S.O.S para la FM vas­ca – Ramón Zallo

Nues­tro sis­te­ma comu­ni­ca­ti­vo audio-visual es un sis­te­ma limi­ta­do y depen­dien­te que no se corres­pon­de a un país avan­za­do y plu­ral con un pro­yec­to cul­tu­ral. Está muy por deba­jo de la satis­fac­ción de las nece­si­da­des y deman­das infor­ma­ti­vas y comunicativas.

Como socie­dad madu­ra, nece­si­ta­mos cana­li­zar la comu­ni­ca­ción radio­te­le­vi­si­va para que sir­va al desa­rro­llo colec­ti­vo, al entre­te­ni­mien­to, a la infor­ma­ción, a la comu­ni­dad, al cono­ci­mien­to y al dere­cho de elec­ción de los usua­rios entre pro­gra­ma­cio­nes sol­ven­tes y diver­sas. Pero el sis­te­ma actual, espe­cial­men­te en la FM, está lejos de res­pon­der a unos prin­ci­pios de plu­ra­lis­mo, des­cen­tra­li­za­do­res, nor­ma­li­za­do­res en lo socio­lin­güís­ti­co e inte­gra­do­res. Y va a peor.

Con poco rui­do, sin que los par­ti­dos de la opo­si­ción se hayan hecho eco o se hayan ente­ra­do, se está fra­guan­do un inmi­nen­te decre­to «sobre la Comu­ni­ca­ción Audio­vi­sual» en el Gobierno López. Por una par­te, sos­la­ya el deba­te sobre el sis­te­ma comu­ni­ca­ti­vo que este país nece­si­ta y que hubie­ra teni­do que plas­mar­se en dos iniciativas:

Pri­me­ra­men­te, una Ley de Comu­ni­ca­ción Audio­vi­sual vas­ca (y no un decre­to) que fije obli­ga­cio­nes lin­güís­ti­cas, horas de emi­sión en des­en­gan­che, pro­duc­ción pro­pia y pro­gra­ma­ción cul­tu­ral para el con­jun­to del sis­te­ma audio­vi­sual, inclui­do el radio­fó­ni­co hoy ope­ra­ti­vo. Así lo tie­nen en Cata­lun­ya. No es acep­ta­ble ni trans­pa­ren­te que median­te decre­to se cue­le un mode­lo sin dis­cu­sión públi­ca sobre el sis­te­ma que nece­si­ta­mos. Y en segun­do lugar, una refor­ma de la obso­le­ta Ley de crea­ción de EITB (1982) y con la que los socia­lis­tas solo ama­ga­ron cuan­do esta­ban en la oposición.

Por otra par­te, como las licen­cias de TDT local ya se asig­na­ron y las de TDT auto­nó­mi­cas pri­va­das han de espe­rar, ese decre­to solo será uti­li­za­do para un inme­dia­to con­cur­so de 34 nue­vas licen­cias de radio FM que que­da­ban pen­dien­tes y que se asig­na­rían ‑a tenor del arti­cu­la­do- solo a empre­sas de radio comerciales.

El resul­ta­do sería, si no media­ran cri­te­rios com­pen­sa­to­rios, que se mer­can­ti­li­za­ría y des­na­cio­na­li­za­ría toda­vía más el espec­tro radio­fó­ni­co vas­co, hoy domi­na­do por cade­nas pri­va­das con sede en Madrid, en un ámbi­to que debe­ría ser de radio vas­ca y cercana.

Según un estu­dio exhaus­ti­vo rea­li­za­do por un gru­po de inves­ti­ga­ción de la UPV-EHU, el mapa de la radio, y antes de nue­vas con­ce­sio­nes, no pue­de ser más inquie­tan­te. Se tra­ta de una radio cen­tra­li­za­da, hiper­con­cen­tra­da, en cas­te­llano, des­equi­li­bra­da en for­ma­tos y géne­ros y sin com­pro­mi­so cultural.

