Mucha retó­ri­ca, muy poca ayu­da – Robert Fisk

Fue la mis­ma vie­ja his­to­ria. Los pales­ti­nos pue­den tener un Esta­do via­ble; los israe­líes, un Esta­do segu­ro. No se pue­de des­le­gi­ti­mar a Israel; los pales­ti­nos no deben inten­tar pedir a la ONU que los decla­re Esta­do en sep­tiem­bre. No se pue­de impo­ner la paz a nin­gu­na de las par­tes. Algu­nos pasa­jes del dis­cur­so de Oba­ma duran­te este jue­ves podrían con­ver­tir­se en el men­sa­je a los cabil­de­ros pro israe­líes anun­cia­do para este fin de sema­na. Ah, sí, y el Esta­do pales­tino no debe tener armas para defen­der­se. ¡Con­que eso es lo que sig­ni­fi­ca viable!

Fue una espe­cie de segun­da veni­da, supon­go, las pro­me­sas de El Cai­ro reci­cla­das, otro gui­ño hacia Medio Orien­te, tan abu­rri­do e injus­to como todos los demás, con mon­to­nes de retó­ri­ca sobre las revo­lu­cio­nes ára­bes a las que Oba­ma no hizo nada por ayu­dar. Algu­nas par­tes fue­ron de plano decep­cio­nan­tes. Hemos roto el impul­so de los tali­ba­nes, dijo el gran dis­cur­sea­dor. ¿Qué? ¿En serio cree eso?

Des­de lue­go, hubo el habi­tual baño retó­ri­co para Libia, Siria, Irán, los sos­pe­cho­sos de cos­tum­bre. Y las pala­bras de siem­pre: valor, paz, dig­ni­dad, demo­cra­cia. Una cria­tu­ra de Mar­te pen­sa­ría que el hom­bre de veras ayu­dó a for­jar las revo­lu­cio­nes en Medio Orien­te en vez de sen­tar­se remil­go­sa­men­te a un lado con la espe­ran­za de que los per­ver­sos dic­ta­do­res sobrevivieran.

Hubo algún rega­ño a Bah­rein (don­de no hubo revo­lu­ción, cla­ro), pero ni una pala­bra sobre Ara­bia Sau­di­ta, aun­que ten­go idea de que su anciano rey esta­rá al telé­fono con Oba­ma en los pró­xi­mos días.

¿Qué fue toda esa pero­ra­ta sobre el cam­bio en Medio Oriente?

Reci­bi­mos una tími­da refe­ren­cia a la acti­vi­dad colo­ni­za­do­ra de Israel, una alu­sión a Hamas (natu­ral­men­te), muchas lágri­mas por el ver­du­le­ro tune­cino Moha­med Boua­zi­zi, quien comen­zó todas las revo­lu­cio­nes… aun­que Túnez fue un Esta­do que Oba­ma nun­ca men­cio­nó antes de que Ben Alí salie­ra a esca­pe. La humi­lla­ción de la ocu­pa­ción para los pales­ti­nos ‑repe­ti­ción exac­ta de lo dicho en El Cai­ro hace dos años- y el cuen­to de un pales­tino que per­dió tres hijas por pro­yec­ti­les israe­líes en Gaza. Cap­té la idea, cla­ro. El hom­bre sólo per­dió a sus hijas por pro­yec­ti­les que casual­men­te les caye­ron enci­ma; nin­gu­na suge­ren­cia de que alguien en reali­dad los haya disparado.

¿Será que Oba­ma sólo habla dema­sia­do? Me temo que sí. Se bañó en sus pro­pias pala­bras, como hizo en su lamen­ta­ble pre­sen­ta­ción cuan­do reci­bió el Pre­mio Nobel de la Paz por sus discursos.

Y lue­go, como adi­vi­né antes que lo hicie­ra, com­pa­ró las revo­lu­cio­nes ára­bes con la revo­lu­ción en su país. Cree­mos que estas ver­da­des son evi­den­tes en sí mis­mas, etcé­te­ra, etcé­te­ra. Se le esca­pó por com­ple­to que muchos ára­bes lucha­ron y murie­ron para librar­se de noso­tros, no para ser como los esta­du­ni­den­ses. Y lue­go tuvi­mos que escu­char cuál va a ser el papel de Esta­dos Uni­dos en el nue­vo Medio Orien­te. No escu­cha­mos si los ára­bes quie­ren que los esta­du­ni­den­ses ten­gan un papel. Siem­pre bus­can­do un papel.

Bueno, este fin de sema­na es de Netan­yahu, y los asen­ta­mien­tos israe­líes ‑se deli­mi­ta­ron otros nue­vos ape­nas unas horas antes del men­sa­je de Oba­ma- segui­rán como siem­pre. Y para cuan­do Oba­ma ter­mi­ne por jurar leal­tad eter­na a los israe­líes, los ára­bes habrán olvi­da­do las pos­tu­ras de este jueves.

La refe­ren­cia al Esta­do judío obvia­men­te lle­va­ba la inten­ción de hacer feliz a Netan­yahu. La últi­ma vez que estu­ve por allá, cien­tos de miles de ára­bes vivían en Israel y tenían pasa­por­tes israe­líes. Oba­ma no hizo nin­gu­na refe­ren­cia a ellos. O tal vez es sólo mi imaginación.

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