La cri­sis gene­ral del sis­te­ma y la rup­tu­ra de los espe­jos del poder – Ánge­les Maestro

Ponen­cia escri­ta para la XXVIII Sema­na Gale­ga de Filo­so­fía: “Filo­so­fía e Mentira”

Pon­te­ve­dra, del 25 al 29 de abril de 2011

En una her­mo­sa car­ta titu­la­da “His­to­ria de los Espejos”[1] el Sub­co­man­dan­te Mar­cos defi­ne la his­to­ria con­tem­po­rá­nea de Méxi­co como un labe­rin­to de espe­jos des­ti­na­do a ocul­tar, tan­to la reali­dad del poder, como la de los des­po­seí­dos. La metá­fo­ra no sir­ve sólo para México.

Impe­dir a las mayo­rías opri­mi­das el acce­so al cono­ci­mien­to de los pro­ce­sos socia­les es el ele­men­to deter­mi­nan­te del man­te­ni­mien­to de la estruc­tu­ra de domi­na­ción. Una de las fra­ses más famo­sas de Henry Ford[1], da bue­na cuen­ta de la enor­me impor­tan­cia que des­de los núcleos de poder se atri­bu­ye a la igno­ran­cia de las mayo­rías para man­te­ner el orden esta­ble­ci­do: “Es bueno que la gen­te no conoz­ca el sis­te­ma ban­ca­rio y mone­ta­rio; si no, habría una revo­lu­ción maña­na por la mañana”.

El con­trol de la infor­ma­ción impli­ca, no sólo impe­dir el acce­so a datos obje­ti­vos, sino la pro­duc­ción selec­ti­va de men­sa­jes, mode­los, y en defi­ni­ti­va, de ideo­lo­gía, ten­den­te a con­for­mar visio­nes del mun­do y del indi­vi­duo que favo­rez­can la repro­duc­ción del sis­te­ma de domi­na­ción. El con­trol casi abso­lu­to de los medios de comu­ni­ca­ción por par­te de la bur­gue­sía – como al que aho­ra asis­ti­mos – es cla­ve en este proceso.

Ocul­tar la infor­ma­ción bási­ca acer­ca del fun­cio­na­mien­to del sis­te­ma es nece­sa­rio pero no sufi­cien­te para blo­quear el com­ple­jo pro­ce­so de toma de con­cien­cia. La con­for­ma­ción de la iden­ti­dad no se rea­li­za en un labo­ra­to­rio, sino en el mar­co de la lucha de cla­ses. Es un pro­ce­so genui­na­men­te dia­léc­ti­co, de retro­ali­men­ta­ción, en la medi­da en la que el ser cons­cien­te tie­ne capa­ci­dad para trans­for­mar su reali­dad, inclui­das las fuen­tes de infor­ma­ción, y él mis­mo es modi­fi­ca­do en su desarrollo.

La acu­mu­la­ción de datos de la reali­dad, entre los que ocu­pan un lugar cen­tral los pro­ve­nien­tes del tra­ba­jo como fuen­te cen­tral de todas las obje­ti­vi­da­des huma­nas, ope­ra tam­bién sobre con­cep­cio­nes del mun­do pre­vias siem­pre incom­ple­tas, siem­pre en cons­truc­ción y en con­tra­dic­ción, a las que nutre y da forma.

La con­cien­cia indi­vi­dual y colec­ti­va es un pro­ce­so his­tó­ri­co, no sola­men­te por­que tie­ne lugar en un tiem­po y un espa­cio con­cre­tos, sino por­que se inser­ta y es el resul­ta­do de la con­ti­nui­dad de la lucha de las gene­ra­cio­nes pre­ce­den­tes y el ori­gen de la de las que ven­drán. El pro­yec­to his­tó­ri­co eman­ci­pa­to­rio es la meta­bo­li­za­ción crea­do­ra de la memo­ria, de la expe­rien­cia reu­ni­da, del teso­ro acu­mu­la­do de ejem­plos de lucha, de acier­tos y erro­res, en defi­ni­ti­va, del sen­ti­mien­to de per­te­nen­cia y de la res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual y colec­ti­va de ocu­par, en cada momen­to, el lugar corres­pon­dien­te en la trin­che­ra. Rodol­fo Wash, perio­dis­ta y escri­tor argen­tino, ase­si­na­do por la dic­ta­du­ra de Vide­la, lo expre­só así: “Nues­tras cla­ses domi­nan­tes han pro­cu­ra­do siem­pre que los tra­ba­ja­do­res no ten­gan his­to­ria, no ten­gan doc­tri­na, no ten­gan héroes y már­ti­res. Cada lucha debe empe­zar de nue­vo, sepa­ra­da de las luchas ante­rio­res: la expe­rien­cia colec­ti­va se pier­de, las lec­cio­nes se olvi­dan. La his­to­ria pare­ce así como pro­pie­dad pri­va­da cuyos due­ños son los due­ños de todas las otras cosas”.

En este tra­ba­jo pre­ten­do ilus­trar cómo se ha lle­va­do a cabo uno de los obje­ti­vos cen­tra­les de la oli­gar­quía en el Esta­do espa­ñol des­de la Tran­si­ción: cons­truir una ima­gen de sí mis­mo y de la reali­dad a tra­vés de una pro­duc­ción defor­ma­da de infor­ma­ción y de ideo­lo­gía des­ti­na­da a des­truir la con­cien­cia de cla­se y la iden­ti­dad de los pue­blos. El gran obs­tácu­lo era una con­cien­cia popu­lar arti­cu­la­da y poten­te que, aun­que sea de for­ma incom­ple­ta, reco­no­cía como par­tes inte­gran­tes de la lucha gene­ral con­tra la Dic­ta­du­ra la eman­ci­pa­ción de la cla­se obre­ra y los dere­chos nacio­na­les de los pue­blos del Esta­do español.

En con­tra de todos los pro­nós­ti­cos, e inclu­so de lo suce­di­do en otros paí­ses que sufrie­ron regí­me­nes san­gui­na­rios como Chi­le o Argen­ti­na, el exter­mi­nio de la gene­ra­ción que luchó fren­te al fas­cis­mo en la Gue­rra Civil y el terror que pre­ten­dió ins­ta­lar­se en las capas popu­la­res, no fue capaz de impe­dir la cons­truc­ción de un poten­te y com­ba­ti­vo movi­mien­to de lucha con­tra la Dic­ta­du­ra. El movi­mien­to obre­ro y popu­lar se arti­cu­ló en torno a un pro­gra­ma de rup­tu­ra que incluía impor­tan­tes ele­men­tos anti­im­pe­ria­lis­tas, de pro­pie­dad públi­ca de empre­sas y recur­sos natu­ra­les y la defen­sa del Dere­cho de Auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos. El obje­ti­vo cen­tral de las cla­ses domi­nan­tes era des­ver­te­brar ese movi­mien­to. El pro­ce­di­mien­to fue rom­per la con­ti­nui­dad del pro­yec­to his­tó­ri­co eman­ci­pa­to­rio, des­truir la memo­ria, vaciar de con­te­ni­do a sus orga­ni­za­cio­nes e inte­grar en el sis­te­ma a sus cúpu­las diri­gen­tes, dejan­do a la izquier­da y al movi­mien­to obre­ro sin pro­yec­to político.

