Fran­cis­co Lazo Mar­tí: Libán­do­le poe­sía al llano venezolano

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Fran­cis­co Lazo Mar­tí fue un mag­ní­fi­co médi­co de pro­vin­cia pero, más allá de su aca­dé­mi­ca vir­tud, fue la poe­sía la que lo abar­có a ple­ni­tud. Un don con­ce­di­do que avi­vó su fugaz y un tan­to este­pa­rio uni­ver­so. Ese que, segu­ra­men­te, se mime­ti­zó con el pai­sa­je que lo vio nacer. Lazo Mar­tí cre­ció entre las exten­sas lla­nu­ras vene­zo­la­nas, las que reco­rrió a pie y a caba­llo pal­mo a pal­mo en invierno y en verano. De ellas apren­dió su ana­to­mía y sus cir­cuns­tan­cias; el lími­te de sus imá­ge­nes, el de sus metá­fo­ras y el de sus sím­bo­los para, final­men­te, dejar­nos como heren­cia una semi­lla nacio­na­lis­ta que con­ti­nua­men­te hace ger­mi­nar las raí­ces de nues­tra iden­ti­dad: una Vene­zue­la en prosa.

Fue el hom­bre que mar­có el ini­cio de la ten­den­cia natu­ra­lis­ta y el nati­vis­mo crio­llo tan­to en la narra­ti­va como en la poe­sía vene­zo­la­na. Su obra se carac­te­ri­zó por una fiel ala­ban­za al cam­po, la con­tem­pla­ción pau­sa­da del pai­sa­je, la tie­rra y la flo­ra, con­tra­po­nién­do­se a la vida de ciu­dad vis­ta como una cosa más bien vicio­sa y corrup­ta, lle­na de cos­tum­bres per­ni­cio­sas muy lejos de la paz, la armo­nía y el amor que Lazo Mar­tí bus­ca­ba. El autor creía en poder encon­trar el amor de una mujer sen­ci­lla y la paz entre los seres huma­nos retor­nan­do a los umbra­les agres­tes del Hom­bre. Por ello, sus com­po­si­cio­nes están lle­nas de ele­men­tos natu­ra­les. Su crea­ción más cono­ci­da es la Sil­va crio­lla don­de expre­sa, hirien­te y ena­mo­ra­do, lo que para él es la pro­pia vida sumer­gi­da en la infi­ni­ta saba­na vene­zo­la­na. En la Sil­va crio­lla com­bi­na la pro­sa cos­tum­bris­ta con ele­men­tos de ten­den­cia román­ti­ca y si se quie­re barro­ca, al pro­po­ner una visión trá­gi­ca del vivir injer­ta­da en su pro­pio terru­ño. En el pró­lo­go del libro Fran­cis­co Lazo Mar­tí. Poe­sía, Car­los César Rodrí­guez nos dice que:

La Sil­va crio­lla… es un can­to a la lla­nu­ra vene­zo­la­na; sus medio­días de sol y sus noches pavo­ro­sas; sus flo­res y fru­tos sil­ves­tres; sus gen­tes; sus gana­dos; sus incen­dios arra­san­tes; sus ama­ne­ce­res y sus atar­de­ce­res; su verano dolo­ro­so; su pri­ma­ve­ra fugaz; su invierno mor­tal. Y lo del lla­ma­do al bar­do es la tra­di­cio­nal invo­ca­ción a la musa para entrar con pie dere­cho en el verso (…).

Es que la Sil­va (lo anun­cia bien cla­ro el títu­lo) es crio­lla, no lla­ne­ra. Lla­ne­ra es la sus­tan­cia sen­so­rial de las imá­ge­nes con que el poe­ta, que es lla­ne­ro cerra­do, hace la com­po­si­ción. Lla­ne­ra es la letra, pero la músi­ca, alma del can­to, es vene­zo­la­na. Lla­ne­ro es el pai­sa­je, pero con el sen­ti­do que tie­ne en el Escu­do Nacio­nal, de pal­mas y oli­vos helé­ni­cos. Mon­ta­ño­sas son, por su par­te, las líneas tor­ci­das y las for­mas bru­mo­sas que el Ávi­la inven­ta para que el poe­ta dibu­je con fide­li­dad los peque­ños seres de nues­tro mun­do pala­cie­go» (2000: 21 – 22).

