La CIA cul­ti­vó hura­ca­nes huma­nos – Saul Lan­dau

Luis Posa­da Carri­les, que ya tie­ne más de 80 años, ha regre­sa­do a Mia­mi como un héroe triun­fan­te des­pués de que un jura­do de El Paso lo decla­ró ino­cen­te de 11 car­gos por men­tir en un for­mu­la­rio de inmi­gra­ción. Es extra­ño que el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia haya pre­sen­ta­do evi­den­cia que mos­tró que Posa­da había orques­ta­do una serie de aten­ta­dos con bom­bas en Cuba en 1997 ‑uno de los cua­les mató a un turis­ta.

Posa­da regre­só a Mia­mi don­de par­ti­ci­pa en la recau­da­ción de fon­dos. Según un fun­cio­na­rio de EE.UU. que soli­ci­tó el ano­ni­ma­to, “Posa­da se ha con­ver­ti­do en un grano en el culo”.

El sín­dro­me del tiro por la cula­ta ha lle­ga­do de nue­vo. En la déca­da de 1960 y prin­ci­pios de la del 70, ofi­cia­les de la CIA tra­ba­ja­ron ínti­ma­men­te con Posa­da, pero a él no le impor­tó hacer dine­ro con otras agen­cias. Pla­neó accio­nes de terro­ris­mo y simul­tá­nea­men­te denun­ció a sus cola­bo­ra­do­res. El 14 de octu­bre de 1976, un memo de la CIA des­de Cara­cas repor­ta­ba que “unos pocos días des­pués de una cena para recau­dar fon­dos, a Posa­da le escu­cha­ron decir ‘vamos a ata­car un avión cubano (en el vue­lo 455 de Cuba­na esta­lla­ron bom­bas)’ y que ‘Orlan­do Bosch cono­ce los deta­lles’.”

Un memo del 26 de noviem­bre de 1976 envia­do por la CIA al FBI decla­ra­ba que “Posa­da fue usa­do tam­bién como fuen­te de infor­ma­ción con refe­ren­cia a los exi­lia­dos cuba­nos”. El memo afir­ma­ba que “Posa­da repor­ta­ba a la Agen­cia y más tar­de al FBI acer­ca de su par­ti­ci­pa­ción en las acti­vi­da­des de este gru­po (RECE – Resis­ten­cia Cuba­na en el Exi­lio) y sub­si­guien­te­men­te de otros gru­pos cuba­nos a los que esta­ba afi­lia­do”.

En mi fil­me Por favor, que el ver­da­de­ro terro­ris­ta se pon­ga de pie, Ann Bar­dach (”Líder del Exi­lio Cubano Acu­sa­do con Otros 7 de Cons­pi­ra­ción”, NY Times, 13 de julio de 1998), lle­gó a la con­clu­sión a par­tir de entre­vis­tas a fun­cio­na­rios de la segu­ri­dad nacio­nal que la Agen­cia sabía que Posa­da iba a ata­car a un avión comer­cial cubano y no hizo por evi­tar­lo ni infor­mó al gobierno cubano. Más de tres déca­das des­pués, el gobierno de EE.UU. usó su evi­den­cia acer­ca de las acti­vi­da­des terro­ris­tas de Posa­da para demos­trar que este había men­ti­do en un for­mu­la­rio de inmi­gra­ción. Acu­sar­lo de terro­ris­mo o depor­tar­lo a Vene­zue­la para ser juz­ga­do por el sabo­ta­je al avión pudie­ra pro­vo­car que Posa­da reve­la­ra “secre­tos de fami­lia”

Los fun­cio­na­rios del Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia se retor­cie­ron las manos preo­cu­pa­dos. Exi­lia­dos cuba­nos geriá­tri­cos de dere­cha salu­da­ron el retorno triun­fal a la Repú­bli­ca Autó­no­ma de Mia­mi.

Sin embar­go, la iro­nía de lata se con­vir­tió en una peli­gro­sa alea­ción. Posa­da recau­dó dine­ro pro­ve­nien­te de cuba­nos ricos que pen­sa­ban que la vio­len­cia les devol­ve­ría el poder y la pro­pie­dad per­di­dos en la isla. La CIA y el FBI le paga­ron dine­ro extra para que dela­ta­ra a sus bene­fac­to­res del exi­lio, como Jor­ge Mas Cano­sa.

Los que lo hon­ran nie­gan que él haya rea­li­za­do los hechos por los que lo hon­ran. Como dijo Posa­da en una cena cuan­do le pre­gun­ta­ron acer­ca de la ver­dad de las acu­sa­cio­nes de sus ata­ques con bom­bas: “Sin comen­ta­rio”. Lue­go citó al Gene­ral Anto­nio Maceo: “La liber­tad no se men­di­ga. Se con­quis­ta con el filo del mache­te”.

Los octo­ge­na­rios segui­do­res aplau­die­ron. A su edad, raras veces se recha­za una opor­tu­ni­dad para comer, beber y cele­brar ‑cual­quier cosa.