En este tex­to se ana­li­zan en pri­mer lugar los meca­nis­mos a tra­vés de los cua­les el poder ha pro­du­ci­do imá­ge­nes fal­sas des­ti­na­das a con­for­mar men­ta­li­da­des sumi­sas en la inmen­sa mayo­ría, sobre dos aspec­tos con­cre­tos: la tran­si­ción a la Demo­cra­cia y la pri­va­ti­za­ción de la sanidad.

En segun­do lugar se abor­da la medi­da en la que la cri­sis estruc­tu­ral del capi­ta­lis­mo, espe­cial­men­te gra­ve en el Esta­do espa­ñol, tie­ne la capa­ci­dad de rom­per las imá­ge­nes pre­fa­bri­ca­das, los espe­jos que ocul­tan la reali­dad, y de enfren­tar­nos con la deso­la­do­ra cru­de­za de un capi­ta­lis­mo en el cenit de su fase impe­ria­lis­ta que como un muer­to vivien­te, como un autén­ti­co vam­pi­ro, cada vez nece­si­ta des­truir más seres huma­nos y recur­sos naturales.

En ter­cer lugar se hace una apro­xi­ma­ción las tareas que tie­ne ante sí una izquier­da mere­ce­do­ra de tal nombre.

I. El gran espe­jo: la Tran­si­ción a la Democracia.

La mag­na obra tie­ne como gran acto inau­gu­ral la Tran­si­ción, espec­tácu­lo for­ma­do una serie de dis­cur­sos, de espe­jos, per­fec­ta­men­te inte­gra­dos, capa­ces de mini­mi­zar la resis­ten­cia de los domi­na­dos mien­tras se lle­va­ba a cabo de for­ma inexo­ra­ble – tan­to por los gobier­nos del PP, como por los del PSOE – el pro­gra­ma gene­ral del capital.

La con­ti­nui­dad his­tó­ri­ca de la lucha por la eman­ci­pa­ción de la cla­se obre­ra y de los pue­blos del Esta­do espa­ñol fue trun­ca­da por una Tran­si­ción que, en aras de la ins­tau­ra­ción de for­mas polí­ti­cas pro­pias de una muy limi­ta­da demo­cra­cia bur­gue­sa, garan­ti­zó la con­ti­nui­dad en lo esen­cial de la estruc­tu­ra de poder eco­nó­mi­co, mili­tar, poli­cial, judi­cial y de la admi­nis­tra­ción del Esta­do de la Dic­ta­du­ra. Este pro­ce­so se sus­ten­tó en una monar­quía sin otra legi­ti­mi­dad que su desig­na­ción por Franco.

El pro­ce­so de des­mo­ro­na­mien­to ideo­ló­gi­co, polí­ti­co y orga­ni­za­ti­vo de las orga­ni­za­cio­nes de la izquier­da tra­di­cio­nal, polí­ti­ca y sin­di­cal, del Esta­do espa­ñol, com­par­te carac­te­rís­ti­cas y cau­sas con el sufri­do por estas enti­da­des en otros paí­ses capi­ta­lis­tas euro­peos. Hay sin embar­go fac­to­res espe­cí­fi­cos direc­ta­men­te vin­cu­la­dos con su papel en la Tran­si­ción, sin cuyo aná­li­sis es impo­si­ble enten­der la mag­ni­tud del desas­tre y mucho menos abor­dar la ardua y com­ple­ja tarea de la recons­truc­ción de la izquier­da revolucionaria.

El pro­ce­so de demo­li­ción len­to y sis­te­má­ti­co de las orga­ni­za­cio­nes de cla­se tie­ne ori­gen en su deci­si­va par­ti­ci­pa­ción en un gran con­sen­so que con­sa­gró la intan­gi­bi­li­dad del Esta­do sur­gi­do de la Tran­si­ción y en un gigan­tes­co pac­to de silen­cio sobre la masa­cre de las cua­tro déca­das ante­rio­res. Esa losa de silen­cio se apli­có sobre todo a la bru­tal repre­sión de los pri­me­ros años de la Tran­si­ción, en aras de apun­ta­lar el dis­cur­so ofi­cial sobre su carác­ter “modé­li­co y pací­fi­co”. La acep­ta­ción por par­te de la izquier­da de ese dis­cur­so, en la medi­da que afec­ta­ba a su pro­pia natu­ra­le­za, aca­bo des­tru­yen­do su iden­ti­dad. Sobre esa base fue mucho más fácil ir des­vir­tuan­do los ejes estra­té­gi­cos de su pro­gra­ma polí­ti­co has­ta hacer­los desaparecer.

    1. Las cla­ves del mar­co jurí­di­co-polí­ti­co de la Transición

El obje­ti­vo de la rup­tu­ra demo­crá­ti­ca que ver­te­bró la lucha con­tra la Dic­ta­du­ra nun­ca vio la luz. Más bien todo lo con­tra­rio. El apo­yo de los gru­pos par­la­men­ta­rios de la izquier­da a la Ley de Amnis­tía de 15 de octu­bre de 1977, la fir­ma por el PCE y el PSOE de los Pac­tos de la Mon­cloadoce días des­pués y, como colo­fón, su defen­sa de la Cons­ti­tu­ción de 1978 defi­nen la Tran­si­ción y expre­san otra muy dife­ren­te rup­tu­ra: la del PCE, orga­ni­za­ción que hege­mo­ni­zó la lucha anti­fas­cis­ta, con los ele­men­tos esen­cia­les de su pro­gra­ma político.