Por su par­te, el crí­ti­co y escri­tor gua­ri­que­ño Mario Torreal­ba Los­si comen­ta que «en la Sil­va Crio­lla se jun­tan, en mági­ca sim­bio­sis, la con­cep­ción de lo his­pa­no­ame­ri­cano ‑el pai­sa­je, el hom­bre, el sen­ti­do telú­ri­co- así como la expre­sión más genui­na del carác­ter vene­zo­lano», todo escri­to en un esta­do ‘con­tem­pla­ti­vo y vio­len­to, siem­pre situa­do entre el arre­ba­to y la depre­sión”. Este poe­ma lo plas­mó Lazo Mar­tí duran­te el trans­cu­rrir de varias eta­pas de su vida, por eso se com­po­ne de dis­tin­tos temas rela­cio­na­dos con expe­rien­cias vivi­das in situ. Por ejem­plo, la pri­me­ra ver­sión que escri­be de la Sil­va crio­lla (ya que se cono­cen otras), se lla­ma­ba Regio­nal, y la plas­ma en un momen­to de su vida en que se sen­tía ama­do y aman­te, recién casa­do con la mujer que des­de su infan­cia ado­ra­ba, ‑con Pan­chi­ta Rodrí­guez Mota­ma­yor, un 6 de Enero de 1897‑, e inmer­so en la paz de la lla­nu­ra vene­zo­la­na. Hacia 1900 Pan­chi­ta comien­za a aso­mar sín­to­mas de tubercu­losis y Lazo la lle­va al hato «El Tapiz», vecino de Cala­bo­zo, espe­ran­do una mejo­ría en su ama­da. En esa mis­ma épo­ca es cuan­do Lazo se com­pro­me­te polí­ti­ca­men­te en una cau­sa «sub­ver­si­va»: la Revo­lu­ción Liber­ta­do­ra que enca­be­za el Gral. Manuel Anto­nio Matos con­tra el Gene­ral Cipriano Castro.

En 1901 retor­na a Cara­cas y es el momen­to en que apa­re­ce impre­sa esa pri­me­ra ver­sión ‑reno­va­da- de la Sil­va Crio­lla (Cara­cas: Tipo­gra­fía Herre­ra Iri­go­yen, 1901. 24 p.), for­ma­da por 290 ver­sos en los que, a tra­vés de expre­sio­nes sim­bó­li­cas, Lazo Mar­tí intro­du­ce su repu­dio al régi­men que enton­ces se ini­cia­ba. No obs­tan­te, pese a haber sali­do a la luz públi­ca, con­ti­nua tra­ba­jan­do sobre el poe­ma por mucho tiem­po. Más tar­de apa­re­ce otra ver­sión de la Sil­va que refle­ja el tiem­po que pasó en Puer­to Nutrias, melan­có­li­co, soli­ta­rio y des­pe­cha­do por la des­apa­ri­ción de su ama­da, a pesar de que allí mis­mo se había vuel­to a casar dos años des­pués de su muer­te. Esta vez for­ma­da por 368 ver­sos, la Sil­va crio­lla defi­ni­ti­va es cono­ci­da como el Manus­cri­to de Nutrias, trans­cri­to por su cuña­do Car­los J. Zúñi­ga y revi­sa­do por el pro­pio Lazo. Ver­sión que el pro­fe­sor Edoar­do Cre­ma (1892−1974) con­si­de­ró hecha en 1907, y que para el poe­ta Alber­to Arve­lo Torreal­ba data de fines de 1904. El mis­mo que Car­los César Rodrí­guez (1922) lo deno­mi­nó Sil­va crio­lla a un bar­do ami­go en Glo­sa a la Sil­va crio­lla a un bar­do ami­go. Méri­da: Uni­ver­si­dad de los Andes, 1980. Según Love­ra De-Sola las ver­sio­nes de la Sil­va se dis­cri­mi­na­rían de la siguien­te for­ma: Tal la ori­gi­nal, titu­la­da Regio­nal; la que se edi­tó en Cara­cas en 1901 a la que ya hemos hecho alu­sión; la que inser­tó Gon­za­lo Picón Febres en su obra La lite­ra­tu­ra vene­zo­la­na en el siglo XIX. (Cara­cas: Empre­sa El Cojo, 1906, p.352 – 360); la del Manus­cri­to de Nutrias, titu­la­da Sil­va crio­lla a un bar­do ami­go, la cual data de 1907; la que está en la pri­me­ra reco­lec­ción de sus Poe­sías en 1914 y la defi­ni­ti­va que reco­gió Cre­ma en su edi­ción de 1946, que es la ver­sión mas divul­ga­da gra­cias a la cons­tan­cia del tra­ba­jo de don Edoar­do [i].