En la isla, los vie­jos cuba­nos cele­bra­ron su vic­to­ria en Bahía de Cochi­nos. Aun­que la nación sufría pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, al menos los líde­res podían brin­dar ale­gre­men­te por 52 años de des­obe­dien­cia a Washing­ton.

Rie­ron acer­ca el éxi­to de Fidel en “expor­tar los enemi­gos de Cuba al adver­sa­rio mayor”. Sí, algu­nos ciu­da­da­nos úti­les tam­bién huye­ron, pero el éxo­do masi­vo per­mi­tió a Cuba sem­brar tam­bién a un buen núme­ro de agen­tes de la segu­ri­dad del esta­do (infil­tra­dos).

Ani­ma­dos por la CIA en la déca­da de 1960, los vio­len­tos cuba­nos anti­cas­tris­tas se con­vir­tie­ron en un pro­ble­ma ‑y lo siguen sien­do- para la socie­dad nor­te­ame­ri­ca­na. Al hacer­se cóm­pli­ce del terro­ris­mo entre­nan­do a miles de exi­lia­dos en la vio­len­cia con­tra Cuba, la CIA tam­bién legi­ti­mó el terro­ris­mo en casa.

En la déca­da de 1960, exi­lia­dos cuba­nos apo­ya­dos por la CIA rea­li­za­ron miles de misio­nes de sabo­ta­je con­tra su anti­gua patria. Algu­nos tra­ta­ron de ase­si­nar a Fidel y demos­tra­ron una gran voca­ción para esa “tarea”. Tam­bién ata­ca­ron a sus crí­ti­cos en Mia­mi y otros luga­res –con bom­bas y armas de fue­go.

Nixon no tuvo en cuen­ta la tóxi­ca incon­sis­ten­cia que sur­gió de su cul­ti­vo de terro­ris­tas. En 1971, EE.UU. fir­mó la Con­ven­ción para la Supre­sión de Actos ile­ga­les con­tra la Segu­ri­dad de la Avia­ción Civil. El Artícu­lo 7 de ese docu­men­to dice: “El Esta­do Fir­man­te, en el terri­to­rio en el cual se encuen­tra el supues­to infrac­tor, si no lo extra­di­ta esta­rá obli­ga­do, sin excep­ción algu­na y a pesar de que el deli­to no se haya come­ti­do en su terri­to­rio, a some­ter el caso a las auto­ri­da­des com­pe­ten­tes con el pro­pó­si­to de pro­ce­sar­lo”.

Sin embar­go, sur­gió una excep­ción. En enero de 1965, Bosch había lan­za­do bom­bas de fos­fo­ro a un cen­tral azu­ca­re­ro cubano. Él expli­có a la pren­sa: “Si tuvié­ra­mos los recur­sos nece­sa­rios, Cuba arde­ría de pun­ta a pun­ta”.

En 1990, Orlan­do Bosch, el coau­tor jun­to con Posa­da del sabo­ta­je al avión, se libró de ser pro­ce­sa­do en Vene­zue­la al obte­ner una amnis­tía de Papá Bush ‑en con­tra de fuer­tes opi­nio­nes del Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia. Bosch, al igual que Posa­da, se vana­glo­ria de sus haza­ñas en Mia­mi. En 1968 dis­pa­ró una bazu­ca con­tra un bar­co pola­co en el puer­to de Mia­mi; en 1976 él y Posa­da pla­nea­ron el derri­bo del avión cubano, y mata­ron a 73 per­so­nas.

El 10 de noviem­bre de 2001, Bebé Bush advir­tió a los miem­bros de la ONU: “Algu­nos gobier­nos toda­vía se hacen de la vis­ta gor­da con los terro­ris­tas, con la espe­ran­za de que la ame­na­za no les toque. Están erra­dos. Los alia­dos del terror son igual­men­te cul­pa­bles e igual­men­te res­pon­sa­bles”. Pero Bush y sus par­ti­da­rios mia­men­ses en el Con­gre­so no se refe­rían a Bosch y a Posa­da ‑lucha­do­res por la liber­tad, no terro­ris­tas.

Esos hura­ca­nes huma­nos deja­ron una hue­lla de des­truc­ción a su paso ‑cadá­ve­res de ciu­da­da­nos cuba­nos. En 1961, el jefe de la CIA Allen Dulles había adver­ti­do al pre­si­den­te Ken­nedy acer­ca de posi­bles con­se­cuen­cias si se abor­ta­ba la inva­sión a Bahía de Cochi­nos. Los 1 500 exi­lia­dos cuba­nos entre­na­dos en Gua­te­ma­la podrían con­ver­tir­se en un “pro­ble­ma de des­ac­ti­va­ción”. Aho­ra, con más de 80 años, Posa­da y Bosch son epí­to­mes de ese aprie­to; no cul­ti­ven basu­ra a no ser que ten­gan un dis­po­si­ti­vo para des­ha­cer­se de la basu­ra.

Saul Lan­dau, miem­bro del Ins­ti­tu­to para Estu­dios de Polí­ti­ca aca­ba de ter­mi­nar Por favor, que el ver­da­de­ro terro­ris­ta se pon­ga de pie, fil­me dis­po­ni­ble por medio de cine­ma libre stu­dio.

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