La ley de Amnis­tía liqui­da­ba cual­quier res­pon­sa­bi­li­dad por «todos los actos de inten­cio­na­li­dad polí­ti­ca, cual­quie­ra que fue­se su resul­ta­do, tipi­fi­ca­dos como deli­tos y fal­tas rea­li­za­dos con ante­rio­ri­dad al día quin­ce de diciem­bre de mil nove­cien­tos seten­ta y seis». Que­da­ban impu­nes los cen­te­na­res de miles de ase­si­na­tos, tor­tu­ras, encar­ce­la­mien­tos, des­pi­dos, per­pe­tra­dos por la Dic­ta­du­ra con­tra todo un pue­blo. Es una de las más gigan­tes­cas «leyes de pun­to final» que ha cono­ci­do la lar­ga his­to­ria del terro­ris­mo de Esta­do. Bajo ese man­to de impu­ni­dad caye­ron hechos muy recien­tes enton­ces y de la mag­ni­tud del fusi­la­mien­to de cin­co jóve­nes anti­fas­cis­tas el 27 de sep­tiem­bre de 1975, con Fran­co ago­ni­zan­te y con el rey ejer­cien­do de núme­ro dos en la Jefa­tu­ra del Esta­do o la matan­za por dis­pa­ros de la poli­cía de cin­co tra­ba­ja­do­res en Vito­ria el 3 de mar­zo de 1976, sien­do Fra­ga Iri­bar­ne Minis­tro de la Gobernación.

De su carác­ter de «ley de pun­to final», vigen­te has­ta la fecha, da cuen­ta lo siguien­te: el Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal y el Tri­bu­nal Euro­peo de Dere­chos Huma­nos, ante las deman­das judi­cia­les de anu­la­ción de los jui­cios mili­ta­res suma­rí­si­mos – como en los casos antes cita­dos, en el de Miguel her­nán­dez, en el de Julián Gri­mau, en los de los anar­quis­tas Gra­na­do y Del­ga­do eje­cu­ta­dos a garro­te vil en 1963 y en los de tan­tos otros, han uti­li­za­do la Ley de Amnis­tía como autén­ti­ca ley de pun­to final para dene­gar cual­quier revi­sión, garan­ti­zan­do así la impu­ni­dad de la Dic­ta­du­ra. A nadie, ni en medios de comu­ni­ca­ción, ni en círcu­los polí­ti­cos o judi­cia­les, pare­ce haber­le lla­ma­do la aten­ción que los tri­bu­na­les del Esta­do hayan decla­ra­do en varias oca­sio­nes com­pe­ten­te a la jus­ti­cia espa­ño­la para pro­ce­sar a diri­gen­tes de otros paí­ses res­pon­sa­bles de crí­me­nes de Esta­do, con­si­de­ran­do para ello como ile­gí­ti­mos mar­cos jurí­di­cos seme­jan­tes al nuestro.

Sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te, doce días des­pués de la Ley de Amnis­tía se fir­man los Pac­tos de la Mon­cloa. Podría pen­sar­se que en la cita­da Ley se tra­ta­ba exclu­si­va­men­te de la anu­la­ción de la res­pon­sa­bi­li­dad penal por los deli­tos y que el «pun­to final» era tam­bién, al menos, borrón y cuen­ta nue­va para depu­rar a los ele­men­tos más com­pro­me­ti­dos con la Dic­ta­du­ra de los apa­ra­tos del Esta­do. Nada más lejos de la reali­dad. En el preám­bu­lo de los Pac­tos se alu­de exclu­si­va­men­te como jus­ti­fi­ca­ción de los mis­mos a la cri­sis eco­nó­mi­ca por la que atra­vie­sa el país y a la nece­si­dad de abor­dar «uná­ni­me­men­te» las medi­das nece­sa­rias. En el apar­ta­do en que se abor­dan medi­das de reor­ga­ni­za­ción admi­nis­tra­ti­va de las fuer­zas de segu­ri­dad del Esta­do, no hay ni una pala­bra acer­ca de su demo­cra­ti­za­ción, nada acer­ca de res­pon­sa­bi­li­da­des, nada sobre el ejér­ci­to, sobre la judi­ca­tu­ra, sobre la corrup­ción en empre­sas públi­cas, etc.

La Cons­ti­tu­ción de 1978 esta­ble­ce una demo­cra­cia bur­gue­sa seria­men­te limi­ta­da e impo­ne una monar­quía here­de­ra direc­ta del Dic­ta­dor, con­sa­gran­do la quie­bra de la lega­li­dad repu­bli­ca­na y usur­pan­do la deci­sión popu­lar acer­ca de la for­ma de Esta­do. El rey es el jefe supre­mo del ejér­ci­to, quien a su vez es ins­ti­tui­do como garan­te de la uni­dad de Espa­ña. Nie­ga uno de los pila­res de la lucha por la liber­tad de los pue­blos del Esta­do espa­ñol: el Dere­cho de Auto­de­ter­mi­na­ción. Esta­ble­ce como inalie­na­ble el dere­cho de pro­pie­dad y la liber­tad de empre­sa, mien­tras los dere­chos socia­les care­cen de garan­tía algu­na, con­si­de­rán­do­se como prin­ci­pios rec­to­res de la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, inter­pre­ta­bles por el gobierno de turno. La sobe­ra­nía popu­lar y la demo­cra­cia direc­ta que­dan regu­la­das por la Ley de Refe­rén­dum más res­tric­ti­va de la UE: sólo pue­de con­vo­car­lo el pre­si­den­te del gobierno y su resul­ta­do no tie­ne carác­ter vin­cu­lan­te. La sobe­ra­nía nacio­nal, ya piso­tea­da por los patrio­tas fas­cis­tas con la ins­ta­la­ción de nume­ro­sas bases de EE.UU., se hipo­te­ca defi­ni­ti­va­men­te con la entra­da en la OTAN y la UEO.

I.2.- El con­sen­so sobre el papel del Esta­do y la polí­ti­ca anti­te­rro­ris­ta, 30 años antes de la Patriot Act de G. W. Bush

El ince­san­te recur­so al con­sen­so para jus­ti­fi­car la acep­ta­ción por par­te de la izquier­da de un orden polí­ti­co y eco­nó­mi­co a la medi­da de la oli­gar­quía espa­ño­la, y el pac­to de silen­cio sobre la Gue­rra Civil, sobre los cien­tos de miles de ase­si­na­tos tras la entra­da de los «nacio­na­les» en cada pue­blo y en la lar­ga pos­gue­rra, sobre el maquis, sobre la bru­tal repre­sión de las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res, así como la fre­cuen­te uti­li­za­ción como jus­ti­fi­can­te de la ame­na­za de gol­pe de esta­do, con­su­ma­ron, excep­to en Eus­kal Herria, – y en menor medi­da en otras nacio­na­li­da­des – la pro­fun­da des­ver­te­bra­ción polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca de los pue­blos del Esta­do español.

