La doc­tri­na de la ven­gan­za – Alva­ro Reiza­bal

En febre­ro de 2006 el Tri­bu­nal Supre­mo espa­ñol dic­tó una sen­ten­cia rein­ter­pre­tan­do el artícu­lo del Códi­go Penal que esta­ble­cía la for­ma de cum­pli­mien­to de las penas en caso de con­de­nas múl­ti­ples. Duran­te casi un siglo se había enten­di­do y apli­ca­do que la reden­ción de penas por el tra­ba­jo se apli­ca­ba dedu­cien­do lo redi­mi­do del lími­te máxi­mo de cum­pli­mien­to, enton­ces de 30 años. A par­tir de esa fecha, el alto tri­bu­nal deci­dió que las reden­cio­nes ya no se redu­ci­rían del máxi­mo de cum­pli­mien­to total, sino pena por pena suce­si­va­men­te, de tal mane­ra que, en la prác­ti­ca, no ser­vían para nada. El giro coper­ni­cano en la inter­pre­ta­ción del pre­cep­to supu­so, a mi enten­der, una vul­ne- ración del prin­ci­pio de irre­tro­ac­ti­vi­dad de la ley penal mas des­fa­vo­ra­ble. Se pre­gun­ta­rá el lec­tor la razón de seme­jan­te cata­clis­mo, y la expli­ca­ción, como en tan­tas otras oca­sio­nes, es sen­ci­lla: esta­ban a pun­to de salir de la cár­cel un buen núme­ro de pre­sos de ETA por cum­pli­mien­to del máxi­mo. Entre ellos el ipar­ta­rra Unai Parot y, como sue­le ocu­rrir en estos casos, se hizo una apli­ca­ción ad hoc e intui­tu per­so­nae, modi­fi­can­do lo que se venía apli­can­do.

El vas­co, al que los espa­ño­les lla­man fran­cés, no sal­dría de la cár­cel fue­ra como fue­se y reme­mo­ran­do el 2 de mayo de 1808, parie­ron la mal lla­ma­da «doc­tri­na Parot», a la que me nie­go a lla­mar así, por­que no es sino la doc­tri­na de la ven­gan­za. Y como él, otros muchos vas­cos lle­van cum­plien­do años extra de pri­sión en las más duras con­di­cio­nes, por el morro y a pul­so, que se diría en el argot tale­gue­ro.

Los años han pasa­do y ha lle­ga­do el turno de que el Cons­ti­tu­cio­nal ten­ga que resol­ver los recur­sos que se fue­ron inter­po­nien­do con­tra la fulle­ra pro­lon­ga­ción de las penas. Y el fache­río, con sus múl­ti­ples care­tas, ha empe­za­do a armar la mari­mo­re­na. Dicen que si el Cons­ti­tu­cio­nal con­ce­de el ampa­ro se habrá res­que­bra­ja­do el Esta­do de Dere­cho y que se verán obli­ga­dos a bus­car la jus­ti­cia por su mano, afir­ma­ción que les retra­ta.

Por­que el Dere­cho se lo pasan por el arco del triun­fo. En reali­dad, ansían la pena de muer­te, la ley del Talion.

No bus­can los fines cons­ti­tu­cio­nal­men­te esta­ble­ci­dos para las penas, sino la expia­ción y con­ver­tir las penas de cár­cel en ins­tru­men­tos de ven­gan­za. Pro­du­ce esca­lo­fríos leer y oír has­ta la sacie­dad que un pre­so ha sali­do de la cár­cel tras cum­plir «tan sólo» trein­ta años de con­de­na de los miles que le fue­ron impues­tos y que cada muer­to le ha sali­do a 1,10 años de cár­cel.

Trein­ta años es más que la cade­na per­pe­tua, y el pre­cio a pagar en años de cár­cel por cada muer­to no está legal­men­te esta­ble­ci­do. Pero ade­más, es un argu­men­to falaz, por­que aun­que en vez de 20 años sean 30 o 40 los que se cum­plan, el pre­cio paga­do ape­nas habrá subi­do unas déci­mas. Si están a favor de la pena de muer­te o de la pri­sión mien­tras vivas, que lo digan, pero que no dis­fra­cen sus tesis lle­nas de odio y ven­gan­za dicien­do que son apli­ca­ción estric­ta del Dere­cho.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *