter­vino. Por orden del pre­si­den­te, las fuer­zas poli­cia­les sólo por­ta­ban bas­to­nes, o sea no por­ta­ban armas. Los gángs­te­res saca­ron enton­ces sus armas de gue­rra y mata­ron a dece­nas de poli­cías desarmados.

Lo mis­mo suce­dió en la veci­na loca­li­dad de Banias, una ciu­dad de menor impor­tan­cia pero mucho más estra­té­gi­ca ya que en ella se encuen­tra la prin­ci­pal refi­ne­ría de petró­leo de Siria. En este caso, las fuer­zas del orden hicie­ron uso de sus armas y el enfren­ta­mien­to se con­vir­tió en una ver­da­de­ra batalla.

Final­men­te, en Homs, impor­tan­te ciu­dad del cen­tro de Siria, varios indi­vi­duos se pre­sen­ta­ron en una mez­qui­ta inte­gris­ta y lla­ma­ron a los fie­les a mani­fes­tar con­tra «el régi­men que está matan­do a nues­tros her­ma­nos en Lata­kia». En reac­ción ante los des­ór­de­nes, la pobla­ción siria salió masi­va­men­te a las calles para expre­sar su apo­yo a la República.

Gigan­tes­cas mani­fes­ta­cio­nes, como nun­ca se habían vis­to ante­rior­men­te en toda la his­to­ria de Siria, reu­nie­ron repe­ti­da­men­te a cien­tos de miles de per­so­nas en Damas­co, Ale­po e inclu­so en Lata­kia. Los mani­fes­tan­tes corea­ban «¡Dios, Siria, Bachar!».

Mien­tras se recru­de­cían los enfren­ta­mien­tos en las loca­li­da­des afec­ta­das, las fuer­zas del orden logra­ron arres­tar a algu­nos impli­ca­dos en los com­ba­tes. Estos con­fe­sa­ron en tele­vi­sión que fue­ron reclu­ta­dos, arma­dos y paga­dos por un dipu­tado par­ti­da­rio de Hari­ri e iden­ti­fi­ca­do como Jamal Jarrah.

Jamal Jarrah, quien des­mien­te esas acu­sa­cio­nes, es un ami­go del prín­ci­pe Ban­dar. Su nom­bre apa­re­ce vin­cu­la­do a lo suce­di­do en el Líbano con el gru­po Fatah al-Islam en el cam­pa­men­to de Nahr el-Baraed. Jamal Jarrah es pri­mo de Ziad Jarrah, un yiha­dis­ta que el FBI seña­la como res­pon­sa­ble del secues­tro del vue­lo UA93 que se estre­lló en Pen­sil­va­nia el 11 de sep­tiem­bre de 2001. Tam­bién es pri­mo de los her­ma­nos Ali y Yous­souf Jarrah, arres­ta­dos por el ejér­ci­to liba­nés en noviem­bre de 2008 por espio­na­je a favor de Israel.

Jamal Jarrah des­mien­te a quie­nes lo acu­san de per­te­ne­cer en secre­to a los Her­ma­nos Musul­ma­nes. En 1982, los Her­ma­nos Musul­ma­nes tra­ta­ron de tomar el poder en Siria. Pero fra­ca­sa­ron y fue­ron enton­ces obje­to de una terri­ble repre­sión en masa. Ese dolo­ro­so suce­so pare­cía olvi­da­do des­de la amnis­tía pro­cla­ma­da por el pre­si­den­te Bachar el-Assad. Pero no es así por­que esa rama de los Her­ma­nos Musul­ma­nes está reci­bien­do aho­ra el finan­cia­mien­to de los Sudai­ri, que ante­rior­men­te recha­za­ban a los mis­mos Her­ma­nos Musul­ma­nes. El papel de los Her­ma­nos Musul­ma­nes en los enfren­ta­mien­tos de Banias es aho­ra públi­ca­men­te reconocido.