Fenó­me­nos de sub­cul­tu­ra como la «movi­da» de los años 80 y la entra­da masi­va de dro­ga en los barrios obre­ros de las gran­des ciu­da­des, sir­vie­ron para nar­co­ti­zar la volun­tad de resis­ten­cia y de rebel­día de una juven­tud, difí­cil de domes­ti­car de otra mane­ra, y que asis­tía al avan­ce inexo­ra­ble de las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les al tiem­po que se hun­dían sin alter­na­ti­va los pro­yec­tos revo­lu­cio­na­rios de gene­ra­cio­nes anteriores.

El gran con­sen­so, ori­gen de todos los demás, fue el que se tejió, con la com­pli­ci­dad de par­ti­dos que se auto­pro­cla­ma­ban mar­xis­tas, acer­ca del carác­ter neu­tral del Esta­do. La quie­bra defi­ni­ti­va del más míni­mo plan­tea­mien­to de trans­for­ma­ción social fue asi­mi­lar que todo lo que es el Esta­do (ejér­ci­to, fuer­zas repre­si­vas, apa­ra­to judi­cial, polí­ti­ca exte­rior, ins­ti­tu­cio­ne­setc.), no repre­sen­ta intere­ses de cla­se, sino que se sitúa en un sagra­do lim­bo, por enci­ma de los con­flic­tos sociales.

La limi­ta­dí­si­ma demo­cra­cia bur­gue­sa, con un rey a la cabe­za nom­bra­do por Fran­co y con unos apa­ra­tos del Esta­do here­da­dos de la Dic­ta­du­ra, con sus jerar­quías intac­tas, eran la Demo­cra­cia. Quie­nes salie­ran de sus lími­tes eran, terro­ris­tas, sobre quie­nes debía caer el peso de sus demo­crá­ti­cas leyes y de la vio­len­cia del úni­co depo­si­ta­rio legí­ti­mo de la mis­ma. La defen­sa del Dere­cho de Auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos como prin­ci­pio demo­crá­ti­co bási­co por par­te de la izquier­da que se pue­de ras­trear, al menos, has­ta 1970 en las luchas pro­du­ci­das en todo el Esta­do con oca­sión del Pro­ce­so de Bur­gos, fue una de las pri­me­ras des­apa­re­ci­das en las tur­bias aguas de la Tran­si­ción. Des­pués, y sin duda direc­ta­men­te vin­cu­la­do a las con­di­cio­nes impues­tas y acep­ta­das para la lega­li­za­ción del PCE, se abrió un abis­mo insal­va­ble entre la izquier­da ins­ti­tu­cio­nal y la izquier­da aber­tza­le y, lo que es más gra­ve, con la deci­di­da com­pli­ci­dad de CC.OO. y UGT, se inocu­ló el espa­ño­lis­mo anti­te­rro­ris­ta, situa­do ideo­ló­gi­ca­men­te en los ale­da­ños del fas­cis­mo, en amplios sec­to­res populares.

La nega­ción por par­te de la izquier­da de la natu­ra­le­za del Esta­do como ins­tru­men­to pri­vi­le­gia­do de la bur­gue­sía en la lucha de cla­ses – máxi­me cuan­do con­ser­va­ba intac­ta la heren­cia fas­cis­ta – que impreg­na a todas y cada una de sus ins­ti­tu­cio­nes y que ejer­ce la más bru­tal vio­len­cia social para sos­te­ner un sis­te­ma que se sus­ten­ta en la dic­ta­du­ra del capi­tal sobre el res­to de la socie­dad, es el autén­ti­co pilar de la Tran­si­ción sobre el que se edi­fi­ca el famo­so con­sen­so. Esa es la cla­ve de bóve­da que ha sus­ten­ta­do y sus­ten­ta la com­pli­ci­dad de la izquier­da en toda la tra­ma anti­te­rro­ris­ta: des­de el apo­yo del PSOE y del PCE a la Ley Anti­te­rro­ris­ta de 1981, al ejer­ci­cio direc­to del terro­ris­mo de esta­do por el GAL del PSOE, al Pac­to Anti­te­rro­ris­ta PSOE-PP, la Ley de Par­ti­dos Polí­ti­cos, la ile­ga­li­za­ción de Bata­su­na con la abs­ten­ción de IU, el voto favo­ra­ble del Gru­po Socia­lis­ta y de IU a la Orden de deten­ción euro­pea, la acep­ta­ción duran­te las pri­me­ras 48 horas de la tesis de la auto­ría de ETA en los aten­ta­dos del 11M de 2004 por par­te del PSOE, PCE e IU, etc.

El fan­tas­ma del gol­pe de esta­do ha sido pro­fu­sa­men­te agi­ta­do y uti­li­za­do en oca­sio­nes cla­ves para impe­dir que sec­to­res de la izquier­da toma­ran acti­tu­des o deci­sio­nes que rom­pie­ran el guión esta­ble­ci­do. Algu­nos suce­sos sig­ni­fi­ca­ti­vos son los siguientes:

- la reite­ra­da afir­ma­ción de San­tia­go Carri­llo de que «el color de una ban­de­ra no mere­ce una Gue­rra Civil» para jus­ti­fi­car la trau­má­ti­ca deci­sión de prohi­bir a su mili­tan­cia la exhi­bi­ción de ban­de­ras republicanas.

- la inter­ven­ción de Tierno Gal­ván en 1979 en el Con­gre­so del PSOE, cuan­do Feli­pe Gon­zá­lez vio derro­ta­da su tesis que pre­co­ni­za­ba el aban­dono del mar­xis­mo, advir­tien­do a los dele­ga­dos que si ele­gían una direc­ción no apro­ba­da por Gon­zá­lez «maña­na mis­mo los ale­ma­nes cor­tan la finan­cia­ción del par­ti­do y en unos días más los tan­ques ocu­pan las calles de Madrid’.

- el inten­to de gol­pe de esta­do del 23 de febre­ro que, como los ana­lis­tas inde­pen­dien­tes mues­tran con cla­ri­dad, tuvo a Teje­ro y a Milans del Bosch como cone­ji­llos de indias de la ver­sión más bur­da de un doble mon­ta­je. De la otra ope­ra­ción, tam­bién gol­pis­ta, pero de guan­te blan­co y mucho más com­ple­ja, for­ma­ban par­te líde­res de los gru­pos par­la­men­ta­rios com­pro­me­ti­dos en un gobierno de «con­cen­tra­ción nacio­nal» pre­si­di­do por el gene­ral Arma­da. Ambos pro­yec­tos eran cono­ci­dos por el rey y ambos con­ta­ban con él como Jefe del Esta­do y como Jefe Supre­mo de las Fuer­zas Arma­das. Final­men­te Teje­ro des­ba­ra­tó la «ope­ra­ción Arma­da» y el rey apa­re­ció como sal­va­dor de la “demo­cra­cia”.

