Sobre cien­cia y salud (medi­ci­na, medi­ca­men­tos y vacunas)

Sue­le ser habi­tual que las pro­tes­tas e indig­na­ción de la pobla­ción hacia sus diri­gen­tes, hacia el poder esta­ble­ci­do y sus des­ma­nes que gene­ran males­tar, ira y des­con­fian­za pro­vo­quen recha­zo de todo lo que pro­ven­ga de ese «poder», llá­men­se leyes, prohi­bi­cio­nes, sis­te­mas edu­ca­ti­vos, sani­ta­rios y un lar­go etcé­te­ra. Pero es la sani­dad, en todo lo rela­cio­na­do con la salud, el dolor y el sufri­mien­to de las per­so­nas, la que tie­ne un sig­ni­fi­ca­do espe­cial en el ima­gi­na­rio colec­ti­vo des­de el prin­ci­pio de los tiempos.

En todas las socie­da­des, des­de las más pri­mi­ti­vas, los cui­da­dos de la salud era una prio­ri­dad cla­ve en la super­vi­ven­cia del gru­po y de la espe­cie. Y ese poder de com­ba­tir la enfer­me­dad se fue aso­cian­do a cua­li­da­des mági­cas y extra­te­rre­na­les. Curan­de­ras, hechi­ce­ros, sacer­do­tes y sacer­do­ti­sas osten­ta­ban una gran influen­cia sobre la comu­ni­dad. En sus manos se deja­ban los cono­ci­mien­tos –el poder- para el desa­rro­llo de sus nobles fun­cio­nes médico-religiosas.

En la actua­li­dad, ese poder sigue exis­tien­do en for­ma de, entre otros, pode­ro­sas mul­ti­na­cio­na­les en con­ni­ven­cia con los gobier­nos capi­ta­lis­tas que ama­san millo­nes en la pre­sen­te era de la mer­can­ti­li­za­ción de todos los asun­tos impor­tan­tes de la socie­dad, y la salud cier­ta­men­te es uno de ellos. Tam­bién se obser­va como muchas per­so­nas, cons­cien­te o incons­cien­te­men­te, man­tie­nen una cier­ta idea­li­za­ción en rela­ción con la salud-enfer­me­dad y la muer­te en sus ansias por pre­ser­var la salud y la vida para ellas y para los suyos. De algu­na mane­ra, la cura­ción de la lesión y la enfer­me­dad sigue ancla­da, en el sub­cons­cien­te colec­ti­vo, a ideas reli­gio­sas, mila­gre­ras, a dio­ses, viden­tes y pode­res ocul­tos de la naturaleza.

Hoy día, las gra­ves con­se­cuen­cias que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta e impe­ria­lis­ta está pro­vo­can­do en la salud de las pobla­cio­nes (en su acep­ción más holís­ti­ca) hace que la frus­tra­ción, la rabia y la ira de cier­tos sec­to­res se rebe­len fren­te a todo lo que «hue­la» a poder esta­ble­ci­do. En el terreno de la sani­dad, bien sea la ley anti­ta­ba­co, las vacu­nas, algu­nas enfer­me­da­des «sos­pe­cho­sas» como el sida, los medi­ca­men­tos, o el per­so­nal «mafio­so» de bata blan­ca (sea médi­co o far­ma­céu­ti­co), nada vale, todo es una inven­ción, «basu­ra» corrup­ta e inú­til don­de solo impe­ran los intere­ses del capital.

Y fren­te a esta situa­ción debe­ría­mos empe­zar por refle­xio­nar sobre la ver­dad y el cono­ci­mien­to acu­mu­la­do por la huma­ni­dad a lo lar­go de siglos en todas las dis­ci­pli­nas cien­tí­fi­cas. La filo­so­fía mar­xis­ta no tie­ne dudas sobre dicho avan­ce. El mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co nos mues­tra cómo el desa­rro­llo del cono­ci­mien­to humano aprehen­de cada vez más pro­fun­da­men­te el mun­do obje­ti­vo, se apro­xi­ma inde­fi­ni­da­men­te a la ver­dad abso­lu­ta, y esto mues­tra cla­ra­men­te toda la poten­cia­li­dad de la inte­li­gen­cia huma­na. El acce­so a dicha ver­dad debe pasar por el cono­ci­mien­to de las ver­da­des rela­ti­vas en el lar­go desa­rro­llo his­tó­ri­co de la cien­cia, des­de los gra­dos más bajos, ele­ván­do­se paso a paso, eta­pa a eta­pa, en una mayor com­ple­ji­dad. La his­to­ria del avan­ce epis­te­mo­ló­gi­co va para­le­lo, como no podría ser de otro modo, a los pro­ce­sos del mun­do y de la natu­ra­le­za, cuya tra­yec­to­ria pro­gre­si­va se impo­ne pese a su apa­ren­te carác­ter for­tui­to o a sus retro­ce­sos momentáneos.