Jamal Jarrah tam­bién pare­ce haber uti­li­za­do mili­tan­tes liba­ne­ses de Hizb ut-Tah­rir, una orga­ni­za­ción isla­mis­ta que tie­ne su base en Lon­dres y que actúa esen­cial­men­te en Asia Cen­tral. Hizb ut-Tah­rir, que dice ser una orga­ni­za­ción no vio­len­ta, está acu­sa­da de haber orga­ni­za­do nume­ro­sos aten­ta­dos en el valle de Fer­ga­na, Uzbe­kis­tán. Fue pre­ci­sa­men­te para com­ba­tir esa orga­ni­za­ción que Chi­na ini­ció su acer­ca­mien­to a Rusia en el mar­co de la Orga­ni­za­ción de Coope­ra­ción Shanghai.

A pesar de varios deba­tes en la Cáma­ra de los Comu­nes, los res­pon­sa­bles de Hizb ut-Tah­rir en Lon­dres nun­ca han teni­do pro­ble­mas con las auto­ri­da­des bri­tá­ni­cas y ocu­pan todos altos car­gos en varias trans­na­cio­na­les anglo-estadounidenses.

El Hizb ut-Tah­rir abrió una sec­ción en Líbano el año pasa­do. Allí orga­ni­zó en aquel momen­to un con­gre­so al que invi­tó una serie de per­so­na­li­da­des extran­je­ras, entre las que se encon­tra­ba un inte­lec­tual ruso de renom­bre inter­na­cio­nal. En el trans­cur­so de los deba­tes, los orga­ni­za­do­res exhor­ta­ron a la ins­tau­ra­ción de un Esta­do islá­mi­co y pre­ci­sa­ron que, a su enten­der, los chií­tas y los dru­sos liba­ne­ses –e inclu­so cier­tos sun­ni­tas– no son ver­da­de­ros musul­ma­nes. Estu­pe­fac­to ante decla­ra­cio­nes tan extre­mis­tas, el invi­ta­do ruso rápi­da­men­te con­ce­dió varias entre­vis­tas a la tele­vi­sión para dis­tan­ciar­se de aque­llos fanáticos.

En un pri­mer momen­to, las fuer­zas sirias de segu­ri­dad pare­cie­ron des­con­cer­ta­das ante los acon­te­ci­mien­tos. Entre­na­dos en la anti­gua URSS, los ofi­cia­les supe­rio­res recu­rrie­ron a la fuer­za sin preo­cu­par­se dema­sia­do por las con­se­cuen­cias que aque­llo podía tener para la pobla­ción. Pero la situa­ción ha ido invir­tién­do­se poco a poco. El pre­si­den­te Bachar el-Assad reto­mó el con­trol, cam­bió el gobierno, abro­gó el esta­do de urgen­cia y disol­vió la Cor­te de Segu­ri­dad del Estado.

Tam­bién con­ce­dió la ciu­da­da­nía siria a los miles de kur­dos his­tó­ri­ca­men­te pri­va­dos de ella des­de la rea­li­za­ción de un cen­so que había sido cues­tio­na­do. El pre­si­den­te tomó ade­más una serie de medi­das a favor de dife­ren­tes sec­to­res de la pobla­ción, como la abro­ga­ción de las mul­tas por retra­sos de pagos a las empre­sas públi­cas, como la elec­tri­ci­dad, etc. Bachar el-Assad satis­fi­zo así las prin­ci­pa­les deman­das popu­la­res que ser­vían de ali­men­to a la opo­si­ción. Duran­te el «día de desa­fío», el vier­nes 6 de mayo, la suma de mani­fes­tan­tes no lle­gó a las 50 000 per­so­nas en todo el país, a pesar de que Siria cuen­ta 22 millo­nes de habitantes.

Lo más impor­tan­te es que el nue­vo minis­tro del Inte­rior, Moha­mad al-Sha’ar, lla­mó a todo el que se hubie­ra deja­do arras­trar a par­ti­ci­par en los des­ór­de­nes a pre­sen­tar­se espon­tá­nea­men­te a la poli­cía para obte­ner una amnis­tía total a cam­bio de infor­ma­ción. Más de 1 100 per­so­nas res­pon­die­ron a su lla­ma­do. En pocos días, las auto­ri­da­des des­man­te­la­ron las prin­ci­pa­les redes y ocu­pa­ron nume­ro­sos escon­di­tes de armas. Al cabo de 5 sema­nas de vio­len­cia, casi todas las ciu­da­des afec­ta­das regre­san len­ta­men­te a la calma.