Por otra par­te, algu­nos estu­dio­sos de este tema la han defi­ni­do de la siguien­te for­ma: «La Sil­va crio­lla cons­ti­tu­ye la obra mayor del crio­llis­mo en poe­sía. Está for­ma­da por once can­tos autó­no­mos orde­na­dos todos ellos de for­ma «armo­nio­sa y uni­fi­ca­da estruc­tu­ra for­mal y temá­ti­ca» como indi­can Oscar Sam­brano Urda­ne­ta y Domin­go Mili­ani, dis­cí­pu­los de Edoar­do Cre­ma, en uno de sus estu­dios sobre el vate (Lite­ra­tu­ra his­pa­no­ame­ri­ca­na 1994. Mon­te Avi­la Edi­to­res, Cara­cas). El poe­ma tie­ne como lo dicen los mis­mos crí­ti­cos cin­co temas. Estos son: 1) idea­rio polí­ti­co-social y éti­co, que lle­nan las estan­cias I y VII; 2) el pai­sa­je lla­ne­ro; 3) el hom­bre del llano y sus fae­nas; 4) la melan­co­lía; 5) la duda meta­fí­si­ca, que vemos en las estro­fas VIII, IX y X. La estan­cia octa­va es con­si­de­ra­da por estos estu­dio­sos como la mejor de toda la Sil­va crio­lla. En ella es evi­den­te una cui­da­do­sa ela­bo­ra­ción esté­ti­ca, como tam­bién lo reco­no­cen Sam­brano y Mili­ani» [ii].

Lo que tam­bién es evi­den­te des­de que se leen las pri­me­ras estro­fas de la Sil­va, es la pro­fun­da opo­si­ción que el autor se esme­ra en hacer notar entre la vida de cam­po y de ciu­dad, como arri­ba lo expo­ne­mos, demar­can­do cla­ra­men­te los comien­zos de una corrien­te natu­ra­lis­ta o crio­lla, ins­pi­ra­da en Don Andrés Bello con el men­sa­je que entre­ga éste en la patrió­ti­ca Poe­sía Ame­ri­ca­na (1823): «Tiem­po es que dejes ya la cul­ta Euro­pa /​que tu nati­va rus­ti­quez des­ama; es la orden impe­ra­ti­va de «fru­gal lla­ne­za» que des­pués de Aya­cu­cho el mis­mo Bello le da a las «jóve­nes nacio­nes» en la Sil­va a la agri­cul­tu­ra de la zona tórri­da; es la voz de vuel­ta a la patria que escu­chan mar afue­ra Pérez Bonal­de y tie­rra aden­tro Lazo Mar­tí» [iii]. Pos­te­rior­men­te su obra fue desa­rro­lla­da por el poe­ta Alber­to Arve­lo Torreal­ba a tra­vés de un estu­dio sobre el gua­ri­que­ño Fran­cis­co Lazo Mar­tí (1965), la reu­nión de sus poe­mas en Obra Poé­ti­ca (1967), y a tra­vés de sus Can­tos, de sus Glo­sas al Can­cio­ne­ro y de su exten­so poe­ma Flo­ren­tino y el diablo.

La obra de Mar­tí es una invi­ta­ción a regre­sar a los orí­ge­nes agres­tes de la vida cam­pes­tre, seña­lan­do las moti­va­cio­nes que lo atraen a él, no sólo a vol­ver, sino a lle­var a cabo acti­vi­da­des socia­les que ten­gan que ver con ayu­da a los humil­des, los enfer­mos, arrui­na­dos y ase­si­na­dos por la gue­rra, los cau­di­llos polí­ti­cos y las enfer­me­da­des. Para Lazo, en el cora­zón del para­je lla­ne­ro se encuen­tra la paz infi­ni­ta, la cone­xión con lo divino, el amor y la ver­dad del ser humano. La encru­ci­ja­da de los sen­ti­res. La lla­nu­ra de las ale­grías. Y es en ese pun­to, don­de se cru­za­ban todos los cami­nos del llano, que nace Fran­cis­co Lazo Mar­tí, en la muy dis­tin­gui­da ciu­dad de Cala­bo­zo un 14 de mar­zo de 1869. Antes de que esa ciu­dad fue­ra ‑en solo sie­te años (1868−1875)− arra­sa­da y diez­ma­da su pobla­ción a prác­ti­ca­men­te la mitad a cau­sa de la Gue­rra Fede­ral, la Revo­lu­ción Azul y las terri­bles pes­tes. Como con­ti­nua con­tan­do Rodrí­guez: «…y, para col­mo, de alti­va y man­tua­na capi­tal del pode­ro­so esta­do Guá­ri­co des­cen­dió a modes­ta cabe­za de dis­tri­to», en la cual cre­ció nues­tro poe­ta has­ta hacer­se gran­de, en el seno de una fami­lia rica pero honrada.

