Cri­men de Esta­do en Vene­zue­la – Mar­co Villarruel

No de otra mane­ra pue­de cali­fi­car­se al acto de entre­ga del perio­dis­ta Joa­quín Pérez Bece­rra por par­te del pre­si­den­te Hugo Chá­vez a las auto­ri­da­des colombianas.
El hecho es suma­men­te gra­ve por­que Pérez es un cono­ci­do acti­vis­ta del perio­dis­mo alter­na­ti­vo y en tal razón era soli­ci­ta­do por los ser­vi­cios de espio­na­je colom­bia­nos que para el efec­to tuvie­ron siem­pre el apo­yo de las cen­tra­les inter­na­cio­na­les de inte­li­gen­cia de Esta­dos Uni­dos, Israel y España.
El aho­ra con­fi­na­do en las cár­ce­les colom­bia­nas es sobre­vi­vien­te de la matan­za orga­ni­za­da por los para­mi­li­ta­res y por el ejér­ci­to colom­biano que casi exter­mi­nó a los miem­bros de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca Uni­dad Patrió­ti­ca, cri­men con­tra la huma­ni­dad que nin­gún tri­bu­nal inter­na­cio­nal ha inves­ti­ga­do ni sancionado.
Los que dela­tan y aho­ra entre­gan a Pérez caen de pron­to en cuen­ta sobre la impor­tan­cia y vigen­cia de los archi­vos de la Inter­pol, la poli­cía inter­na­cio­nal dedi­ca­da a per­se­guir a los revo­lu­cio­na­rios de todo el mun­do. De pron­to ese orga­nis­mo, tan­tas veces cri­ti­ca­do por el pre­si­den­te Hugo Chá­vez, mere­ce el res­pe­to y cum­pli­mien­to, y sin mediar otra cosa que un come­di­do lla­ma­do tele­fó­ni­co orde­na el apre­sa­mien­to de Pérez y su entre­ga a los agen­tes secre­tos de la DAS colombiana.
A pesar de algu­nos via­jes ante­rio­res del perio­dis­ta a Vene­zue­la, ya que él no sólo resi­día en Sue­cia sino que tam­bién era ya ciu­da­dano sue­co, las auto­ri­da­des jamás acu­die­ron a los archi­vos de la Inter­pol. Sola­men­te aho­ra que exis­te una malo­lien­te luna de miel del pre­si­den­te Chá­vez con el gobierno colom­biano es que se acti­van los resor­tes y se pro­ce­de en una acto de extre­ma vile­za polí­ti­ca a entre­gar no a un delin­cuen­te, ban­que­ro corrup­to, o tra­fi­can­te de algo, sino de un perio­dis­ta que toda su vida ha lucha­do por la jus­ti­cia, la liber­tad y la sobe­ra­nía de su país, Colombia.
Vene­zue­la ya no es una tie­rra segu­ra para los patrio­tas. Los intere­ses geo­po­lí­ti­cos y la decan­ta­da “razón de Esta­do” están por aho­ra enci­ma de los prin­ci­pios y más aún de la soli­da­ri­dad, pala­bra ésta que ya no tie­ne sen­ti­do sino cuan­do se tra­ta de hablar de mer­ca­dos o de elecciones.
La acep­ta­ción sin más ni más de la peti­ción del ante­rior enemi­go, con­tra quien inclu­so se movi­li­zó has­ta las fron­te­ras a las fuer­zas arma­das vene­zo­la­nas, es un acto tan des­leal que no hace sino levan­tar sos­pe­chas acer­ca de la actual posi­ción del gobierno vene­zo­lano. El famo­so tele­fo­na­zo del pre­si­den­te San­tos a su homó­lo­go nor­mal­men­te habría preo­cu­pa­do a los gobier­nos y a las can­ci­lle­rías, pero fue tal la defe­ren­cia para dete­ner y extra­di­tar al perio­dis­ta Joa­quín Pérez que el pres­ti­gio, la cre­di­bi­li­dad polí­ti­ca y la hon­ra­dez de Hugo Chá­vez Frías, han que­da­do muy en entredicho.
Las rela­cio­nes entre los dos paí­ses han sido muy com­ple­jas siem­pre y espe­cial­men­te en los últi­mos años. De por medio han esta­do las acu­sa­cio­nes de que Chá­vez alber­ga a los nar­co­tra­fi­can­tes o a los gue­rri­lle­ros de las FARC y que de otra par­te Colom­bia extien­de sus con­flic­tos has­ta la fron­te­ra para ani­mar a los sol­da­dos vene­zo­la­nos a unir­se a la lucha con­tra los alza­dos en armas.
Decla­ra­cio­nes ofi­cia­les des­de la pre­si­den­cia de Vene­zue­la han mini­mi­za­do esta espe­cie de secues­tro. Es más, des­de la tri­bu­na pre­si­den­cial se han lan­za­do dar­dos vene­no­sos con­tra los mili­tan­tes de izquier­da vene­zo­la­nos y lati­no­ame­ri­ca­nos que han pro­tes­ta­do. Inclu­so Mario Sano­ja, de la pági­na “Apo­rrea”, afir­ma que la deten­ción se debió a que Pérez lle­ga­ba a Cara­cas a “sabo­tear” la reu­nión inte­gra­cio­nis­ta lla­ma­da Comu­ni­dad de Esta­dos Lati­no­ame­ri­ca­nos y Caribeños.
Los tiem­pos pare­ce que están cam­bian­do. Aho­ra exis­te mucha dili­gen­cia en com­par­tir bue­nos deseos y dios sabe qué cosas más entre los gobier­nos, lo cier­to es que los acti­vis­tas polí­ti­cos y los perio­dis­tas alter­na­ti­vos que nun­ca estu­vie­ron segu­ros en Colom­bia, tam­po­co lo están aho­ra en Vene­zue­la, y dado que en Colom­bia los dere­chos huma­nos no exis­ten, cual­quier maña­na nos ente­ra­re­mos que en un “ajus­te de cuen­tas”, ”dispu­ta por dro­gas” o por “cues­tio­nes de fal­das” nos infor­men que las auto­ri­da­des peni­ten­cia­rias “se ven en el dolo­ro­so caso de comu­ni­car que…”.
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(*) Mar­co Villa­rruel Acosta
Comu­ni­ca­dor y docen­te universitario
Qui­to Ecuador

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