Capi­ta­lis­mo y lucha de cla­ses- James Petras

Intro­duc­ción

La lucha de cla­ses sigue desem­pe­ñan­do un papel cen­tral en el pro­ce­so de acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta, si bien adop­ta for­mas dife­ren­tes en fun­ción del con­tex­to socio­eco­nó­mi­co. Para car­to­gra­fiar el des­plie­gue de la lucha de cla­ses es pre­ci­so espe­ci­fi­car algu­nos con­cep­tos fun­da­men­ta­les rela­cio­na­dos con (a) las diver­sas con­di­cio­nes y los sec­to­res domi­nan­tes del capi­tal en la eco­no­mía glo­bal, (b) la natu­ra­le­za de la lucha de cla­ses, © los prin­ci­pa­les pro­ta­go­nis­tas de las luchas de cla­ses, (d) la natu­ra­le­za de las rei­vin­di­ca­cio­nes que hace y (e) las luchas masi­vas.

La acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta se desa­rro­lla siguien­do una pau­ta muy des­igual, lo que tie­ne con­se­cuen­cias impor­tan­tes sobre la natu­ra­le­za e inten­si­dad de la lucha de cla­ses. Ade­más, las reac­cio­nes con­cre­tas de los tra­ba­ja­do­res y, sobre todo, del Esta­do capi­ta­lis­ta hacia la situa­ción gene­ral de la eco­no­mía han dado for­ma al gra­do de inten­si­fi­ca­ción de la lucha de cla­ses y de la ofen­si­va de los dos «polos» prin­ci­pa­les (capi­tal y mano de obra).

Acla­ra­cio­nes con­cep­tua­les

Al ana­li­zar el capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo, la dife­ren­cia más lla­ma­ti­va resi­de en tres situa­cio­nes radi­cal­men­te dis­tin­tas del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, que corres­pon­den a los paí­ses que expe­ri­men­tan (a) altas tasas de cre­ci­mien­to, (b) estan­ca­mien­to y © una cri­sis pro­fun­da.

Los paí­ses capi­ta­lis­tas con tasas de cre­ci­mien­to ele­va­das se divi­den con cla­ri­dad entre los que (a) viven del auge de las mate­rias pri­mas y son expor­ta­do­res sobre todo de pro­duc­tos agra­rios y recur­sos ener­gé­ti­cos y mine­ros, situa­dos en su mayo­ría en Áfri­ca y Amé­ri­ca Lati­na o (b) son expor­ta­do­res de manu­fac­tu­ras, fun­da­men­tal­men­te en Asia (Chi­na, India y Corea del Sur).

Las cri­sis eco­nó­mi­cas se pue­den cla­si­fi­car, a su vez, en tres gru­pos.

    • (a) Las de las eco­no­mías de recu­pe­ra­ción rápi­da, entre las que se encuen­tran las de Ale­ma­nia y los paí­ses nór­di­cos que, des­pués de caer en pica­do has­ta cifras de cre­ci­mien­to nega­ti­vo han aumen­ta­do las expor­ta­cio­nes indus­tria­les y cre­cen con rapi­dez des­de 2010.
    • (b) Las de las eco­no­mías de recu­pe­ra­ción len­taestan­ca­das, a las que per­te­ne­cen las de Esta­dos Uni­dos, Gran Bre­ta­ña, Fran­cia e Ita­lia, que han toca­do fon­do, han recu­pe­ra­do los bene­fi­cios, sobre todo en el sec­tor finan­cie­ro, pero han hecho pocos o nin­gún pro­gre­so en la reduc­ción del des­em­pleo, el aumen­to de la pro­duc­ción de manu­fac­tu­ras y el cre­ci­mien­to gene­ral.
    • © Las cri­sis eco­nó­mi­cas pro­lon­ga­das y pro­fun­das, como las de Por­tu­gal, Espa­ña, Gre­cia, los paí­ses bál­ti­cos y los bal­cá­ni­cos, que están en quie­bra, don­de el des­em­pleo ha alcan­za­do cifras de dos dígi­tos (entre el 15 y el 20 por cien­to) y el cre­ci­mien­to es nega­ti­vo. Arras­tran una car­ga de deu­da muy fuer­te y están implan­tan­do pro­gra­mas de aus­te­ri­dad estric­tos con­ce­bi­dos para pro­lon­gar su depre­sión eco­nó­mi­ca en los pró­xi­mos años.

Exac­ta­men­te igual que hay pau­tas des­igua­les de desa­rro­llo capi­ta­lis­ta, tam­bién las hay con rela­ción a la lucha de cla­ses. Hay varios con­cep­tos fun­da­men­ta­les que es pre­ci­so tener en cuen­ta para ana­li­zar la lucha de cla­ses.

En pri­mer lugar, hay que apre­ciar la dis­tin­ción entre lucha «de cla­ses» y lucha «masi­va». En Amé­ri­ca Lati­na hay muchos ejem­plos de luchas mul­ti­sec­to­ria­les, de tra­ba­ja­do­res, cam­pe­si­nos o emplea­dos del sec­tor públi­co enca­be­za­das por orga­ni­za­cio­nes enrai­za­das en cla­ses socia­les. A veces, esos movi­mien­tos de cla­se se con­vier­ten en «luchas masi­vas» que incor­po­ran a otros gru­pos hete­ro­gé­neos (ven­de­do­res ambu­lan­tes, tra­ba­ja­do­res autó­no­mos, etc.). Las revuel­tas ára­bes actua­les son, en su mayo­ría, luchas masi­vas que, en tér­mi­nos gene­ra­les, care­cen de orga­ni­za­cio­nes o lide­raz­go de cla­se o, en algu­nos casos, están enca­be­za­das por «orga­ni­za­cio­nes juve­ni­les» o «reli­gio­sas».