La ver­dad que se alcan­za en un momen­to y con­tex­to his­tó­ri­co dado, no pue­de ser más que una ver­dad rela­ti­va por­que siem­pre está deter­mi­na­da por las cir­cuns­tan­cias socia­les y el siem­pre limi­ta­do esta­do del cono­ci­mien­to cien­tí­fi­co de su tiem­po. Es por ello que muchas doc­tri­nas teó­ri­cas se han vis­to sus­ti­tui­das, mejo­ra­das y enri­que­ci­das en esa adqui­si­ción cada vez mayor y más com­ple­ja del saber. Fre­cuen­te­men­te, una nue­va teo­ría con­ser­va los ele­men­tos posi­ti­vos ya adqui­ri­dos por las teo­rías ante­rio­res y los desa­rro­lla empí­ri­ca­men­te. La his­to­ria de la cien­cia y del cono­ci­mien­to humano mues­tra ple­na­men­te este esque­ma dialéctico.

Por ejem­plo, en el ámbi­to de la medi­ci­na, enten­der el pro­ce­so y las cau­sas de las enfer­me­da­des infec­cio­sas requie­re con­si­de­rar la clá­si­ca teo­ría del ger­men o del con­ta­gio de Koch1, com­ple­tán­do­la y rela­cio­nán­do­la con el mayor cono­ci­mien­to de los eco­sis­te­mas, con las nue­vas apor­ta­cio­nes de la eco­lo­gía, para evi­tar e inter­ve­nir efi­caz­men­te sobre las epi­de­mias huma­nas nue­vas y vie­jas. Pero en nin­gún caso debe­mos caer en el error de inva­li­dar la teo­ría del ger­men, sino todo lo con­tra­rio, arro­par­la con los nue­vos con­tex­tos y adqui­si­cio­nes cien­tí­fi­cas de otras dis­ci­pli­nas y tras­cen­dien­do sus aspec­tos limi­tan­tes y des­fa­sa­dos. De la mis­ma for­ma podría­mos decir que enten­der la teo­ría de la rela­ti­vi­dad o de la geo­me­tría frac­tal no sig­ni­fi­ca más que inte­grar los cono­ci­mien­tos ante­rio­res de la físi­ca mecá­ni­ca o de la geo­me­tría eucli­dia­na, que no solo no dejan de ser cier­tas sino tam­bién nece­sa­rias para dar luz a todo el pro­ce­so y enten­di­mien­to al fenó­meno que estu­die­mos, ya sean los pro­ble­mas de salud de una comu­ni­dad, los movi­mien­tos de las par­tí­cu­las o la arqui­tec­tu­ra fractal.

Pero, ¿por qué deci­mos todo esto, por qué nos para­mos a defen­der los sóli­dos cono­ci­mien­tos alcan­za­dos en el cam­po de las cien­cias bio­ló­gi­cas y de la salud, pese a los retro­ce­sos y limi­ta­cio­nes incues­tio­na­bles? Por­que denun­ciar y cri­ti­car los abu­sos, y a veces frau­des, del poder esta­ble­ci­do y de las mul­ti­na­cio­na­les no debe cegar­nos y rei­vin­di­car «otra medi­ci­na» no siem­pre bien cono­ci­da que nos solu­cio­na­rá todos nues­tros pro­ble­mas, cri­ti­can­do una medi­ci­na «ofi­cial» que no vale para nada. Por­que es des­de den­tro de los sec­to­res crí­ti­cos y anti­ca­pi­ta­lis­tas don­de sur­gen voces que cues­tio­nan muchas de las ver­da­des alcan­za­das en el cam­po de las cien­cias de la salud. Se cues­tio­na la exis­ten­cia de micro­or­ga­nis­mos pató­ge­nos, la efi­ca­cia de los anti­bió­ti­cos y de las vacu­nas, por poner los ejem­plos más repe­ti­da­men­te seña­la­dos. Se pien­sa que en un mun­do ideal sin agre­sio­nes medioam­bien­ta­les, libre de tóxi­cos, radiac­ti­vi­dad y de agen­tes naran­jas, el orga­nis­mo humano de for­ma natu­ral se auto depu­ra­rá y podrá con­vi­vir de for­ma armó­ni­ca con la natu­ra­le­za y la abru­ma­do­ra mul­ti­tud de micro­or­ga­nis­mos que pue­blan nues­tro planeta.

