La sor­pren­den­te con­tra­ofen­si­va de las petro­mo­nar­quías árabes

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Antes de las «revuel­tas y revo­lu­cio­nes del mun­do ára­be», el blo­que comer­cial y mone­ta­rio (hoy en sor­pren­den­te trans­for­ma­ción mili­ta­ris­ta) de las seis petro­mo­nar­quías del Con­se­jo de Coope­ra­ción de los Paí­ses Ára­bes del Gol­fo (CCPAG) –Ara­bia Sau­di­ta, Kuwait, Qatar, Bah­rein, Omán y los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos– hace menos de dos años se había atre­vi­do a lan­zar el pro­yec­to teme­ra­rio de una divi­sa común (el «gul­fo» o «kha­lee­ji») para des­pla­zar al dólar en la ven­ta de sus hidrocarburos.

Exis­te abun­dan­te lite­ra­tu­ra que refie­re que uno de los peca­dos capi­ta­les de Sad­dam Hus­sein a los ojos uni­la­te­ra­les de Esta­dos Uni­dos (y, por exten­sión, de la OTAN) había sido el cobro de los hidro­car­bu­ros de Irak en euros (hoy vapu­lea­dos por «la gue­rra de divi­sas» des­ata­da por Wall Street).

Ade­más de la cap­tu­ra de los hidro­car­bu­ros de Libia por la OTAN, ya no se diga de una par­te sus­tan­cial del mayor acuí­fe­ro de agua fres­ca del mun­do en la región de Cire­nai­ca (capi­tal Ben­ga­si), John Per­kins –autor del libro impac­tan­te (por pro­ve­nir de las entra­ñas del sio­nis­mo anglo­sa­jón finan­cie­ris­ta, que es inhe­ren­te­men­te misán­tro­po) de hace sie­te años Con­fe­sio­nes de un sica­rio eco­nó­mi­co– ase­ve­ra que el pro­yec­to de Muam­mar Kada­fi de lan­zar una divi­sa afri­ca­na común (el dinar-oro) para sus­ti­tuir al inser­vi­ble dólar sig­ni­fi­có su des­gra­cia con sus ante­rio­res alia­dos de las pla­zas finan­cie­ras de la OTAN (ICH, 26/​4/​11).

Ubi­co esta tri­ple afren­ta con­tra el dólar –de Irak, el CCPAG‑6 y Libia, en un lap­so de ocho años– para enten­der lo que acon­te­ció ayer, suce­de aho­ra y pue­de ocu­rrir en un futuro.
Sería un gra­ve error de jui­cio sos­la­yar tan­to la cri­sis del finan­cie­ris­ta sio­nis­mo anglo­sa­jón como la sequía cre­di­ti­cia del mode­lo «occi­den­tal» capi­ta­lis­ta en los acon­te­ci­mien­tos que han sacu­di­do al mun­do ára­be sin excepción.

La dupla inva­so­ra anglo­sa­jo­na hipo­te­có las finan­zas de Irak. Aho­ra, Esta­dos Uni­dos y Gran Bre­ta­ña cap­tu­ra­ron más de 60 mil millo­nes de dóla­res de los depó­si­tos de Libia en sus ban­cos (con el pre­tex­to «huma­ni­ta­rio»).

El des­po­jo obs­ceno de las finan­zas de Irak y Libia, amén de la hipo­te­ca de sus hidro­car­bu­ros, es un jue­go de niños com­pa­ra­do con lo que pue­de suce­der con las colo­sa­les for­tu­nas del CCPAG‑6 que corren peli­gro de ser arre­ba­ta­das por el finan­cie­ris­ta sio­nis­mo anglo­sa­jón que osten­ta la expe­rien­cia y la téc­ni­ca inigua­la­bles de sus ante­ce­so­res pira­tas, ya no se diga la cober­tu­ra mili­tar nuclear de la OTAN.