Aún ado­les­cen­te empie­za a estu­diar Medi­ci­na en el Cole­gio de Pri­me­ra Cate­go­ria de Cala­bo­zo que tan­ta bue­na fama uni­ver­si­ta­ria tenía. Se gra­dua en 1890, no sin antes haber cum­pli­do el típi­co sue­ño pro­vin­ciano de cami­nar por las calles capi­ta­li­nas. Aquí comien­za el des­tino erran­te y revo­lu­cio­na­rio de Lazo Mar­tí, de espí­ri­tu noble y liber­ta­rio. Com­ba­te con pro­sa y ver­so los pro­pó­si­tos con­ti­nuis­tas de Andue­za Pala­cio des­de San Fer­nan­do de Apu­re en el movi­mien­to insu­rrec­cio­nal que lide­ra Joa­quín Cres­po, cono­ci­do como la «Revo­lu­ción Lega­lis­ta» sur­gi­da en mar­zo de 1892. Con el ana­gra­ma de «Tir­so Laam» escri­be la Oda a los patrio­tas de la Revo­lu­ción de 1892. Pero no regre­sa a Cala­bo­zo cuan­do triun­fa el Lega­lis­mo, se que­da entre los pue­blos Zamo­ri­ta: Nutrias, Liber­tad, Dolo­res… escri­bien­do sus Cre­pus­cu­la­res que publi­ca en 1895. Dos años des­pués se casa con Pan­chi­ta. Y a otra Revo­lu­ción, esta vez la «Liber­ta­do­ra» (1902−1903) se une Lazo ena­mo­ra­do y jovial. Como dice Love­ra De Sola, El poe­ta peleó en la his­tó­ri­ca bata­lla de La Vic­to­ria (Octu­bre 11 a Noviem­bre 2 de 1902) bajo la órde­nes del «tuer­to» Rober­to Var­gas. En este lar­guí­si­mo com­ba­te, la bata­lla más lar­ga de nues­tra his­to­ria que duró trein­ta y nue­ve días, Cipriano Cas­tro ven­ce a los cau­di­llos tra­di­cio­na­les (Domin­go Alber­to Ran­gel: Los andi­nos en el poder. 2ª.ed. Valen­cia: Vadell, 1974, p.117 – 134), y Lazo, derro­ta­do en el com­ba­te, huyó a los lla­nos. Poco le fal­tó para caer pre­so a su paso por Valle de la Pas­cua. Des­pués de la per­di­da de la con­tien­da regre­sa nue­va­men­te a Cala­bo­zo y, aun­que que pri­me­ro apo­ya­ba la insu­rrec­ción del ban­que­ro Manuel Anto­nio Matos, ter­mi­na secun­dan­do la polí­ti­ca de paci­fi­ca­ción y recon­ci­lia­ción nacio­nal que Cas­tro apli­ca lue­go de su vic­to­ria por con­si­de­rar­la jus­ta y ade­cua­da a los tiem­pos vivi­dos. Lazo Mar­tí aban­do­na el acti­vis­mo opo­si­tor y rati­fi­ca sus ideas de paz, de com­ba­te a las enfer­me­da­des y al anal­fa­be­tis­mo, pro­cla­man­do el prin­ci­pio de que la cul­tu­ra y la edu­ca­ción del pue­blo son los úni­cos cami­nos para el mejo­ra­mien­to de su con­di­ción social.

Ocho años de amor vivió Lazo has­ta que la muer­te le arre­ba­ta su glo­ria. Pan­chi­ta falle­ce en agos­to de 1903. Qui­so acom­pa­ñar a su mujer Lazo Mar­tí en un inten­to falli­do de sui­ci­dio. Y lue­go se encon­cha como una ostra en Puer­to Nutrias y en 1905 se casa otra vez con quien creía haber encon­tra­do de nue­vo el amor. Se lla­ma­ba Vetu­ria Velas­co Cam­pins, un error de sen­ti­mien­to del que no se recu­pe­ra­ría. Se dedi­ca por com­ple­to a sus labo­res de médi­co y sin embar­go, entre los inter­mi­na­bles insom­nios que pade­cía, pre­so de melan­co­lías e impo­ten­cia, escri­be los más inten­sos ver­sos que no publi­ca, pero corri­ge, rees­cri­be y guar­da los manus­cri­tos en peda­zos de papel que sólo mues­tra a sus más íntimos.

