Elec­cio­nes, natu­ra­le­za y colo­nia- Jose Mari Espar­za Zaba­le­gi

Una vez por lo menos /​cada cien años /​suben los cara­jo­nes /​a los esca­ños“.

Las elec­cio­nes, esa fies­ta gran­de –dicen- de la demo­cra­cia, es otra bue­na oca­sión para obser­var nues­tra con­di­ción de pue­blo sub­yu­ga­do. En otro tiem­po, la “natu­ra­le­za nava­rra” equi­va­lía a lo que hoy enten­de­mos por nacio­na­li­dad. Sin tener natu­ra­le­za, no se podía acce­der a los ofi­cios, car­gos, ni bene­fi­cios gene­ra­les. Impo­si­ble que fue­ra regi­dor o alcal­de un no nava­rro. Según el Fue­ro, natu­ral de Nava­rra era “el que fue­re pro­crea­do de padre, o madre natu­ral, habi­tan­te en el dicho Rei­no de Nava­rra”. Ser mera­men­te habi­tan­te o naci­do en Nava­rra, de padres no nava­rros, no con­ce­día natu­ra­le­za. Tras la con­quis­ta, comen­za­ron a ocu­par car­gos y ofi­cios los no nava­rros, lo que fue moti­vo de arduas pro­tes­tas de nues­tras Cor­tes.

Se creó enton­ces la figu­ra de los “natu­ra­li­za­dos” para inten­tar jus­ti­fi­car dichas usur­pa­cio­nes. Pero a pesar de la insis­ten­cia del Rey Cató­li­co, las Cor­tes nava­rras no con­sin­tie­ron dar la natu­ra­le­za al pode­ro­so coro­nel Villal­ba. Los no natu­ra­les eran con­si­de­ra­dos “extran­je­ros”, fue­sen fran­ce­ses, cas­te­lla­nos o ara­go­ne­ses. Y esta situa­ción con­ti­nuó has­ta el siglo XIX. Toda­vía en 1817 las Cor­tes nava­rras nega­ban la natu­ra­le­za, por dos veces, al ita­liano Juan Cam­pión, abue­lo del gran Artu­ro, el que tan­to lus­tre die­ra lue­go a la nacio­na­li­dad.

Con el decli­ve foral, los “extran­je­ros” espa­ño­les fue­ron poco a poco adqui­rien­do dere­chos. Mili­ta­res, fun­cio­na­rios del Esta­do, maes­tros… Sin embar­go, bas­ta ver los ape­lli­dos de nues­tros dipu­tados, alcal­des y con­ce­ja­les, para dar­se cuen­ta que has­ta ayer mis­mo Nava­rra, como las otras tres pro­vin­cias vas­cas, siem­pre ha sido gober­na­da por gen­tes del País.

Pri­mo de Rive­ra y lue­go Fran­co, fue­ron intro­du­cien­do la cos­tum­bre de nom­brar alcal­des cas­te­lla­nos a dedo. Tal vez fue enton­ces cuan­do sur­gió en nues­tros pue­blos la copla: “Que vie­nen de fue­ra /​que traen dos reales /​y al año que vie­ne /​ya son con­ce­ja­les”.

La cla­se polí­ti­ca cas­te­lla­na tuvo cada vez menos pro­ble­mas para enca­ra­mar­se en las ins­ti­tu­cio­nes vas­cas y la lle­ga­da de la demo­cra­cia, digá­mos­lo así, levan­tó el res­to de tra­bas. Sin embar­go, en el país se siguió man­te­nien­do la cos­tum­bre y la dig­ni­dad de que, para ser con­ce­jal de un pue­blo, al menos había que vivir en él.