En segun­do lugar, hay una dife­ren­cia entre luchas de cla­ses «ofen­si­vas» y «defen­si­vas», en las que las orga­ni­za­cio­nes luchan por ampliar sus dere­chos socia­les y ele­var los sala­rios o com­ba­ten para pre­ser­var o limi­tar las pér­di­das sala­ria­les o de poder adqui­si­ti­vo.

La lucha de cla­ses es una acti­vi­dad que se libra en dos sen­ti­dos: mien­tras que los tra­ba­ja­do­res y otras cla­ses explo­ta­das luchan des­de aba­jo, las cla­ses gober­nan­tes y sus Esta­dos enta­blan la lucha de cla­ses des­de arri­ba para incre­men­tar sus bene­fi­cios, la pro­duc­ti­vi­dad y el poder.

La lucha de cla­ses adop­ta diver­sas for­mas. La mayo­ría de las luchas de cla­ses de nues­tros días son por «cues­tio­nes eco­nó­mi­cas», inclui­da la de recla­mar una par­te cada vez mayor de la ren­ta nacio­nal. Hace media déca­da, por toda Amé­ri­ca Lati­na, como suce­de hoy en los paí­ses ára­bes, la lucha de cla­ses o de masas era prin­ci­pal­men­te polí­ti­ca, libra­da para derro­car a los gobier­nos neo­li­be­ra­les opre­si­vos y repre­si­vos.

Per­tre­cha­dos con estos con­cep­tos, pode­mos pasar a ana­li­zar la rela­ción entre paí­ses y regio­nes en cri­sis o en cre­ci­mien­to de dife­ren­te gra­do y su rela­ción con los dife­ren­tes gra­dos y tipos de lucha de cla­ses.

Desa­rro­llo dis­par y lucha de cla­ses

Los paí­ses que gozan de ele­va­das tasas de cre­ci­mien­to, ya sea en Asia apo­yán­do­se en las manu­fac­tu­ras o en Amé­ri­ca Lati­na gra­cias al auge de la expor­ta­ción de recur­sos agra­rios y mine­ros, viven una lucha de cla­ses eco­nó­mi­ca cada vez más ofen­si­va por el repar­to de un peda­zo mayor de la tar­ta del cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co. En Chi­na, por las pre­sio­nes ema­na­das des­de aba­jo, los sala­rios han expe­ri­men­ta­do en la últi­ma déca­da (1) un incre­men­to supe­rior al 10 por cien­to y, en algu­nas regio­nes, al 20 por cien­to, mien­tras que en Amé­ri­ca Lati­na, los tra­ba­ja­do­res de Boli­via y otros luga­res exi­gen más del 10 por cien­to. (2) En bue­na medi­da, las tasas de cre­ci­mien­to ele­va­das van acom­pa­ña­das de una infla­ción (3) que dete­rio­ra los incre­men­tos nomi­na­les con­ce­di­dos por el Esta­do y los emplea­do­res. Resul­tan espe­cial­men­te pro­vo­ca­ti­vos los aumen­tos acu­sa­dos del pre­cio de los ali­men­tos bási­cos, la ener­gía y el trans­por­te, que inci­den direc­ta­men­te en la vida coti­dia­na de los tra­ba­ja­do­res.

Una de las seña­les más pro­me­te­do­ras del avan­ce de la lucha de cla­ses son las con­quis­tas socio­eco­nó­mi­cas reales y sus­tan­cia­les obte­ni­das por los tra­ba­ja­do­res en Amé­ri­ca Lati­na duran­te la pasa­da déca­da . En Argen­ti­na, el des­em­pleo ha des­cen­di­do de más del 20 por cien­to a menos del 7 por cien­to, los sala­rios reales han aumen­ta­do más de un 15 por cien­to, el sala­rio míni­mo, las pen­sio­nes y las cober­tu­ras médi­cas han aumen­ta­do sus­tan­cial­men­te y la afi­lia­ción sin­di­cal tam­bién se ha incre­men­ta­do. A menor esca­la se han pro­du­ci­do pro­ce­sos simi­la­res en Bra­sil: el des­em­pleo ha caí­do des­de el 10 por cien­to has­ta el 6,5 por cien­to (mar­zo de 2011), el sala­rio míni­mo ha aumen­ta­do más de un 50 por cien­to en los últi­mos 8 años y varios cen­te­na­res de gran­des fin­cas han sido ocu­pa­das y expro­pia­das gra­cias a la acción direc­ta del Movi­mien­to de los Sin Tie­rra. Mien­tras que la polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria social ha decaí­do en Amé­ri­ca Lati­na des­de media­dos de la déca­da de 2000, la lucha de cla­ses eco­nó­mi­ca ha con­se­gui­do arran­car refor­mas sus­tan­cia­les que mejo­ran los medios de vida de la cla­se tra­ba­ja­do­ra e impo­nen algu­nas res­tric­cio­nes a la explo­ta­ción rapaz de la mano de obra por par­te del libe­ra­lis­mo, en mar­ca­do con­tras­te con lo que está suce­dien­do en la Amé­ri­ca angló­fo­na y Euro­pa meri­dio­nal.