Por otro lado, la labor de Médi­co de Lazo Mar­tí es muy poco cono­ci­da. El doc­tor Edgar­do Malas­pi­na comen­ta que, «Como Che­jov, Bul­ga­kov y Manuel Díaz Rodrí­guez cam­bió rápi­da­men­te el este­tos­co­pio por la plu­ma, el réci­pe por el ver­so. Pre­fi­rió aus­cul­tar el alma de los hom­bres. Optó por la rima del ver­bo antes que por el rit­mo del cora­zón (…) [y pre­sen­ta bre­ve­men­te los méri­tos que como estu­dian­te de medi­ci­na alcan­zó:] En 1884, cur­san­do el pri­mer año de Cien­cias Médi­cas, obtu­vo el pri­mer pre­mio al ren­dir exá­me­nes en Ana­to­mía e Higie­ne. En 1885, en el segun­do año de medi­ci­na, se adju­di­ca un sobre­sa­lien­te en Ana­to­mía des­crip­ti­va y Fisio­lo­gía. En 1886, en su ter­cer año, con­ti­núa con bue­nas notas en medi­ci­na Ope­ra­to­ria, Ciru­gía y Pato­lo­gía. En cuar­to año tie­ne como mate­rias Pato­lo­gía Inter­na, Ciru­gía y Obs­te­tri­cia, Medi­ci­na Legal y Toxi­co­lo­gía. En 1890 se le expi­de una cons­tan­cia por haber asis­ti­do dos años a la Clí­ni­ca del Hos­pi­tal de Bene­fi­cen­cia de Cala­bo­zo. En 1890 rin­de en exá­me­nes en la Uni­ver­si­dad Cen­tral para obte­ner el Títu­lo de Médico.

Oscar Sam­brano Urda­ne­ta nos da una noción del ejer­ci­cio de Lazo Mar­tí en su pro­fe­sión médi­ca: «Lar­go rato estu­vo incli­na­do sobre la pacien­te, aus­cul­tán­do­la. Al final extra­jo de su male­tín un fras­qui­to de pas­ti­llas y lo entre­gó al mucha­cho con las indi­ca­cio­nes debi­das. Este últi­mo ni siquie­ra inten­tó pre­gun­tar­le al médi­co por el valor de la visi­ta, pues cono­cía de sobra que aquel señor huma­ni­ta­rio era inca­paz de cobrar­le a los pobres como ellos».

[Y] Argé­nis Rodrí­guez dice: «Como cala­bo­ce­ño, Lazo Mar­tí no le cobra­ba a los pai­sa­nos y se ve en la nece­si­dad de ins­ta­lar­se en Puer­to Nutrias, Bari­nas. Pero aquí tam­po­co vive de la medi­ci­na. Rega­la reme­dios, no cobra y es enton­ces cuan­do se le ocu­rre meter­se a comer­cian­te y ven­de pape­lón, que­so, pane­las, fru­tos de la tie­rra, taba­co en rama y café. Tie­ne algo así como una pul­pe­ría. Ven­de cuer­das de gallos de pelea».[iv]

DESCRIPCIÓN DE LA FIEBRE EN UN SONETO

El Médi­co Lazo Mar­tí des­cri­bió los sín­to­mas de una fie­bre cual­quie­ra en un sone­to, El Tum­ba­dor o Leñador:

En silen­cio la sel­va se recrea:
ya no tur­ba su paz el rudo hachero
a cuyo gol­pe aquel roble altanero
vibra­ba con un rit­mo de odisea.

Jun­to al árbol que un háli­to menea,
pre­sa de ocul­to mal yace el bracero:
y a tra­vés de la fron­da un sol artero
con lan­zas de cien pun­tas lo alancea.

Abra­zan­do a su hacha de combate,
con­traí­da la faz, en ceño adusto,
en garras de la fie­bre se debate.

Y bajo el roble de la vida ignota
fin­ge su cuer­po mise­ra­ble arbusto
que des­pia­da­do el ven­da­val azota.

