Pesa­di­lla… – Ingrid Storgen

La sema­na que pasó, pare­ció cosa ‘e man­din­ga* y uno tie­ne moti­vos har­to sufi­cien­tes para preo­cu­par­se. Comen­zó la “man­din­guea­da”** con una gra­ví­si­ma acu­sa­ción que un gru­po de gen­te de izquier­da lan­za­ra con­tra un com­pa­ñe­ro tam­bién de izquier­da, echan­do sobre él un man­to de dudas para algu­nos y de reafir­ma­ción de la soli­da­ri­dad, para otros algu­nos, con ese com­pa­ñe­ro, de tra­yec­to­ria impecable.
Casi que nos está­ba­mos repo­nien­do cuan­do vol­vió la luz y la ver­dad que­dó, como debe estar siem­pre, com­ple­ta­men­te des­nu­da, sin mácu­la y sin peca­do concebida.
Sor­tea­mos el mal rato –que no fue de pocos- nos fui­mos a dor­mir tranquilos.
Por una noche, al menos.
Cosas de la vida con­fir­man que los pue­blos esta­mos con­de­na­dos a pade­cer. Lo que se hace inen­ten­di­ble es que los mache­ta­zos nos lle­guen des­de espa­cios a los que sen­ti­mos nues­tros. Por­que, que nos cas­ti­gue el enemi­go de son­ri­sas y sue­ños jus­tos, bueno, qué otra cosa espe­rar, pero que nos mue­lan a pala­zos los ami­gos ya es otra dife­ren­te y real­men­te me preo­cu­pa muy, pero muy, mucho más.
Ano­che sufrí una pesa­di­lla y me dicen que fue colec­ti­va ¿será que uno no está acos­tum­bra­do a soñar en “mí” sino en “noso­tros”? Lo tene­mos incor­po­ra­do y esta­mos habi­tua­dos a que se digan cosas, a pade­cer­las, a ver­le el ros­tro a la injus­ti­cia y gene­ral­men­te somos espec­ta­do­res in situ, tes­ti­gos de cómo la jus­ti­cia jue­ga a las escon­di­das con nues­tros sen­ti­mien­tos. Gra­ve la cues­tión en estos casos.
Esa pesa­di­lla fue horro­ro­sa (me afe­rro a seguir cre­yen­do que fue pesa­di­lla) Que sólo soñé que una nue­va mons­truo­si­dad se esta­ba come­tien­do con­tra un hom­bre de pue­blo, soli­da­rio, rebel­de. Perio­dis­ta peca­dor por no some­ter­se a la gran pren­sa des­in­for­ma­ti­va sino por ele­gir ser par­te de la otra.
De la que mues­tra el pade­cer de los pobres y la impu­ni­dad de los geno­ci­das. Estoy hablan­do del com­pa­ñe­ro Joa­quín Pérez Bece­rra, de nacio­na­li­dad sue­co-colom­biano. ¡Soñé que fue dete­ni­do por Inter­pol pero cuan­do pisa­ba tie­rra BOLIVARIANA!
Boli­va­ria­na como es él, menu­do detalle…
Soña­ba con la tie­rra de quien lla­mo “Mi Coman­dan­te Com­pa­ñe­ro, Hugo Chá­vez Frías”. Cama­ra­da, ejem­plo que qui­sie­ra se ins­ta­le en mi tie­rra y en tie­rras hermanas.
Soñé que decían que “el gobierno boli­va­riano rati­fi­ca com­pro­mi­so en la lucha con­tra el terro­ris­mo y el cri­men orga­ni­za­do”. Es decir, repro­du­cien­do el dis­cur­so de los asesinos.
Soñé, en ese sue­ño espan­to­so, que esta­ba soñan­do mal, que a quien ver­da­de­ra­men­te se “caza­ba” era a Uri­be, o a San­tos, o a Posa­da Carri­les, a Car­los Mon­ta­ner. Pero en mi pesa­di­lla con­ti­nué vien­do el ros­tro del perio­dis­ta. Y me resis­tía a seguir soñan­do y daba vuel­tas y vuel­tas, tra­tan­do de des­per­tar pero ya esta­ba des­pier­ta y me deses­pe­ré por­que no podía enten­der que mi Cama­ra­da, mi ejem­plo, mi ada­lid haya con­fun­di­do tan gro­se­ra­men­te el objetivo.
En mi sue­ño no vi que se detu­vie­ra a quie­nes estu­vie­ron, en con­cor­dan­cia con el depar­ta­men­to de esta­do nor­te­ame­ri­cano, a pun­to de dar comien­zo a una gue­rra entre paí­ses her­ma­nos. No, se detu­vo a un perio­dis­ta que pecó por exce­so de soli­da­ri­dad, que se atre­vió, que fue capaz de que­brar­le las coyun­tu­ras de los talo­nes al cri­men orga­ni­za­do que dejó cen­te­na­res de miles de muer­tos en Colombia.
¡¡¡¡¡Esa pesa­di­lla me hacía ver que el com­pa­ñe­ro, Pérez Bece­rra, figu­ra­ba en la Lis­ta Roja de Inter­pol, pero en Vene­zue­la, no en el aero­puer­to en el cual embar­có antes de arri­bar allí!!!!!!!!
Nue­va­men­te, tra­té de des­per­tar, con los ojos lle­nos de lágri­mas, un sudor frío reco­rrien­do mi espal­da y un gus­to a decep­ción tan fuer­te que no encon­tra­ba la for­ma de qui­tar­lo, no de mi boca, sino del alma.
Al des­per­tar, me aba­lan­cé a encen­der el compu­tador como para com­pro­bar que real­men­te lo que pade­cí fue una tre­men­da pesa­di­lla. El apa­ra­to se encen­dió, mi Cama­ra­da, dije para mis adentros.
Me pidió la orden de conec­tar a Inter­net, mi Cama­ra­da, seguí dicien­do. Conec­ta­da, abrí mi correo pero me dene­gó la entra­da por­que puse como con­tra­se­ña: mi Cama­ra­da, no
Vol­ví a inten­tar y de pron­to una mano salió de la pan­ta­lla, me abo­fe­teó des­pia­da­da, me sacu­dió, me demos­tró lo que no que­ría ver.
En una lágri­ma bai­lo­tea­ba la decep­ción mien­tras corría por mi ros­tro. Seguí bal­bu­cean­do ¡MI CAMARADA, MI EJEMPLO, MI ADALID NOOOOOO!
Enton­ces cuen­to lo que ya no sé si fue cosa ‘e man­din­ga o es que aca­so, sigo enros­ca­da den­tro de la mis­ma pesadilla…
Creo que toda­vía no des­per­té por­que el com­pa­ñe­ro, dicen que pue­de ser extra­di­ta­do a Colom­bia, por pedi­do de su pre­si­den­te, quien en mi sue­ño apun­ta­ba en su agen­da un nue­vo “fal­so positivo”…

*Man­din­ga: nom­bre que se da a la repre­sen­ta­ción del diablo.
**Man­din­guea­da: cosa del diablo

* En soli­da­ri­dad con el com­pa­ñe­ro Joa­quín Pérez Becerra

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