Entre los cabe­ci­llas iden­ti­fi­ca­dos y arres­ta­dos se encuen­tran varios ofi­cia­les israe­líes o liba­ne­ses, así como un polí­ti­co liba­nés vin­cu­la­do a Saad Hari­ri. Este inten­to de des­es­ta­bi­li­za­ción ten­drá, por lo tan­to, consecuencias.

Un abier­to complot

Lo que ori­gi­nal­men­te fue un com­plot para derro­car a las auto­ri­da­des sirias se con­vir­tió en un chan­ta­je públi­co que recu­rría a la des­es­ta­bi­li­za­ción como medio de pre­sión. Al com­pro­bar que la revuel­ta no pros­pe­ra­ba, los dia­rios ára­bes anti­si­rios comen­za­ron a hablar abier­ta­men­te y sin el menor pudor de las pro­pues­tas que se esta­ban manejando.

Rela­ta­ron así los via­jes de los nego­cia­do­res que pre­sen­ta­ron las exi­gen­cias de los Suda­ri a las auto­ri­da­des de Damas­co. Según esos perió­di­cos, la vio­len­cia ter­mi­na­rá sólo cuan­do Bachar el-Assad obe­dez­ca dos órdenes:

- rom­per con Irán

- y sus­pen­der el apo­yo sirio a la resis­ten­cia en Pales­ti­na, Líbano e Irak. La pro­pa­gan­da internacional

Los Sudai­ri quie­ren una inter­ven­ción mili­tar occi­den­tal que aca­be con la resis­ten­cia siria, como la actual agre­sión con­tra Libia. Para ello, han movi­li­za­do cier­to núme­ro de espe­cia­lis­tas en propaganda.

Para sor­pre­sa gene­ral, la cade­na de tele­vi­sión sate­li­tal Al-Jazee­ra ha cam­bia­do brus­ca­men­te su línea edi­to­rial. Es un secre­to a voces que Al-Jazee­ra fue crea­da por volun­tad de los her­ma­nos David y Jean Fryd­man, dos millo­na­rios fran­ce­ses que fue­ron con­se­je­ros de Yitzakh Rabin y de Ehud Barak. Los her­ma­nos Fryd­man que­rían crear un medio de pren­sa que per­mi­tie­ra un deba­te entre israe­líes y ára­bes, deba­te prohi­bi­do por la ley en cada uno de los paí­ses implicados.

Para con­for­mar el canal recu­rrie­ron al emir de Qatar, que al prin­ci­pio sir­vió de cober­tu­ra. El equi­po de redac­ción fue reclu­ta­do entre los miem­bros del ser­vi­cio ára­be de la BBC, de mane­ra que la mayo­ría de los perio­dis­tas que lo ini­cia­ron son agen­tes del MI6 británico.

Pero el emir de Qatar tomó el con­trol polí­ti­co del canal, que se con­vir­tió en el bra­zo eje­cu­tor de su gobierno. Duran­te años, Al-Jazee­ra desem­pe­ñó efec­ti­va­men­te un papel como ele­men­to de mode­ra­ción, favo­re­cien­do el diá­lo­go y la com­pren­sión en la región. Pero tam­bién ha ayu­da­do a bana­li­zar el apartheid impues­to por el régi­men israe­lí, como si la vio­len­cia que prac­ti­ca el ejér­ci­to del Esta­do hebreo no fue­ra otra cosa que deplo­ra­bles exce­sos de un régi­men final­men­te acep­ta­ble, cuan­do en reali­dad cons­ti­tu­yen la esen­cia mis­ma del sistema.

