¿Esta­mos locos o qué?- Fati­ma Amez­kua

Hay quien afir­ma –y no son pocos- que no hay mas sali­da a la cri­sis que el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co, que si la eco­no­mía no cre­ce de for­ma con­ti­nua­da todo el mun­do lo pasa­rá mal. Se dice tam­bién que el petró­leo nun­ca des­apa­re­ce­rá y que el temi­do cam­bio cli­má­ti­co es solo un mito y no aca­ba­rá con la vida en la Tie­rra. Des­de una pers­pec­ti­va social y eco­ló­gi­ca res­pon­de­ría­mos que no es via­ble un cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co ili­mi­ta­do en un pla­ne­ta fini­to. Que el ago­ta­mien­to del petró­leo es inmi­nen­te y que el calen­ta­mien­to glo­bal es ya una reali­dad que esta des­tru­yen­do nues­tro hábi­tat. Y es cier­to, pero –para­dó­ji­ca­men­te- lo pri­me­ro tam­bién es ver­dad.

El decre­ci­mien­to eco­nó­mi­co gene­ra mayor des­em­pleo, recor­tes socia­les y una mer­ma del bien­es­tar social. Es cier­to. Den­tro del actual mode­lo capi­ta­lis­ta neo­li­be­ral y bajo los mode­los de vida y con­su­mo que le son fun­cio­na­les, decre­cer eco­nó­mi­ca­men­te es solo pre­sa­gio de des­gra­cias. Por eso, enten­dien­do esta cri­sis como mul­ti­di­men­sio­nal y sis­té­mi­ca, lo que pro­po­nen los gru­pos decre­cen­tis­tas se basa, ante todo, en un cam­bio de valo­res y un cam­bio en la for­ma en que las per­so­nas nos rela­cio­na­mos y nos valo­ra­mos. Solo den­tro de un nue­vo mar­co de vida y de rela­cio­nes huma­nas pode­mos plan­tear un decre­ci­mien­to sereno y bene­fi­cio­so . Y no son solo sue­ños, hoy son reales ini­cia­ti­vas como los gru­pos de pro­duc­ción y con­su­mo agro­eco­ló­gi­co, empre­sas de eco­no­mía social y soli­da­ria, ban­cos de tiem­po, huer­tos urba­nos, soft­wa­re libre, tien­das sin dine­ro, cen­tros socia­les auto­ges­tio­na­dos, etc. Y a sus pro­ta­go­nis­tas los til­dan de locos… pero son más feli­ces.

Que­da petró­leo para rato. Es cier­to. De hecho, pro­ba­ble­men­te no se aca­be nun­ca. Cada día que pasa es más cos­to­so obte­ner un barril de cru­do. El petró­leo que que­da es cada vez menos acce­si­ble y de peor cali­dad lo que supo­ne que cada vez tene­mos que inver­tir más com­bus­ti­ble para extraer y refi­nar el cru­do. Pron­to lle­ga­rá un momen­to en que sea nece­sa­rio emplear un barril de cru­do para pro­du­cir otro y en ese momen­to se deja­rá de extraer. Por eso, muchas per­so­nas están ya adap­tan­do sus vidas y su entorno al desa­fío de vivir sin com­bus­ti­ble fósil. Y no son solo uto­pías, cada día nacen nue­vas ciu­da­des, empre­sas, escue­las u otros colec­ti­vos en tran­si­ción hacia una era post-petró­leo. A estos gru­pos tam­bién los lla­man locos… pero maña­na esta­rán pre­pa­ra­dos.

Cam­bio cli­má­ti­co ha habi­do siem­pre des­de que la Tie­rra es Tie­rra. Es cier­to. Pero nun­ca antes se había pro­du­ci­do a esta velo­ci­dad ni había sido pro­vo­ca­do por el ser humano. No hay duda que la vida en el pla­ne­ta con­ti­nua­rá pero no se pare­ce­rá al lugar que vio nacer a la espe­cie huma­na y muy poco sobre­vi­vi­rá de lo que aho­ra cono­ce­mos. Por eso, des­de el eco­lo­gis­mo, las cos­mo­vi­sio­nes indí­ge­nas, el cam­pe­si­na­do y el movi­mien­to de muje­res se pro­po­ne una eco­no­mía que fun­cio­ne a favor de la vida. Unos valo­res de humil­dad fren­te al cos­mos, de res­pe­to y equi­li­brio con la natu­ra­le­za, de igual­dad entre todas las per­so­nas y de soli­da­ri­dad hacia todos los Pue­blos. Un mode­lo de vida que no bus­que satis­fa­cer todo lo desea­ble o tec­no­ló­gi­ca­men­te posi­ble sino aque­llo real­men­te nece­sa­rio, con­ten­tán­do­nos –no con resig­na­ción sino con ale­gría- con lo que es sufi­cien­te. A estas per­so­nas tam­bién las lla­man locas… pero son la úni­ca espe­ran­za.

Y es que cada día somos mas las gen­tes a las que la vida nos vuel­ve locas, ¿Y a ti?

Sería éste un decre­ci­mien­to selec­ti­vo geo­grá­fi­ca y sec­to­rial­men­te pues no todos los paí­ses ni todas las áreas de la eco­no­mía deben decre­cer. Los paí­ses empo­bre­ci­dos tie­nen dere­cho a aumen­tar su hue­lla eco­ló­gi­ca mien­tras los paí­ses enri­que­ci­dos tie­nen el deber de redu­cir­la sus­tan­ti­va­men­te. Y debe­rían decre­cer los mer­ca­dos finan­cie­ros y la espe­cu­la­ción, los agro­ne­go­cios, las indus­trias extrac­ti­vas, la indus­tria arma­men­tís­ti­ca, la pro­duc­ción por la pro­duc­ción. Pero otros sec­to­res como la agri­cul­tu­ra cam­pe­si­na a peque­ña esca­la, las ener­gías reno­va­bles, la eco­no­mía de los cui­da­dos, el ter­cer sec­tor, la inves­ti­ga­ción y ser­vi­cios de salud, la edu­ca­ción, el arte o la cul­tu­ra debe­rían indu­da­ble­men­te cre­cer.

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