A la des­na­tu­ra­li­za­ción ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca de lo que fue izquier­da revo­lu­cio­na­ria, le siguió su liqui­da­ción orga­ni­za­ti­va. Dece­nas de miles de mili­tan­tes aban­do­na­ron el PCE entre 1977 y 1982, año en el que se pro­du­jo su deba­cle elec­to­ral. Algo seme­jan­te ocu­rrió en otros par­ti­dos situa­dos a su izquier­da. La ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción de sus cua­dros se con­ti­nuó con una mili­tan­cia clien­te­lar, alre­de­dor de ayun­ta­mien­tos y empre­sas. La crea­ción masi­va de ONGs por par­te de par­ti­dos de izquier­da, movi­mien­tos socia­les y sin­di­ca­tos se con­fi­gu­ró des­de enton­ces como un pri­vi­le­gia­do alia­do de la coar­ta­da de la «coope­ra­ción» y la «ayu­da huma­ni­ta­ria» des­ti­na­da a enmas­ca­rar pro­ce­sos de reco­lo­ni­za­ción e inter­ven­cio­nes mili­ta­res de saqueo. Las ONGs son, ade­más, valio­sí­si­mas alia­das de las pri­va­ti­za­cio­nes y, sobre todo, un pode­ro­so ins­tru­men­to de inte­gra­ción eco­nó­mi­ca y de neu­tra­li­za­ción de rebel­días juveniles.

I.3.- El timo his­tó­ri­co del Refe­rén­dum de la OTAN

Algu­nos ana­lis­tas iden­ti­fi­can el final de la Tran­si­ción con el Refe­rén­dum de la OTAN. No les fal­ta razón. La con­sul­ta cele­bra­da en 1986 es un ejem­plo níti­do de mani­pu­la­ción des­de el poder diri­gi­da a liqui­dar uno de los ele­men­tos fun­da­men­ta­les del pro­gra­ma de rup­tu­ra con la Dic­ta­du­ra. La entra­da en la OTAN deci­di­da en 1981 por el gobierno Cal­vo Sote­lo inme­dia­ta­men­te des­pués del inten­to de Gol­pe del 23 de febre­ro fue dura­men­te con­tes­ta­da des­de la izquier­da y se iden­ti­di­fi­ca como una de las cau­sas de la dimi­sión de Adol­fo Suá­rez. Ade­más el PSOE ganó por mayo­ría abso­lu­ta las elec­cio­nes gene­ra­les de 1982 con el lema: “OTAN de entra­da, NO”.

En mar­zo de 1986 Feli­pe Gon­zá­lez con­vo­có el Refe­rén­dum para la per­ma­nen­cia en la OTAN pidien­do el SI. Las con­di­cio­nes eran éstas:

El Gobierno con­si­de­ra con­ve­nien­te, para los intere­ses nacio­na­les, que Espa­ña per­ma­nez­ca en la Alian­za Atlán­ti­ca, y acuer­da que dicha per­ma­nen­cia se esta­blez­ca en los siguien­tes términos:

  • 1.º La par­ti­ci­pa­ción de Espa­ña en la Alian­za Atlán­ti­ca no inclui­rá su incor­po­ra­ción a la estruc­tu­ra mili­tar integrada.
  • 2.º Se man­ten­drá la prohi­bi­ción de ins­ta­lar, alma­ce­nar o intro­du­cir armas nuclea­res en terri­to­rio español.
  • 3.º Se pro­ce­de­rá a la reduc­ción pro­gre­si­va de la pre­sen­cia mili­tar de los Esta­dos Uni­dos en España.

¿Con­si­de­ra con­ve­nien­te para Espa­ña per­ma­ne­cer en la Alian­za Atlán­ti­ca en los tér­mi­nos acor­da­dos por el Gobierno de la Nación?

Los argu­men­tos esgri­mi­dos des­de el gobierno PSOE para jus­ti­fi­car su cam­bio total de posi­ción podrían for­mar par­te de los ana­les del “palo y la zanaho­ria”. Sin el menor escrú­pu­lo se plan­teó la entra­da en la OTAN como el pea­je nece­sa­rio para entrar en la Euro­pa-paraí­so de la demo­cra­cia y de los dere­chos socia­les. Más o menos se venía a decir que lo que no se había aca­ba­do de con­se­guir con la Cons­ti­tu­ción de 1978 se con­su­ma­ría con la entra­da en la CEE y para ello era nece­sa­rio tra­gar la píl­do­ra de la OTAN. Que ese paraí­so esta­ba a pun­to de derrum­bar­se, que la impo­si­ción de las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les esta­ba en mar­cha y no había retorno, las cla­ses domi­nan­tes y los gobier­nos lo sabían per­fec­ta­men­te; pero el espe­jo cum­plió su función.

Por si aca­so, tam­bién ope­ró el palo, sin amba­ges, ape­lan­do a la memo­ria del terror recién refres­ca­da por el 23 F. Feli­pe Gon­zá­lez uti­li­zó la ame­na­za direc­ta de gol­pe de esta­do mili­tar o de ata­que de EE.UU., duran­te los últi­mos días de cam­pa­ña. El 52% votó SI y el 39,8% votó “no”. El «no» triun­fó en Cata­lu­ña, Comu­ni­dad Autó­no­ma Vas­ca, Nava­rra y en Canarias.

Más allá de los resul­ta­dos, del frau­de elec­to­ral de un gobierno que cam­bia la posi­ción polí­ti­ca del pro­gra­ma por el que fue ele­gi­do, la esta­fa mayor es la que deri­va de la vul­ne­ra­ción total de las tres con­di­cio­nes de la pre­gun­ta para la que se pedía el voto afirmativo.

Espa­ña no sólo for­ma par­te de la estruc­tu­ra mili­tar, sino que diri­ge tro­pas de ocu­pa­ción de la OTAN como en Afga­nis­tán. Javier Sola­na, que escri­bió en 1982 “Cin­cuen­ta razo­nes para decir NO a la OTAN”, fue desig­na­do en 1995 Secre­ta­rio Gene­ral de la Organización.

Las bases de Morón y Rota han cre­ci­do expo­nen­cial­men­te. Esta últi­ma ha sido cali­fi­ca­da por altos repre­sen­tan­tes del Gobierno de EE.UU. como «cla­ve para nues­tra defen­sa». De ellas salie­ron miles de bom­bar­de­ros para ata­car Iraq en 1991 y en 2003, como aho­ra lo están hacien­do con Libia. Con res­pec­to a las armas nuclea­res, en los suce­si­vos Con­ve­nios Bila­te­ra­les con EE.UU. ni se habla, como hacen los bue­nos súb­di­tos. Como mues­tra val­ga el dato de que en sede par­la­men­ta­ria el gobierno espa­ñol tuvo que reco­no­cer que entre mar­zo de 2000 y abril de 2001 seis navíos nuclea­res habían hecho esca­la en Rota.