En los estan­ca­dos paí­ses impe­ria­les «desa­rro­lla­dos», el Esta­do se ha dedi­ca­do a des­car­gar la tota­li­dad del cos­te de la «recu­pe­ra­ción» sobre las espal­das de los tra­ba­ja­do­res y los emplea­dos públi­cos a base de redu­cir pues­tos de tra­ba­jo, sala­rios y pres­ta­cio­nes socia­les, mien­tras los ban­que­ros y las éli­tes empre­sa­ria­les se enri­que­cen. Esta­dos Uni­dos, Ingla­te­rra y Fran­cia han sido tes­ti­gos de una pun­zan­te ofen­si­va de cla­se des­de arri­ba que, ante la débil opo­si­ción de unos apa­ra­tos sin­di­ca­les men­gua­dos y buro­cra­ti­za­dos, ha inver­ti­do en bue­na medi­da el cur­so de muchas con­quis­tas socia­les ante­rio­res de los tra­ba­ja­do­res. (4) En esen­cia, las luchas de los tra­ba­ja­do­res son defen­si­vas y tra­tan de limi­tar los retro­ce­sos, pero care­cen de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca para con­tra­ata­car las medi­das pre­su­pues­ta­rias reac­cio­na­rias que recor­tan los pro­gra­mas socia­les y redu­cen los impues­tos a los ricos, con lo que han ensan­cha­do las des­igual­da­des de cla­se.

Las luchas de cla­se más inten­sas han teni­do lugar en los paí­ses que sufren la cri­sis eco­nó­mi­ca con mayor pro­fun­di­dad, a saber: Gre­cia, Espa­ña, Irlan­da y Por­tu­gal. Allí, la cla­se gober­nan­te ha inver­ti­do el cur­so de medio siglo de con­quis­tas socia­les y sala­ria­les en el lap­so de tres años con el fin de cum­plir con los cri­te­rios de los ban­que­ros occi­den­ta­les y el FMI. La ofen­si­va de cla­se des­de arri­ba enca­be­za­da por el Esta­do ha reci­bi­do por res­pues­ta una serie de huel­gas gene­ra­les, mani­fes­ta­cio­nes muy con­cu­rri­das y doce­nas de pro­tes­tas, sin éxi­to nin­guno. (5) La éli­te esta­tal-empre­sa­rial, enca­be­za­da en la mayo­ría de los casos por polí­ti­cos social­de­mó­cra­tas, ha pri­va­ti­za­do empre­sas públi­cas, redu­ci­do millo­nes de empleos públi­cos, ele­va­do el des­em­pleo a cotas his­tó­ri­cas (20 por cien­to en Espa­ña, 15 por cien­to en Gre­cia y 13 por cien­to en Por­tu­gal e Irlan­da) y cana­li­za­do dece­nas de miles de millo­nes de dóla­res para pagar la deu­da. (6)

La cla­se domi­nan­te ha apro­ve­cha­do la cri­sis como arma para redu­cir cos­tes labo­ra­les, lo que ha trans­fe­ri­do ren­tas al 5 por cien­to más rico de la pirá­mi­de social y aumen­ta­do la pro­duc­ti­vi­dad sin reac­ti­var el con­jun­to de la eco­no­mía. El PNB sigue sien­do «nega­ti­vo» para el futu­ro a cor­to pla­zo, mien­tras que la aus­te­ri­dad debi­li­ta la deman­da nacio­nal y el pago de la deu­da soca­va las inver­sio­nes loca­les para reac­ti­var la eco­no­mía.

La cri­sis polí­ti­ca de los regí­me­nes ára­bes clien­tes, ren­tis­tas, autó­cra­tas y corrup­tos se mani­fies­ta en los movi­mien­tos demo­crá­ti­cos popu­la­res masi­vos, a la ofen­si­va, que han derro­ca­do a los gobier­nos de Egip­to y Túnez, para empe­zar, y están desa­fian­do al apa­ra­to esta­tal pro impe­rial. (7) En Egip­to y Túnez, las auto­cra­cias pro impe­ria­les fue­ron depues­tas, pero los nue­vos regí­me­nes demo­crá­ti­cos popu­la­res que son refle­jo de los nue­vos pro­ta­go­nis­tas masi­vos del cam­bio polí­ti­co toda­vía tie­nen que tomar el poder. En el res­to del mun­do ára­be, las revuel­tas gene­ra­li­za­das de Yemen, Bah­rein, Arge­lia, Jor­da­nia, Siria y otros luga­res se han mani­fes­ta­do con dure­za con­tra las auto­cra­cias impe­ria­les arma­das levan­tan­do el fan­tas­ma de los cam­bios demo­crá­ti­cos y socio­eco­nó­mi­cos.

