Vio­len­cia sexual y resis­ten­cia feme­ni­na en el Terro­ris­mo de Esta­do – Insu­rrec­tasy­pun­to

La vio­len­cia sexual con­tra las muje­res fue sis­te­má­ti­ca en los cen­tros clan­des­ti­nos de deten­ción duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar. A la vez, la resis­ten­cia de las Madres y las Abue­las de Pla­za de Mayo fue deter­mi­nan­te para que hoy se juz­gue y con­de­ne a los geno­ci­das.
Lue­go de la nuli­dad de las leyes de Obe­dien­cia Debi­da y Pun­to Final, decre­ta­da por el Con­gre­so en 2003, y a pesar de nume­ro­sas demo­ras en los jui­cios que se reini­cia­ron a par­tir de ese año, en diciem­bre de 2010 con­clu­ye­ron 19 jui­cios que arro­ja­ron 110 con­de­nas y 9 abso­lu­cio­nes, con­tra mili­ta­res y poli­cías que esta­ban sien­do juz­ga­dos por crí­me­nes come­ti­dos en el mar­co del Terro­ris­mo de Esta­do. Actual­men­te se encuen­tran en trá­mi­te 15 cau­sas en todo el país, y hay otras tres que comen­za­rán duran­te el pre­sen­te año. Son datos de la Uni­dad Fis­cal de Inves­ti­ga­ción y Segui­mien­to en las Cau­sas por los Dere­chos Huma­nos, que depen­de de la Pro­cu­ra­ción Gene­ral de la Nación.
Esta polí­ti­ca de juz­ga­mien­to de las vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos come­ti­das duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar, ha adqui­ri­do en la Argen­ti­na ran­go de «polí­ti­ca de Esta­do». Quie­re decir que nin­gún gobierno pue­de ya vol­ver atrás con nin­gu­na ley de «recon­ci­lia­ción», «cadu­ci­dad» o «amnis­tía», que vuel­va a poner un man­to de impu­ni­dad a estos crí­me­nes con­si­de­ra­dos de lesa huma­ni­dad por la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal (Esta­tu­to de Roma) apro­ba­do en 1998.

En la jus­ti­cia

Pare­ce­ría que los argen­ti­nos nos hemos acos­tum­bra­do a estos jui­cios y a las con­de­nas a altos man­dos mili­ta­res y poli­cia­les, tam­bién a algu­nos civi­les. Inclu­so de a poco, la ver­dad y la jus­ti­cia van lle­gan­do a otros esta­men­tos del poder que fue­ron cóm­pli­ces y acto­res en aque­llos crí­me­nes, como el Poder Judi­cial. Un juez fue con­de­na­do en San­ta Fe, Víc­tor Bru­sa, aun­que su con­de­na tuvo un alto pre­cio, pues a los pocos meses de haber­se dic­ta­do sen­ten­cia, una de las tes­ti­gos que lo incul­pó, Sil­via Sup­po, fue ase­si­na­da en Rafae­la, don­de vivía.

En Men­do­za, el cama­ris­ta Luis Miret fue des­ti­tui­do por el Con­se­jo de la Magis­tra­tu­ra, por no haber denun­cia­do las veja­cio­nes y tor­tu­ras a las que esta­ban sien­do some­ti­dos dete­ni­dos polí­ti­cos que lle­ga­ban a su des­pa­cho, en par­ti­cu­lar el caso de una ado­les­cen­te de 16 años, quien le refi­rió que había sido vio­la­da, sin que el enton­ces juez de ins­truc­ción inves­ti­ga­ra los hechos como era su obli­ga­ción.

En Cór­do­ba, un defen­sor penal tam­bién fue des­ti­tui­do por el Jura­do de Enjui­cia­mien­to de esa pro­vin­cia, por haber ocul­ta­do su pasa­do como Per­so­nal Civil de Inte­li­gen­cia, entre los años 1981 a 1983, mien­tras a la vez se desem­pe­ña­ba como emplea­do judi­cial en un juz­ga­do de ins­truc­ción.

Unos y otros

En los tes­ti­mo­nios de los jui­cios que se van desa­rro­llan­do len­ta­men­te pero sin pau­sa en dis­tin­tos tri­bu­na­les del país, se van des­co­rrien­do los velos de la impu­ni­dad y los cóm­pli­ces civi­les van sien­do seña­la­dos, y en algu­nos casos inves­ti­ga­dos y some­ti­dos a jui­cio. Así son men­cio­na­dos en las decla­ra­cio­nes de los tes­ti­gos las com­pli­ci­da­des de la Igle­sia y su jerar­quía, del empre­sa­ria­do, del perio­dis­mo y de los fun­cio­na­rios judi­cia­les. Sin hacer gene­ra­li­za­cio­nes por­que hay que seña­lar que en todos estos sec­to­res hubo per­so­nas dig­nas que resis­tie­ron la dic­ta­du­ra y tam­bién víc­ti­mas, como el obis­po Enri­que Ange­le­lli o los curas palo­ti­nos, los Grai­ver, Rodol­fo Walsh, y tan­tos otros perio­dis­tas y has­ta fun­cio­na­rios judi­cia­les como Nico­lás Moreno, secre­ta­rio del Juz­ga­do de Ins­truc­ción 9 de los tri­bu­na­les de Cór­do­ba, que fue ase­si­na­do en 1977 cuan­do inves­ti­ga­ba el accio­nar de la poli­cía.