La cues­tión es cómo «con­vi­vi­mos» en y con un sis­te­ma que arre­me­te y alte­ra nues­tra salud y qué alter­na­ti­vas de lucha debe­mos plan­tear en el día a día. Si la lucha se debe librar en todos los fren­tes, uno de ellos debe ser el ideo­ló­gi­co y el cien­tí­fi­co. Una lucha por la ver­dad, el cono­ci­mien­to y una cien­cia al ser­vi­cio de los pue­blos, que sir­va a sus intere­ses e impi­da su uti­li­za­ción por el capi­tal para la gue­rra, la opre­sión, la mise­ria y la enfer­me­dad. La con­tra­dic­ción no se encuen­tra entre la cien­cia y la salud, sino entre el capi­ta­lis­mo y la salud.

Los cono­ci­mien­tos adqui­ri­dos en la cien­cia de la salud, como de cual­quier otra, no son nue­vos, no par­te de una espe­cie de tabu­la rasa, es el pro­duc­to de la incor­po­ra­ción de todos los logros alcan­za­dos a lo lar­go de la his­to­ria. Y para seguir avan­zan­do se debe prio­ri­zar la inves­ti­ga­ción de las cau­sas de los pro­ble­mas de salud, inclui­das las socia­les, y defen­der las inter­ven­cio­nes socio­sa­ni­ta­rias en bene­fi­cio de una amplia mayo­ría de la pobla­ción. Hay mucho que avan­zar, mejo­rar y corre­gir, de eso no debe caber la menor duda. Pero tam­po­co debe haber­lo sobre el hecho de que el arma­zón de muchos de sus cono­ci­mien­tos es sóli­do y robus­to y ha sido mos­tra­do y demos­tra­do por la expe­ri­men­ta­ción cien­tí­fi­ca. Los frau­des, fala­cias y abu­sos con los que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta ha tra­ta­do de con­ta­mi­nar a la ver­dad y al cono­ci­mien­to en gene­ral, y a las cien­cias de la salud en par­ti­cu­lar, solo debe mover a denun­ciar­los de for­ma cons­truc­ti­va para pro­gre­sar en su avan­ce epistemológico.

Más con­cre­ta­men­te, des­de la epi­de­mio­lo­gía de las enfer­me­da­des trans­mi­si­bles pode­mos com­pren­der des­de hace muchos años la pro­duc­ción de epi­de­mias y pan­de­mias ayu­da­das de otras dis­ci­pli­nas como la micro­bio­lo­gía o la eco­lo­gía. El mun­do micros­có­pi­co tan diver­so que nos rodea des­de los ini­cios de la vida es cada vez más y más enten­di­do tam­bién des­de la bio­lo­gía, y en ese mun­do tam­bién se encuen­tran los micro­or­ga­nis­mos pató­ge­nos para los seres huma­nos y los animales.

No pode­mos enu­me­rar todas las epi­de­mias que ha sufri­do la huma­ni­dad en las dife­ren­tes épo­cas, y que en la actua­li­dad siguen pade­cien­do, espe­cial­men­te, las pobla­cio­nes más vul­ne­ra­bles. El saram­pión, el palu­dis­mo, el den­gue o la tubercu­losis son una mues­tra de epi­de­mias que matan a millo­nes de niños en el mun­do, espe­cial­men­te en las zonas don­de pre­do­mi­nan la des­nu­tri­ción cró­ni­ca y la des­pro­tec­ción sani­ta­ria. Mere­ce una refle­xión la recien­te epi­de­mia de cóle­ra que ha aso­la­do Hai­tí, don­de las inves­ti­ga­cio­nes más fia­bles han situa­do su ori­gen en un área geo­grá­fi­ca leja­na2. Esta epi­de­mia mues­tra cla­ra­men­te que si segui­mos la cade­na de trans­mi­sión de los pri­me­ros casos, el cam­pa­men­to de los cas­cos azu­les de las Nacio­nes Uni­das y sus insu­fi­cien­tes cui­da­dos higié­ni­co-sani­ta­rios fue­ron la cau­sa y el ori­gen del pro­ble­ma3. En este caso recien­te, la teo­ría del ger­men se encuen­tra en la base de los cono­ci­mien­tos que se tie­nen para evi­tar la cade­na de trans­mi­sión y la tipi­fi­ca­ción del ger­men, y nos lle­vó a esta con­clu­sión ya des­de el prin­ci­pio de la epi­de­mia y aler­tó de las terri­bles con­se­cuen­cias de la intro­duc­ción de un viru­len­to vibrión en una pobla­ción no inmu­ne como la hai­tia­na y en un con­tex­to socio­eco­nó­mi­co e higié­ni­co sani­ta­rio tan defi­cien­te4.

