«Car­los la peli­cu­la» acer­ca de la vida del revo­lu­cio­na­rio vene­zo­lano, mien­te como era de espe­rar

Un fotograma de 'Carlos', de Olivier Assayas.Un foto­gra­ma de “Car­los”, de Oli­vier Assa­yas.

La pelí­cu­la de Oli­vier Assa­yas repre­sen­ta el acon­te­ci­mien­to del miér­co­les en Can­nes. No por menos­pre­ciar los fil­mes a con­cur­so de Ser­gei Lonitz­sa y de Ken Loach, sino por las dimen­sio­nes colo­sa­les del thri­ller geo­po­lí­ti­co: 325 tre­pi­dan­tes minu­tos al hilo del terro­ris­mo “pre-islá­mi­co”.

No ha podi­do ver­los des­de pri­sión el pro­ta­go­nis­ta de la his­to­ria, pero, al pare­cer, las imá­ge­nes que han fil­tra­do las tele­vi­sio­nes lo han irri­ta­do y decep­cio­na­do.

«Las esce­nas que he vis­to me pare­cen ridí­cu­las. Se habla de terro­ris­tas y se les con­vier­te en unos hom­bres his­té­ri­cos que se ponen a dis­pa­rar con sus metra­lle­tas, ame­na­zan­do a la gen­te. Nada fue así. Había gran pro­fe­sio­na­li­dad, se tra­ta­ba de coman­dos muy pre­pa­ra­dos y no de una pelí­cu­la», expli­ca­ba Ilich Ramí­rez des­de la cel­da de la pri­sión fran­ce­sa de Poissy.

Des­de allí acu­sa a Oli­vier Assa­yas de haber mani­pu­la­do su bio­gra­fía y de haber osa­do con sus peri­pe­cias. Por ejem­plo cuan­do el guión del fil­me atri­bu­ye al cetro de Sadam Hus­sein el asal­to a la OPEP de Vie­na que lide­ró Car­los en 1975.

Su ver­sión insis­te en que el ins­ti­ga­dor de la ope­ra­ción ‑tres muer­tos y dos minis­tros secues­tra­dos- fue el coro­nel Gada­fi y que las razo­nes para excul­par­lo aho­ra obe­de­cen a la difa­ma­ción de la His­to­ria y a la ven­ta­ja geo­po­lí­ti­ca. Por­que Hus­sein está muer­to.

La jus­ti­cia fran­ce­sa con­de­nó a Car­los en 1997 a cade­na per­pe­tua para hacer­le expiar el cri­men de una pare­ja de agen­tes secre­tos galos. Duran­te tres años había vivi­do arres­ta­do en Sudán con la inter­ven­ción de la inte­li­gen­cia pari­si­na, aun­que el fil­me sos­tie­ne que Car­los fue trai­cio­na­do por un espía sirio del que se había hecho ínti­mo ami­go.

«No me trai­cio­nó nadie», decla­ra­ba Car­los al sema­na­rio “Le Point”. «Todo el mun­do sabía que me había refu­gia­do en Jar­tum [la capi­tal suda­ne­sa], empe­zan­do por los ame­ri­ca­nos. Ellos avi­sa­ron a los fran­ce­ses, que se toma­ron un cier­to tiem­po antes de inter­ve­nir».

Lo que sí es cier­to es que Oli­vier Assa­yas ha acer­ta­do con la elec­ción de Edgar Ramí­rez. Tie­ne 33 años, se ha deja­do la piel en las tele­no­ve­las vene­zo­na­las, dis­pu­so de un papel modes­to en el “Che” de Soder­bergh e inter­vino en la tri­lo­gía de “Bour­ne”, pero es aho­ra cuan­do ha dado el sal­to cua­li­ta­ti­vo de su carre­ra.

No sólo por el méri­to de resis­tir la pan­ta­lla duran­te cin­co horas y media. Tam­bién por­que el com­pa­trio­ta Ramí­rez con­si­gue ate­ner­se al retra­to que había con­ce­bi­do Assa­yas des­pués de haber estu­dia­do la vida y la obra de Car­los duran­te dos años: nar­ci­sis­ta, seduc­tor, colé­ri­co, arbi­tra­rio, inte­li­gen­te, pro­fe­sio­nal, des­pia­da­do

«El gran pro­ble­ma del papel no era tan­to la dimen­sión espec­ta­cu­lar ni la mons­truo­sa, sino las esce­nas de la vida coti­dia­na, la nor­ma­li­dad. Por esa razón, el desa­fío de “Car­los” con­sis­te pre­ci­sa­men­te en que es muy arduo des­po­jar­lo de la cons­truc­ción que se ha hecho de él a tra­vés de la infor­ma­ción, la media­ti­za­ción, la pro­pa­gan­da», acla­ra Edgar Ramí­rez.

El fil­me no va a pre­sen­tar­se en los cines fran­ce­ses tal cual pro­yec­ta hoy. Se des­glo­sa en tres capí­tu­los que ha pro­du­ci­do Canal Plus para emi­tir­los en tele­vi­sión, aun­que tam­bién exis­te una ver­sión redu­ci­da ‑150 minu­tos- que se ha con­ce­bi­do para la dis­tri­bu­ción inter­na­cio­nal.

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