A par­tir de 1906 la salud de Lazo comien­za a res­que­bra­jar­se. Su pul­so ya no es tan fir­me y las des­tre­zas cor­po­ra­les le jue­gan malas pasa­das. En 1908 vuel­ve a Cala­bo­zo. Su vida matri­mo­nial lo hacía infe­liz y sin­tién­do­se ais­la­do y solo, el 3 de julio le sobre­vino una hemi­ple­jia a la que no dio mucha impor­tan­cia, como lo expli­ca Blas Lore­to Lore­to, «Lazo Mar­tí» en Foro gua­ri­que­ño. Pese a los males­ta­res físi­cos pro­si­gue tra­ba­jan­do. Fun­da el cole­gio «Ángel Moreno Fer­nán­dez» y antes del 4 de diciem­bre lo nom­bran Juez de Distrito.

Ini­cian­do el año 1909 su salud empeo­ra. Se tras­la­da a Cara­cas para tra­tar­se los inten­sos dolo­res mus­cu­la­res y arti­cu­la­res. Entre el 3 y el 4 de abril debió pro­du­cir­se el via­je de Cala­bo­zo has­ta Cagua, qui­zá en algu­na carre­ta de las que cru­zan la región. Según el dia­rio El Uni­ver­sal, Lazo Mar­tí lle­ga el lunes 5 de abril, repor­tan­do al día siguien­te lo que sigue: «El autor de la Sil­va Crio­lla se encuen­tra en Cara­cas des­de ayer. Su salud es tan pre­ca­ria, que hubo nece­si­dad de sos­te­ner­lo para que pudie­ra bajar del tren. Oja­lá el cam­bio de cli­ma devuel­va la salud al admi­ra­ble poe­ta». Lo acom­pa­ña­ban su espo­sa Vetu­ria Velas­co y los hijos de ambos: Ade­li­na, Espe­ran­za y Sal­va­dor. El 24 de abril infor­ma El Bazar que «Está hace días, entre noso­tros, el dul­ce poe­ta cala­bo­ce­ño, ago­bia­do su espí­ri­tu por crue­les dolen­cias».[v] Una vez en Cara­cas resi­de en una casa situa­da de Can­di­li­to a Gober­na­dor 33. La resi­den­cia era pro­pie­dad de la Igle­sia, en la cual resi­die­ron gra­cias a el mon­se­ñor Feli­pe Neri Sen­drea, gran ami­go suyo. Allí lo visi­ta todos los días Rober­to Var­gas, el «tuer­to» quien bajo sus órde­nes peleó Lazo en los días de la «Revo­lu­ción Liber­ta­do­ra». Aho­ra era Minis­tro de Obras Públicas.

Var­gas deci­dió que tal vez el aire marino le sen­ta­ra mejor y se rea­li­zan ges­tio­nes para su tras­la­do al Hos­pi­tal San José de Mai­que­tía. Allí lo visi­ta don Lisan­dro Alva­ra­do (1858−1929), tam­bién vie­jo y buen ami­go suyo, quien le tra­jo una car­ta que des­de La Rotun­da, don­de esta­ba pre­so, le envió Alfre­do Arve­lo Larri­va. En 1913 Lisan­dro Alva­ra­do reme­mo­ra sus encuen­tros con Lazo cuyas impre­sio­nes que­da­ron regis­tra­das: «…mien­tras Lazo Mar­tí yacía ava­sa­lla­do por sus males y bus­ca­ba ansio­so des­de su lecho la esca­sa luz que deja­ba pasar una cla­ra­bo­ya abier­to en el techo de su cel­da, en otra apar­ta­da cel­da… se esta­ba Alfre­do Arve­lo Larri­va y des­de allí soli­ci­ta­ba los ver­sos que había escri­bir al dolien­te poe­ta» con qué amor­ti­guar ambas penu­rias, ésta por «el mal de la Ley», aque­lla «por la ley de su mal», según inte­li­gen­te «inter­cam­bio par­na­siano» [vi].

En cua­tro ver­sos refle­ja su sen­tir pro­duc­to de la terri­ble enfer­me­dad que lo lle­va a la tumba:

Has lle­ga­do mor­tal. Mira callado
lo que lla­man los hom­bres maravilla!
Ado­ra este colo­so encadenado
que vie­ne a sus­pi­rar sobre la ori­lla.

