Islan­dia des­pués del «no» – Michael Hudson

Cer­ca del 75% de los votan­tes islan­de­ses acu­die­ron el sába­do 9 de abril a las urnas para recha­zar la pro­pues­ta del Gobierno social­de­mó­cra­ta-ver­de de pagar 5.200 millo­nes de dóla­res a las ase­gu­ra­do­ras ban­ca­rias bri­tá­ni­cas y holan­de­sas por el colap­so de Lands­ban­ki-Ice­sa­ve. Todos y cada uno de los seis dis­tri­tos elec­to­ra­les de Islan­dia vota­ron «no» en una pro­por­ción nacio­nal del 60% (en enero de 2010, dijo otro «no» el 93%).

El voto refle­jó la exten­di­da creen­cia de que los nego­cia­do­res del Gobierno no habían sido lo bas­tan­te enér­gi­cos en la defen­sa de la cau­sa jurí­di­ca islan­de­sa. La situa­ción no pue­de menos que traer a la memo­ria el embro­llo de la deu­da de gue­rra entre los alia­dos tras la I Gue­rra Mun­dial. Lloyd Geor­ge ‑el pri­mer minis­tro bri­tá­ni­co- des­cri­bió enton­ces las con­ver­sa­cio­nes sobre las deu­das bri­tá­ni­cas de arma­men­to entre el Secre­ta­rio del Teso­ro nor­te­ame­ri­cano Andrew Mellon y el bri­tá­ni­co Stan­ley Bald­win como «una nego­cia­ción entre una coma­dre­ja y su pre­sa. El resul­ta­do fue un acuer­do que arrui­nó la repu­tación del cobro de las deu­das inter­na­cio­na­les (…) No es que los fun­cio­na­rios del teso­ro nor­te­ame­ri­cano hicie­ran farol pero, como es de razón, comen­za­ron las con­ver­sa­cio­nes plan­tean­do exi­gen­cias máxi­mas: para su sor­pre­sa, el Dr. Bald­win dijo que, en su opi­nión, sus exi­gen­cias eran jus­tas, y las acep­tó (…) Ese cru­do desem­pe­ño, joco­sa­men­te lla­ma­do “con­ve­nio”, hubo de tener efec­tos desas­tro­sos sobre el cur­so ente­ro de las negociaciones…».

Y así ocu­rrió tam­bién con la nego­cia­ción de Islan­dia con Gran Bre­ta­ña. Es ver­dad, con­si­guie­ron dila­tar en el tiem­po el hori­zon­te la devo­lu­ción de la deu­da islan­de­sa. Pero ¿de dón­de iba a sacar Islan­dia las libras ester­li­nas y los euros, dada la con­trac­ción de su eco­no­mía? Ese es el mayor ries­go en los pagos, y sigue sin afron­tar­se. Ama­ga con des­plo­mar la tasa de cam­bio de la coro­na islandesa.

Ade­más, el acuer­do al que se había lle­ga­do impli­ca­ba acep­tar los car­gos de intere­ses del res­ca­te des­de 2008, inclui­dos los extre­ma­da­men­te ele­va­dos car­gos de intere­ses que sir­vie­ron de cebo para que los depo­si­tan­tes pri­va­dos bri­tá­ni­cos y holan­de­ses pusie­ran su dine­ro en las cuen­tas de Ice­sa­ve. Los islan­de­ses ven esos intere­ses extra­or­di­na­rios como com­pen­sa­ción por los ries­gos; ries­gos que fue­ron acep­ta­dos por los depo­si­tan­tes, razón por la cual ten­drían aho­ra que arros­trar las consecuencias.

Así pues, el pro­ble­ma Ice­sa­ve ter­mi­na­rá aho­ra en los tri­bu­na­les. La direc­triz per­ti­nen­te de la UE reza así: «El cos­te de finan­cia­ción de este tipo de esque­mas tie­nen que sopor­tar­lo, en prin­ci­pio, las pro­pias enti­da­des de cré­di­to». Como recla­man­tes prio­ri­ta­rios, Gran Bre­ta­ña y Holan­da se lle­va­rán, en efec­to, la par­te del león del cadá­ver de Lands­ban­ki. Pero no era eso lo que se some­tía al sufra­gio de los votan­tes islan­de­sas. Lo úni­co que ellos que­rían era sal­var a Islan­dia de una obli­ga­ción inde­fi­ni­da de car­gar con las pér­di­das de un ban­co pri­va­do por la vía de incor­po­rar­las a las cuen­tas públi­cas sin un plan que dibu­ja­ra cla­ra­men­te el modo en que Islan­dia podía obte­ner el dine­ro para pagarlas.