En la fase de la sequía cre­di­ti­cia glo­bal, la suma de las reser­vas de divi­sas del CCPAG‑6 lo colo­ca­ría en el cuar­to lugar mun­dial con 555 mil 630 millo­nes de dóla­res: detrás de Chi­na, Japón y la euro­zo­na. Ara­bia Sau­di­ta sola (que de por sí ya osten­ta el cuar­to lugar mun­dial) apor­ta 82 por cien­to de todas las reser­vas del CCPAG‑6.

Mas rele­van­te­men­te, el CCPAG‑6 posee sus­tan­cia­les «fon­dos sobe­ra­nos de rique­za» (wealth sove­reign funds), de los mayo­res del mun­do, que dupli­can sus reser­vas de divi­sas. Reco­mien­do el repor­te al res­pec­to de The­Cit­yUk (abril de 2011).

En la deli­ca­da coyun­tu­ra de la cri­sis cre­di­ti­cia de «Occi­den­te», pro­vo­ca­da por su las­ci­via espe­cu­la­ti­va, es mi muy humil­de hipó­te­sis que el finan­cie­ris­ta sio­nis­mo anglo­sa­jón se pre­pa­ra a des­po­jar al esti­lo pira­ta las rique­zas acu­mu­la­das (reser­vas de divi­sas y «fon­dos sobe­ra­nos de rique­za») del CCPAG‑6.

No hay que per­der de vis­ta el ante­ce­den­te de que el sinies­tro Gru­po Carly­le (pro­pie­dad catas­tral del nepo­tis­mo bushiano) esta­fó enor­mes sumas de dine­ro a Kuwait, uno de los miem­bros del CCPAG‑6 (arab­fi­nan­ce, 2/​12/​09).

Dubai, uno de los sie­te de la fede­ra­ción de los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos y rele­van­te pla­za finan­cie­ra del CCPAG‑6, toda­vía no se repo­ne de su des­ca­la­bro inmo­bi­lia­rio de hace menos de dos años.

Las seis petro­mo­nar­quías del CCPAG crea­do hace 30 años tie­nen un terri­to­rio de casi 2.7 millo­nes de kiló­me­tros cua­dra­dos, una pobla­ción total de casi 45 millo­nes, un PIB (medi­do en poder adqui­si­ti­vo) de 1.95 billo­nes de dóla­res (¡67.86 por cien­to del total de los 22 paí­ses del mun­do ára­be!), pro­du­ce alre­de­dor de 15 millo­nes de barri­les al día y, sobre todo, deten­ta alre­de­dor de 45 por cien­to de las reser­vas de petró­leo y 25 por cien­to del gas a esca­la planetaria.

Las seis bases mili­ta­res de Esta­dos Uni­dos (y una de Fran­cia en los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos) en el CCPAG‑6, más que para pro­te­ger­lo de sus enemi­gos (como publi­ci­tan) pare­ce­rían ser­vir de gra­va­men indi­rec­to a la pro­duc­ción y trán­si­to de los hidro­car­bu­ros del Gol­fo Pér­si­co (con excep­ción de Irán).

A raíz de la «revo­lu­ción del jaz­mín» el CCPAG‑6 cam­bió sor­pren­den­te­men­te su rostro.
El derro­ca­mien­to y ahor­ca­mien­to del suni­ta Sad­dam Hus­sein por la inva­sión de la dupla anglo­sa­jo­na favo­re­ció en últi­ma ins­tan­cia a la teo­cra­cia chií­ta de Irán, lo cual empe­zó a alte­rar la corre­la­ción de fuer­zas en el Gol­fo Pér­si­co en detri­men­to del CCPAG‑6, cuyos alia­dos fue­ron pues­tos en jaque a prin­ci­pios de año des­de Yemen (Ali Abda­lá Saleh) has­ta Líbano (el depues­to pri­mer minis­tro suni­ta Saad Hariri).