Las poten­cias impe­ria­les esta­dou­ni­den­se y de la Unión Euro­pea, des­pre­ve­ni­das en un prin­ci­pio, se han lan­za­do al con­tra­ata­que inter­vi­nien­do en Libia, res­pal­dan­do a la jun­ta mili­tar en Egip­to y tra­tan­do de impo­ner «nue­vos» regí­me­nes cola­bo­ra­cio­nis­tas para impe­dir una tran­si­ción demo­crá­ti­ca. (8) La lucha de masas, influi­da por fuer­zas islá­mi­cas y secu­la­res, tie­nen un pro­gra­ma defi­ni­do de recha­zo del sta­tu quo pero, como care­cen de lide­raz­go de cla­se, no han sido capa­ces de plan­tear una estruc­tu­ra polí­ti­co-eco­nó­mi­ca alter­na­ti­va más allá de las vagas nocio­nes de «demo­cra­cia». (9)

En resu­men, el cre­ci­mien­to acom­pa­ña­do de un rápi­do incre­men­to de la ren­ta nacio­nal y el rena­cer de la infla­ción ha pro­pi­cia­do mucho más la lucha de cla­ses ofen­si­va des­de aba­jo que la «cri­sis» o el «estan­ca­mien­to» que, en el mejor de los casos, ha ido acom­pa­ña­do de luchas «defen­si­vas» o de reta­guar­dia. En par­te, la teo­ría de la «pri­va­ción rela­ti­va» pare­ce ajus­tar­se a la idea de la inten­si­fi­ca­ción de la lucha de cla­ses, sal­vo que el tipo de lucha es prin­ci­pal­men­te «eco­no­mi­cis­ta» y no tan­to con­tra el Esta­do per se. Ade­más, los méto­dos de lucha sue­len ser huel­gas para recla­mar aumen­tos sala­ria­les. Este deta­lle es más evi­den­te en Argen­ti­na, Bra­sil, Chi­le y Perú, don­de se han pro­du­ci­do enfren­ta­mien­tos inten­sos en torno a exi­gen­cias eco­no­mi­cis­tas muy limi­ta­das. La excep­ción son las luchas indí­ge­nas basa­das en comu­ni­da­des de Perú y Ecua­dor con­tra el Esta­do y la explo­ta­ción y con­ta­mi­na­ción de tie­rras, aire y agua por par­te de com­pa­ñías mine­ras extran­je­ras.

En todo caso, es pre­ci­so hacer varias sal­ve­da­des. La lucha obre­ra en Boli­via, que ha expe­ri­men­ta­do un auge y cre­ci­mien­to muy diná­mi­cos de las expor­ta­cio­nes de recur­sos agra­rios y mine­ros, ha con­vo­ca­do una huel­ga gene­ral de diez días por los sala­rios (del 6 al 16 de abril de 2011). (10) La exten­sión de la huel­ga en el tiem­po ha con­ver­ti­do en «polí­ti­cas» algu­nas cues­tio­nes plan­tea­das en torno a la auto­ri­dad del gobierno de Mora­les en algu­nos sec­to­res. En par­te se debe a que los aumen­tos sala­ria­les los fija el gobierno. Según la prin­ci­pal orga­ni­za­ción sin­di­cal (COB), los aumen­tos plan­tea­dos por el gobierno que­da­ban por deba­jo de la subi­da de los pre­cios de la ces­ta de la com­pra de ali­men­tos bási­cos para las fami­lias. Por tan­to, lo que empe­zó sien­do una lucha eco­nó­mi­ca se aca­bó poli­ti­zan­do. Asi­mis­mo, en el caso de Perú, con una eco­no­mía de expor­ta­ción de recur­sos mine­ra­les muy acti­va, el gobierno neo­li­be­ral de Gar­cía ha teni­do que hacer fren­te a rei­vin­di­ca­cio­nes eco­nó­mi­cas y eco­ló­gi­cas muy inci­si­vas de los mine­ros y las comu­ni­da­des indí­ge­nas. Duran­te la cam­pa­ña de las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de 2011, la lucha ha adqui­ri­do un mar­ca­do tin­te polí­ti­co cuan­do gran varie­dad de votan­tes de la cla­se obre­ra y cam­pe­si­na ha apo­ya­do a la can­di­da­ta de cen­tro-izquier­da, Huma­la. (11) En los paí­ses con tasas de cre­ci­mien­to ele­va­das depen­dien­tes de gran­des empre­sas mine­ras de titu­la­ri­dad extran­je­ra y con comu­ni­da­des indí­ge­nas impor­tan­tes, el con­flic­to de cla­se se ha dado cita con deman­das eco­ló­gi­cas, de cla­se, nacio­na­lis­tas y étni­cas.

Dicho de otro modo, la dife­ren­cia­ción expues­ta más arri­ba entre luchas de cla­ses ofen­si­vas o defen­si­vas y eco­nó­mi­cas o polí­ti­cas son varia­bles, pues sufren cam­bios a medi­da que la lucha y su con­tex­to varían.

La espec­ta­cu­lar inten­si­fi­ca­ción de la lucha de cla­ses en Chi­na, con su alta tasa de cre­ci­mien­to, refle­ja la cada vez mayor esca­sez en las regio­nes del lito­ral, los inmen­sos bene­fi­cios obte­ni­dos por una nue­va cla­se de mul­ti­mi­llo­na­rios, la inten­sa explo­ta­ción de la mano de obra y la apa­ri­ción de una «nue­va gene­ra­ción» de mano de obra joven que tie­ne más opcio­nes que tra­ba­jar en una «úni­ca fac­to­ría». (12) La «socia­li­za­ción» de las gran­des con­cen­tra­cio­nes de tra­ba­ja­do­res en gran­des fábri­cas, muy cer­ca unos de otros, faci­li­ta la acción colec­ti­va. La agu­di­za­ción de las des­igual­da­des, sobre todo ante el cre­ci­mien­to ace­le­ra­do de los más ricos vin­cu­la­do a la corrup­ción de los car­gos públi­cos y ante la fal­ta de res­pues­ta de unos sin­di­ca­lis­tas con­tro­la­dos por el Esta­do, ha dado pie a la acción direc­ta «espon­tá­nea» de cla­se. (13) El impac­to radi­ca­li­za­dor cau­sa­do por la infla­ción que­da de mani­fies­to en el esta­lli­do de una huel­ga masi­va de camio­ne­ros en el puer­to más gran­de de Chi­na, el de Baoshan, en Shanghai: los tra­ba­ja­do­res pro­tes­ta­ban por el aumen­to del pre­cio del com­bus­ti­ble y las tasas por­tua­rias. Según una infor­ma­ción, «las auto­ri­da­des chi­nas han adver­ti­do que la esca­la­da de pre­cios, la infla­ción galo­pan­te y la corrup­ción de los car­gos públi­cos plan­tean la ame­na­za más impor­tan­te para el gobierno del Par­ti­do Comu­nis­ta (The Finan­cial Times, 23 y 24 de abril de 2011, p. 1).