23 de las 36 emi­so­ras de FM del decre­to están vin­cu­la­das a cade­nas pri­va­das de ámbi­to esta­tal: SER, Cope, Onda Cero.…

Lo más rele­van­te, inclu­yen­do la Onda Media que no es com­pe­ten­cia vas­ca, es que el 78% de la audien­cia de las pri­va­das está aca­pa­ra­da por cade­nas de ámbi­to esta­tal, que­dan­do un 22% para cade­nas terri­to­ria­les pri­va­das y radios loca­les, en cla­ra con­tra­dic­ción con el espí­ri­tu del decre­to de 11 de noviem­bre de 1986.

Las emi­so­ras pri­va­das, y por el meri­to­rio esfuer­zo de no más de cua­tro emi­so­ras, solo atien­den a 50.000 eus­kal­du­nes sobre un millón de oyen­tes que tie­ne el sis­te­ma comer­cial. O sea, no lle­ga a un 5% de su audien­cia. El sis­te­ma de radio vigen­te no sólo no es una ayu­da para la nor­ma­li­za­ción lin­güís­ti­ca, sino que es un obs­tácu­lo al sen­ten­ciar su invi­si­bi­li­dad. Hay un exce­so de radio­fór­mu­las y un pre­do­mi­nio de maga­zi­nes en las muy homo­gé­neas radios convencionales.

La pre­sen­cia de la músi­ca vas­ca en eus­ke­ra o cas­te­llano o ins­tru­men­tal está casi ausen­te, sal­vo en unas pocas emi­so­ras con­cien­cia­das. Los com­pro­mi­sos de pro­mo­ción cul­tu­ral son inexis­ten­tes fue­ra del sis­te­ma público.

En su momen­to (decre­to de 1986), el Gobierno Vas­co de la épo­ca pro­pug­na­ba una pro­gra­ma­ción para la ciu­da­da­nía vas­ca. Y, sin embar­go, los por­cen­ta­jes de pro­gra­ma­ción pro­pia y local son muy bajos. Otro fra­ca­so. La pro­gra­ma­ción espe­cí­fi­ca vas­ca ron­da entre la octa­va y la quin­ta par­te en la pro­gra­ma­ción con­ven- cio­nal de las gran­des cade­nas. Ello no es pro­duc­to de una con­fa­bu­la­ción res­pec­to al País Vas­co sino más bien de un mode­lo de radio a esca­la de esta­do basa­do en un oli­go­po­lio com­pe­ti­ti­vo de tres cade­nas de radios pri­va­das y una pública.

De todas for­mas, ambas cues­tio­nes no se deben sólo al afán absor­ben­te de las cade­nas, sino tam­bién al aban­dono del cam­po de algu­nos agen­tes. Uno de ellos de for­ma for­za­da (Egin Irra­tia no emi­te des­de 1998 por auto de la Audien­cia Nacio­nal); otros cedie­ron sus licen­cias o, por razo­nes de ren­ta­bi­li­dad, se aso­cia­ron a cadenas.

En el pro­yec­to de decre­to de comu­ni­ca­ción audio­vi­sual del Gobierno López se renun­cia tan­to a una radio vin­cu­la­da social y comu­ni­ta­ria­men­te, como a que ten­ga un carác­ter com­pen­sa­to­rio res­pec­to al inacep­ta­ble repar­to actual del espectro.

El pro­yec­to reser­va las 34 nue­vas fre­cuen­cias pen­dien­tes del últi­mo Plan Téc­ni­co sólo a las comer­cia­les. Ade­más, no les fija requi­si­tos de tiem­pos de emi­sión en des­en­gan­che ni con­te­ni­dos míni­mos de músi­ca, de pro­mo­ción cul­tu­ral o pro­duc­ción pro­pia. Tam­po­co se com­pro­me­te con la radio bilin­güe ni con la fór­mu­la, ya tra­di­cio­nal, de res­pe­to a la media socio­lin­güís­ti­ca de la comar­ca don­de van a ser ope­ra­ti­vas las licencias.

De hecho, sólo el artícu­lo 9 del pro­yec­to de decre­to de «comu­ni­ca­ción audio­vi­sual» esta­ble­ce una ridí­cu­la reser­va de emi­sio­nes en euskera.

