Patri­cia, empu­ja­da al sui­ci­dio, se suma a la lar­ga lis­ta de ase­si­na­tos del esta­do – La Hai­ne Barcelona

Ayer, bajo la llu­via, más de 500 per­so­nas se reu­nie­ron en el Forat de la Ver­gon­ya por moti­vo del ase­si­na­to de Patri­cia Heras, pre­sa del 4F, que en la tar­de del mar­tes pasa­do deci­dió aca­bar con su vida debi­do a la opre­sión y con­trol que reci­bía por par­te del sis­te­ma penal y del Estado.

Patri­cia «dis­fru­ta­ba» des­de hacía cua­tro meses del ter­cer gra­do, des­pués de haber pasa­do 6 meses en pri­sión por un deli­to que no come­tió, mon­ta­je poli­cial diri­gi­do por el Ayun­ta­mien­to de Bar­ce­lo­na. Patri­cia, la noche del 4 de febre­ro de 2006, se cayó de su bici­cle­ta y se diri­gió al hos­pi­tal jun­to con un ami­go. Como ella mis­ma dijo, «direc­ta hacia el infierno». Fue dete­ni­da, mal­tra­ta­da y acu­sa­da por los hechos de la calle Sant Pere Més Baix, don­de un Guar­dia Urbano resul­tó gra­ve­men­te heri­do. Con­cre­ta­men­te, la hacían auto­ra del lan­za­mien­to de una valla con­tra la poli­cía, que cau­só un hema­to­ma en el mus­lo a otro agen­te de la Guar­dia Urba­na. Ella nada tenía que ver con los hechos, pero fue con­de­na­da, a pesar de las gran­des con­tra­dic­cio­nes, irre­gu­la­ri­da­des y cam­bios de decla­ra­cio­nes por par­te del Ayun­ta­mien­to y de la Guar­dia Urba­na, a 3 años de pri­sión por aten­ta­do con­tra la auto­ri­dad en 2008. En octu­bre de 2010 Patri­cia Heras ingre­só en la pri­sión de muje­res Wad Ras de Bar­ce­lo­na y el 18 de diciem­bre de 2010 pasó a sec­ción abier­ta, con la obli­ga­ción de vol­ver a dor­mir cada día en la cár­cel. Muchas veces se ve el ter­cer gra­do como una «libe­ra­ción», o así nos lo quie­ren ven­der. El caso de Patri­cia demues­tra que no es así, pues la situa­ción en la que se encon­tra­ba la sobre­pa­só tan­tí­si­mo has­ta el pun­to que deci­dió matar­se para así liberarse.

Es a la pri­sión Wad Ras hacia don­de se diri­gió la mani­fes­ta­ción lle­na de antor­chas y velas, bajo los gri­tos de «Aba­jo los muros de las pri­sio­nes», «Las cár­ce­les son cen­tros de exter­mi­nio», «Vues­tras rejas no calla­rán nues­tros gri­tos de liber­tad», «No es sui­ci­dio, es ase­si­na­to» o «Patri­cia Heras, ni oblit ni per­dó». Fren­te a la pri­sión pudi­mos escu­char tam­bién las voces de las pre­sas allí ence­rra­das, que gri­ta­ban con­tra el sis­te­ma peni­ten­cia­rio y en apo­yo a com­pa­ñe­ras y fami­lia de Patri­cia, ase­gu­ran­do tam­bién que no la olvi­dan y la tie­nen en sus cora­zo­nes. Según infor­ma­ron com­pa­ñe­ras de Patri­cia, los car­ce­le­ros ame­na­za­ron con cas­ti­gar a las pre­sas si seguían los gri­tos, pero aun así la pro­tes­ta, tan­to den­tro como fue­ra de la pri­sión, con­ti­nuó. Se seña­ló al por enton­ces alcal­de Joan Clos, a Jor­di Hereu como con­ce­jal de segu­ri­dad y a todos los cóm­pli­ces de este sis­te­ma penal ase­sino como cul­pa­bles de la muer­te de Patri.

La tar­de del mar­tes 28 de abril, Patri­cia no quie­re vol­ver a la cár­cel y deci­de aca­bar con la pre­sión que no sopor­ta. Hoy, aun una per­so­na se encuen­tra en pri­sión y otra en liber­tad condicional.

Patri, el més vio­lent de tot es viu­re amb normalitat.

Foto: Vila­Web


Car­ta abier­ta de Maria­na, madre de Rodri­go Lan­za, al alcal­de de Bar­ce­lo­na Jor­di Hereu

Señor Jor­di Hereu:

Este mar­tes 26 de abril del 2011 se sui­ci­dó Patri­cia Heras, una de las encar­ce­la­das por el caso de Sant Pere Més Baix.