Las luchas sin­di­ca­les con orien­ta­ción polí­ti­ca han pasa­do a ocu­par un pri­mer plano hace poco en Vene­zue­la, don­de el gobierno de Chá­vez ha resal­ta­do la «satis­fac­ción de los tra­ba­ja­do­res» de la «revo­lu­ción socia­lis­ta boli­va­ria­na». El hecho ha ani­ma­do a los tra­ba­ja­do­res a con­vo­car huel­gas en empre­sas pri­va­das para recla­mar la expro­pia­ción de los capi­ta­lis­tas intran­si­gen­tes y cam­bios en la direc­ción de empre­sas públi­cas don­de se sus­ti­tu­ya a tec­nó­cra­tas y buró­cra­tas por tra­ba­ja­do­res. (14)

La lucha de cla­se menos desa­rro­lla­da es la de los «estan­ca­dos» Esta­dos Uni­dos. La mez­cla de baja den­si­dad sin­di­cal (el 93 por cien­to de los tra­ba­ja­do­res del sec­tor pri­va­do no está sin­di­ca­do), legis­la­ción labo­ral muy repre­si­va y direc­ción sin­di­cal enri­que­ci­da y auto­per­pe­tua­da en sus car­gos y abso­lu­ta­men­te depen­dien­te del capi­ta­lis­mo del Par­ti­do Demó­cra­ta inhi­be el cre­ci­mien­to de la con­cien­cia de cla­se, excep­tuan­do «bol­sas» de resis­ten­cia muy loca­les. (15) La ero­sión ace­le­ra­da de los sala­rios se ha uni­do a la inten­si­fi­ca­ción de la explo­ta­ción (menos tra­ba­ja­do­res para ele­var la pro­duc­ción) y a la des­truc­ción de los últi­mos ves­ti­gios de la pro­tec­ción social (cober­tu­ras socia­les y asis­ten­cia sani­ta­ria para la pobla­ción mayor de 65 años). (16)

Se podría repli­car que la ren­ta per cápi­ta alta no es por si sola un moti­vo sufi­cien­te para pre­su­po­ner el debi­li­ta­mien­to de la lucha de cla­ses, pues­to que en Fran­cia e Ita­lia ha habi­do más huel­gas gene­ra­les que en Ingla­te­rra aun cuan­do la ren­ta per cápi­ta sea más ele­va­da. Lo fun­da­men­tal son los víncu­los ins­ti­tu­cio­na­les entre, por una par­te, sin­di­ca­tos y par­ti­dos labo­ris­tas o social­de­mó­cra­tas y, por otra, la libre cons­ti­tu­ción de asam­bleas de tra­ba­ja­do­res en empre­sas y cen­tros de tra­ba­jo. En Esta­dos Uni­dos y el Rei­no Uni­do, el estan­ca­mien­to y la reac­ción guar­dan rela­ción con la subor­di­na­ción de los tra­ba­ja­do­res a los par­ti­dos demó­cra­tas o social­de­mó­cra­tas neo­li­be­ra­les; mien­tras que en Fran­cia e Ita­lia los sin­di­ca­tos man­tie­nen lazos más estre­chos con las asam­bleas de las fábri­cas y con­ser­van un mayor gra­do de auto­no­mía de cla­se. (17)

Dicho de otro modo: no hay nin­gu­na regla ina­mo­vi­ble que vin­cu­le deter­mi­na­das for­mas de lucha de cla­ses con el dina­mis­mo o estan­ca­mien­to de la eco­no­mía; lo que es pre­ci­so tener en cuen­ta es el gra­do de orga­ni­za­ción inde­pen­dien­te y de cla­se capaz de ele­var el tono de la lucha en medio de unos cam­bios eco­nó­mi­cos y polí­ti­cos muy volu­bles.