I.4.- La IU de la eta­pa Angui­ta, un des­te­llo sin continuidad

El auge de IU en la eta­pa de Angui­ta no ha sido más que un parén­te­sis en este pro­ce­so. Como se ha demos­tra­do con su ver­ti­gi­no­so hun­di­mien­to en estos últi­mos años, esta­ban en su códi­go gené­ti­co los ele­men­tos fun­da­men­ta­les de la des­na­tu­ra­li­za­ción del PCE. Los inten­tos del Coor­di­na­dor Gene­ral de cues­tio­nar la Cons­ti­tu­ción en 1997 y de abor­dar el Dere­cho de Auto­de­ter­mi­na­ción con la inte­gra­ción de Ezker Batua en el pac­to de Liza­rra en 1998, fue­ron abor­ta­dos des­de el inte­rior de la orga­ni­za­ción y que­da­ron redu­ci­dos a meros brin­dis al sol. Algo pare­ci­do ocu­rrió con la Pla­ta­for­ma por las 35 horas por Ley cons­ti­tui­da el mis­mo año: nació con voca­ción de pro­yec­to estra­té­gi­co para enfren­tar el entre­guis­mo sin­di­cal y des­apa­re­ció sin dejar ras­tro, ape­nas un año más tar­de, cuan­do Fru­tos sus­ti­tu­yó a Angui­ta para rea­li­zar el pac­to pre-elec­to­ral IU-PSOE en el año 2000. Se inau­gu­ra­ba for­mal­men­te su subor­di­na­ción al mis­mo y se liqui­da­ba cual­quier velei­dad anti-sistema.

Tras las elec­cio­nes del 14 de mar­zo de 2004 y tras la nue­va deba­cle elec­to­ral de IU, espe­cial­men­te sig­ni­fi­ca­ti­va por­que se pro­du­jo tras las impor­tan­tes movi­li­za­cio­nes con­tra la gue­rra, un edi­to­rial de ABC seña­la­ba con preo­cu­pa­ción: «(…) El pai­sa­je demo­crá­ti­co espa­ñol ofre­ce his­tó­ri­ca­men­te un espa­cio cla­ro a la izquier­da del PSOE, don­de debe asen­tar­se una for­ma­ción que refuer­ce la cen­tra­li­dad polí­ti­ca de la social­de­mo­cra­cia y al tiem­po sir­va de dique de con­ten­ción para las ten­ta­cio­nes anti­sis­te­ma. IU ha ejer­ci­do, des­de su refun­da­ción a par­tir del vie­jo PCE, como fac­tor de esta­bi­li­dad que ha car­ga­do a sus espal­das con los dis­tin­tos impul­sos de izquier­da alter­na­ti­va que se han ido con­fi­gu­ran­do tras la cri­sis del mar­xis­mo tra­di­cio­nal, evi­tan­do que se pro­duz­can ten­ta­cio­nes esca­pis­tas y rup­tu­ris­tas al mar­gen de los cau­ces de la demo­cra­cia». La cla­ri­vi­den­cia con la que se expre­san los intere­ses de cla­se de ABC acer­ca del papel que han juga­do, des­de la Tran­si­ción, el PCE e IU, hacen inne­ce­sa­rio cual­quier comentario.

I.5.- El movi­mien­to obrero.

El movi­mien­to obre­ro es otro ámbi­to pri­vi­le­gia­do en el que se pone de mani­fies­to el cam­bio cua­li­ta­ti­vo ope­ra­do en la izquier­da polí­ti­ca y sin­di­cal duran­te la Tran­si­ción, con las desas­tro­sas con­se­cuen­cias para la cla­se tra­ba­ja­do­ra que esta­mos viviendo.

En abril de 1976, con los sin­di­ca­tos de cla­se y la izquier­da polí­ti­ca aún en la clan­des­ti­ni­dad, pero con un alto gra­do de orga­ni­za­ción y com­ba­ti­vi­dad de la cla­se obre­ra, se pro­mul­ga­ba la Ley de Rela­cio­nes Labo­ra­les más avan­za­da de nues­tra his­to­ria. En ella se reco­no­cían amplios dere­chos labo­ra­les y, sobre todo, se esta­ble­cía por pri­me­ra vez el obje­ti­vo gene­ral de la esta­bi­li­dad en el empleo y el carác­ter bási­co de la con­tra­ta­ción inde­fi­ni­da, con­cre­tán­do­se unas pocas excep­cio­nes. Ade­más se ins­tau­ra­ba la obli­ga­to­rie­dad de la read­mi­sión del tra­ba­ja­dor, si este así lo desea­ba, en caso de des­pi­do impro­ce­den­te. Lla­ma la aten­ción que esta Ley se pro­mul­ga­se en ple­na cri­sis eco­nó­mi­ca y cuan­do la mayor par­te de los orde­na­mien­tos jurí­di­cos de Euro­pa occi­den­tal esta­ban evo­lu­cio­nan­do hacia la «fle­xi­bi­li­dad’. La cla­se obre­ra era fuer­te y la corre­la­ción de fuer­zas man­da­ba. Sin embar­go, era el prin­ci­pio del final.

En noviem­bre de 1975 cien­tos de miles de tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res de todo el Esta­do secun­da­ron poten­tes huel­gas con­tra el Decre­to Ley de Con­ge­la­ción Sala­rial del pri­mer gobierno de la monar­quía tras la muer­te de Fran­co. Lo más peli­gro­so para el régi­men era, jun­to a la rápi­da poli­ti­za­ción de las movi­li­za­cio­nes, la gran exten­sión de las for­mas asam­blea­rias de orga­ni­za­ción obre­ra y la direc­ción de las movi­li­za­cio­nes por Comi­sio­nes de tra­ba­ja­do­res ele­gi­dos direc­ta­men­te al mar­gen del sin­di­ca­lis­mo ver­ti­cal. Sus ingre­dien­tes fun­da­men­ta­les entra­ña­ban altos ries­gos: cons­ti­tuían el pilar fun­da­men­tal de la uni­dad de cla­se y eran difí­cil­men­te con­tro­la­bles median­te los meca­nis­mos habi­tua­les de corrup­ción ya que el poder resi­día siem­pre en la asam­blea que tenía la capa­ci­dad de revo­car a sus repre­sen­tan­tes en cual­quier momento.