Le refres­ca­ré la memo­ria por si no sabe a quien me refiero.

El 4 de febre­ro del 2006 se reali­zó una mega-fies­ta en una casa ocu­pa­da, de pro­pie­dad del Ayun­ta­mien­to, y que había sido pre­cin­ta­da. Los veci­nos recla­ma­ban por el rui­do y se dis­pu­so la pre­sen­cia en el lugar de cua­tro Guar­dias Urba­nos. Cer­ca de las 6,30 am de esa maña­na, se pro­du­jo un enfren­ta­mien­to, en el que, des­gra­cia­da­men­te, que­dó en esta­do vege­tal un poli­cía. Se detu­vie­ron a sie­te per­so­nas en el lugar. Tres de ellas que esta­ban en la calle y cua­tro que salie­ron de la fies­ta. Más tar­de, se detu­vo a Patri­cia y a un ami­go suyo en un hospital.

Esa mña­na la poli­cía entre­gó un infor­me al enton­ces Alcal­de de Bar­ce­lo­na, Joan Clos que, como él mis­mo ha inclu­so rati­fi­ca­do años des­pués, decía que “una mace­ta lan­za­da des­de el inte­rior del edi­fi­cio” había heri­do al policía.

Nadie sabe que suce­dió con ese infor­me, al pare­cer ni el mis­mo señor Clos, pero des­de lue­go que usted, señor Hereu sí lo sabe. Usted era enton­ces Con­ce­jal de Segu­ri­dad y Movi­li­dad del Ayun­ta­mien­to de Bar­ce­lo­na, y es lógi­co que en una situa­ción tan gra­ve, este infor­me halla segui­do su cur­so corres­pon­dien­te antes de lle­gar al enton­ces Alcalde.

Tam­bién sabe de este docu­men­to la enton­ces Con­se­je­ra de Inte­rior, Mon­tse­rrat Tura.

Pero cla­ro, había un poli­cía gra­ví­si­mo, y el Ayun­ta­mien­to era pro­pie­ta­rio del edi­fi­cio des­de el que se lan­zó la mace­ta, ade­más de res­pon­sa­ble de haber envia­do a cua­tro poli­cías, sin pro­tec­ción, a un lugar don­de habían mas de 1.500 personas.

Lo que sí sé, es que el infor­me des­apa­re­ció. La ver­sión de la poli­cía fue cam­bia­da por otra que per­mi­tía cul­par a las per­so­nas dete­ni­das al azar y, de esta mane­ra, sacar­se la res­pon­sa­bi­li­dad de enci­ma y comu­ni­car con bom­bos y pla­ti­llos que “jus­to”, increí­ble­men­te, se había arres­ta­do a todos los cul­pa­bles del altercado.

Para hacer esta nue­va ver­sión, hicie­ron pasar a los camio­nes de lim­pie­za del Ayun­ta­mien­to que lava­ron la calle borran­do todas las prue­bas. Lue­go redac­ta­ron el cuen­to con los nom­bres de los dete­ni­dos, cul­pan­do de lo mas gra­ve a los sudamericanos.

Esto, señor Alcal­de, se lla­ma corrup­ción y racismo.

A mi, como madre de Rodri­go, el prin­ci­pal incul­pa­do, se me habla siem­pre del poli­cía heri­do. Cla­ro. Hay una vic­ti­ma gra­ve: hay un poli­cía que que­do para siem­pre en esta­do vege­ta­ti­vo. Pero uste­des, para qui­tar­se la res­pon­sa­bi­li­dad, en vez de inves­ti­gar lo suce­di­do, que es lo que todos siem­pre hemos pedi­do, cam­bia­ron los hechos, calla­ron la pren­sa, cul­pa­ron a los mas débi­les y lue­go pin­ta­ron la situa­ción con boni­tas palabras.

Le dije­ron a la mujer del poli­cía y a sus hijos que fue Rodri­go quien lan­zo una pie­dra (la segun­da ver­sión es de una pie­dra lan­za­da des­de la calle, así podían acu­sar a alguien que detu­vie­ron allí y que no esta­ba en la fies­ta). No les intere­sa que esa mujer sepa la ver­dad, al con­tra­rio, así para ella su dolor tie­ne un ros­tro, mi hijo. Así ella no sabe de la res­pon­sa­bi­li­dad del Ayun­ta­mien­to por la situa­ción de su espo­so. Juga­ron con el dere­cho de ella y de sus hijos a saber la ver­dad, o al menos, a inten­tar saber que sucedió.