Al-Jazee­ra, cuya cober­tu­ra de las revo­lu­cio­nes en Túnez y Egip­to pue­de cali­fi­car­se de excep­cio­nal, cam­bió brus­ca­men­te de línea edi­to­rial en el caso de Libia para con­ver­tir­se en voce­ro de los Sudai­ri. Este giro de 180 gra­dos mere­ce una expli­ca­ción. El ata­que con­tra Libia es ori­gi­nal­men­te resul­ta­do de un plan fran­co-bri­tá­ni­co con­ce­bi­do en noviem­bre de 2010, o sea antes de la «pri­ma­ve­ra ára­be», plan al que se inte­gró Esta­dos Uni­dos. París y Lon­dres tenían inten­cio­nes de ajus­tar­le las cuen­tas a Trí­po­li y de defen­der sus pro­pios intere­ses coloniales.

En efec­to, en 2005 – 2006, la NOC [Natio­nal Oil Cor­po­ra­tion, la com­pa­ñía nacio­nal del petró­leo de Libia.] había lan­za­do 3 lici­ta­cio­nes inter­na­cio­na­les para la explo­ra­ción y la explo­ta­ción de las reser­vas libias, las más impor­tan­tes de Áfri­ca. El coro­nel Kadha­fi impu­so enton­ces sus reglas del jue­go. Las com­pa­ñías occi­den­ta­les fir­ma­ron varios acuer­dos, cier­ta­men­te ven­ta­jo­sos, pero no lo sufi­cien­te en opi­nión de los occi­den­ta­les. Eran inclu­so los con­tra­tos menos favo­ra­bles a las trans­na­cio­na­les en todo el mun­do. A lo ante­rior se agre­ga­ban dife­ren­tes con­ten­cio­sos vin­cu­la­dos a la anu­la­ción de jugo­sos con­tra­tos en mate­ria de equi­pa­mien­to y de armamento.

Des­de los pri­me­ros días del supues­to levan­ta­mien­to de Bengha­zi, París y Lon­dres ins­tau­ra­ron un Con­se­jo Nacio­nal de Tran­si­ción que Fran­cia reco­no­ció ofi­cial­men­te como legí­ti­mo repre­sen­tan­te del pue­blo libio. Este Con­se­jo creó una nue­va com­pa­ñía petro­le­ra, la LOC, reco­no­ci­da por la comu­ni­dad inter­na­cio­nal duran­te la Cum­bre de Lon­dres como enti­dad con pleno dere­cho a explo­tar los hidro­car­bu­ros libios. En medio de ese robo a mano arma­da se deci­dió que el petró­leo libio roba­do por la LOC se comer­cia­li­za­ra a tra­vés de… Qatar, y que el gru­po de con­tac­to de los Esta­dos miem­bros de la coa­li­ción actuan­te con­tra Libia se reu­nie­ra en lo ade­lan­te en Doha.

Inme­dia­ta­men­te, Yusef al-Qar­da­wi, el con­sul­tor reli­gio­so de Al-Jazee­ra, comen­zó a exhor­tar dia­ria­men­te a derro­car al pre­si­den­te libio Bachar el-Assad. Al-Qar­da­wi pre­si­de la Unión Inter­na­cio­nal de Ule­mas y el Con­se­jo Euro­peo para la Inves­ti­ga­ción y la Fat­wa. Es el ins­pi­ra­dor de los Her­ma­nos Musul­ma­nes, el Islam que pre­di­ca es una mez­cla de «demo­cra­cia de mer­ca­do» al esti­lo esta­dou­ni­den­se y de oscu­ran­tis­mo al esti­lo sau­di­ta y admi­te el prin­ci­pio de la elec­ción de los diri­gen­tes, a con­di­ción de que estos últi­mos se com­pro­me­tan a apli­car la cha­ria en su inter­pre­ta­ción estrecha.

A Yusef al-Qar­da­wi se unió el ule­ma sau­di­ta Saleh El-Hai­da­ne, quien ha exhor­ta­do a «matar a un ter­cio de los sirios para que vivan los otros dos ter­cios» (sic). ¿Matar a un ter­cio de la pobla­ción siria? Eso sig­ni­fi­ca ase­si­nar a los cris­tia­nos, los judíos, los chií­tas, los alaui­tas y los dru­sos. ¿Para que vivan dos ter­cios? O sea, para ins­tau­rar un Esta­do sun­ni­ta antes de que este pro­ce­da a depu­rar su pro­pia comunidad.