La masa­cre de Vito­ria en mar­zo de 1976 fue el ins­tru­men­to del escar­mien­to. Cin­co jóve­nes tra­ba­ja­do­res ase­si­na­dos, dece­nas de heri­dos, 2000 balas dis­pa­ra­das, otros dos tra­ba­ja­do­res ase­si­na­dos días des­pués en movi­li­za­cio­nes de soli­da­ri­dad en Basau­ri y Tarra­go­na, fue­ron el tes­ti­mo­nio del ensa­ña­mien­to. Pero tam­bién los suce­sos de Vito­ria mos­tra­ron sín­to­mas de que algo fun­da­men­tal esta­ba cam­bian­do en el movi­mien­to obre­ro. ¿Cómo se expli­ca que ante una agre­sión de esa mag­ni­tud, con un movi­mien­to obre­ro de tal poten­cia y con cen­te­na­res de miles de tra­ba­ja­do­res movi­li­za­dos, sólo hubie­ra una huel­ga gene­ral de soli­da­ri­dad en el País Vas­co, y no en el res­to del Esta­do? La Tran­si­ción esta­ba comen­zan­do por uno de sus ele­men­tos cla­ve: en julio de 1976 tuvo lugar el Con­gre­so de CC.OO en Bar­ce­lo­na en el que se deci­dió dejar de ser un movi­mien­to socio­po­lí­ti­co, expre­sión uni­ta­ria de la cla­se obre­ra, para pasar a ser un sin­di­ca­to. La uni­dad esta­ba rota. La CSUT y el SU se escin­die­ron y comen­zó a toda pri­sa el apo­yo finan­cie­ro, mediá­ti­co y orga­ni­za­ti­vo a la UGT – inexis­ten­te has­ta enton­ces – por par­te de los pode­res del Esta­do y de la social­de­mo­cra­cia alemana.

La Ley de 1976 per­ma­ne­ció poco más de un año. Los Pac­tos de la Mon­cloa, de 25 de octu­bre de 1977, cues­tio­na­ron fron­tal­men­te lo pro­mul­ga­do 18 meses antes y se rein­tro­du­jo la con­tra­ta­ción tem­po­ral, vigen­te duran­te toda la Dic­ta­du­ra y obje­ti­vo con­cre­to de duras luchas obre­ras. Un mes más tar­de se publi­có un Real Decre­to que auto­ri­za­ba la rea­li­za­ción de con­tra­tos tem­po­ra­les a tra­ba­ja­do­res en paro y a tra­ba­ja­do­res juve­ni­les, sin tener que some­ter­los a la «for­ma­li­dad’ de jus­ti­fi­car su cau­sa­li­dad. Se liqui­dó la obli­ga­to­rie­dad de la read­mi­sión en des­pi­dos impro­ce­den­tes. En una de tan­tas para­do­jas de la Transici��n, la recién estre­na­da demo­cra­cia con­cul­có por Real Decre­to el con­te­ni­do de una Ley de Rela­cio­nes Labo­ra­les sin que, ni los recién lega­li­za­dos sin­di­ca­tos, ni el recién ele­gi­do Par­la­men­to, dije­ran abso­lu­ta­men­te nada. Tras los Pac­tos de la Mon­cloa la cla­se obre­ra per­dió un 7% de poder adquisitivo.

Con­tra­rre­for­ma tras con­tra­rre­for­ma, lo suce­di­do des­pués es una cade­na sin fin de pri­va­ti­za­cio­nes, des­re­gu­la­cio­nes, gene­ra­li­za­ción pro­gre­si­va de la tem­po­ra­li­dad, sub­ven­cio­nes a la ban­ca y a las gran­des mul­ti­na­cio­na­les y refor­mas fis­ca­les regre­si­vas. La últi­ma refor­ma labo­ral, la refor­ma de las pen­sio­nes y la refor­ma de la nego­cia­ción colec­ti­va, en un mar­co de Pac­to Social – ape­nas inte­rrum­pi­do por la huel­ga gene­ral de sep­tiem­bre de 2010 – cons­ti­tu­yen una expre­sión más de una patro­nal insa­cia­ble y de un gobierno que repre­sen­ta sus intere­ses, jun­to a unas cúpu­las de CC.OO. UGT que han acep­ta­do la com­pe­ti­ti­vi­dad como ley supre­ma a la cual se subor­di­nan las rela­cio­nes labo­ra­les. Se ha con­for­ma­do así la más abso­lu­ta domes­ti­ca­ción de las dos gran­des cen­tra­les sin­di­ca­les, gene­ro­sa­men­te lubri­ca­da con dine­ro y pre­ben­das de la patro­nal y, sobre todo, de los Pre­su­pues­tos Gene­ra­les del Estado.

II.- Un espe­jo a modo de ejem­plo: el Esta­do del Bienestar

La ani­qui­la­ción de dere­chos socia­les y polí­ti­cos y el expo­lio de mate­rias pri­mas median­te la extor­sión y/​o corrup­ción de los gobier­nos, o direc­ta­men­te a tra­vés de la gue­rra, en un mar­co gene­ral de des­em­pleo masi­vo, de enca­re­ci­mien­to de los recur­sos indis­pen­sa­bles y de des­truc­ción de la natu­ra­le­za, sólo pue­de lle­var­se a cabo median­te gigan­tes­cos pro­gra­mas de mani­pu­la­ción infor­ma­ti­va y de con­trol social, inclu­yen­do el desa­rro­llo sin pre­ce­den­tes de los apa­ra­tos repre­si­vos poli­cia­les y militares.

Marx, mien­tras disec­cio­na metó­di­ca y meticu­losa­men­te el fun­cio­na­mien­to del capi­tal, insis­te incan­sa­ble en des­en­mas­ca­rar los mitos del núcleo duro de su apa­ra­to ideo­ló­gi­co: su carác­ter de fenó­meno natu­ral, sin fecha de cadu­ci­dad y, por ello, sin alter­na­ti­va posi­ble. Nos recuer­da que el capi­ta­lis­mo es una rela­ción social his­tó­ri­ca, que lle­va en su códi­go gené­ti­co la domi­na­ción y, por tan­to, la vio­len­cia: “Si el dine­ro, como dice Augier, vie­ne al mun­do con man­chas de san­gre en una meji­lla, el capi­tal lo hace cho­rrean­do san­gre y lodo, por todos los poros, des­de la cabe­za has­ta los pies”.