La cau­sa de la muer­te de don Lazo Mar­tí a ori­gi­na­do más de una con­tro­ver­sia y es para muchos des­co­no­ci­da. El doc­tor Malas­pi­na argu­ye al res­pec­to que:

«De las dife­ren­tes fuen­tes pue­de dedu­cir­se que en gene­ral Lazo Mar­tí en sus últi­mos meses de vida pade­ció de hemi­ple­jía con cefa­lea, dolo­res arti­cu­la­res, difi­cul­tad para cami­nar y escri­bir y cier­ta con­fu­sión men­tal. Los sín­to­mas des­cri­tos pue­den ser con­se­cuen­cia, entre otras posi­bi­li­da­des, de un acci­den­te cere­bro vas­cu­lar por hiper­ten­sión arte­rial o por sífi­lis cere­bral o nerosífilis.

Sobre la posi­ble neu­ro­sí­fi­lis pade­ci­da por Lazo Mar­tí, Lisan­dro Alva­ra­do nos comen­ta: «Pero sus car­tas de mayo de 1908 están con letra tam­ba­lean­te y lamen­ta­ble orto­gra­fía. El ata­que sor­pre­si­vo de la hemi­ple­jía – cul­to inopor­tuno al amor, se decía – uni­do al reu­ma­tis­mo, le impi­den andar a caba­llo unas pocas leguas de tie­rra pla­na. «Ya mis car­nes y arti­cu­la­cio­nes están dolo­ro­sas», escribe.

De sus encuen­tros con Lazo, entre otros, el de Cara­cas, a don­de ha ido a «soli­ci­tud de sus ami­gos…Lisan­dro Alva­ra­do pro­si­gue: «Des­pués del invierno aban­do­na el llano en bus­ca de un tem­pe­ra­men­to de mar. La enfer­me­dad se lo com­pli­ca­ba, por­que ya era pre­sa de funes­ta, impla­ca­ble dolen­cia. Den­tro de su crá­neo ger­mi­na­ba una extra­ña desin­te­gra­ción que a paso len­to con­quis­ta­ba el labe­rín­ti­co labo­ra­to­rio del pensamiento.»

De lo ante­rior pue­de dedu­cir­se que era comen­ta­rio gene­ral lo de la sífi­lis de Lazo Mar­tí».[vii]

Falle­ce el domin­go 8 de agos­to de 1909. Uno de sus bió­gra­fos, «Torreal­ba Los­si (1970), loca­li­za y da a cono­cer la par­ti­da en la que cons­ta que el lunes 9 se pre­sen­tó ante el señor Aure­lio Alva­ra­do, pri­me­ra auto­ri­dad civil de la parro­quia Mai­que­tía, el señor José Dona­tes, para expo­ner que el día ante­rior, a las cua­tro antes meri­diem, había falle­ci­do el doc­tor Fran­cis­co Lazo Mar­tí, casa­do, de cua­ren­ta años de edad, médi­co, e hijo legí­ti­mo de Fran­cis­co Lazo y Mar­ga­ri­ta Mar­tí. El galeno Luís Velás­quez, que hace la autop­sia, deter­mi­na apo­ple­jía cere­bral como cau­sal del des­en­la­ce» [viii]. Cua­tro años más tar­de el gobierno de Esta­do Guá­ri­co, admi­nis­tra­do por el gene­ral David Gimón, decre­tó el tras­la­do de sus res­tos des­de Mai­que­tía a Cala­bo­zo, depo­si­tan­do sus res­tos en la Catedral.

El perió­di­co El Bazar, fun­da­do en Cala­bo­zo y esta­ble­ci­do en Cara­cas, informa:

«El lunes 9 de los corrien­tes falle­ció en la ciu­dad de Mai­que­tía el emi­nen­te poe­ta y doc­tor en medi­ci­na, Fran­cis­co Lazo Mar­tí, hijo muy ilus­tre de la ciu­dad de Calabozo.

Fue a las ribe­ras del Cari­be a dar una tre­gua a sus que­bran­tos, y lo sor­pren­dió la muer­te, joven toda­vía, lleno de espe­ran­zas, de ilu­sio­nes y de nobles ideales. 

Hubie­ra él desea­do exha­lar su últi­mo sus­pi­ro a la lin­de de la lla­nu­ra infi­ni­ta, que can­ta­ra en rit­mo sono­ro, pero Dios dis­pu­so que fue­ra arru­lla­do en su sue­ño eterno por el ince­san­te rumor de las olas; y que su tum­ba mira­se hacia el océano inmen­so» [ix].