Impe­ria­lis­mo, inter­ca­pi­ta­lis­mo y lucha de cla­ses

Pese a la cri­sis eco­nó­mi­ca de 2007 – 2009, que ha afec­ta­do a la mayo­ría, pero no a la tota­li­dad, de los cen­tros capi­ta­lis­tas neo­li­be­ra­les más impor­tan­tes, la cla­se capi­ta­lis­ta de Euro­pa y Nor­te­amé­ri­ca ha aca­ba­do más fuer­te que nun­ca. Las pos­te­rio­res reco­men­da­cio­nes esta­ble­ci­das por el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal, los prin­ci­pa­les ban­cos cre­di­ti­cios pri­va­dos y los ban­cos cen­tra­les, la tota­li­dad de la car­ga del pago de las deu­das, el défi­cit fis­cal y los des­equi­li­brios comer­cia­les come­ti­dos por los gobier­nos neo­li­be­ra­les, han recaí­do sobre las espal­das de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y asa­la­ria­das. En toda la «peri­fe­ria» de Euro­pa meri­dio­nal y orien­tal se han apli­ca­do medi­das seme­jan­tes de aus­te­ri­dad selec­ti­va para las dis­tin­tas cla­ses socia­les. El resul­ta­do ha sido la rees­truc­tu­ra­ción radi­cal de pen­sio­nes, sala­rios y rela­cio­nes socia­les de pro­duc­ción: el con­jun­to de rela­cio­nes de cla­se con el Esta­do. En con­se­cuen­cia se ha pro­du­ci­do una autén­ti­ca con­tra­rre­vo­lu­ción socio­eco­nó­mi­ca «pací­fi­ca con las urnas» y des­de arri­ba que inten­si­fi­ca la explo­ta­ción de la mano de obra por par­te del capi­tal al tiem­po que con­cen­tra las ren­tas del 10 por cien­to más rico de la pirá­mi­de social.

Ante el aumen­to de la com­pe­ti­ti­vi­dad del BRIC (sobre todo de Chi­na) (18) y los paí­ses indus­tria­li­za­dos de Asia, así como el incre­men­to de los pre­cios de las mate­rias pri­mas, los paí­ses impe­ria­les de Esta­dos Uni­dos y Euro­pa han recu­rri­do a bus­car la «com­pe­ti­ti­vi­dad» a tra­vés de la explo­ta­ción en sus paí­ses, el aumen­to del saqueo de las arcas públi­cas y las gue­rras impe­ria­les.

Sin embar­go, esta com­pe­ten­cia inter­ca­pi­ta­lis­ta está pro­du­cien­do el efec­to con­tra­rio: está aumen­tan­do los ingre­sos de los tra­ba­ja­do­res del BRIC y redu­cien­do el nivel de vida en los núcleos impe­ria­les con­so­li­da­dos. La expli­ca­ción resi­de en que el BRIC invier­te en la eco­no­mía pro­duc­ti­va mien­tras que los cen­tros impe­ria­les des­pil­fa­rran billo­nes de dóla­res en acti­vi­da­des mili­ta­res y espe­cu­la­ti­vas. (19)

Debe­ría­mos hacer una sal­ve­dad en rela­ción con la com­pe­ti­ti­vi­dad entre los paí­ses impe­ria­les y los del BRIC, en la medi­da en que hay milla­res de hilos finan­cie­ros, comer­cia­les, tec­no­ló­gi­cos y manu­fac­tu­re­ros que los vin­cu­lan. Sin embar­go, los con­flic­tos entre las for­ma­cio­nes socia­les son reales, como lo son la natu­ra­le­za de las fisu­ras de cla­se inter­nas y sus dife­ren­tes con­fi­gu­ra­cio­nes. El impe­ria­lis­mo, tal como se ejer­ce hoy día, es una lacra para los avan­ces de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. (20) Por el momen­to, la diná­mi­ca inter­na de las poten­cias eco­nó­mi­cas en ascen­so pare­ce capa­ci­tar­los para finan­ciar el cre­ci­mien­to en el inte­rior a base de expan­dir el comer­cio exte­rior y rea­li­zar con­ce­sio­nes sala­ria­les a las cla­ses tra­ba­ja­do­ras emer­gen­tes que exi­gen un peda­zo mayor del cre­cien­te pas­tel de los ingre­sos.

Con­clu­sión

Aun­que, en apa­rien­cia, hay un decli­ve de la lucha de cla­ses polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria des­de aba­jo, hay poten­cial para que las luchas eco­nó­mi­cas se vuel­van polí­ti­cas a medi­da en que la infla­ción vaya ero­sio­nan­do las con­quis­tas y los diri­gen­tes polí­ti­cos esta­blez­can «orien­ta­cio­nes» rígi­das sobre los pro­gre­sos sala­ria­les. En segun­do lugar, como ilus­tra el caso de Vene­zue­la, los diri­gen­tes polí­ti­cos pue­den crear las con­di­cio­nes que favo­rez­can el paso de la lucha de cla­ses eco­nó­mi­ca a la polí­ti­ca.