Negar la exis­ten­cia de estos micro­or­ga­nis­mos, los cono­ci­mien­tos sobre los meca­nis­mos de trans­mi­sión y, por tan­to las medi­das de pre­ven­ción pri­ma­ria que se deben seguir para evi­tar­los o la uti­li­dad de anti­bió­ti­cos y vacu­nas cuan­do se hace nece­sa­rio, es hacer­le un fla­co ser­vi­cio a las pobla­cio­nes más azo­ta­das por todo tipo de epi­de­mias infecciosas.

Si bien la cien­cia en el capi­ta­lis­mo ve trun­ca­da su capa­ci­dad trans­for­ma­do­ra social y por el pro­gre­so de los pue­blos, ésta no pue­de ser nega­da en muchos aspec­tos de su cono­ci­mien­to. De hecho, ha sido una cons­tan­te en la his­to­ria de la cien­cia que esa nega­ción radi­cal, aban­de­ra­da en no pocas oca­sio­nes por sec­to­res pro­gre­sis­tas y de izquier­da, se ha des­li­za­do a menu­do por plan­tea­mien­tos idea­lis­tas como una for­ma de lle­nar el vacío que dejan. Des­de una visión mate­ria­lis­ta y dia­léc­ti­ca, cree­mos que el avan­ce del cono­ci­mien­to de la salud y enfer­me­dad de las pobla­cio­nes debe pro­mo­ver el aná­li­sis de todas las cau­sas, des­de las más socia­les y polí­ti­cas a las más indi­vi­dua­les y bio­ló­gi­cas, para rei­vin­di­car y exi­gir todas las inter­ven­cio­nes posi­bles en estos mis­mos contextos.

Con­cep­ción Cruz

11 de mayo 2011

  1. La teo­ría del con­ta­gio de Koch des­tie­rra los erró­neos pos­tu­la­dos de la teo­ría mias­má­ti­ca, expli­can­do el pro­ce­so de las enfer­me­da­des infec­cio­sas como una inter­ac­ción entre el agen­te ‑el micro­or­ga­nis­mo patógeno‑, con un indi­vi­duo o hués­ped sus­cep­ti­ble a tra­vés de dife­ren­tes meca­nis­mos de transmisión.
  2. La cepa de V. Cho­le­rae res­pon­sa­ble de la epi­de­mia de cóle­ra en Hai­tí es casi idén­ti­ca a las cepas El Tor O1 de la sép­ti­ma pan­de­mia pre­do­mi­nan­te en el sur de Asia, inclui­do Ban­gla­desh y de un lina­je dis­tin­to de las cepas lati­no­ame­ri­ca­nas y de Áfri­ca orien­tal. En su con­jun­to, los datos que hemos obte­ni­do pare­cen indi­car cla­ra­men­te que la epi­de­mia hai­tia­na comen­zó con la intro­duc­ción de una cepa de V. Cho­le­rae en Hai­tí des­de una fuen­te geo­grá­fi­ca leja­na vehi­cu­li­za­da median­te acti­vi­dad humana.
  3. Cuan­do rea­li­za­ba este escri­to sale la noti­cia de que los pro­pios exper­tos de la ONU reco­no­cen que el posi­ble ori­gen de esta terri­ble epi­de­mia fue­ron sus militares.
  4. La Bri­ga­da Médi­ca Cuba­na que lle­va doce años en la isla ayu­dan­do en la recons­truc­ción del sis­te­ma de salud en ese país han sido ele­men­tos cla­ve en la mini­mi­za­ción de de las secue­las de esta epidemia.

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