A los tres sud­ame­ri­ca­nos se los tuvo dos anos en pri­sión pre­ven­ti­va. Le recuer­do señor Hereu, que hici­mos has­ta una huel­ga de ham­bre para pedir jus­ti­cia. Le recuer­do que pro­me­tió en públi­co reci­bir­me, para lue­go no hacerlo.

Se reali­zó una far­sa de jui­cio, por­que la sen­ten­cia de cul­pa­bles ya esta­ba escri­ta tan­to por usted como por la seño­ra Tura. Se ape­lo al Tri­bu­nal Supre­mo que rati­fi­có la sen­ten­cia. Se pidió un indul­to. Nada.

Los cin­co prin­ci­pa­les acu­sa­dos tenían que entrar a prisión.

Rodri­go ya ha cum­pli­do más de tres años pre­so. Esto le paso a los 21, aho­ra tie­ne 26.

Patri­cia entró en octu­bre a la cár­cel. Salió dos meses des­pués en ter­cer gra­do. Tenía que ir a dor­mir a la cár­cel y tra­ba­jar duran­te el día.

A veces la iba a ver a su tra­ba­jo, me abra­za­ba entu­sias­ta pero me decía lo difí­cil que se le hacía ir a dor­mir a la cár­cel. Ya sé que no le intere­sa, pero igual se lo digo. Patri­cia tenía una mira­da tan trans­pa­ren­te que la ocul­ta­ba entre dos rizos, por­que era un mirar abier­to, de un espí­ri­tu her­mo­so y bueno, pero heri­do y sufrien­te. Patri­cia era un ángel que nece­si­ta­ba sus alas para volar, y uste­des se las cortaron.

Yo pue­do enten­der a los poli­cías que min­tie­ron, acu­san­do a los chi­cos, por­que eran ami­gos del poli­cía heri­do y nece­si­ta­ban des­car­gar su rabia con alguien. Lo podría enten­der, pero no lo acep­to. Lo que no pue­do ni enten­der ni menos acep­tar es pla­ni­fi­car un mon­ta­je para cul­par a ino­cen­tes, lo que hicis­teis voso­tros, los políticos.

Usted la mató, señor Hereu, la mató su cobar­día, su fal­ta de carác­ter y sen­ti­do de la jus­ti­cia, su inmo­ra­li­dad como polí­ti­co repre­sen­tan­te de todos noso­tros des­de su pro­te­gi­do ministerio.

La mató Mon­tse­rrat Tura, por los mis­mos motivos.

Es cul­pa­ble de su muer­te tam­bién Joan Clos, que no hizo nada ni fue al jui­cio para rati­fi­car lo que ya había dicho: que las acu­sa­cio­nes eran falsas.

Tam­bién son cul­pa­bles de su muer­te la Jue­za de Ins­truc­ción Car­men Gar­cía Mar­ti­nes, los jue­ces de la Audien­cia Pro­vin­cial Jesús Barrien­tos Pacho, Car­los Mir Puig y Jesús Nava­rro Mora­les y los jue­ces del Tri­bu­nal Supre­mo D. Adol­fo Pre­go de Oli­ver y Toli­var, D. Per­fec­to Andrés Ibá­ñez, D. José Ramón Soriano Soriano, D. Manuel Mar­che­na Gómez, D. Luis-Román Puer­ta Luis.

Todos voso­tros matas­teis a Patri­cia, y yo no se los per­do­na­ré jamas.

Los des­pre­cio por­que sois corrup­tos y mal­va­dos, y les ten­go lás­ti­ma por­que no lle­gáis ni a la som­bra de Patri, ni de mi hijo Rodri­go, ni de nin­guno de estos chi­cos y chi­cas acu­sa­dos y cas­ti­ga­dos tan injustamente.

Habéis tra­ta­do de corrom­per­los a ellos, de hacer­los men­tir con pro­me­sas de liber­tad para pro­bar el mon­ta­je cons­trui­do, pero no lo habéis logrado.

Patri­cia tuvo que volar en la liber­tad de la muerte.

Rodri­go está y segui­rá luchan­do des­de la cár­cel, sien­do, como él dice, libre a pesar de los muros, por­que en el mun­do, aun­que uste­des no lo veáis, aun hay belle­za, amor y valo­res, aun hay per­so­nas que no se dejan ensu­ciar con vues­tra mier­da y que, cada uno en su modo, son libres a pesar de las cárceles.

Y yo, Señor Hereu, no para­ré has­ta que hayáis paga­do vues­tros crí­me­nes, a no ser de que ten­gáis un ápi­ce de huma­ni­dad e inten­téis repa­rar lo irreparable.

Con des­pre­cio,

Maria­na Huidobro


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