Era­se una lobi­ta bue­na – Sabino Cua­dra

Era­se una lobi­ta bue­na­La demo­cra­cia y las liber­ta­des son hoy sal­va­guar­da­das por quie­nes ala­ban una tran­si­ción que dejó sin sin tocar todo el entra­ma­do fran­quis­ta

Somos muchas las per­so­nas a las que en su día nos encan­tó la poe­sía de Goy­ti­so­lo en la que el mun­do anda­ba al revés, pues los lobi­tos bue­nos eran per­se­gui­dos por cor­de­ros impla­ca­bles, los prín­ci­pes eran malos reque­te­ma­los y los pira­tas exce­len­tes per­so­nas. En fin, ya se sabe, la vida no es como nos la cuen­tan los cro­nis­tas de la cor­te sino otra muy dis­tin­ta. Eso afir­ma al menos un refrán afri­cano: «el día que los leo­nes escri­ban las his­to­rias de los safa­ris, los héroes de estos no serán los bwa­nas blan­cos, sino otros muy dis­tin­tos».

Leí en la pren­sa esta­tal duran­te estas vaca­cio­nes de Sema­na San­ta que duran­te el pasa­do año 2010 se habían que­ma­do en Cata­lun­ya más de dos mil coches y seis mil con­te­ne­do­res. No había refe­ren­cia algu­na refe­ren­te a ras­ga­du­ras de ves­ti­men­tas ins­ti­tu­cio­na­les rea­li­za­das en con­de­na de todos estos actos de llui­ta de carrer ‑kale borroka‑, ni a actos de fe y exal­ta­ción ciu­da­da­na habi­dos en defen­sa de la sacro­san­ta liber­tad que dis­fru­ta­mos. A lo más, caso de exis­tir algo de esto, la cosa no debió pasar de ser una mera anéc­do­ta. ¡Cata­lun­ya is dif­fe­rent!

El mis­mo día de mi regre­so vaca­cio­nal leí tam­bién que el res­pon­sa­ble de una empre­sa de segu­ri­dad, en su día can­di­da­to del PP, había sido acu­sa­do de simu­lar un aten­ta­do con­tra una jue­za, en Gipuz­koa, uti­li­zan­do para ello dos deto­na­do­res. Se le pide por ello la durí­si­ma pena de dos mil euros, cuan­do el bote­lla­zo con pin­tu­ra a un juz­ga­do coti­za a varios años de cár­cel si el autor es un cha­val mili­tan­te de cual­quier entorno de Segi.

Jun­to a esta noti­cia, todos los medios, uná­ni­me­men­te, dedi­ca­ban pági­nas y edi­to­ria­les a glo­sar el auto en vir­tud del cual había sido pues­to en liber­tad Troi­ti­ño, así como el recu­le judi­cial sub­si­guien­te y la pos­te­rior des­apa­ri­ción de éste ante la evi­den­cia de que en este país la segu­ri­dad jurí­di­ca, al igual que la decen­cia ban­ca­ria, es algo que bri­lla por su ausen­cia.

Redon­deo este anec­do­ta­rio con dos insig­ni­fi­can­tes recor­da­to­rios. El pri­me­ro se refie­re a que el con­jun­to de fun­cio­na­rios poli­cia­les, guar­dias civi­les y altos car­gos polí­ti­cos con­de­na­dos por mal­ver­sa­cio­nes de fon­dos públi­cos, secues­tros, tor­tu­ras y ase­si­na­tos de los GAL (Barrio­nue­vo, Vera, Elgo­rria­ga, Galin­do, Ame­do…), cum­plie­ron menos de un diez por cien­to de los varios siglos de cár­cel a los que fue­ron con­de­na­dos. El segun­do, tie­ne que ver con el gol­pe de esta­do del 23‑F, sal­da­do para quie­nes fue­ron con­de­na­dos por par­ti­ci­par en él con un pro­me­dio de cum­pli­mien­to car­ce­la­rio de poco más que un año.

En la cár­cel roma­na de Reb­bi­bia, los pre­sos y pre­sas allí resi­den­tes, tras pen­sar y refle­xio­nar sobre sus vidas y con­de­nas, impri­mie­ron una cami­se­ta en su coope­ra­ti­va cuyo tex­to afir­ma­ba: «Bea­to chi cre­de nella gius­ti­zia… per­ché verrá gius­ti­zia­to», o sea, «bien­aven­tu­ra­do el que cree en la jus­ti­cia…, por­que será ajus­ti­cia­do». ¿Qué lemas inven­ta­rían estas des­creí­das men­tes caso de ser hués­pe­des de las cár­ce­les espa­ño­las? ¿Qué opi­na­rían de nues­tros sacro­san­tos Tri­bu­nal Supre­mo, Cons­ti­tu­cio­nal y, no diga­mos nada, de la Audien­cia Nacio­nal y todos sus toga­dos y negros jus­ti­cie­ros?