Para TV ‑se supo­ne que para futu­ras auto­nó­mi­cas pri­va­das por­que las loca­les ya están repar­ti­das- pro­po­ne una licen­cia por cada cua­tro. O sea, 25% cuan­do la media socio­lin­güís­ti­ca de vas­có­fo­nos es del 37%. Y, lo que es peor, no pre­vé licen­cias bilin­gües que res­pe­ten las medias socio­lin­güís­ti­cas de cada ámbi­to de cober­tu­ra. Un decre­to euskericida.

Es inad­mi­si­ble que el plu­ra­lis­mo no mue­va a dar prio­ri­dad a nue­vas per­so­nas físi­cas o jurí­di­cas que no estén hoy en el dial o a aque­llas que tie­nen menos peso en el mis­mo; y que, fren­te al mode­lo de cade­nas, no sea un cri­te­rio la vin­cu­la­ción del pres­ta­dor de ser­vi­cio a la zona de ser­vi­cio a la que se diri­ge, o que no se den prio­ri­dad a las ofer­tas de pro­gra­ma­ción cul­tu­ral, edu­ca­ti­va, de ser­vi­cios y de aten­ción comu­ni­ta­ria para sec­to­res y colec­ti­vos que merez­can una espe­cial aten­ción, o a las ofer­tas que habi­li­ten espa­cios para la par­ti­ci­pa­ción. Estos cri­te­rios ampa­ra­rían a las comu­ni­ta­rias y locales.

Las radios comu­ni­ta­rias o las sin áni­mo de lucro no se con­tem­plan más que para remi­tir­las a la legis­la­ción de Esta­do. Y ya que ape­nas exis­ten radios ins­ti­tu­cio­na­les, ni siquie­ra se las tra­ta como si fue­ran públi­cas, pues­to que cum­plen una fun­ción de hecho de ser­vi­cio públi­co. Así lo enten­dió en su día el Decre­to de TDTs loca­les. Debie­ran estar en un esta­dio inter­me­dio y prio­ri­ta­rio entre las públi­cas y las comer­cia­les. Como en Catalunya.

En suma, hay dos opcio­nes: La pri­me­ra es que el pro­yec­to de decre­to siga su cur­so y blin­de un sis­te­ma radio­fó­ni­co depen­dien­te, mer­can­til y sin obli­ga­cio­nes. Sería un pre­dio más de las cade­nas espa­ño­las y en castellano.

Es posi­ble que el Gobierno Vas­co ale­gue que debe sacar a con­cur­so las radios antes del nue­vo plan téc­ni­co digi­tal para radio de octu­bre de 2011 al que se com­pro­me­tió el Gobierno de Espa­ña en Dis­po­si­ción Tran­si­to­ria 15 de la LGCAV, plan que con­so­li­da­ría a quie­nes tuvie­ran con­ce­sio­nes o licen­cias ana­ló­gi­cas ante­rio­res al mismo.

Pero esa inter­pre­ta­ción es nor­ma­ti­va, timo­ra­ta, equi­vo­ca­da e interesada.

Lo real­men­te razo­na­ble es que se reti­re el pro­yec­to y se ini­cie el deba­te de ver­dad para una Ley Audio­vi­sual, enten­dien­do ade­más que en el futu­ro digi­tal habrá mucho más sitio para más pres­ta­do­res. Se corre el alto ries­go de que aho­ra, con las pri­sas, se con­cen­tren las futu­ras licen­cias en quie­nes tie­nen con­ce­sión o licen­cia en la era ana­ló­gi­ca, y más sabien­do que cada canal de audio ana­ló­gi­co se recon­ver­ti­rá en 6 de digi­tal. Lo más demo­crá­ti­co es empe­zar a tra­ba­jar en una ley con cri­te­rios abier­tos, de con­sen­so y no des­pil­fa­rrar el espec­tro para dár­se­lo a pocos. Sería irreversible.

Los par­ti­dos par­la­men­ta­rios, el mun­do eus­kal­tza­le y las radios loca­les y comu­ni­ta­rias algo debe­rían decir en un tema tan grave.

.* RAMÓN ZALLO, IÑAKI LASAGABASTER | CATEDRÁTICOS DE COMUNICACIÓN Y DE DERECHO ADMINISTRATIVO DE LA UPV-EHU, RESPECTIVAMENTE

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