Una his­to­ria olvi­da­da en la Zona Cero- Ati­lio Boron

Tan preo­cu­pa­dos esta­ban en la Casa Blan­ca por per­se­guir a Bin Laden, cuyos nume­ro­sos fami­lia­res fue­ron los úni­cos auto­ri­za­dos –entre dece­nas de miles que roga­ban por lo mis­mo- a abor­dar el úni­co avión que aban­do­nó Esta­dos Uni­dos al día siguien­te del 11‑S, que en la con­fu­sión tan­to al pre­si­den­te como al alcal­de de New York se les “olvi­dó” indem­ni­zar a los bom­be­ros, para­mé­di­cos, res­ca­tis­tas y jor­na­le­ros que tra­ba­ja­ron duran­te días y sema­nas recu­pe­ran­do cadá­ve­res y remo­vien­do escom­bros de las Torres Geme­las, inmer­sos en una nube tóxi­ca que dañó irre­pa­ra­ble­men­te sus orga­nis­mos y en espe­cial sus pulmones.

Pero esta es, como diría el inol­vi­da­ble Howard Zinn, “la otra his­to­ria” de los Esta­dos Uni­dos, la de las víc­ti­mas, los opri­mi­dos, los pobres, los mar­gi­na­les. Esa his­to­ria no se cuen­ta y fue Zinn quien hizo una labor extra­or­di­na­ria al con­tar­la en un libro que pre­ci­sa­men­te tie­ne ese nom­bre y que debe­ría ser leí­do por todos los intere­sa­dos en cono­cer como es el “capi­ta­lis­mo real­men­te exis­ten­te” y no las his­to­rie­tas per­ge­ña­das en Holly­wood que nos pin­tan una visión idea­li­za­da de Esta­dos Unidos.

Lo ante­rior vie­ne a cuen­to por­que una inves­ti­ga­ción rea­li­za­da por la Yeshi­va Uni­ver­sity de la ciu­dad de New York y cuyos hallaz­gos fue­ron publi­ca­dos por el pres­ti­gio­so New England Jour­nal of Medi­ci­ne en Abril del año pasa­do cons­ta­tó la exis­ten­cia de 13.954 afec­ta­das por la inha­la­ción de gases tóxi­cos duran­te sus tra­ba­jos en las rui­nas de las Torres Geme­las. Los inves­ti­ga­do­res decla­ra­ron en diver­sas fuen­tes que tal cifra sub­es­ti­ma el núme­ro real de víc­ti­mas afec­ta­das por los arduos tra­ba­jos de res­ca­te y lim­pie­za: se cal­cu­la que unos dos mil más no fue­ron regis­tra­dos sea por­que habrían muer­to a cau­sa del enve­ne­na­mien­to pade­ci­do en esas tareas o por com­pli­ca­cio­nes con otras enfer­me­da­des, o por­que sien­do muchos de ellos indo­cu­men­ta­dos temían que al pre­sen­tar­se ante los inves­ti­ga­do­res la odia­da “migra”, la poli­cía migra­to­ria de Esta­dos Uni­dos, los detec­ta­ra y ter­mi­na­ra por deportarlos.

Nada de esto men­cio­nó Barack Oba­ma en la dema­gó­gi­ca visi­ta que hicie­ra a la Zona Cero el Jue­ves 5 de Mayo, una vez con­fir­ma­do el ase­si­na­to de Osa­ma Bin Laden. El pre­si­den­te habló de quie­nes cola­bo­ra­ron con heroís­mo y abne­ga­ción en las tareas de res­ca­te y lim­pie­za, pero no dijo ni una pala­bra sobre la escan­da­lo­sa desidia e ingra­ti­tud­con que fue­ron (mal)tratados esos tra­ba­ja­do­res, mate­rial de dese­cho en cual­quier eco­no­mía capi­ta­lis­ta y mucho más en los Esta­dos Unidos.

Según el corres­pon­sal de la BBC en New York a prin­ci­pios de 2008 -¡es decir, casi sie­te años des­pués de pro­du­ci­do el aten­ta­do!- sólo seis (sí, no hay error: seis) de algo más de 10.000 deman­das que habían plan­tea­do los tra­ba­ja­do­res por los gra­ves tras­tor­nos oca­sio­na­dos a su salud habían reci­bi­do algu­na cla­se de com­pen­sa­ción por par­te de las auto­ri­da­des norteamericanas.

Jus­ti­cia bur­gue­sa, que le dicen. O refu­ta­ción prác­ti­ca del dis­cur­so sobre los dere­chos huma­nos, la liber­tad y la jus­ti­cia con que Washing­ton per­ma­nen­te­men­te ocul­ta sus mayo­res tro­pe­lías. ¿Qué cre­di­bi­li­dad pue­de tener quien se com­por­ta como un gober­nan­te des­al­ma­do con su pro­pio pue­blo, que gene­ro­sa­men­te se invo­lu­cró en un tra­ba­jo insa­lu­bre tan sólo para que, lue­go de ter­mi­na­do, se des­oye­ran sus jus­tos reclamos?