Con la excu­sa de la “extor­sión terro­ris­ta”, se cam­bió la ley que lo impe­día, y cual­quier espa­ñol pudo ya pre­sen­tar­se en cual­quier pue­blo vas­co. Y debe decir­se así pues­to que, aun­que tam­bién podría ser a la inver­sa, la ley se hizo para lo que se hizo y sólo se ha uti­li­za­do en una direc­ción: la del impe­rio hacia la colo­nia. De pron­to sur­gie­ron polí­ti­cos pro­fe­sio­na­les, sobre todo del PSOE, que comen­za­ron a pre­sen­tar­se allá don­de una bue­na bol­sa de emi­gran­tes podría garan­ti­zar votos. Un Buen para la alcal­día de Irún; otro Buen para la de Ore­re­ta; un segun­dón de UGT alcal­de de Berrio­zar des­pués de inten­tar­lo en Tude­la…

El anti­vas­quis­mo era el gran estri­bo de los arri­bis­tas cas­te­lla­nos. Así se expli­ca que el leo­nés Ala­dino Colín fue­ra el pri­mer por­ta­voz del Gobierno nava­rro que jus­ti­fi­ca­ra por­qué había que dene­gar en Pam­plo­na una emi­so­ra en eus­ke­ra, al tiem­po que el galle­go Mos­que­ra defen­die­ra que el eus­ke­ra no era la len­gua pro­pia de Ála­va. La bur­ga­le­sa Yolan­da Bar­ci­na o el galle­go Rodol­fo Ares son dos ejem­plos extre­mos de ese odio indi­si­mu­la­do a todo lo autóc­tono. Alguno me podrá decir con razón que no fal­tan quie­nes con ocho abo­lo­rios vas­cos harían el mis­mo papel inqui­si­dor, pero eso sólo refuer­za la idea de que, ade­más de los Con­des de Lerín, nece­si­tan la adar­ga cas­te­lla­na.

Aho­ra no tie­nen la excu­sa de la vio­len­cia pero sigue la colo­ni­za­ción: el PP se ha pre­sen­ta­do en todos los pue­blos de Gipuz­koa con 800 “para­cai­dis­tas” de fue­ra del terri­to­rio, y en Biz­kaia con 730. De ahí sal­drán alcal­des y con­ce­ja­les de pue­blos que sólo cono­cen por el mapa. Una per­ver­sión de la demo­cra­cia y una agre­sión a los pue­blos, que tie­nen todo el dere­cho del mun­do a echar a boi­na­zos a esa ban­da de sin­ver­güen­zas. ¿Se ima­gi­na alguien lo que diría la pren­sa madri­le­ña si los vas­cos hicie­ran seme­jan­te des­em­bar­co en una pro­vin­cia espa­ño­la?

Las lis­tas elec­to­ra­les nos ofre­cen tam­bién otras lec­tu­ras. Por ejem­plo, los ape­lli­dos autóc­to­nos de los can­di­da­tos. Ya sé que no es cien­cia exac­ta y que hay Pérez eus­kal­du­nas de vein­te gene­ra­cio­nes, pero la mayor o menor can­ti­dad de ape­lli­dos nava­rros nos ayu­da a reco­no­cer los colec­ti­vos repre­sen­ta­dos. Y es curio­so que los que más defien­den el carác­ter vas­co de Nava­rra, Nabai y Bil­du, son con dife­ren­cia los colec­ti­vos más indí­ge­nas. Les siguen otros gru­pos con bas­tan­te sello autóc­tono (CDN, Par­ti­do Car­lis­ta, Izquier­da-Ezke­rra o Ini­cia­ti­va) y va bajan­do con­si­de­ra­ble­men­te en UPN y PSN, y más en UPYD y DNYD.

Es decir que los par­ti­dos que se dicen más defen­so­res de la nava­rri­dad, de las esen­cias de Nava­rra, etc., son los que tie­nen más recién lle­ga­dos y menos natu­ra­les. Y por supues­to, si se hicie­ra un examen de eus­ke­ra a todos ellos, las dife­ren­cias serían abis­ma­les. Rizan­do el rizo, la defen­sa viru­len­ta que hacen de la Ley de Par­ti­dos los par­ti­dos con más foras­te­ros, exi­gien­do su apli­ca­ción pre­ci­sa­men­te con­tra el sec­tor más autóc­tono de ori­gen y len­gua, ¿no es una for­ma más de cas­te­lla­ni­za­ción, de geno­ci­dio cul­tu­ral y polí­ti­co?

Con­ce­jal a con­ce­jal, car­go a car­go, los con­quis­ta­do­res nos siguen roban­do el país. Es así de sim­ple. Hoy día, el coro­nel Villa­ba sería can­di­da­to al Gobierno de Nava­rra. ¡Qué digo! De hecho, lo es.

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