Has­ta este momen­to, la úni­ca rama de los Her­ma­nos Musul­ma­nes que pare­ce refrac­ta­ria al poder de seduc­ción de los petro­dó­la­res de los Sudai­ri es la rama pales­ti­na, o sea el movi­mien­to Hamas. Su jefe, Kha­led Mechaal, con­fir­mó, lue­go de un bre­ve momen­to de vaci­la­ción, su inten­ción de man­te­ner­se exila­do en Damas­co así como su res­pal­do al pre­si­den­te el-Assad. Con ayu­da de este últi­mo, el jefe del Hamas actuó para con­tra­rres­tar los pla­nes impe­ria­lis­tas y sio­nis­tas nego­cian­do un acuer­do con al-Fatah, la orga­ni­za­ción de Mah­mud Abbas.

Des­de el mes de mar­zo, Al-Jazee­ra, la BBC en ára­be y el canal de tele­vi­sión France24 en ára­be se han con­ver­ti­do en órga­nos de pro­pa­gan­da masi­va. A gol­pe de fal­sos tes­ti­mo­nios y de imá­ge­nes mani­pu­la­das, han veni­do divul­gan­do acon­te­ci­mien­tos fabri­ca­dos para atri­buir a la Repú­bli­ca Ára­be de Siria los mis­mos este­reo­ti­pos del régi­men tune­cino de Ben Ali.

Los men­cio­na­dos medios de pren­sa tra­tan de hacer creer que el ejér­ci­to sirio es una fuer­za repre­si­va com­pa­ra­ble a la poli­cía tune­ci­na y que no vaci­la en dis­pa­rar sobre pací­fi­cos ciu­da­da­nos que luchan por su liber­tad. Esos mis­mos medios anun­cia­ron inclu­so la muer­te de un joven sol­da­do supues­ta­men­te tor­tu­ra­do has­ta la muer­te por sus supe­rio­res por haber­se negar­se a dis­pa­rar con­tra sus con­ciu­da­da­nos. El hecho es que el ejér­ci­to sirio es una fuer­za con­for­ma­da por reclu­tas, y el joven sol­da­do cuyos docu­men­tos fue­ron publi­ca­dos en reali­dad esta­ba de per­mi­so. El pro­pio joven lo expli­có per­so­nal­men­te a la tele­vi­sión siria y expre­só su deseo de defen­der su país con­tra los mer­ce­na­rios extranjeros.

Los men­cio­na­dos cana­les de tele­vi­sión vía saté­li­te han tra­ta­do tam­bién de pre­sen­tar a varias per­so­na­li­da­des sirias como per­so­nas que lucra­ban con su posi­ción, al igual que la fami­lia de la espo­sa del ex pri­mer minis­tro tune­cino Ben Ali. Han con­cen­tra­do sus crí­ti­cas en Rami Makh­luf, el hom­bre más rico del país, pri­mo del pre­si­den­te el-Assad, afir­man­do que, como en Túnez, Makh­luf exi­gía par­tes de todas las empre­sas extran­je­ras que desea­ban implan­tar­se en Siria.

La acu­sa­ción resul­ta total­men­te infun­da­da en el con­tex­to sirio. En reali­dad, Rami Makh­luf gozó de la con­fian­za del pre­si­den­te el-Assad para obte­ner la con­ce­sión de la tele­fo­nía móvil. Y, al igual que todos los empre­sa­rios del mun­do que han obte­ni­do ese tipo de con­ce­sión, se hizo millo­na­rio. La ver­da­de­ra cues­tión es saber si se apro­ve­chó o no de su situa­ción para enri­que­cer­se a cos­ta de los con­su­mi­do­res. La res­pues­ta es nega­ti­va. ¡Syria­tel pro­po­ne las tari­fas de tele­fo­nía móvil más bara­tas del mundo!

En defi­ni­ti­va, el pre­mio de la men­ti­ra se lo lle­va Al-Jazee­ra. La cade­na qata­rí lle­gó a trans­mi­tir imá­ge­nes de una mani­fes­ta­ción de 40 000 mos­co­vi­tas que recla­ma­ban el fin del apo­yo ruso a Siria. En reali­dad eran imá­ge­nes de la mani­fes­ta­ción anual del 1º de mayo, en la que Al-Jazee­ra intro­du­jo varios acto­res para rea­li­zar entre­vis­tas falsas.