Como era de espe­rar­se las pro­tes­tas y pre­sio­nes de las víc­ti­mas pro­si­guie­ron y recién en Abril del 2010, a casi nue­ve años del sinies­tro, se lle­gó a un pri­mer arre­glo median­te el cual los tra­ba­ja­do­res, en una deman­da legal colec­ti­va –lo que en la legis­la­ción nor­te­ame­ri­ca­na se cali­fi­ca como una “class action”- podrían lle­gar a reci­bir, ¡diez años des­pués de la tra­ge­dia!, 657.5 millo­nes de dóla­res de com­pen­sa­ción, a razón de unos 65.000 dóla­res por persona.

Por supues­to, podrá haber algu­nas excep­cio­nes en don­de, sobre la base de una revi­sión a car­go de un juez ‑en un pro­ce­so inva­ria­ble­men­te lar­go y cos­to­so- algu­nos de los dam­ni­fi­ca­dos podría obte­ner una com­pen­sa­ción algo mayor. Pero por aho­ra la cifra es aquella.

Está demás acla­rar que con esa suma los afec­ta­dos difí­cil­men­te podrán pagar las fac­tu­ras médi­cas acu­mu­la­das a lo lar­go de tan­tos años de total aban­dono por par­te de los cru­za­dos de la liber­tad y la jus­ti­cia ins­ta­la­dos en la Casa Blan­ca; va de suyo que los des­afor­tu­na­dos que requie­ran un tra­ta­mien­to más com­pli­ca­do que­da­rán a la vera del camino y debe­rán arre­glar­se como puedan.

En Esta­dos Uni­dos la salud es una mer­can­cía más, y como lo recor­da­ba Alfre­do Zita­rro­sa en su “Doña Sole­dad”, “Usted se pue­de morir, eso es cues­tión de salud, pero no quie­ra saber lo que le cues­ta un ataúd.” Tén­ga­se en cuen­ta que una sim­ple ope­ra­ción de apen­di­ci­tis en New York pue­de lle­gar a cos­tar fácil­men­te 30.000 dóla­res y ya está todo dicho.

Ah, ¡me olvi­da­ba!: los hono­ra­rios de los estu­dios de abo­ga­dos invo­lu­cra­dos en esta lar­ga, peno­sa y humi­llan­te bata­lla legal de los res­ca­tis­tas ya supe­ran los dos­cien­tos millo­nes de dóla­res; es decir, casi la ter­ce­ra par­te de lo que se le va a entre­gar a los tra­ba­ja­do­res ya se lo apro­pia­ron los “caran­chos” que lucran con esta des­gra­cia. Ellos notu­vie­ron que espe­rar. Con­clu­sión: Washing­ton pue­de inva­dir paí­ses, tor­tu­rar, ase­si­nar, pro­mo­ver gol­pes de esta­do y entrar en gue­rras sin auto­ri­za­ción del Con­gre­so, pero la Casa Blan­ca se mues­tra impo­ten­te para hacer jus­ti­cia y com­pen­sar ade­cua­da­men­te a la anó­ni­ma legión de quie­nes se juga­ron la vida y su salud en la Zona Cero con el pre­tex­to de que el Con­gre­so no auto­ri­za­ría tales gastos.

Cla­ro que si de lo que se tra­ta es de per­ge­ñar un sal­va­ta­je de ban­cos y finan­cie­ras el Capi­to­lio y la Casa Blan­ca, siem­pre sen­si­bles ante los intere­ses de las cla­ses domi­nan­tes, toman la deci­sión en cues­tión de días, y los CEOs del casino finan­cie­ro reco­bran sin demo­ra sus millo­na­rios sala­rios en dóla­res. En cam­bio, los que asu­mie­ron la huma­ni­ta­ria tarea del res­ca­te y la lim­pie­za del desas­tre de las Torres Geme­las son humi­lla­dos con una espe­ra de casi diez años y una com­pen­sa­ción ridí­cu­la toman­do en cuen­ta los per­jui­cios oca­sio­na­dos y el tiem­po reque­ri­do para su indem­ni­za­ción. Esta infa­mia es la “otra his­to­ria” de los Esta­dos Uni­dos, a la cual según Zinn debe­mos pres­tar­le la máxi­ma aten­ción por­que reve­la la inmo­ra­li­dad inhe­ren­te e inco­rre­gi­ble del capi­ta­lis­mo y la nece­si­dad de aca­bar con él lo antes posi­ble, antes de que, como lo vie­ne dicien­do Fidel, ese sis­te­ma aca­be con la humanidad.

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