La pri­me­ra minis­tra, Johan­na Sigur­dar­dot­tir, aler­ta de que el resul­ta­do del refe­rén­dum pue­de traer con­si­go «el caos polí­ti­co y eco­nó­mi­co». Pero tra­tar de pagar trae con­si­go lo mis­mo. El pasa­do año ha sido tes­ti­go de la desas­tro­sa expe­rien­cia grie­ga e irlan­de­sa; aho­ra vemos cómo Por­tu­gal se apres­ta tam­bién a incor­po­rar a sus cuen­tas públi­cas las deu­das teme­ra­ria­men­te con­traí­das por su sec­tor ban­ca­rio pri­va­do. Difí­cil­men­te se pue­de espe­rar de una nación sobe­ra­na que impon­ga a su eco­no­mía una déca­da o más de pro­fun­da depre­sión, sien­do así que el Dere­cho Inter­na­cio­nal auto­ri­za a todas las nacio­nes a actuar con­for­me a sus pro­pios intere­ses vita­les. Los inten­tos de los acree­do­res por per­sua­dir a las nacio­nes de que se alla­nen a res­ca­tar a los ban­cos a cos­ta del era­rio públi­co no es sino un mani­pu­la­to­rio ejer­ci­cio de rela­cio­nes públi­cas. Los islan­de­ses han podi­do ver el éxi­to de Argen­ti­na lue­go de rees­truc­tu­rar su deu­da y recor­tar radi­cal­men­te las pre­ten­sio­nes de sus acree­do­res. Tam­bién han podi­do asis­tir al colap­so polí­ti­co de Irlan­da y de Gre­cia, resul­tan­te de su empe­ño en pagar sin aten­der a los medios nece­sa­rios para hacerlo.

Lo menos que pue­de decir­se es que los acree­do­res no pon­de­ra­ron mucho las cosas cuan­do con­ven­cie­ron al Gobierno ver­de-libe­ral de Irlan­da de que podía asu­mir públi­ca­men­te las quie­bras de sus ban­cos pri­va­dos sin hun­dir en la depre­sión a su eco­no­mía. Ahí está aho­ra la expe­rien­cia de Irlan­da, plan­ta­da como una señal de alar­ma para otros paí­ses: no se pue­de con­fiar en los pro­nós­ti­cos mani­fies­ta­men­te opti­mis­tas de los ban­que­ros centrales.

En el caso de Islan­dia, los exper­tos del FMI hicie­ron en noviem­bre de 2008 pro­yec­cio­nes, según las cua­les la deu­da exte­rior bru­ta sería del 160% del PIB a fines de 2009. Para decir­lo todo, aña­die­ron que una ulte­rior depre­cia­ción de la tasa de cam­bio del 30% podría lle­gar a cau­sar un aumen­to impor­tan­te de aque­lla pro­por­ción de la deu­da. Y eso es lo que ha ocu­rri­do. En noviem­bre de 2008, el FMI avi­só de que la deu­da exter­na que había pro­yec­ta­do para fines de 2009 podría lle­gar a alcan­zar el 249% del PIB, un nivel que con­si­de­ra­ba «cla­ra­men­te insos­te­ni­ble». Pero el actual nivel de la deu­da ha sido esti­ma­do ya en el 260% del PIB islan­dés, ¡y eso aun sin incluir, entre otras, la deu­da pri­va­da de Ice­sa­ve que el gobierno social­de­mó­cra­ta-ver­de que­ría asu­mir públicamente!

El pro­ble­ma capi­tal de las obli­ga­cio­nes de Islan­dia con Gran Bre­ta­ña y Holan­da es que la deu­da exte­rior ‑con­traí­da en mone­da extran­je­ra¯ no se paga a par­tir del PIB. Apar­te de lo que se recu­pe­re de Lands­ban­ki (aho­ra, con ayu­da de la Ofi­ci­na Bri­tá­ni­ca para el Frau­de Gra­ve), el dine­ro debe pagar­se con expor­ta- cio­nes. Pero no ha habi­do nego­cia­cio­nes con Gran Bre­ta­ña y Holan­da sobre qué bie­nes y ser­vi­cios islan­de­ses acep­ta­rían como pago. Ya en los años 20 del siglo pasa­do, John May­nard Key­nes dejó escri­to que la nación acree­do­ra alia­da tenía que res­pon­sa­bi­li­zar­se de un modo u otro de las posi­bi­li­da­des de que Ale­ma­nia pudie­ra pagar sus repa­ra­cio­nes de gue­rra, si no era median­te la expor­ta­ción a la nación acree­do­ra. En la prác­ti­ca, lo que hicie­ron las ciu­da­des ale­ma­nas fue tomar prés­ta­mos en Nue­va York y pasar los dóla­res así habi­dos al Reich­bank ‑el ban­co cen­tral de la Repú­bli­ca ale­ma­na- para que paga­ra a Gran Bre­ta­ña y Fran­cia, las cua­les, a su vez, usa­ban ese dine­ro para trans­fe­rir­lo al gobierno esta­dou­ni­den­se en con­cep­to de satis­fac­ción de la deu­da inter­alia­da con­traí­da en la com­pra de arma­men­tos. En otras pala­bras: Ale­ma­nia «tomó pres­ta­da su vía de sali­da de la deu­da». Con el tiem­po, eso nun­ca funciona.

La prác­ti­ca nor­mal para Islan­dia sería nom­brar un gru­po de exper­tos que sen­ta­ra las bases más fir­mes posi­bles para defen­der­se. De nin­gu­na nación sobe­ra­na pue­de espe­rar­se que se alla­ne a impo­ner a toda una gene­ra­ción la aus­te­ri­dad finan­cie­ra, la con­trac­ción eco­nó­mi­ca y la emi­gra­ción for­zo­sa de sus tra­ba­ja­do­res sólo para poder sub­ve­nir a los cos­tos del fra­ca­sa­do expe­ri­men­to neo­li­be­ral que ha ter­mi­na­do por arrui­nar a tan­tas eco­no­mías europeas.

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