Pero nada se com­pa­ra, pri­me­ro, a la defe­nes­tra­ción de Hos­ni Muba­rak, ami­go del rey Abda­lá de Ara­bia Sau­di­ta ni, lue­go, a la revuel­ta de los chií­tas de Bah­rein (75 por cien­to de la pobla­ción) con­tra la petro­mo­nar­quía suni­ta mino­ri­ta­ria local, lo cual des­em­bo­có en la inter­ven­ción mili­tar del CCPAG‑6.

La caí­da de las dos prin­ci­pa­les poten­cias mili­ta­res sun­ni­tas del mun­do ára­be (Irak y Egip­to) angus­tió a los petro­mo­nar­cas del CCPAG‑6, quie­nes han pasa­do a una vigo­ro­sa con­tra­ofen­si­va en cua­tro fren­tes: 1) enca­be­za­dos por Qatar (y su pode­ro­sa tele­vi­so­ra Al Jazee­ra), que osten­ta el mayor PIB per cápi­ta del mun­do, que impre­sio­nó has­ta a Oba­ma (¡145 mil 300 dóla­res!; el de Méxi­co es de 13 mil 800 dóla­res), apo­ya­ron la revuel­ta de Cire­nai­ca (capi­tal Ben­ga­si) con­tra Kada­fi, de quien se cobra­ron afren­tas añe­jas; 2) dejan que corra la revuel­ta con­tra Bashar Assad en Siria –el por­tal israe­lí Deb­ka (11÷5÷11) afir­ma que el pode­ro­so prín­ci­pe Ban­dar Bin Sul­tan (ante­rior emba­ja­dor de Ara­bia Sau­di­ta en Esta­dos Uni­dos e ínti­mo de Baby Bush) ope­ra direc­ta­men­te la rebe­lión para dañar los intere­ses de Irán en Siria, Líbano y los terri­to­rios pales­ti­nos ocu­pa­dos – ; 3) aprie­tan las tuer­cas suni­tas en Líbano, y 4) nego­cian la sali­da deco­ro­sa de Ali Abda­lá Saleh de Yemen.

Mien­tras mejo­ran las rela­cio­nes de Egip­to con Irán, las del CCAPG‑6 (con sus mati­ces y suti­le­zas indi­vi­dua­les) empeo­ran dra­má­ti­ca­men­te con el país persa.

Como con­se­cuen­cia de la «era post Bin Laden», la volá­til situa­ción en Pakis­tán (el ver­da­de­ro alia­do mili­tar suni­ta de Ara­bia Sau­di­ta y dota­do con entre 90 y 110 bom­bas nuclea­res) afec­ta el flan­co orien­tal del CCPAG‑6, quien en for­ma espec­ta­cu­lar invi­tó a otras dos monar­quías ára­bes a inte­grar­se en su seno: Jor­da­nia (con­ti­gua a Ara­bia Sau­di­ta) y Marrue­cos (muy dis­tan­te), quie­nes no son muy pudien­tes que se diga.

Que el total de las ocho monar­quías ára­bes hayan con­for­ma­do un nue­vo blo­que ha lle­va­do a algu­nos ana­lis­tas de la penín­su­la ará­bi­ga a pro­cla­mar «la muer­te de la Liga Ára­be» (de 22 paí­ses), tra­di­cio­nal­men­te domi­na­da por la muy capaz diplo­ma­cia egipcia.

Asis­ti­mos a dos ten­den­cias cen­trí­fu­gas en el mun­do ára­be: por un lado, la «revo­lu­ción del jaz­mín», cuyo prin­ci­pal acti­vo es Egip­to y, por otro, el CCPAG‑6 inmen­sa­men­te rico en todo, menos en agua, armas y ejércitos.

¿Sucum­bi­rán el CCPAG‑6 e Irán en la tram­pa que, a mi jui­cio, les ha ten­di­do el finan­cie­ris­ta sio­nis­mo anglosajón?

La Jor­na­da

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