Ahaz­tuak recor­da­rá este vier­nes a José Luis Cano en el 34 ani­ver­sa­rio de su muer­te

La aso­cia­ción de vic­ti­mas del régi­men fran­quis­ta Ahaz­tuak 1936 – 1977 ha con­vo­ca­do una con­cen­tra­ción para este vier­nes a las sie­te de la tar­de en la calle Cal­de­re­ría, en el lugar en que José Luis Cano cayó muer­to un 13 de mayo de 1977, tras reci­bir un bala­zo en la cabe­za en una de las tan­tas movi­li­za­cio­nes que se pro­du­je­ron en Eus­kal Herria en el mar­co de la Sema­na Pro Amnis­tía.
Ahaz­tuak lla­ma a la ciu­da­da­nía de Iru­ñea a acu­dir a este acto en memo­ria de J.L .Cano , que tenía 28 años cuan­do fue alcan­za­do por un dis­pa­ro en la cabe­za hecho por uno de “los gri­ses” que aquel dia rea­li­za­ron las car­gas con­tra los mani­fes­tan­tes que recla­ma­ban amnis­tia. Según tes­ti­gos pre­sen­cia­les y su pro­pio her­mano, antes de rema­tar­le de un tiro los poli­cías le gol­pea­ron con saña.


Está de más decir que, como en tan­tos otros casos, nun­ca se supo quién fue el que apre­tó el gati­llo, por­que entre otras cosas nun­ca se inves­ti­gó. Evi­den­te­men­te nun­ca hubo tam­po­co jui­cio ni Jose Luis Cano es un muer­to reco­no­ci­do ofi­cial­men­te, ni vic­ti­ma del terro­ris­mo… Es más, en este caso has­ta por­ta­vo­ces ofi­cia­les insi­nua­ron que la cul­pa la tuvo él por mani­fes­tar­se.

Tes­ti­mo­nio de tes­ti­gos en El País (1977)

«Hacia las ocho y cuar­to de la noche, se pro­du­jo un enfren­ta­mien­to entre unos cin­cuen­ta mani­fes­tan­tes y varios poli­cías arma­dos que, con rifles lan­za­pe­lo­tas avan­za­ban por la calle Cal­de­re­ría. Unos cin­co metros antes del bar Manuel (aho­ra Ima­nol), algu­nos poIi­cías se res­guar­da­ron entre los coches apar­ca­dos y otros tres se metie­ron en varios por­ta­les. La gen­te que esta­ba allí reu­ni­da les tiró algu­nos cas­co­tes de obra. En aquel momen­to al menos dos poli­cías saca­ron sus pis­to­las y dis­pa­ra­ron con­tra los mani­fes­tan­tes. José Luis Cano les tiró una pie­dra y se metió en el bar. Uno de los Poli­cías que esta­ba en un por­tal cuan­do el falle­ci­do inten­tó salir del bar, le aga­rró del cue­llo y comen­zó a gol­pear­le con la porra en la cabe­za. En ese momen­to se acer­có un cabo, que había esta­do dis­pa­ran­do des­de detrás de un moto­ca­rro, con la pis­to­la en la mano y le gol­peó de arri­ba a aba­jo, sonan­do un dis­pa­ro. El chi­co se cayó redon­do con la cabe­za den­tro del bar y el res­to del cuer­po fue­ra. Enton­ces el cabo que tenía un bigo­te negro ‑ver­sión que tam­bién da el Dia­rio de Nava­rra- gol­peó el cadá­ver y le insul­tó. El alcal­de del con­ce­jo de Ansoain, que esta­ba den­tro del bar y había vis­to los hechos, salió y les pre­gun­tó a los poli­cías si pre­ten­dían «matar­nos a todos». El cabo se diri­gió a él y le dio dos bofe­ta­das. Inme­dia­ta­men­te des­pués, des­apa­re­cie­ron».

Un segun­do muer­to

Aquel 13 de mayo hubo en Iru­ñea un segun­do muer­to por la actua­ción poli­cial, Luis San­ta­ma­ría Mique­le­na, de 72 años, que falle­ció cuan­do pre­sen­cia­ba des­de el bal­cón de su casa la pali­za que la poli­cía daba a un joven en la calle San Nico­lás. El anciano murió a con­se­cuen­cia del infar­to que sufrió al sen­tir un impac­to de bala en la pared del bal­cón.

En aque­lla jor­na­da trá­gi­ca, otro joven resul­tó heri­do muy gra­ve de un pelo­ta­zo en la cabe­za, Jesús Bur­gue­te Aztoz­qui, de quin­ce años, que reci­bió el pelo­ta­zo tam­bién cuan­do esta­ba aso­ma­do al bal­cón, en la calle Esta­fe­ta. En el par­te médi­co faci­li­ta­do por el Hos­pi­tal Pro­vin­cial de Nava­rra, se seña­la­ba que «mejo­ra den­tro de la extre­ma gra­ve­dad, a pesar de que sufre esta­lli­do cra­neal con con­mo­ción cere­bral».

Impu­ni­dad y más

En el mar­co de la con­cen­tra­ción que se rea­li­za­rá este vier­nes la aso­cia­ción con­vo­can­te Ahaz­tuak 1936 – 1977 vol­ve­rá a colo­car una pla­ca recor­da­to­ria seña­lan­do el lugar don­de J.L. Kano fué ase­si­na­do como «lugar de memo­ria». Hay que decir que será esta la cuar­ta vez que lo hacen, ya que en las oca­sio­nes ante­rio­res esta fue arran­ca­da por per­so­nas des­co­no­ci­das al ampa­ro de la noche. Des­de Ahaz­tuak sos­pe­chan que estas per­so­nas no están muy ale­ja­das de los ámbi­tos muni­ci­pa­les, por lo que soli­ci­tan al Con­sis­to­rio res­pe­to por esta vic­ti­ma del fran­quis­mo y por la pla­ca colo­ca­da en su recuer­do, com­pro­me­tien­do­se a man­te­ner­la y cui­dar­la.

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