La reor­ga­ni­za­ción de las redes del prín­ci­pe Ban­dar y de la admi­nis­tra­ción Obama

El dis­po­si­ti­vo con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio de los Sudai­ri está enfren­tan­do un obs­tácu­lo. Has­ta aho­ra, los mer­ce­na­rios del prín­ci­pe Ban­dar pelea­ban bajo la ban­de­ra de Osa­ma Ben Laden, lo mis­mo en Afga­nis­tán que en Bos­nia, Che­che­nia o en otros países.

Con­si­de­ra­do ini­cial­men­te como un anti­co­mu­nis­ta, Ben Laden se había con­ver­ti­do poco a poco en un anti­oc­ci­den­tal. Su movi­mien­to pare­cía con­fir­mar la ideo­lo­gía del cho­que de civi­li­za­cio­nes, enun­cia­da por Ber­nard Lewis y popu­la­ri­za­da por su dis­cí­pu­lo Samuel Hun­ting­ton. Cono­ció su era de glo­ria con los aten­ta­dos del 11 de sep­tiem­bre y la gue­rra con­tra el terro­ris­mo: los hom­bres de Ban­dar implan­ta­ban la vio­len­cia en cual­quier lugar don­de Esta­dos Uni­dos desea­ra intervenir.

El perio­do actual exi­ge un cam­bio de ima­gen para los yiha­dis­tas. Se les invi­ta aho­ra a luchar del lado de la OTAN, como lo hicie­ron en Afga­nis­tán del lado de la CIA y con­tra el Ejér­ci­to Rojo. Es con­ve­nien­te, por lo tan­to, vol­ver al dis­cur­so prooc­ci­den­tal de anta­ño y bus­car­le otro con­te­ni­do que reem­pla­ce el anti­co­mu­nis­mo. Esa será la misión ideo­ló­gi­ca de Yusef al-Qardawi.

Para faci­li­tar ese cam­bio de look, Washing­ton aca­ba de anun­ciar la muer­te ofi­cial de Osa­ma Ben Laden. Con la des­apa­ri­ción de esa figu­ra tute­lar, los mer­ce­na­rios del prín­ci­pe Ban­dar podrán movi­li­zar­se bajo una nue­va ban­de­ra. Esta redis­tri­bu­ción de los pape­les se acom­pa­ña de un impor­tan­te movi­mien­to de per­so­nal en Washington.

El gene­ral David Petraeus, quien des­de su pues­to de coman­dan­te del Cent­Com se ocu­pa­ba de los tra­tos con los hom­bres de Ban­dar, se con­vier­te aho­ra en direc­tor de la CIA. Esto pre­sa­gia una reti­ra­da ace­le­ra­da de las tro­pas de la OTAN que se encuen­tran en Afga­nis­tán y una mayor par­ti­ci­pa­ción de los hom­bres de Ban­dar en las ope­ra­cio­nes secre­tas de la agencia.

Leon Panet­ta, el direc­tor salien­te de la CIA, pasa aho­ra al pues­to de secre­ta­rio de Defen­sa. Según el acuer­do interno de la cla­se diri­gen­te esta­dou­ni­den­se, dicho pues­to debía reser­var­se a un miem­bro de la Comi­sión Baker-Hamil­ton. El demó­cra­ta Panet­ta, al igual que el repu­bli­cano Gates, fue miem­bro de dicha Comi­sión. En caso de nue­vas gue­rras, Panet­ta se encar­ga­ría de limi­tar el des­plie­gue de tro­pas terres­tres, con excep­ción de las Fuer­zas Especiales.

En Riad y en Washing­ton ya están hacien­do el acta de defun­ción de la «pri­ma­ve­ra árabe».

Los Sudai­ri pue­den decir del Medio Orien­te lo mis­mo que el Gato­par­do decía de Ita­lia: «Algo tie­ne que cam­biar para que nada cam­bie y que siga­mos sien­do los amos».

Red Vol­tai­re

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