La lucha de cla­ses polí­ti­ca más diná­mi­ca en la actua­li­dad ema­na des­de arri­ba: el ata­que sis­te­má­ti­co con­tra los sala­rios, la legis­la­ción social, el empleo y las con­di­cio­nes de tra­ba­jo lan­za­do en Esta­dos Uni­dos, Espa­ña, Gre­cia, Irlan­da, Por­tu­gal, Ingla­te­rra y los Esta­dos bál­ti­cos y bal­cá­ni­cos. Allí la cri­sis eco­nó­mi­ca toda­vía tie­ne que pre­ci­pi­tar revuel­tas masi­vas; en cam­bio, vemos accio­nes defen­si­vas o, inclu­so, huel­gas a gran esca­la que tra­tan de defen­der las con­quis­tas his­tó­ri­cas. Ha sido una lucha des­igual allá don­de la cla­se capi­ta­lis­ta osten­ta influen­cias ins­ti­tu­cio­na­les polí­ti­caseco­nó­mi­cas res­pal­da­das por el pode­río inter­na­cio­nal de los ban­cos y los Esta­dos impe­ria­les. La cla­se tra­ba­ja­do­ra dis­po­ne de muy poca soli­da­ri­dad inter­na­cio­nal com­pa­ra­ble. (21) Las seña­les más valio­sas de la lucha de cla­ses glo­bal se encuen­tran en la acción direc­ta acti­va de la cla­se tra­ba­ja­do­ra lati­no­ame­ri­ca­na y asiá­ti­ca. Sus con­quis­tas eco­nó­mi­cas sos­te­ni­das han supues­to el for­ta­le­ci­mien­to del poder y la orga­ni­za­ción de cla­se. Ade­más, los tra­ba­ja­do­res pue­den ins­pi­rar­se en tra­di­cio­nes revo­lu­cio­na­rias para sen­tar las bases del relan­za­mien­to de un nue­vo pro­yec­to socia­lis­ta. (22) ¿Qué podría hacer esta­llar una anda­na­da de gue­rras de cla­ses polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas des­de aba­jo? La reapa­ri­ción de la infla­ción, la rece­sión y la repre­sión o el ince­san­te aumen­to de los recor­tes podría obli­gar a la mano de obra a actuar de for­ma inde­pen­dien­te y con­tra el Esta­do, la encar­na­ción de este perio­do regre­si­vo.

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Notas

(1) Sobre las luchas de cla­se en Chi­na, véa­se «Wor­kers call the tune», The Finan­cial Times, 22 de febre­ro de 2011, p. 3, así como The Finan­cial Times, 16 de febre­ro de 2011, «Chi­ne­se wages increa­sed 12% bet­ween 2000 – 2009 accor­ding to the ILO».

(2) La Jor­na­da, 8 de abril de 2011; la Cen­tral Obre­ra Boli­via­na exi­gía un incre­men­to sala­rial del 15 por cien­to. En el año 2010, Boli­via alcan­zó la cifra de con­flic­tos más ele­va­da de los últi­mos 41 años, El País, 16 de abril de 2011.

(3) «Emer­ging mar­kets infla­tion sur­ge», The Finan­cial Times, 14 de abril de 2011, p. 1. «Bei­jing poi­sed to let ren­min­bi rise to fight infla­tion», The Finan­cial Times, 17 de abril de 2001, p. 3.

(4) Com­pá­re­se lo publi­ca­do por The New York Times sobre el pre­su­pues­to para el año fis­cal 2012 de Oba­ma los días 13 de abril de 2011 y 14 de abril de 2011. El últi­mo dis­cur­so pre­su­pues­ta­rio sub­ra­ya que los recor­tes de 4 billo­nes de dóla­res en los últi­mos 10 años afec­tan sobre todo a las cober­tu­ras socia­les, una con­ce­sión impor­tan­te a los extre­mis­tas de la dere­cha repu­bli­ca­na.

(5) Los tra­ba­ja­do­res grie­gos han con­vo­ca­do seis huel­gas gene­ra­les entre los años 2009 y 2011. Véa­se el sema­na­rio ate­nien­se DROMOS («La Carre­te­ra») duran­te ese perio­do. Los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les con­vo­ca­ron dos huel­gas en el año 2010. Los por­tu­gue­ses una e Irlan­da, una mani­fes­ta­ción impor­tan­te.

(6) Datos extraí­dos de los infor­mes sobre empleo de los años 2010 y 2011 de la Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal del Tra­ba­jo

(7) Véa­se Al Jazee­ra, en los meses de febre­ro y mar­zo de 2011. Sobre el papel repre­si­vo de la nue­va jun­ta mili­tar, véa­se Al Jazee­ra, 7 de abril de 2011.

(8) Reuters, 14 de febre­ro de 2011. Las manio­bras de Washing­ton entre bam­ba­li­nas para situar como jefe de la jun­ta al anti­guo mili­tar fiel a Muba­rak, el maris­cal de cam­po Tata­wi, son un ejem­plo evi­den­te.

(9) La inca­pa­ci­dad de los movi­mien­tos socia­les ára­bes para tomar el poder del Esta­do es repe­ti­ción de un pro­ble­ma simi­lar pade­ci­do a prin­ci­pios de la déca­da en Amé­ri­ca Lati­na. Véa­se James Petras y Henry Velt­me­yer, Social Move­ments and Sta­te Power (Lon­dres: Plu­to, 2005).

(10) Sobre la huel­ga gene­ral de Boli­via, véa­se «Cen­tral Obre­ra decla­ra huel­ga gene­ral», La Jor­na­da (Ciu­dad de Méxi­co), 8 y 16 de abril de 2011.

(11) Sobre la pri­me­ra ron­da de las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les perua­nas y la gana­do­ra popu­lis­ta de cen­tro-izquier­da Ollan­ta Huma­la, véa­se BBC, «Peru facing pola­ri­zing elec­tion as popu­lists face off», 12 de abril de 2011.

(12) Según una fuen­te, «el aumen­to de los cos­tes de la mano de obra son un pro­ble­ma [en Chi­na]. Hay opor­tu­ni­da­des de empleo en todas par­tes, hay una nece­si­dad mucho menor de emi­grar», The Finan­cial Times, 8 de mar­zo de 2011, p. 22.