Vio­len­cia sexual

A la vez que se van cono­cien­do deta­lles y com­pli­ci­da­des, tam­bién se va corrien­do otro velo, el que se auto­im­pu­sie­ron las víc­ti­mas de las tor­tu­ras y vejá­me­nes, que con­ta­ron sus pade­ci­mien­tos, pero no todos.

Así, la vio­len­cia sexual que sufrían tan­to las muje­res como los varo­nes en los cen­tros clan­des­ti­nos de deten­ción, no ocu­pó un lugar pre­pon­de­ran­te en las decla­ra­cio­nes que hicie­ron los sobre­vi­vien­tes en los pri­me­ros años de la demo­cra­cia, cuan­do tes­ti­mo­nia­ron en la Comi­sión Nacio­nal sobre la Des­apa­ri­ción de Per­so­nal (Cona­dep), que pre­si­día el recien­te­men­te falle­ci­do Ernes­to Sába­to.

En algu­nos casos, por­que las ocul­ta­ron por ver­güen­za o por no poder poner en pala­bras el horror pade­ci­do. Y en otros casos, por­que estas veja­cio­nes que­da­ron sub­su­mi­das en la gene­ra­li­dad de «tor­tu­ras» y por­que la figu­ra de la «des­apa­ri­ción for­za­da» era la que pre­va­le­cía en los tes­ti­mo­nios, y la que había que incor­po­rar a la legis­la­ción tan­to nacio­nal como inter­na­cio­nal.

Luchas femi­nis­tas

Para Matil­de Brue­ra, direc­to­ra del Cen­tro «Juan Car­los Gar­de­lla» de la Facul­tad de Dere­cho de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de Rosa­rio, «el reco­no­ci­mien­to de la vio­len­cia sexual a la que fue­ron some­ti­das las muje­res en los cen­tros clan­des­ti­nos de deten­ción duran­te la dic­ta­du­ra, se está dan­do recién aho­ra por­que el Esta­do ha comen­za­do a impul­sar polí­ti­cas públi­cas en mate­ria de géne­ro y dere­chos huma­nos».

Según Brue­ra, fue­ron las luchas femi­nis­tas las que ubi­ca­ron a las muje­res como suje­tos de dere­cho y les per­mi­tie­ron lograr dere­chos polí­ti­cos, labo­ra­les, el recla­mo por igual­dad de opor­tu­ni­da­des para el desa­rro­llo per­so­nal y tam­bién el dere­cho a deci­dir sobre el pro­pio cuer­po. Así se incor­po­ró la lec­tu­ra de géne­ro en los dere­chos huma­nos, y se impul­só como eje de la lucha femi­nis­ta el recha­zo a la dis­cri­mi­na­ción y el recla­mo de «una vida libre de vio­len­cia».

Ensa­ña­mien­to

En cuan­to a la situa­ción de las muje­res en la déca­da del ’70, Brue­ra resal­tó que la mayo­ría de las muje­res que pasa­ron por los cen­tros clan­des­ti­nos de deten­ción eran jóve­nes estu­dian­tes, tra­ba­ja­do­ras, acti­vis­tas sin­di­ca­les o polí­ti­cas. Esto es, muje­res que se habían incor­po­ra­do ple­na­men­te no sólo a la vida labo­ral, sino tam­bién a las luchas polí­ti­cas y socia­les.

Por ello, dice Brue­ra, la repre­sión y la dic­ta­du­ra tuvie­ron un espe­cial ensa­ña­mien­to con ellas. Para esta inves­ti­ga­do­ra «si se aspi­ra a ter­mi­nar con la impu­ni­dad y hacer reali­dad el dere­cho a la Jus­ti­cia para las muje­res víc­ti­mas del terro­ris­mo de Esta­do, no se pue­de seguir encu­brien­do prác­ti­cas abe­rran­tes ni sub­su­mir­las bajo otras deno­mi­na­cio­nes».

Tam­bién madres y abue­las

Pero no sólo las acti­vis­tas y mili­tan­tes fue­ron las pro­ta­go­nis­tas feme­ni­nas de la déca­da del ’70. Las Madres y Abue­las de Pla­za de Mayo, ya duran­te la dic­ta­du­ra, fue­ron un pun­tal de la resis­ten­cia a la dic­ta­du­ra, a pesar que la mayo­ría eran el pro­to­ti­po de la mujer ama de casa, «que no se metía en polí­ti­ca». La mayo­ría irrum­pió a la Pla­za y a las mar­chas, de la mano de sus hijos, ya des­apa­re­ci­dos, para recla­mar por ellos.

Mien­tras los jui­cios siguen su rum­bo, juz­gan­do y con­de­nan­do a los geno­ci­das, res­ta lograr que los Tri­bu­na­les decla­ren como deli­to de lesa huma­ni­dad las agre­sio­nes sexua­les, pues nin­gún cri­men pue­de ser inves­ti­ga­do fue­ra de con­tex­to. Y en el caso de las vio­la­cio­nes sexua­les come­ti­das duran­te la vigen­cia del Terro­ris­mo de Esta­do, tan­to con­tra muje­res como con­tra varo­nes, es fun­da­men­tal enmar­car­los den­tro del plan sis­te­má­ti­co en el que ocu­rrie­ron todas estas vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos. De otra mane­ra resul­ta impo­si­ble com­pren­der­los y muchí­si­mo menos san­cio­nar a los res­pon­sa­bles.

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