Fuen­tes:

Rodrí­guez, Car­los César (2000) (com­pi­la­dor). Fran­cis­co Lazo Mar­tí. Poe­sía. Biblio­te­ca Aya­cu­cho. Cara­cas, Venezuela

http://​www​.efe​me​ri​des​ve​ne​zo​la​nas​.com/​h​t​m​l​/​l​a​z​o​.​htm

http://​www​.rena​.edu​.ve/​c​u​a​r​t​a​E​t​a​p​a​/​l​i​t​e​r​a​t​u​r​a​/​M​o​d​e​r​C​r​i​o​l​l​i​s​m​o​.​h​tml

http://​www​.scribd​.com/​d​o​c​/​1​0​4​9​4​8​0​3​/​F​r​a​n​c​i​s​c​o​-​L​a​z​o​-​M​a​r​t​i​-​P​o​e​sia

http://​tie​rra​lla​na​.blogs​pot​.com/​2​0​1​0​/​0​2​/​a​s​c​e​n​s​o​-​d​e​-​f​r​a​n​c​i​s​c​o​-​l​a​z​o​-​m​a​r​t​i​-​a​l​.​h​tml

http://arteenlared.com/lecturas/articulos/a‑100-anos-del-poeta-del-llano.-lazo-marti-en-la-silva-cr‑2.html

http://​his​to​ria​de​la​me​di​ci​nau​nerg​.blogs​pot​.com/​2​0​0​9​/​0​4​/​f​r​a​n​c​i​s​c​o​-​l​a​z​o​-​m​a​r​t​i​.​h​tml

http://​www​.mono​gra​fias​.com/​t​r​a​b​a​j​o​s​1​0​/​v​e​n​e​z​/​v​e​n​e​z​2​.​s​h​tml

http://​gua​ri​co​.com​.ve/​?​p​=26

www​.radio​fe​ya​le​griae​du​com​.net/​p​d​f​/​M​D​-​2​d​o​-​S​9​-​C​a​s​t​e​l​l​a​n​o​.​pdf


[i] R.J. Love­ra De-Sola. A 100 Años del Poe­ta del Llano. Lazo Mar­tí en la Sil­va crio­lla. Lunes 19 de Octu­bre de 2009. [Artícu­lo on line] en: http://www.arteenlared.com/articulos/a‑100-anos-del-poeta-del-llano-lazo-marti-en-la-silva-criolla.html

[ii] Ídem, Ibídem.

[iii] Rodrí­guez, Car­los César. (2000) Fran­cis­co Lazo Mar­tí. Poe­sía. Pró­lo­go p. XXI. Biblio­te­ca Aya­cu­cho. Cara­cas, Venezuela.

[iv] Malas­pi­na, Edgar­do. His­to­ria de la Medi­ci­na en el Esta­do Guá­ri­co. Grá­fi­ca Los Morros. San Juan de los Morros. 2006 [Artícu­lo on line en:] http://​his​to​ria​de​la​me​di​ci​nau​nerg​.blogs​pot​.com/​2​0​0​9​/​0​4​/​f​r​a​n​c​i​s​c​o​-​l​a​z​o​-​m​a​r​t​i​.​h​tml

[v] Adol­fo Rodrí­guez. Ascen­so de Fran­cis­co Lazo Mar­tí al llano que no cae. Ponen­cia pre­sen­ta­da en el: V Encuen­tro de Cro­nis­tas e His­to­ria­do­res de Vene­zue­la. Cala­bo­zo, Sába­do 27 y Domin­go 28 de Junio. Home­na­je a Fran­cis­co Lazo Mar­tí en el cen­te­na­rio de su muer­te. Ate­neo de Cala­bo­zo y el Gru­po de His­to­ria Regio­nal y local ads­cri­to a la Cáte­dra Libre “Efraín Hur­ta­do” del Ate­neo en: http://​tie​rra​lla​na​.blogs​pot​.com/​2​0​1​0​/​0​2​/​a​s​c​e​n​s​o​-​d​e​-​f​r​a​n​c​i​s​c​o​-​l​a​z​o​-​m​a​r​t​i​-​a​l​.​h​tml

[vi] Ídem, Ibídem.

[vii] Malas­pi­na, Edgar­do. His­to­ria de la Medi­ci­na en el Esta­do Guá­ri­co. Grá­fi­ca Los Morros. San Juan de los Morros. 2006 [Artícu­lo on line en:] http://​his​to​ria​de​la​me​di​ci​nau​nerg​.blogs​pot​.com/​2​0​0​9​/​0​4​/​f​r​a​n​c​i​s​c​o​-​l​a​z​o​-​m​a​r​t​i​.​h​tml

[viii] Ídem, Ibídem

[ix] Adol­fo Rodrí­guez. Ascen­so de Fran­cis­co Lazo Mar­tí al llano que no cae…

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