(13) Sobre los mul­ti­mi­llo­na­rios chi­nos, véa­se For­bes, mar­zo de 2011. Como con­se­cuen­cia de «un rosa­rio de dispu­tas pro­du­ci­das entre mayo y agos­to [de 2010], los emplea­do­res pade­cie­ron huel­gas y otros pro­ble­mas. La situa­ción des­em­bo­có en aumen­tos de sala­rios nota­bles, un 30 por cien­to de incre­men­to en el fabri­can­te tai­wa­nés de manu­fac­tu­ras Fox­comm» The Finan­cial Times, 16 de febre­ro de 2011, p. 3.

(14) Correo de Ori­no­co, Cara­cas, Vene­zue­la (edi­ción sema­nal en inglés), 3 – 9 de abril de 2010.

(15) La huel­ga gene­ral de los tra­ba­ja­do­res del sec­tor públi­co de Wins­con­sin en mar­zo de 2011 fue la excep­ción a la regla, la pri­me­ra de esta natu­ra­le­za, y fue indu­ci­da por el gober­na­dor repu­bli­cano y por la abo­li­ción efec­ti­va por par­te de la cáma­ra legis­la­ti­va de los dere­chos de nego­cia­ción colec­ti­va. Sal­vo una huel­ga de un día de los sin­di­ca­tos de la exten­sa cos­ta de San Fran­cis­co y unas cuan­tas pro­tes­tas espo­rá­di­cas en otros esta­dos, la fede­ra­ción de tra­ba­ja­do­res esta­dou­ni­den­se AFL-CIO no ha con­vo­ca­do una sola mani­fes­ta­ción públi­ca a esca­la nacio­nal, pre­fi­rien­do más bien depen­der de los miles de millo­nes de dóla­res de finan­cia­ción de los polí­ti­cos demó­cra­tas.

(16) El con­gre­sis­ta Ryan, repu­bli­cano, ha pro­pues­to pri­va­ti­zar la segu­ri­dad social y el pro­gra­ma de aten­ción sani­ta­ria a ancia­nos (Medi­ca­re), así como redu­cir drás­ti­ca­men­te el gas­to de aten­ción sani­ta­ria a los pobres y los dis­ca­pa­ci­ta­dos. El pre­si­den­te Oba­ma res­pon­dió con su ver­sión de recor­tes socia­les regre­si­vos a una esca­la un tan­to menor, pero en idén­ti­ca direc­ción. Véa­se el dis­cur­so de Oba­ma al pue­blo esta­dou­ni­den­se, comu­ni­ca­do de pren­sa de la Casa Blan­ca, 3 de abril de 2011. The New York Times, 14 de abril de 2011, p. 1.

(17) Con­ver­sa­cio­nes con dele­ga­dos sin­di­ca­les y con Luciano Vasa­po­lla, secre­ta­rio del movi­mien­to sin­di­cal mili­tan­te ita­liano «Reto di com­mu­nis­ti», Roma, Ita­lia, 1 de mayo de 2009.

(18) Acró­ni­mo con el que se alu­de a Bra­sil, Rusia, India y Chi­na». (N. del T.)

(19) Sobre el impac­to nega­ti­vo de la finan­cia­li­za­ción del capi­tal y del gas­to mili­tar sobre la eco­no­mía pro­duc­ti­va, véa­se Michael Chos­su­dovsky y Andrew Gavin Marshall, eds., The Glo­bal Eco­no­mic Cri­ses (Mon­treal: Glo­bal Research 2010), espe­cial­men­te los capí­tu­los 3, pp. 72 – 101, y 9, pp. 181 – 211.

(20) Para una expo­si­ción más cla­ra de la rela­ción del impe­ria­lis­mo con la deca­den­cia en el inte­rior de los paí­ses, véa­se James Petras y Morris Mor­ley, Empi­re or Repu­blic? Ame­ri­can Glo­bal Power and Domes­tic Decay (New York: Routled­ge, 1995).

(21) El «Foro Social Mun­dial» y otros «foros de izquier­da» seme­jan­tes son, en esen­cia, oca­sio­nes para que las cla­ses par­lan­tes com­pues­tas por aca­dé­mi­cos y miem­bros de ONG pro­nun­cien dis­cur­sos. En la mayor par­te de los casos, las fun­da­cio­nes y patro­ci­na­do­res les prohí­ben expre­sa­men­te adop­tar una posi­ción polí­ti­ca y, menos aún, orga­ni­zar el apo­yo mate­rial para las luchas de cla­se vigen­tes. Nin­gu­na de las prin­ci­pa­les huel­gas gene­ra­les de la cla­se tra­ba­ja­do­ra de Euro­pa, Amé­ri­ca Lati­na o Asia ha reci­bi­do jamás apo­yo mate­rial de los eter­nos asis­ten­tes a los foros de izquier­da. El decli­ve del inter­na­cio­na­lis­mo obre­ro no ha sido sus­ti­tui­do en modo alguno por las reunio­nes inter­na­cio­na­les de estas fuer­zas dis­pa­res.

(22) Pese a la demo­ni­za­ción de la Revo­lu­ción Cul­tu­ral y social en Chi­na e Indo­chi­na, muchos geren­tes, diri­gen­tes de par­ti­dos polí­ti­cos e, inclu­so, inte­lec­tua­les libe­ra­les son cons­cien­tes de las con­se­cuen­cias de «lle­var dema­sia­do lejos la lucha de cla­ses», y las temen. En Amé­ri­ca Lati­na, el lega­do de pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios ante­rio­res y el ejem­plo de Cuba y Vene­zue­la siguen ejer­cien­do de heren­cia viva para las luchas revo­lu­cio­na­rias.

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