No siem­pre, ni en todos los luga­res es el gol­pe de Esta­do o la gue­rra el méto­do emplea­do por las cla­ses domi­nan­tes. En los paí­ses del cen­tro del impe­ria­lis­mo el pro­ce­di­mien­to ha sido y es mucho más sutil y com­ple­jo. Tie­ne un papel cen­tral la bata­lla ideo­ló­gi­ca de la cons­truc­ción de fal­sa con­cien­cia que, por un lado apun­ta­le la legi­ti­mi­dad del sis­te­ma, y por otro des­es­truc­tu­re las iden­ti­da­des de cla­se y de pue­blo. El vehícu­lo son los medios de comu­ni­ca­ción masi­vos que, día a día, fil­tran, ocul­tan o ter­gi­ver­san la infor­ma­ción para apun­ta­lar una visión de la reali­dad que disua­da de los com­pro­mi­sos colec­ti­vos y neu­tra­li­ce la resistencia.

Otra impor­tan­te vía de faci­li­ta­ción es la corrup­ción polí­ti­ca de miem­bros des­ta­ca­dos de las direc­cio­nes polí­ti­cas y sin­di­ca­les, de for­ma que se ase­gu­re el some­ti­mien­to de sus orga­ni­za­cio­nes. Se cum­ple así un doble obje­ti­vo que se reatroa­li­men­ta : blo­quear la opo­si­ción a las accio­nes del capi­tal o del gobierno que le repre­sen­ta, y des­acre­di­tar a los sin­di­ca­tos ante sus pro­pios repre­sen­ta­dos que ven como sus intere­ses son traicionados.

Acon­ti­nua­ción ana­li­za­ré los cami­nos que han con­du­ci­do en el Esta­do espa­ñol a la degra­da­ción y pri­va­ti­za­ción de uno de los ele­men­tos más impor­tan­tes de lo que se cono­ce por Esta­do del Bien­es­tar, la sani­dad pública.

Se lla­ma Esta­do del Bien­es­tar al con­jun­to de polí­ti­cas macro­eco­nó­mi­cas imple­men­ta­das a par­tir de 1945 en Euro­pa Occi­den­tal y que pre­ten­dían con­ju­rar, según sus apo­lo­ge­tas, tan­to la repe­ti­ción de la Gran Depre­sión de 1929, como de su coro­la­rio, la II Gue­rra Mun­dial. Sus ele­men­tos estruc­tu­ra­les son el pleno empleo y la Segu­ri­dad Social, alre­de­dor de los cua­les giran: la inter­ven­ción del Esta­do en la eco­no­mía y la pro­pie­dad públi­ca de bue­na par­te de las empre­sas estra­té­gi­cas y de los recur­sos natu­ra­les, las polí­ti­cas fis­ca­les pro­gre­si­vas, el défi­cit públi­co, un poten­te sis­te­ma de dere­chos labo­ra­les y socia­les, los gran­des sis­te­mas públi­cos de sani­dad, edu­ca­ción, de pen­sio­nes, vivien­da social, etc.

Lo que se ocul­ta cui­da­do­sa­men­te a la opi­nión públi­ca es que el sis­te­ma de pro­tec­ción social al que se lla­ma Esta­do del Bien­es­tar fue el resul­ta­do de la lucha de cla­ses en un momen­to his­tó­ri­co con­cre­to, el de la segun­da post­gue­rra mun­dial, en el que la corre­la­ción de fuer­zas a favor de la izquier­da – la influen­cia de la URSS y las poten­tes resis­ten­cias popu­la­res anti­fas­cis­tas – ame­na­za­ba con sacu­dir los pila­res fun­da­men­ta­les del sis­te­ma capitalista.

Tam­bién se enmas­ca­ra con esme­ro que el Esta­do del Bien­es­tar es, sobre todo, un gran Pac­to Social no escri­to que pre­si­dió duran­te tres déca­das las polí­ti­cas de Euro­pa occi­den­tal, excep­tua­dos los paí­ses con dic­ta­du­ras fas­cis­tas (Por­tu­gal, Gra­cia y el Esta­do espa­ñol). Median­te el mis­mo, el capi­tal exhi­bía su “ros­tro humano” ofre­cien­do un sis­te­ma inte­gral de pro­tec­ción social. Por su par­te, los repre­sen­tan­tes de los tra­ba­ja­do­res – los gran­des sin­di­ca­tos de cla­se y los par­ti­dos de izquier­da – renun­cia­ban a cam­biar las rela­cio­nes de poder, es decir, a la revo­lu­ción social. Buen ejem­plo de ello fue el papel de la izquier­da socia­lis­ta y comu­nis­ta en mayo de 1968 en Fran­cia, en las revuel­tas obre­ras y estu­dian­ti­les en Ale­ma­nia o ante los con­se­jos obre­ros y “los años de plo­mo” en Ita­lia. Su inter­ven­ción para sofo­car y recon­du­cir las poten­tes huel­gas y movi­li­za­cio­nes fue deter­mi­nan­te para garan­ti­zar la esta­bi­li­dad del sis­te­ma y da bue­na cuen­ta de las dimen­sio­nes, la tras­cen­den­cia y la uti­li­dad para la bur­gue­sía de seme­jan­te Pac­to Social.

Como es habi­tual en la ideo­lo­gía del capi­ta­lis­mo, el Esta­do del Bien­es­tar se ven­dió como el “fin de las ideo­lo­gías”, la sín­te­sis per­fec­ta e intem­po­ral de capi­ta­lis­mo y socia­lis­mo, y sobre todo como el final de la lucha de cla­ses. El mode­lo no duró ni trein­ta años.

A prin­ci­pios de los seten­ta el sue­ño de la pros­pe­ri­dad eter­na – curio­sa­men­te las Torres Geme­las se aca­ba­ron de cons­truir en 1971 – se rom­pe abrup­ta­men­te. La cri­sis del petró­leo no fue más que la pun­ta del ice­berg del ini­cio de una fase de deca­den­cia que per­ma­ne­ce has­ta hoy y que ha expe­ri­men­ta­do un bru­tal recru­de­ci­mien­to a par­tir de 2008. El capi­ta­lis­mo entra­ba en una pro­fun­da cri­sis gene­ral – la caí­da del PNB mun­dial a media­dos de los 70, refle­ja­da en el grá­fi­co la ilus­tra con cla­ri­dad – que coin­ci­de con un debi­li­ta­mien­to de las posi­cio­nes estra­té­gi­cas del impe­ria­lis­mo euro-esta­dou­ni­den­se: la derro­ta de Viet­nam, las vic­to­rias de los movi­mien­tos de libe­ra­ción nacio­nal en las anti­guas colo­nias y el sur­gi­mien­to en Euro­pa de for­mas de orga­ni­za­ción obre­ra y estu­dian­til no con­tro­la­das por los prin­ci­pa­les artí­fi­ces del Pac­to Social.

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