No son sus coro­na­dos, ensor­ti­ja­dos y enso­ta­na­dos por­ta­vo­ces per­so­nas que me merez­can con­si­de­ra­ción algu­na, ni sus ser­mo­nes, car­tas y encí­cli­cas tex­tos de refe­ren­cia para mí, pero no pue­do menos que pre­gun­tar: ¿son las putas, inmi­gran­tes, tra­pi­che­ros, gita­nos y troi­ti­ños de todo tipo, ésos que lle­nan hoy las cár­ce­les espa­ño­las, los per­se­gui­dos por la jus­ti­cia a los que se refe­ría el Naza­reno en su ser­món de la mon­ta­ña y a quie­nes dedi­ca­ba sus bien­aven­tu­ran­zas y abría de par en par las puer­tas de su rei­no celes­tial?

Ade­más de las noti­cias antes rese­ña­das, la vuel­ta de las vaca­cio­nes nos reser­va­ba otra más. La alcal­de­sa de Pam­plo­na y can­di­da­ta a la pre­si­den­cia del Gobierno Foral por UPN, Yolan­da Bar­ci­na, ha inter­pues­to una denun­cia con­tra Julie­ta Itoiz, la «Chu­la­po­tra», por afir­mar en uno de sus rap que tie­ne ganas de dar una bofe­ta­da a nues­tra pró­cer. Su video, difun­di­do en You­tu­be, ha teni­do más de cua­ren­ta mil visi­tas y cien­tos de miles de aplau­sos no cons­ta­ta­dos. Algo a extir­par por quien, tras su incon­men­su­ra­ble ego y su acar­to­na­da son­ri­sa, tie­ne como mode­los a seguir a la madras­tra de Blan­ca­nie­ves («dime espe­ji­to mági­co…») y al pro­fe­sor de vene­nos de Maquia­ve­lo.

En su día, Joan Tar­dá, dipu­tado de ERC (o sea, habi­tan­te de ese país en el que la que­ma de coches no es con­si­de­ra­do como un acto terro­ris­ta), lan­zó en públi­co un con­tun­den­te «¡Muer­te al Bor­bón!». La cosa fue a los tri­bu­na­les y el dipu­tado resul­tó absuel­to por enten­der­se que su afir­ma­ción esta­ba com­pues­ta tan sólo de pala­bras y ale­go­rías y no de coches bom­ba. Pero Yolan­da Bar­ci­na, que pro­ba­ble­men­te pre­ten­da lle­gar, no sólo a rei­na, sino tam­bién a empe­ra­triz, pare­ce pen­sar que afir­mar tener ganas de dar­le una bofe­ta­da es un deli­to mayor que afir­mar un repu­bli­cano deseo de asis­tir a regios fune­ra­les.

Lis­tas inma­cu­la­das son ana­li­za­das hoy con lupa por algu­nos de los que, bajo el para­guas de una «X» sal­ví­fi­ca, salie­ron de rosi­tas de jui­cios en los que bañe­ras, elec­tro­dos, cal viva y tiros en la nuca fue­ron el deco­ra­do de algo que se lla­mó GAL. Dife­ren­tes comi­sio­nes inter­na­cio­na­les de dere­chos huma­nos siguen afir­man­do en sus denun­cias que ese cuen­to aún no se ha aca­ba­do. Y así es que la demo­cra­cia y las liber­ta­des son hoy sal­va­guar­da­das por quie­nes ala­ban una tran­si­ción fran­quis­ta que, al con­tra­rio de lo que ayer suce­dió en Chi­le, Argen­ti­na, Uru­guay, y hoy ocu­rre en Egip­to, Túnez…, dejó sin tocar al Ejér­ci­to, la Poli­cía y todo el entra­ma­do de la dic­ta­du­ra fran­quis­ta.

Cuan­do la des­ver­güen­za cam­pea por con­sis­to­rios y par­la­men­tos y la impu­ni­dad ani­da en cuar­te­li­llos y juz­ga­dos, per­so­nas como Julie­ta debie­ran de ser obje­to de pro­ce­sos de cano­ni­za­ción ciu­da­da­na: ¡Chu­la­po­tras al poder, vaca­bu­rras al hon­dón! Ese sí que sería un buen títu­lo para un rap.

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